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Una guía para Sobrevivir al QSMP

Chapter 5

Notes:

sueños raros y la muerte de estupido el perro.

Chapter Text

Dos cofres dobles de arenisca. Esa fue la cantidad que Tommy alcanzó a dejarle a Vegetta antes de desaparecer otra vez por las escaleras de la mansión, prácticamente arrastrando los pies del cansancio. Y honestamente había sido un milagro lograr hacerlo, porque llevaba horas sintiendo el cuerpo pesado, como si tuviera arena metida entre los huesos y cada articulación se estuviera oxidando lentamente. Los brazos le dolían de tanto picar y mover bloques, tenía tierra seca pegada bajo las uñas y la ropa estaba en un estado tan lamentable que ya ni siquiera podía distinguir cuál era el color original de la tela. Había sudor viejo endurecido en el cuello de la camisa (que asco), polvo acumulado en las mangas y manchas oscuras que prefería no identificar demasiado. Pero aún así había dejado la arenisca (o eso le gusta pensar). Y también, por supuesto, había dejado un cartel aclarando que él la había conseguido. Porque conocía a esa gente. Conocía demasiado bien a los inútiles de la casa. Como no dejara un cartel, después apareció cualquiera adjudicándose el trabajo como si hubieran movido un dedo. Ratas. Ratas ponzoñosas con demasiado tiempo libre y demasiada facilidad para colgarse de los logros ajenos. Tommy ni siquiera estaba seguro de por qué le molestaba tanto; Quizás porque llevaba días enteros sintiendo que hacía más que todos ellos juntos y aun así nadie parecía notarlo realmente. O simplemente estaba agotado y cuando uno está agotado todo irrita el triple. Cuando escuchó la voz de Vegetta hablando con Juan cerca de la entrada supo que ya no tenía tiempo para quedarse. Así que salió antes de que lo vieran, bajando la montaña y yendo hacia la habitación improvisada donde todos dormian actualmente con una sola idea fija latiéndole en la cabeza: dormir. Dormir, bañarse después y conseguir ropa nueva. Porque juraba por Dios que apenas despertaría iba a fabricarse otro conjunto y tirar el actual a la mierda. Ni para trapo de piso servía ya.

 

Y entonces soñó.

 

Cosas raras de la vida, ¿no? Porque nunca soñaba. Dormía y despertaba. Así funcionaban sus noches incluso desde antes de llegar a este mundo. Oscuridad absoluta, silencio, vacío y luego abrir los ojos otra vez. Nada en el medio. Nunca había imágenes ni sensaciones ni recuerdos borrosos al despertar. Pero esta vez sí. No recordaba el sueño completo; Era más bien una colección de sensaciones pegajosas que se le quedaron adheridas al cuerpo incluso después de despertar. Cielos cubiertos de nubes grises, densas, pesadas, tan bajas que parecía que iban a aplastarlo (neblina??). Cuevas húmedas. Oscuridad. Un frío desagradable metiéndosele bajo la piel. Y manos. Manos sujetándolo. No de manera romántica. Nada suave. No cálido. Dedos clavándosele alrededor de la muñeca con tanta fuerza que incluso dentro del sueño podía sentir dolor. Lo arrastraban. O corría. No estaba seguro. Solo sabía que las piernas le pesaban como si estuvieran llenas de piedra y aun así seguían moviéndose solas. Corría y corría mientras la respiración le quemaba el pecho, sintiendo el barro salpicarle los tobillos y el eco de pasos detrás suyo resonando por túneles oscuros. Después lo soltaba. Pero él seguía corriendo igual. Como si ya no controlara su propio cuerpo. La cueva aparecía otra vez frente a él y terminaba acurrucado en alguna esquina húmeda mientras la visión se le regresaba borrosa. Una y otra vez. Siempre igual. Siempre esa sensación horrible de peligro acercándose aunque nunca alcanzaba a ver exactamente qué era.

 

Cuando despertó lo primero que sintió fue incomodidad. Lo segundo, silencio. Demasiado silencio. Parpadeó varias veces antes de incorporarse lentamente y mirar alrededor. Solo estaban Roier y Vegeta. Molly no. Tina tampoco. Ni El Tonto, ni Robleis, ni Juan. El lugar se sentía extraño sin todo el ruido habitual, demasiado tranquilo para una cueva donde siempre había alguien roncando o hablando dormido. Debían estar en la mansión. Así que terminó levantándose igual, todavía con el sueño pegado al cuerpo, y salió a revisar. Y mierda. La mansión estaba prácticamente terminada. Bueno, no completamente. Faltaba el tercer piso todavía, pero el primero y el segundo ya tenían forma real. Habitaciones distribuidas, paredes levantadas, pasillos conectados. Algunas habitaciones ya estaban decoradas, y la casa ya parecía una casa de verdad. Tommy subió observando todo con una mezcla rara de sorpresa y cansancio. El eco de sus pasos resonaba entre las paredes nuevas mientras miraba las habitaciones. Las mismas de siempre. O al menos eso parecía. No había ninguna vacía evidente, lo que probablemente significaba que su lugar no estaba en el primer piso después de todo. Aunque bueno, también existía la posibilidad de que simplemente le hubieran robado el cuarto a alguien más para meterlo a él y honestamente esperaba que no fuera el caso. Ya bastante incómodo era existir ahí como para encima desplazar gente.

