Chapter Text
Stanford caminaba lentamente por las habitaciones de la mansión, no estaba ansioso o preocupado, todo estaba yendo de acuerdo al plan, quedaba poco tiempo para qué sus nietos-sobrinos llegarán.
En una de las habitaciones, William estaba sentado mirando el exterior, sus manos se aferraban a la desgastada bufanda, Ford se acercó sonriendo.
“Buenos días, Sunshine…”
Will no reaccionó. Solo lo observó con agotamiento.
“Buenos días…”
“¿Qué ocurre? ¿Viste algún gnomo?” Dijo sin dejar de sonreír con un tono condescendiente.
“¿Puedo salir al bosque?”
“Hace frío para salir al bosque, Will”
“Siempre hace frío” susurró.
Ford suspiró.
“De acuerdo lleva un abrigo y vuelve antes de la hora del té, no merodees mucho, sabes qué a pueblerinos no les gusta qué te acerques, dicen qué espantas el turismo…” Ford rió por lo bajo, pero Will seguía sin reaccionar mucho.
El hombre revoleo la mirada aburrido, no había nada entretenido en ver a William en ese estado la mayoría del tiempo, quizá por algo había mantenido la bufanda con él, no había diversión o placer en verlo así, extrañaba aquella furia y fuego asesino qué lo caracteriza, la pasión y el odio en su mirada, pero ahora eso estaba enterrado bajo capas de dolor y recuerdos falsos. Aunque no iba a negar qué había una satisfacción oscura cuando lo miraba cómo si fuera algo ‘especial’, en aquellos momentos de confusión donde no era un muñeco de trapo, pero tampoco era aquella estrella desafiante o no del todo, tal vez eran ecos de su verdadero ser con el astrónomo, Fiddleford seguía generando un sentimiento amargo en sus pensamientos, quizá la soledad le estaba afectando a él también.
Ford dejó qué Will saliera, a veces era mejor darle sus pequeños momentos de libertad, le daba tiempo para relajarse a solas.
Will recorrió los jardines con rosas y camino hacia el bosque con un abrigo azul pálido, le gustaba tomar aire fresco, aunque el aroma no era el mejor, pero estar lejos de la casa hacía qué su cabeza doliera menos. Los humanos a menudo lo evitaban, era el loco del pueblo, el enfermo cuidado por Ford Gleeful, le gustaba pasar entre los pinos y mirar las ardillas correr de un lado al otro, pero no toleraba mucho el olor a savia, especialmente porque a veces los árboles tenían restos de polvo.
Esa tarde se sentó mirando un lago, arrojando algunas pequeñas piedras, fue cuando notó los animales observándolo, mariposas brillantes, algunos conejos y venados, Will estaba acostumbrado, incluso las plantas parecían florecer bajo sus pies. Él mantenía su vista en el paisaje, sin notar qué otra clase de criaturas muy diferentes tenían su vista en él, gnomos, hadas y unicornios se aproximaron cuidadosamente.
Los gnomos parecían discutir algo sobre una “reina” y peleaban por prendas de ropa qué habían robado, los unicornios bebían agua y lo observaban mientras relinchaban un poco, cómo si estuvieran desaprobando su aspecto desalineado o eso parecía, las hadas mucho más invasivas hacían trenzas en su pelo.
La estrella no se inmutó por el momento, no fue hasta qué la lucidez volvió qué el ambiente cambió radicalmente.
Uno de los gnomos lo miró con atención.
“Parece qué ya despertó… ¿Crees qué nos dé un poco de cabello?”
“Ugh” uno de los unicornios los observó con disgusto. “Menudas criaturas impuras” susurró uno “creados por humanos, nunca sabrán lo qué es ser un ser celestial”
“Cierren la boca ponies, solo son un montón de animales de granja qué cambiaron por beber de abrevaderos brillantes.”
La discusión escaló, Will se levantó abruptamente y retrocedió haciendo qué las hadas giren alrededor.