 

Entonces escuchó gritos.

 

— ¡DILO, JUAN! ¡VIVA EL RÉGIMEN!

 

Tommy se congeló automáticamente. Santa mierda. ¿Cuánto tiempo había dormido? La voz venía de la oficina de Juan. Y apenas se acercó lo suficiente para mirar por la entrada entendió inmediatamente la situación. Ceniza. Armado hasta los dientes. El perro. Juan claramente aterrorizado. Y Tommy, básicamente en tanga comparado con él. Su cerebro empezó a funcionar demasiado rápido. ¿Intervenía? ¿No intervendría? Porque objetivamente era una pésima idea. Ash estaba equipado full PvP y Tommy apenas tenía encima lo mínimo para no morir de un golpe fuerte. Además... el perro. El perro era parte del lore. El perro importaba para eventos futuros. Si salvaba al perro quizás rompía algo. Pero después vio a Juan. Y mierda. Valientes al ataque. No hay cobardes de heno.

 

-¿Qué? Vale, está bien, uhh, ¡no toques al perro, por favor! (¿Qué? Está bien, bien, uh, no toques al perro, por favor.)

 

—¡DILO, JUAN!

 

—¡Vale, vale! Arriba con el— AHHHH (¡Vale, vale! Arriba el— AHHHH)

 

La puerta explotó hacia adentro. Tommy ni siquiera pensó realmente lo que hacía. Solo actuó. La patada impactó directo a la espalda de Ash, lanzándolo violentamente contra la pared con un ruido seco que hizo vibrar los cuadros cercanos ( Santa mierda de donde salio esa fuerza?). Después de todo ocurrió demasiado rápido. Tommy se abalanzó hacia adelante, agarró al perro del collar, se echó a Juan encima del hombro (de donde salio esa fuerza? x2) ignorando los gritos de sorpresa y corrió directo hacia la ventana interior del primer piso. Gracias a Dios todavía no tenía vidrio. Saltó. El aire le tocó la cara apenas aterrizó del otro lado y siguió corriendo sin detenerse ni un segundo.

 

—NOOO EL PERRO, Vegetta me va a matar.

 

El collar se rompió. Por supuesto que se rompió. Tela barata de mierda deshilachándose justo cuando estaba teleportándose. Y antes de que pudiera reaccionar ya estaban en la aldea donde había estado con Gabe… sin perro. Solo Juan. Y Juan estaba entrando en pánico.

 

—¡Tenemos que volver!

 

—¡No vamos a volver! ¿Estás idiota? ¡Está Ash ahí!

 

—¡EL PERRO SIGUE ALLÁ!

 

—¡Y nosotros seguimos vivos porque salimos corriendo!

 

Juan empezó a caminar de un lado a otro alterado mientras Tommy intentaba recuperar aire. El teleport todavía le dejaba el cuerpo raro cada vez que lo usaba así de golpe.

 

—¡Vegetta me va a matar! ¡Va a pensar que debía morir al perro!

 

—Bueno técnicamente sí lo dejaste morir.

 

—¡Tommy!

 

—¡¿Qué quieres que haga?! ¡Ash literalmente quería matarte!

 

Juan se pasó ambas manos por la cara frustrada.

 

—Dame el pendiente.

 

Tommy frunció el fruncido.

 

—¿Qué?

 

—El pendiente. Si me lo das puedo salvarlo.

 

Tommy soltó una risa incrédula.

 

—No funciona así.

 

—¡Pero tú vuelas!

 

—Levito cinco segundos, Juan. No me convierto en Superman.

 

—Entonces préstamelo igual.

 

-No.

 

—¡Tommy!

 

-¡NO! Porque si vuelves allá te matan y después Vegetta sí me mata a mí.

 

Juan parecía a punto de seguir discutiendo, así que Tommy simplemente sacó la piedra del suelo de una vez y lo guardo antes de que Juan pudiera hacer alguna estupidez.

 

—¿Qué haces?!

 

—Evitar que vuelvas corriendo como un imbécil suicida.

 

—¡Tommy!

 

—Vamos a esperar a que Ash se vaya y punto final.

 

Juan siguió protestando varios minutos más, aunque eventualmente terminó resignándose cuando entendió que literalmente no tenía forma de volver solo. Así que exploraron. Un par de aldeas. Algunos cofres. Recursos menores. Tommy incluso le consiguió algunas cosas útiles a Juan durante el recorrido y fue precisamente ahí donde descubrió algo interesante. A Juan no le importaba una mierda el perro. No realmente. Es más, lo odiaba. Y honestamente coincidía bastante con los streams.