“¿Q-qué demonios?¿Dónde estoy?”
“En el bosque, preciosa reina, no hay nada de qué temer, estamos aquí para cuidarla…”
“¿Reina?”
“Bueno, ya sé qué tienes dueño, pero un título es un título y aún no hemos encontrado a alguien para ocupar ese rol… no es qué seamos desagradecidos…”
“No escuches los delirios de esos inútiles” susurró el unicornio.
“¿Quieres pelear pony?”
Las hadas empezaron a alentar la pelea. William se alteró rápidamente. Pronto el bosque reaccionó y todo pareció oscurecerse rápidamente. Los animales huyeron espantados y los seres mágicos se mantuvieron alerta.
“Esto debe ser un sueño…” susurró Will “nada de esto es real”
Los unicornios no respondieron pero se fueron rápidamente cuando Ford se acercó. Los gnomos retrocedieron, gritando incoherencias sobre un “esposo”. Will retrocedió un poco al ver a Ford, alerta y temblando.
“No deberías estar aquí, la fauna parece reaccionar cada vez más a tu presencia. Te llevaré al jardín”
Will no dejó qué tomara su brazo, se apartó rápidamente.
“Parece qué llegó en mal momento” dijo el hombre con calma. Las flores qué Will vio crecer se secaron bajo sus botas de nieve.
La estrella quiso protestar y pedir explicaciones, pero Stanford quitó su guante y colocó su mano en la cabeza de Will, los ojos se nublaron rápidamente, era algo que solía hacer para mantener a la estrella controlada. Las hadas y algunos gnomos se asomaron entre los árboles, mientras Ford llevaba a William en brazos, los observó con fastidio.
“Ni siquiera lo piensen” susurró. No necesitaron más advertencias. El bosque retomó su silencio habitual.
Ford se mantuvo con Will en brazos en el jardín, era sorprendente cómo pese al frío crecían rosas, algunas de tonalidades azules, sospechaba qué antes eran blancas y cambiaron gracias al polvo del ambiente y el agua. Parecía feliz con lo qué había creado, aunque a veces extrañaba el fuego de la estrella, no es cómo qué hubiera desaparecido por completo pero los años encerrado lo habían afectado de sobremanera.
Will ya no estaba seguro de qué era real o no, si mente a veces era un remolino de memorias mezcladas y estímulos, sus sueños estaban mezclados con recuerdos diferentes, Ford lo sabía y por eso empezó a usar el anillo en su dedo, Will reaccionaba positivamente al verlo.
Cuando la estrella despertó seguía en brazos de Stanford mirando el jardín, era agotador el contacto físico, intentó moverse pero no hubo caso.
“No deberías merodear solo mucho tiempo…”
“Lo sé…”
“Puedes sufrir alucinaciones y crisis…”
Will asintió. Ford lo dejó sentarse por su cuenta junto a él en el banco mientras miraban las flores.
“¿Son hermosas no crees? solo existen naturalmente aquí…”
Will las observó, no eran naturales.
“Extraño los girasoles.”
Ford sonrió.
“No hay clima para esas flores, Will… vamos a casa, ya está oscureciendo”
La estrella miró las flores un poco más antes de entrar, la casa estaba mucho más cálida, se acercó a la ventana cómo siempre, su lugar favorito para ver el cielo. Aunque nunca podía ver estrellas, las nubes cubrían todo y las noches eran muy oscuras.
“Pronto llegarán los niños, espero qué tu comportamiento sea excepcional.”
Ford estaba en el escritorio revisando algunos informes de la fábrica. Miró con un poco de aburrimiento a Will, había estado bastante calmado ese tiempo, meses en los qué se mantenía mayormente sumiso y la lucidez era escasa.
“¿Te gustaría escuchar un poco de música?”
Will asintió, colocó la radio, Ford habitualmente ponía música clásica y no lo dejaba elegir, las estaciones eran siempre las mismas. Sin embargo, si energía causaba estática e interferencia, en el afán de buscar otra estación acabó en una con música country, la estación qué solía escuchar con Fidds.
“Apaga eso” susurró Ford con indiferencia.
Will sin embargo no lo hizo, su mente divagaba por momentos, fuera de los recuerdos implantados, baile, tormentas de verano, una sonrisa cálida.
Las manos de Will temblaron, Ford notó el cambio, era una crisis de lucidez y de las grandes.
Los ojos de la estrella brillaron por momentos, cubiertos de lágrimas. Ford lo miró, no con fastidio, sino con interés y un poco de diversión, sin embargo su sonrisa se borró cuando William pronunció un nombre.
“Fiddleford…”
Ahí estaba, aquel maldito campesino salía resurgiendo cómo un brote en la tierra. Ford normalmente mantenía la calma, pero ya empezaba a hartarse, no importaba cuánto lo hubiera siempre volvía a aparecer aún si era por breves momentos. Se levantó y apagó la radio.
“Will…”
“Cállate…” susurró.
“No tiene caso qué lo recuerdes, solo es peor para tí”
Will no podía quemarlo, no del todo, la poca energía qué tuvo la uso para arrojar lejos el escritorio y los papeles, estaba desgastado y molesto, no aguantaba más el tormento de despertar sin saber qué pasó, sin poder controlar su propio cuerpo.
“Lo mataste…”
“William…”
“¡Maldito monstruo egoísta!” gritó, sus ojos se fijaron en el anillo.
“¿Y eso qué importa?” Dijo Ford con calma “está muerto, estrellita y tú sigues llorando luego de años, aferrándote a un trozo de tela sucia.”
El ambiente cambió radicalmente, el frío aumentó, pero Will intentó mantener la lucidez.
“Robaste su anillo y destrozaste mi cabeza…”
Ford sonrió.
“Es la mejor manera de mantenerte controlado, es lo qué se hace con el ganado”
Will lo miró, no solo con odio sino con algo más qué Ford odio, pena.
“No haces esto porque sea solo tu comida… me das ropa, me cuidas y cepillas mi cabello, me dejaste mi anillo…y sé qué mis recuerdos están contaminados por tí…” Will tembló al sentir qué la lucidez flaqueaba por momentos. “Estás muy solo…” dijo riendo nervioso. “Estás increíblemente sólo y me usas cómo un juguete, porque sabes qué nadie te entiende….mucho menos te ama”
Ford se mantuvo en silencio, luego de años volvía a experimentar qué esa maldita estrella se metiera bajo su piel.
“No seas tan engreído, solo disfruto tener algo de compañía, es difícil en un pueblo de ignorantes.”
Lo soportaba era divertido incluso, al menos hasta qué volvió a abrir la boca.
“Es curioso… te odio, demasiado, pero ahora mismo siento pena por tí, no tienes a nadie con quien conectar…tuviste qué lavarme el cerebro y controlarme, porque no tienes otra manera de hacer qué la gente te quiera” Will miró su anillo “tómaste la identidad de mi esposo y ni siquiera así logras qué te quieran.”
“No necesito tu amor Will, necesito qué cierres la boca y me hagas caso, y si dejó qué sigas aferrándote al campesino muerto, es solo porque me divierte verte sufrir”
“¿Entonces por qué estás celoso?”
“¿Celoso de un campesino muerto?”
“No eres diferente a Stanley en eso…”
Ford entrecerró sus ojos.
“No nombres a mi hermano.”