 

—Ese perro tenía más autoridad que yo —se quejó Juan en algún punto mientras revisaban cofres—. ¿Tú sabes lo humillante que era eso?

 

Tommy lo miró fijo unos segundos.

 

—…¿Entonces por qué querías volver tan desesperadamente?

 

—Porque Vegetta iba a ponerse triste.

 

Ah. Bueno. Eso tenía más sentido.

 

 

— ¡SI QUIERES GUERRA! ¡ENTONCES PELEA COBARDE!

 

Y todo explotó. Literalmente. Aldo lanzó a Ash directo contra una dinamita previamente colocada y la explosión sacudió el patio completo. La tierra salió despedida mientras una onda de choque hizo vibrar la mansión. Pero Ash apenas retrocedió unos pasos antes de reincorporarse como si nada, cubierto de humo y tierra, con la espada todavía firme entre las manos. Y entonces comenzó la verdadera pelea.

 

El guantelete de Aldo brillante.

 

La tierra respondió.

 

Tommy sintió el suelo temblar bajo sus pies justo antes de que enormes pilares de piedra emergieran violentamente del patio, obligando a Ash a saltar hacia atrás para no quedar atravesado por uno. Pedazos de roca comenzaron a elevarse alrededor de Aldo flotando como si no pesaran nada, girando lentamente a su alrededor antes de salir disparados hacia Ash a velocidades absurdas. Uno impactó contra su hombro haciendo trastabillar, otro explotó cerca suyo levantando tierra y polvo por todas partes. Y entonces Aldo avanzó literalmente montado sobre una corriente de roca que se desplazaba bajo sus pies, como si la tierra misma lo estuviera empujando hacia adelante.

 

Ash respondió lanzando telarañas.

 

Docenas.

 

Las hebras blancas se expandieron por el suelo atrapando pilares, árboles y piernas, ralentizando inmediatamente el movimiento de Aldo. Pero Tommy reaccionó rápido, sacando una cubeta de agua y arrojándola sobre las telarañas para destruirlas antes de que inmovilizaran completamente a Aldo. El agua bajaba por la tierra removida formando barro mientras la pelea se volvía cada vez más caótica. Aldo levantaba muros de piedra para bloquear ataques y luego los rompía él mismo para convertirlos en proyectiles. Ash se movía entre ellos con una velocidad ridícula, esquivando golpes por centímetros mientras intentaba atraparlo otra vez con telarañas.

 

El sonido era ensordecedor. Piedra rompiéndose. Espadas chocando. Explosiones pequeñas. Gritos.

 

Aldo consiguió atrapar momentáneamente a Ash entre dos pilares de roca que emergieron desde abajo como mandíbulas gigantescas, pero Ash explotó dinamita en respuesta y salió disparado de entre el humo directamente hacia él. El golpe fue brutal. Tommy escuchó claramente el impacto metálico de la espada contra la armadura de Aldo y vio cómo este salía despedido varios metros, rodando por el suelo. Aun así volvió a levantarse. El guantelete brilló otra vez y toda la tierra bajo Ash se elevó violentamente intentando tragárselo, formando una especie de ola de piedra que avanzó destruyendo parte del patio. Ash escapó apenas un tiempo utilizando telarañas para impulsarse lateralmente.

 

Durante minutos enteros la pelea pareció equilibrada. Ash era más rápido. Aldo golpeaba muchísimo más fuerte. Y Tommy apenas alcanzaba a seguir el ritmo mientras destruía telarañas con agua antes de que atraparan completamente a Aldo. Pero entonces Ash consiguió conectar un golpe limpio.

 

Aldo cayó.

 

Tommy sintió el corazón hundírsele apenas lo vio desplomarse inconsciente contra el suelo, el guantelete apagándose lentamente mientras los pilares de roca alrededor empezaban a desmoronarse. Y entonces Ash giró hacia ellos. El Tonto, Juan y Tommy retrocedieron automáticamente.

 

—Oh mierda —murmuró Tommy levantando el escudo justo antes del impacto.

 

El golpe casi le hizo perder el equilibrio. Foolish y Juan intentaban defenderse con espadas de diamante, pero honestamente parecían espectadores improvisados ​​en una pelea para la que ninguno estaba preparado. Ash los obligaba a retroceder constantemente, atacando sin darles tiempo ni siquiera de respirar. Tommy logró hacerlo retroceder un par de veces (mentira). Incluso obligó a Ash a comer una manzana dorada (Otra mentira). Pero eso fue todo. No importaba cuánto bloqueara o atacara, Ash seguía avanzando. Más rápido. Más fuerte. Un golpe en las costillas le quitó el aire. Otro en el hombro casi le hizo soltar la espada. Y cuando terminó cayendo al suelo decidió algo inmediatamente. Se quedó quieto. Completamente tranquilo. Finciendo estar inconsciente. Escuchó pasos acercarse. Después alejarse. Funcionó. Cuando apenas abrió los ojos otra vez vio a Aldo levantándose tambaleante antes de salir corriendo detrás de Ash. Tommy solo alcanzó a pensar que esperaba que la manzana encantada sirviera de algo.