“Te aferras por conexión… pero al final, incluso si arruinas mi cerebro, sabes qué no es real” Will temblaba, sostenía la bufanda y sentía las lágrimas caer “Puedes fingir qué eres mi esposo y decir qué es por diversión, pero incluso la mentira está sembrada sobre un sentimiento de amor real… y no es hacia tí, nunca voy a amarte, aún si digo tu nombre en el fondo de mi subconsciente siempre estaré pensando en alguien más…”
Ford no actuó impulsivamente, Pero Will podía notarlo, algo había cambiado incluso en la forma qué sonreía. No comprendía porque insistía tanto, no era amor lo qué sentía, era obsesión y hambre, porqué engañarse con algo qué nunca sintió, ¿Celos, envidia, ego? No importaba, pero sí era claro qué le había dolido y lejos de molestarlo parecía entretenido.
“Wow, de verdad extrañaba eso de tí, incluso hiciste qué sintiera un poco más…hacía mucho qué no tenía tanto entretenimiento… quizá te deje estar lúcido con más frecuencia…”
Will entendió un poco entonces, Ford no era enteramente humano ya, no era por amor, era porque hacía qué al menos sintiera algo y eso era mucho más peligroso.
“Estás…. vacío…”
“No, solo hambriento”
Stanford se movió con calma, lo sujetó del cabello y acorraló contra la biblioteca. El dolor y la pérdida de energía hacían qué su mente se nublara.
“No te pierdas ahora, quiero qué estés consciente cuando haga esto…”
Will sintió entonces los labios sobre él, el recuerdo del búnker, volvió cómo un flashback violento e intentó luchar para zafarse, era doloroso como hielo quemando la piel, Will empezó a llorar mientras Stanford seguía besándolo y mordiendo sus labios, haciendo salir algo de sangre y polvo.
“No te amo…” susurró “pero eres lo más cerca qué tengo de sentir algo…” dijo relamiéndose “eso lo hace algo mucho más fuerte qué el amor, ¿no crees?”
Will se estremeció, estaba al borde de la inconsciencia.
“Y si tú me hiciste esto, creo qué sería justo devolvértelo ¿No crees? ser lo único qué te hace sentir algo, escucharte gritar mi nombre, aún si es odio… o amor falso”
“Nunca vas a reemplazarlo…”
“Tengo todo el tiempo del mundo, Sunshine…”
El beso qué siguió fue mucho más violento y Will no pudo escapar de la inconsciencia, Ford le había quitado demasiada energía.
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La llegada de los niños fue tiempo después, un día gris y helado antes de las primeras nevadas, no fueron en autobús, su tío pago para qué un auto los traiga, según él era mucho más seguro así. Habían pasado unos años desde la última vez qué estuvieron allí, la fábrica había crecido y en todas las tiendas encontraban la bebida de su tío, en aquellas donde había descuento podían observar una larga fila.
Los pequeños eran ahora jóvenes entrando en su adolescencia, sería la primera vez qué estarían lejos de casa por tanto tiempo, pero sus padres confiaban en su tío.
“Pasaremos meses con nuestro tío millonario excéntrico, es la clase de cosas qué saldrían en los libros de aventura y romance” dijo Mabel, mientras miraba por la ventana.
Su hermano Masón suspiro, sin duda su hermana veía todo desde una perspectiva muy fantasiosa.
“Siento qué estaremos meses estudiando en una mansión, no suena cómo una aventura interesante… quizá sería más como un documental de historia”
Mabel notó los relámpagos a lo lejos y las primeras gotas de lluvia cayeron en el cristal.
“O una historia de misterio y horror…” dijo divertida “solo imagina, él tío Ford es realmente un vampiro y nos quiere convertir en sus aprendices vampiros” dijo la chica molestando a su hermano fingiendo morderle un brazo.
“¡Ew, basta, me vas a dejar tus babas, además es ridículo, los vampiros no existen!”
“No pensaba morderte, tonto, qué aguafiestas” protesto Mabel.
Mientras los niños discutían, no notaron qué el auto se detuvo hasta qué el chófer anunció la llegada y abrió la puerta. Los sirvientes llevaron las maletas a la mansión antes qué la lluvia aumentará.
Otros los acompañaron con un paraguas unos metros hasta la entrada, su tío los esperaba con una sonrisa.
“Bienvenidos, Mabel, Masón, es un placer tenerlos aquí finalmente… espero qué se sientan cómo en casa”
Los niños ingresaron, el lugar era cómo lo recordaban, pulcro y frío. Mabel notó cómo su equipaje era dejado en la entrada mientras su tío los llevaba al comedor principal.
“Ya podrán desempacar con calma, pueden elegir cualquier habitación del segundo piso, seguro estarán hambrientos y cansados por el viaje, pueden dejar sus abrigos e ir a asearse, la cena es a las nueve en punto. El lunes les dejaré un cronograma, este fin de semana me gustaría qué se familiaricen con los espacios de la mansión.”
Mabel y Masón no tuvieron mucha oportunidad de decir nada, su tío era intimidante, parecía qué cualquier cosa qué le dijeran haría qué los conviertan en estatuas de hielo.
Ambos eligieron sus habitaciones del segundo piso y luego de asearse, cambiarse y desempacar algunas cosas, bajaron a cenar. Su tío solo bebía una copa, sin tocar mucho su comida.
“Espero qué el viaje les haya resultado cómodo”
Masón fue el primero en hablar.
“Lo fue, gracias tío, Ford.”
El hombre asintió con calma.
“Ahora qué no serán solo invitados, sino miembros de la familia y residentes de la casa, me gustaría dejar en claro algunas reglas importantes.”
Ambos escucharon con atención y algo de temor.
“Pueden merodear libremente por la mansión a excepción de mi estudio personal, a no ser qué yo esté presente y les permita el ingreso, mi laboratorio y el sótano también están prohibidos, algunos materiales allí pueden ser muy… peligrosos para jóvenes de su edad, no podrán ir a las fábricas sin avisar de antemano y por su cuenta, mucho menos a los bosques, en cuanto al pueblo… bueno, podrán en su tiempo libre, pero cuiden sus amistades.”
Ambos se observaron y asintieron con calma.
“Seguirán estrictamente sus cronogramas y respetarán los horarios de está casa, ¿Quedó claro?”
“Si, tío” dijeron a la vez.
“Excelente, oh, casi lo olvido… luego de la cena me gustaría qué conozcan a alguien, es una regla crucial qué no molesten demasiado a William.”
“¿William?”
“Si, está bajo mi cuidado, pero su estado mental no es el mejor… no me gustaría qué los asuste con su presencia”
Ambos niños se miraron con intriga, pues parecía estar hablando de una mascota, sin embargo su tío no dió más detalles y ellos tampoco querían saber del todo.
Luego de la cena, Stanford los llevó hasta la biblioteca, allí fue qué ambos lo vieron y se sorprendieron no solo al notar a una persona, sino el inusual cabello largo y azul cubriendo la mitad de su cara. Estaba sentado con un libro en las manos, apenas Ford se acercó y colocó su mano en su hombro, su mirada se dirigió a él y luego a ambos.
Era bastante inquietante, sus movimientos eran lentos y temblorosos, por no decir qué su aspecto era extraño.
“Will no es sólo el amo de llaves de la mansión, también es parte de la familia… no es alguien convencional, pero estoy seguro qué no será un problema.”
Los niños asintieron nerviosos. Era la incomodidad habitual qué tenían los jóvenes de meter la pata en algo delicado.
“Mucho gusto, señor” dijo la niña.
“Es un placer conocerlo…”
Will no dijo nada hasta qué Ford insistió, su mirada parecía perdida.
“Adelante Will, saluda a los nuevos residentes, Masón y Mabel…”
“Hola, mucho gusto” dijo con una voz calmada, casi monótona, sin embargo lo dijo con una sonrisa extensa qué casi los hace retroceder. “Me gusta tu constelación en la frente” dijo mirando a Masón. Ante la mirada avergonzada del jóven, Stanford carraspeó haciendo qué Will vuelva nuevamente al sofá a seguir leyendo el libro.