 

Al final pasaron los minutos. Quizás fue un cobarde por no seguir a Aldo inmediatamente, por quedarse tirado en el suelo finciendo estar inconsciente mientras escuchaba pasos alejándose y el eco lejano de la pelea perdiéndose montaña abajo. Pero honestamente no estaba seguro de poder siquiera sostener bien la espada en ese momento. Tenía las costillas ardiéndole, los brazos temblándole del esfuerzo y la cabeza dando vueltas por los golpes. Así que se quedó ahí unos segundos más respirando con dificultad, mirando el cielo oscurecerse lentamente sobre el patio destrozado mientras intentaba convencerse de que todavía podía moverse.

 

Cuando finalmente se levantó, el cuerpo entero protestó.

 

El patio era un desastre. Había tierra levantada por todas partes, pilares de piedra destruidos y fragmentos de roca esparcidos alrededor como si hubiera pasado un terremoto. Algunas telarañas seguían pegadas entre árboles y paredes, moviéndose apenas con el viento. Tommy tragó saliva antes de empezar a caminar siguiendo el rastro que habían dejado. No necesitó esforzarse demasiado para encontrarlo. Había manchas de sangre. Algunas pequeñas, otras claramente arrastradas. Bajaban por el camino del barranco mezclándose con tierra removida y marcas profundas que probablemente había dejado a Aldo usando el guantelete para desplazarse.

 

Y entonces lo vio.

 

Aldo estaba inconsciente entre restos de telarañas y piedra rota, tirado de costado sobre tierra húmeda. Había sangre alrededor suyo, parte seca y otra todavía fresca, formando pequeñas manchas oscuras bajo el cuerpo. Algunas claramente eran de Ash; el rastro continuaba más allá del barranco como si alguien hubiera escapado herido. Pero la mayoría... la mayoría era de Aldo.

 

—Mierda…

 

Tommy se acercó rápidamente arrodillándose a su lado. El guantelete seguía puesto, aunque apagado ahora, sin ese brillo extraño que tenía durante la pelea. Y honestamente verlo quieto así daba un poco de miedo. Porque hacía apenas unos minutos estaba levantando pilares gigantes de tierra y ahora apenas respiraba.

 

Le revisó el pulso.

 

Seguía vivo.

 

Gracias a Dios.

 

Fue entonces cuando notó realmente las heridas. Los cortes en brazos y piernas eran feos, pero lo peor estaba en el hombro. Había un tajo profundo atravesándole parte de la armadura rota, lo suficientemente abierto como para hacer que Tommy sintiera el estómago revolverse (Dios voy a vomitar) apenas lo miró demasiado tiempo. Sangre seguía saliendo lentamente empapándole la ropa.

 

—Ash hijo de puta…

 

Tommy terminó guardando la espada y el guantelete de Aldo en su inventario antes de acomodarlo sobre la espalda. Y mierda pesaba. O quizás simplemente Tommy estaba demasiado hecho mierda para cargar a alguien montaña arriba después de una pelea. probablemente ambas. Los primeros metros fueron horribles. Sentía cada paso tirándole de las costillas y varias veces estuvo a punto de tropezarse por culpa del terreno irregular. Pero finalmente terminó usando el pendiente.

 

El cuerpo se le alivianó apenas activó el efecto.

 

No era volar realmente. Era más parecido a ignorar momentáneamente parte del peso mientras flotaba unos segundos sobre el suelo. Lo suficiente para impulsarse por partes empinadas de la montaña sin desplomarse en el intento. Y aun así fue lento. Muy lento. Porque además de sus propias heridas tenía que evitar mover demasiado a Aldo, que seguía sangrando sobre su espalda.

 

Cuando finalmente llegaron a la mansión, Tommy sintió que las piernas le temblaban.

 

Fue directamente al segundo piso, donde algunas habitaciones ya estaban mínimamente decoradas, y eligió una que tuviera espacio suficiente. Apenas había muebles todavía, así que terminó colocando camas rápidas casi de manera improvisada antes de dejar a Aldo acostado con cuidado. El colchón se hundió ligeramente bajo el peso y Tommy soltó aire recién ahí, quedándose unos segundos quieto intentando recuperar la respiración.

 

Pero todavía faltaban Juan y Foolish.

 

Así que volvió a subir, luego de parar mínimamente el sangrado.

 

Los encontraron donde los había dejado. Ambos seguían inconscientes en el patio, aunque claramente mucho menos destruidos que Aldo. Foolish tenía algunos cortes superficiales y moretones bastante feos en la cara y brazos, mientras que Juan parecía principalmente golpeado y agotado. Honestamente parecían dos personas que habían intentado pelear contra algo muy fuera de su nivel.

 

Tommy terminó cargándolos de a uno hasta abajo.

 

Cuando finalmente logró meter a los tres en la habitación sintió que el cuerpo entero le pesaba toneladas.

 

Y ahí empezó realmente el trabajo horrible.

 

Porque pelear era una cosa. Curar heridas era otra completamente distinta.

 

Tommy sacó prácticamente todos los botiquines y medicamentos que había robado de aldeas anteriormente y los desparramó sobre el suelo mientras intentaba recordar cómo mierda se hacían algunas cosas. Primero fue tonto. Limpiar sangre seca. Desinfectar cortes. Revisar golpes. Foolish se quedó dormido varias veces cuando el alcohol tocó heridas abiertas, moviéndose apenas entre sueños antes de volver a quedar completamente quieto.

 

Juan fue parecido.

 

Moretones. Raspones. Un corte cerca de las costillas que necesitó venda. Nada demasiado grave, aunque claramente iba a despertarse sintiendo que lo había atropellado un tren.

 

Pero también…

 

Aldo era otra historia.

 

Tommy tardó varios segundos simplemente reuniendo valor para tocarle el hombro. El corte era profundo y desagradable, lo suficiente para necesitar puntos sí o sí. Y Tommy jamás había cosido a una persona antes.

 

—Genial... genial, perfecto.

 

Las manos le temblaban ligeramente mientras preparaba todo. Limpiar la herida fue horrible. La sangre seguía saliendo lentamente y Aldo incluso inconsciente reaccionó tensando el cuerpo apenas el desinfectante tocó la piel abierta. Tommy terminó murmurando insultos en voz baja todo el tiempo solo para distraerse mientras trabajaba.

 

Los puntos quedaron feos.

 

Pero cerraron la herida.

 

Y eso era lo importante.

 

Cuando terminó ya había gastado la mayoría de los suministros médicos que tenía. Vendajes usados, frascos abiertos, gasas manchadas de sangre desperdigadas alrededor de la habitación. Honestamente parecía una enfermería improvisada después de una guerra (en realidad no sabía como se veia una pero se imaginaba algo parecido).

 

Pero al menos seguían vivos.

 

Al final dejó a cada uno dormir en paz. Tonto dormido boca arriba con vendas en brazos y torso. Juan completamente desparramado sobre la cama todavía llena de moretones. Y Aldo… Aldo respirando lentamente bajo varias vendas nuevas cubriéndole el hombro y parte del pecho.

 

Y Tommy no durmió.

 

No tenía realmente mucho sueño.

 

Quizás porque había dormido casi tres semanas antes. O porque la adrenalina seguía pegada quizás a sus huesos incluso horas después de la pelea. Además… aunque sabía que en los streams Ash nunca había vuelto después de eso, ya no podía confiarse completamente. Esto no eran los arroyos. Era real. La gente sangraba de verdad. Las heridas no desaparecían mágicamente después de un corte de cámara. Así que terminó quedándose despierto, sentado en el pasillo entre habitaciones con la espada apoyada a su lado mientras esperaba a que algún despertara.

 

Fue en medio de ese silencio cuando Molly llegó.

 

Tommy escuchó los pasos para subir las escaleras antes de verla aparecer en el segundo piso. Y apenas Molly levantó la vista y vio las manchas de sangre en el suelo, su expresión cambió inmediatamente.

 

—¿Qué mierda pasó aquí?

 

Tommy soltó una risa cansada, más aire que sonido.

 

—Resumen corto: funeral, régimen, pelea, casi morimos todos.

 

Molly frunció el fruncido.

 

—…¿Qué?

 

—Sí, bueno. Resultó ser un día ocupado.

 

Ella avanzó rápidamente mirando alrededor hasta detenerse frente a la habitación que ahora actuaba de enfermería.

 

—¿Quién está ahí?

 

—Ehh Aldo, Juan y Tonto.

 

—¿Están vivos?

 

— Juan y El Tonto sí, Aldo apenas.

 

Molly abrió más los ojos.

 

— puta madre, a ver dejame ver si puedo hacer algo.

 

— Todo tuyo

 

El silencio que siguió fue pesado mientras estaban en la habitación. Molly observó las vendas manchadas, los restos de botiquines vacíos y las gotas secas de sangre en el piso antes de volver a mirarlo y empezar a revisar a los chicos uno por uno.

 

—Explícame todo.

 

Y Tommy lo hizo.

 

Le contó del funeral. De Pac. De Ash apareciendo detrás de Juan. De la pelea. De Aldo usa el guantelete para levantar pilares gigantes de tierra y perseguirlo montaña abajo. De cómo Ash casi les rompe la cabeza a todos iguales.