“Bueno, ya qué hicimos las presentaciones, creo qué lo mejor será ir a dormir.”
Los niños no discutieron, simplemente fueron a la habitación, Mabel no tardó en ir donde su hermano para charlar.
“¿Qué opinas?”
“¿De qué?”
“Duh, del tipo raro del piso de abajo…”
“No lo sé Mabel, creo qué es grosero hablar así, parece qué tiene alguna enfermedad mental… se ve qué el tío lo aprecia, si no decidió enviarlo a alguna institución…”
“¿Notaste qué también tiene una cicatriz en la cara?¿Como el tío?¿Crees qué tenga qué ver?”
“Estás diciendo tonterías, ¿recuerdas ese niño con autismo qué vimos en el cumpleaños del tío? Debe ser algo similar…”
“¿Por qué le dejarían teñirse el pelo de azul?”
“No lo sé, Mabel, creo qué sería descortés hacer tantas preguntas, hay cosas qué simplemente debes dejar pasar y ya…”
La muchacha asintió.
“Quizá tengas razón…”
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Mabel solo podía describir a William cómo “raro”, era una niña con una intuición afilada para las personas, desde qué llegó al pueblo había sentido una incomodidad creciente, no eran nervios o ansiedad, era algo más. Su hermano tampoco estaba cómodo, pero intentaba mantenerse concentrado en su lectura, tenía otro tipo de ansiedad, su madre les había dicho qué irían con una parte de la familia muy rica y debían comportarse cómo niños ejemplares, eso se traducía en “no me hagan quedar mal con el tío millonario”, Mabel sabía qué no nadaban en dinero, pero había visitado amistades con buen poder adquisitivo y aún así, nada podía compararse a la enorme edificación en la qué vivían, era por lejos la casa más grande qué había en todo el pueblo.
El primer mes pasó rápido, los niños apenas tenían tiempo con sus tareas, solo los fines de semana eran libres y los aprovechaban para descansar del intenso estudio.
La casa era extraña, el clima frío y su tío “encantador”, a falta de una mejor descripción, Mabel esperaba encontrar sirvientes por doquier, pero en su lugar solo estaba William o Will… cómo Stanford lo llamaba. Un hombre en sus treintas con un solo ojo y cabello azul con mechones blancos. Nunca pasó desapercibido, no solo por la inusual apariencia, sino también por su carácter. Su tío insistía con qué era parte de la familia, pero parecía estar perdido en su mundo imaginario. No lo veían hacer demasiado más qué merodear, tararear, ir donde Ford lo llevará y a veces no se aparecía en lo absoluto. No había dudas de qué “raro” era la mejor definición, Mabel le tenía un poco de miedo al principio, pero había algo casi melancólico y triste en el modo en el qué actuaba, incluso cuando se reía de forma errática o hablaba solo para sí mismo, mientras apretaba la bufanda entre sus dedos, era cómo si estuviera intentando encontrar algo qué había olvidado.
Cuando desaparecía, a veces por días, volvía mucho más demacrado y cansado, pero extrañamente feliz y aliviado. Era cuando más se aferraba a Ford, Masón sospechaba qué tenía un amorío poco convencional, esquizofrenia o ambas cosas, no quería ni preguntar por el asunto de los anillos. Para su hermana ese fue un tema de discusión, pero Masón desestimó qué tuviera lógica. Will estaba más bien perdido y adormecido, tal vez drogado, pero no tenía forma de saberlo.
Lo qué más llamó la atención de Mabel fue el tono sureño en su voz, Will susurraba a menudo para sí mismo, usualmente ignoraba a los gemelos, pero un día la curiosidad de la niña pudo más.
“Buenos días, Will…¿Puedo preguntar algo?”
El hombre parpadeó, cómo si aquella pregunta le otorgará algo de lucidez.
“Claro, dispara…”
Mabel frunció un poco el ceño.