 

Molly escuchó sin interrumpir prácticamente nunca, aunque mientras más avanzaba la historia más oscura se volvía su expresión.

 

—Les voy a romper la madre.

 

Tommy soltó una pequeña risa nasal.

 

—Sí, bueno. Estábamos pensando algo parecido.

 

—No, hablo en serio.

 

Ella cruzó los brazos apoyándose contra la pared.

 

—No podemos seguir así. Ustedes pelean con cualquier mierda que encuentren y esperan sobrevivir porque sí.

 

—Funcionó más o menos.

 

—Tommy terminaron inconscientes los tres.

 

—Bueno… detalle menor.

 

—No es un detalle menor.

 

Hubo unos segundos de silencio antes de que Molly suspirara y se pasara una mano por el pelo.

 

—Tenemos que armarnos mejor. Todos. Armaduras completas, encantamientos, pociones, recursos. Porque si vuelven a atacar y nos agarran igual de improvisados ​​nos van a matar.

 

Tommy bajó la vista hacia la espada apoyada a su lado.

 

Porque odiaba admitirlo, pero tenía razón.

 

—Ash pelea como un monstruo —murmuró después de unos segundos—. No importa cuánto lo golpes, el hijo de puta aguanta una banda.

 

—Entonces la próxima vez le pegamos más fuerte.

 

Tommy la miró apenas, cansado.

 

Y Molly sonrió de lado.

 

—¿Qué? ¿Crees que me iba a asustar? Que se jodan. Si quieren guerra, van a tener guerra.

 

Molly sonaba segura de sí misma, y ​​Tommy casi le creyó. No, peor todavía: realmente le creyó durante unos minutos. Porque Molly tenía esa clase de presencia que llenaba habitaciones enteras incluso cuando estaba simplemente apoyada contra una pared con los brazos cruzados. Parecía fuerte de una forma casi ridícula, como si nada pudiera tocarla realmente. Segura. Orgullosa. El tipo de persona que hablaba como si el mundo fuera a acomodarse a su voluntad tarde o temprano. Y Tommy entendía perfectamente por qué la gente terminaba siguiéndola. Él mismo probablemente lo habría hecho. Si no supiera lo que iba a pasar.

 

Porque ese era el problema de conocer los streams.

 

Conocer demasiado.

 

Mientras Molly hablaba sobre armarse mejor, sobre romperle la cara al régimen y hacerlos pagar, Tommy no podía dejar de recordar escenas futuras que todavía no habían ocurrido ahí. Conversaciones. Miradas. El enamoramiento absurdo que Molly terminaría desarrollando por Ash. Y no solo eso; lo peor era que eventualmente incluso lo defendía. A veces hasta en situaciones donde debería haber apoyado a su propia familia antes que a él.

 

Y aun así Tommy casi le creía.

 

Eso era lo más molesto.

 

Porque Molly hacía que fuera fácil creerle.

 

Ahora entendía perfectamente a Tina.

 

Pobre Tina.

 

La típica historia trágica de la lesbiana enamorada de la heterosexual imposible. Sinceramente daban un poco de pena. Porque Molly era exactamente el tipo de persona por la que uno terminaba enamorándose aunque supiera que probablemente iba a salir mal. Si no supiera que le gustaban 100% los hombres habría pensado que posiblemente le gustaba Molly.

 

Al final terminaron haciéndose compañía mientras charlaban dentro de la habitación improvisada como enfermería. Técnicamente, esa era la habitación de Juan. Uno se podía dar cuenta a primera vista, había cuadros de juan y estaba todo bien decorado. Lo único diferente eran las tres camas extras. Foolish dormía completamente atravesado sobre una de ellas, todavía lleno de vendas en los brazos. Juan estaba medio enterrado entre mantas, roncando suavemente como si no hubiera terminado inconsciente hacía apenas unas horas. Y Aldo seguía siendo el peor de todos, inmóvil bajo varias capas de vendas blancas que resaltaban demasiado contra las manchas rojizas todavía secas en su piel.

 

Tommy estaba sentado en el piso, apoyado contra la pared, mientras Molly ocupaba la cama vacía junto a él con las piernas cruzadas.

 

—Entonces básicamente me perdí la pelea más grande del día —dijo Molly después de un rato.

 

-Sorbo.

 

—Increíble. Me voy cinco minutos y casi se mueren todos.

 

—Técnicamente fueron varias horas.

 

—Peor todavía.

 

Tommy soltó una pequeña risa cansada mientras seguía girando distraídamente una venda entre las manos.

 

Aparentemente Molly había venido originalmente a buscar a Aldo para ir a explorar. Aventuras. Recursos. Pelear cosas probablemente. Muy en la línea de Molly honestamente. Pero claramente todo se había ido a la mierda apenas apareció Ash.

 

Y Molly odiaba esperar.

 

Eso Tommy lo había entendido rápido.

 

Se notaba en cómo movía constantemente el pie mientras hablaban, en cómo miraba hacia Aldo cada pocos minutos como si esperara que mágicamente despertara solo porque ella estaba aburrida.

 

—¿Cuánto crees que tarde? —preguntó finalmente mirando el cuerpo inconsciente de Aldo.

 

Tommy se levantó apenas un hombro.

 

—Ni idea. Sigue vivo, así que supongo que eso ya es bastante.

 

— Oyy qué optimista eres ehh

 

—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo.

 

Molly bufó divertida antes de dejarse caer hacia atrás sobre la cama.

 

—Voy a tomar una siesta. Despiértame cuando se recupere.

 

—¿Y si tarda días?

 

—Entonces me despiertas en días.

 

Tommy soltó una risa nasal mientras Molly simplemente cerraba los ojos como si realmente pudiera dormirse en cualquier lado.

 

Y honestamente… probablemente podía.

 

Lo que sí hizo que Tommy empezara a preguntarse seriamente cuánto iba a tardar Aldo en despertar.

 

Porque esperaba que no fuera demasiado.

 

 

Pasaron días.

 

Los chicos fueron despertando uno por uno lentamente, como si la mansión estuviera recuperando vida de un poco después del desastre. El primero en abrir los ojos fue Juan, aunque honestamente apenas estuvo consciente el tiempo suficiente como para que Tommy pudiera considerarlo realmente “despierto”. Se quejó durante aproximadamente veinte minutos seguidos sobre cómo le dolía absolutamente todo el cuerpo, preguntó tres veces distintas si Ash seguía cerca y después anunció dramáticamente que iba a volver a dormir a la seguridad de la cueva con los demás porque la mansión era oficialmente un lugar maldito en estos días.

 

Tommy ni siquiera intentó detenerlo.

 

Después despertó Foolish.

 

Mucho loco. si es que se puede considerar o describir así.

 

Apenas pudo caminar otra vez y dejar de dar vueltas por la habitación simplemente agarró materiales y se fue directo a continuar la estatua de dragón que estaba construyendo como si no hubiera terminado desmayado después de una pelea mortal hacía nada.

 

Y así terminaron pasando tres días completos.

 

Tres días donde Aldo no daba señales de despertar.

 

Tommy empezó a ponerse nervioso alrededor del segundo día, aunque intentaba no demostrarlo demasiado. Le cambiaba las vendas, revisaba el hombro constantemente y hasta comprobaba varias veces que seguía respirando aun cuando claramente lo hacía. Pero igual era raro. Muy raro.

 

Incluso Vegeta se despertó antes.

 

Y eso sí descubrió a Tommy.

 

Porque cuando Vegetta finalmente apareció otra vez por la mansión, lo primero que hizo fue empezar a inspeccionar habitaciones. Y Terminó encontrando a Tommy sentado en el suelo al lado de la cama de Aldo, distraído jugando con el comunicador mientras esperaba.

 

Vegetta parpadeó un par de veces mirando la escena.

 

—¿Qué coño pasó aquí?

 

Y honestamente Tommy ya estaba tan acostumbrado a resumir tragedias que simplemente empezó a explicarle todo como si estuviera contando el clima.

 

La pelea.

 

Ceniza.

 

El funeral.

 

El perro estúpido.

 

Eso fue el último probablemente lo que más reacción provocó.

 

—¡¡NOOOOOOOOOOO!!

 

Vegeta prácticamente gritó al cielo de manera dramática llevándose ambas manos a la cabeza.

 

—¡MI PERROOOOO!

 

Tommy lo miró fijo unos segundos.

 

Vegeta permaneció dramáticamente destruida aproximadamente… quince segundos.

 

Después bajaron lentamente las manos.

 

—Bueno. Era un perro feo.

 

Tommy pestañeó.

 

—¿Qué?

 

—Además, si se murió entonces mi plan funcionó y ninguno de ustedes salió muerto.

 

—Aldo sigue literalmente inconsciente.

 

—¡Pero no muerto!

 

…Punto válido, suponía.

 

Al final Vegetta simplemente decidió que no se arrepentía de nada y pasó página con una facilidad bastante impresionante. Aunque sí terminó dejando a Tommy a cargo de seguir cuidando a Aldo mientras él volvía a construir como si nada hubiera ocurrido.

 

Eso sí, antes de irse le entregaron varias cosas desde el inventario.

 

Medicamentos.

 

Vendajes mejores.

 

Algunas pociones.

 

Tommy reconoció parte de las cosas inmediatamente. Debían venir de los barcos que Vegetta había saqueado antes de encontrar la montaña.

 

—Úsalas si empeora —dijo Vegetta antes de irse otra vez.

 

Y Tommy, honestamente, sí agradeció la ayuda.