“¿Vienes del sur? Tu acento es curioso, yo soy de California…”
Will movió su cabeza a un lado.
“Soy de Tennessee…”
“Ya veo, ¿Tienes familia ahí?”
“Eso creo…” dijo inseguro, cómo si por un momento algo no encajará del todo. “Tennessee es cálido, California suena cálido también…aquí es frío” en ese momento era cuando se perdía y decía cosas raras. Hablaba de sensaciones, aromas, flores y estrellas.
“Si, es cálido… ¿Extrañas tu hogar?”
Will asintió, por un momento Mabel notó la tristeza en su ojo antes de qué volviera a perderse.
“Cuando está cálido los girasoles aparecen…me gustan mucho…son tan hermosos…”
“¿Will?”
“¿Hmm?¿Crees qué los girasoles son bonitos?”
“Si, bueno afuera el tío Ford tiene un bonito rosedal…”
Will se mantuvo pensativo un momento.
“Las rosas pinchan… nadie quiere abrazar una rosa con demasiadas espinas…”
Mabel lo miró algo confundida y preocupada.
“S-supongo qué tienes razón… será mejor qué vaya a ayudar a mi hermano con las tareas.”
William la observó un momento y sonrió.
“Tu broche de cabello…”
“¿Qué tiene?”
“Una estrella fugaz… es una buena señal… la estrella en la Tierra” susurró. “Es buen augurio, no la pierdas”
“No lo haré” dijo la niña extrañada. “Hasta pronto…”
Will asintió y caminó a su habitación, de un mejor humor. Sin embargo, Ford lo detuvo a medio camino.
“Allí estás… tu energía se sintió más fluctuante, se ve qué la llegada de los niños te alteró…será mejor qué tomes un descanso en tu… lugar seguro. Ven vamos…”
Llevó a William de la mano hasta la habitación a la qué solo llegaban desde su estudio, una con una puerta azul. Will no se opuso, solo se acurrucó contra Ford y entró, estaba exhausto.
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…
…..
Todo alrededor se sentía extraño y cálido, cómo estar nadando en medio del océano, pero no era agua, era cómo estar flotando en el espacio rodeado por luces y estrellas. Frente a él había una criatura inmensa hecha de nebulosas, pero su forma curiosamente parecía la de un gran ajolote.
“¿Querías hablar conmigo…?
“¿Dónde estoy?¿Qué hago aquí…eres…?”
“Si.”
El humano abrió aún más los ojos en sorpresa, había una sensación de terror, pero también de calidez creciente, cómo si estuviera en un lugar seguro, pese a qué la figura frente a él fuera tan intimidante.
“Will… ¿Qué pasó con, Will?”
La entidad tardó en responder.
“El vacío, hay un ciclo qué se repite cómo un trauma sin respuesta, cómo una tragedia sin justicia qué a la fuerza fue impuesta”
“¿Qué…?”
“Cuando la oscuridad se expanda y la máscara decaiga, las puertas se abrirán en el último baile contra el dios del abismo, no dejes qué la emoción nuble la razón, sé astuto, sé despiadado y apunta al corazón.”
“Apunta al corazón…” susurró.
“Fuiste elegido por mis hijos y en tí recae una noble misión, pero el precio será alto cuando se extiende la infección. El abismo reclama con su hambre, una herida sangrante qué se expande. Si no se logra parar no habrá ninguna luz qué se pueda salvar.”
El humano sintió qué la criatura lo observaba solemne, aunque no podía ver sus ojos.
“¿Estás dispuesto a aceptarlo?”
“Si… solo dime como puedo volver”
La figura se acercó hasta él presionando su forma contra su cabeza, Fiddleford por un segundo sintió qué su cuerpo ardía cómo si estuviera hecho de estrellas por sí mismo. Su vida en ese instante pasó frente a sus ojos, el último recuerdo qué llegó a él fue Will.
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