Así pasaron varias horas en las que lo único que pudo hacer fue observar a Vegetta entrar y salir constantemente de la mansión, cargando materiales, desapareciendo durante largos ratos y reapareciendo otra vez cubierto de tierra o madera. No fue hasta mucho después que finalmente regresó acompañado de Luzu. Y, bueno, la verdad era que Luzu no representaba una presencia extraña cuando Vegetta estaba despierto y ambos coincidían en estarlo. Eran mejores amigos, después de todo. Sinceramente, casi venían en paquete. Incluso Luzu lo saludó al llegar, y mientras ambos hablaban de cosas que Tommy apenas alcanzaba a escuchar, él terminó distrayéndose con una duda completamente irrelevante: ¿incluirían a Oli en el canon? Supuso que no. Aunque... quizás sí. ¿Quién sabía?

 

De todas formas, no había desaprovechado el tiempo. Ahora tenía ropita, y honestamente eso le había mejorado el humor muchísimo más de lo que estaba dispuesto a admitir. Había pasado buena parte de las últimas horas revisando el comunicador y descubriendo que literalmente funcionaba como una mezcla extraña entre un catálogo de Roblox y un sistema de creación de skins, algo que, para su sorpresa, lo tenía completamente fascinado. Incluso ya tenía un conjunto completo guardado en la mochila, esperando el momento perfecto para estrenarlo después de bañarse, además de mucha más ropa almacenada digitalmente, lista para ser creada cuando quisiera. Bueno... no toda era completamente original. Pero técnicamente sí les había hecho algunos cambios. Eso contaba.

 

La nueva ropa terminó viéndose muchísimo mejor de lo que esperaba. Había elegido un conjunto que le daba una vibración bastante parecida a la que ya tenía normalmente Tommy, pero mucho más exagerada y estilizada. Una campera roja oversized, grande y que parecía pesada, con mangas enormes y cierres negros decorativos (o eso suponía, no sabía si eran reales). Debajo llevaba una camiseta negra ajustada de cuello alto que contrastaba completamente con el resto de la ropa más suelta, marcando mejor la figura delgada que tenía ahora. Los pantalones eran cargo color crema, amplios y llenos de bolsillos y correas pequeñas colgando a los costados, que estaban hechos para cargar herramientas encima o algunas cosas que no entrarán en el inventario.

 

Además, el conjunto entero tenía una estética extraña, un medio camino entre un aventurero y el protagonista de un anime edgy que se tomaba demasiado en serio a sí mismo. Y, sinceramente, le quedaba demasiado bien para lo ridículamente gracioso y aterrador que seguía siendo todo el asunto de estar viviendo dentro de Minecraft. Eso sí, esperaba haber configurado bien las medidas. Había usado las proporciones que aparecían en el comunicador como si realmente correspondieran a su cuerpo, pero, honestamente, quién sabía cómo funcionaba esa mierda. Capaz terminaba con unos pantalones demasiado largos o una chaqueta tres tallas más grande de lo normal. Aunque, viendo el diseño, probablemente ni siquiera se notaría demasiado si quedaba oversized.

 

Unas dos horas más tarde, Vegetta finalmente regresó, riéndose solo mientras subía las escaleras rumbo a lo que, por cómo iban las cosas, probablemente terminaría convirtiéndose en su habitación definitiva.

 

Y entonces Tommy pensó en algo importantísimo.

 

Baño.

 

Porque, sinceramente, olía horrible. Era una mezcla entre tierra, sudor y el óxido que dejaba la sangre seca. Aun así, antes de levantarse dudó un momento mientras miraba a Aldo. Le preocupaba que justo despertara mientras él no estuviera o, peor todavía, que pasara algo en su ausencia. Pero ya fue. Necesitaba bañarse con urgencia.

 

Y mierda. Bastó con meterse bajo el agua para confirmar inmediatamente una cosa: odiaba bañarse con agua fría. Lo odiaba muchísimo. El agua helada de la pequeña cascada le recorrió la espalda y lo hizo estremecerse de pies a cabeza apenas cayó sobre él, arrancándole una maldición automática mientras intentaba terminar lo más rápido posible. Estaba demasiado acostumbrado al agua hirviendo, de esa que dejaba la piel roja y el baño lleno de vapor; duchas larguísimas de las que uno salía prácticamente cocinado, pero completamente relajado.

 

Cómo extrañaba eso. Extrañaba su champú. Su jabón. El olor de estar realmente limpio. No esas cosas robadas, medio genéricas, de las aldeas, que apenas hacían espuma. ¿Cómo se hacía el jabón, ni siquiera? Aun así, terminó lavándose el pelo con calma mientras el agua fría le corría por el cuello y los hombros, llevándose por fin semanas enteras de suciedad acumulada. Y, honestamente... aunque hubiera sido una experiencia horrible, sí se sintió mejor. Muchísimo mejor. Cuando finalmente salió y empezó a ponerse la ropa nueva, hasta él tuvo que admitir que todo había valido completamente la pena. En ese momento tomó una decisión inamovible:

 

cuando construyera su propia casa, lo primero que haría sería un baño.