Chapter Text
Kaito estaba durmiendo apaciblemente en clase. Mientras seguían investigando, había vuelto a su rutina diaria, no podía seguir faltando a la escuela por esa estúpida lesión, y ya se encontraba mucho mejor. Hakuba se había ausentado hoy porque le habían llamado para resolver un caso de homicidio que estaba trayendo de cabeza a la policía. Así que el lobo había optado por dormir durante la clase, ya que el día estaba siendo bastante aburrido sin el sabueso. Pero como siempre, su amiga le regañó por ello.
—Kaito, eres un irresponsable, ¡deja de dormir!—le dijo la perrita, molesta, mirándole desde su mesa.
—Ocúpate de tus asuntos, Ahoko—le respondió el moreno, sacándole la lengua con burla.
A la chica se le crispó una vena en la cabeza, y precisamente en ese momento decidió sonar el timbre del recreo, lo que hizo que el mago se encogiese en su asiento.
Aoko lo estaba mirando con una sonrisa malévola, oh, mierda.
La tosa no perdió tiempo en levantarse de su asiento para empezar a perseguirlo, Kaito también se levantó, pero para salir corriendo de allí. No esperaba que fuera a terminar la clase justo ahora.
—¡Ven aquí, Kaito!
—¡Ni hablar, quieres zurrarme!—contestó el lobo, mirando hacia atrás.
—No, que va, solo quiero darte amor~
—¡Y una mierda!
Siguieron jugando al gato y el ratón por un rato. En realidad volver a la rutina, era un descanso para el joven mago. Había echado de menos hacer el tonto en la escuela, y seguramente Aoko también. El juego se detuvo cuando apareció Akako llamándoles la atención.
—No deberíais correr por los pasillos, los profesores os echarán la bronca—dijo con calma la gata.
—Oh, hola, Akako-chan, supongo que tienes razón—saludó la perrita, rascándose la cabeza con timidez.
—Hola, Akako—saludó también el lobo con desinterés.
—Veo que sigues igual de simpático que siempre, Kuroba-kun—le sonrió la pelinegra con los ojos cerrados.
—Bakaito, se respetuoso con Akako-chan.
—Kuroba-kun nunca ha tenido respeto a nadie y no creo que empiece ahora, Nakamori-san.
Kaito miró a la pelinegra molesto, pero no dijo nada. Aún le debía una a la bruja por haberles ayudado con la búsqueda de Pandora.
Regresaron los tres juntos a clase, y cuando llegaron, Aoko se acordó de algo y quisó informar a los demás.
—Oye, se me olvidó decirlo, pero… ¿Os apetecería ir después de clase a ver el espectáculo de un ilusionista famoso que ha venido desde Londres?—les preguntó con ojos de cachorro.
—¿Un ilusionista?—preguntó Kaito confuso.
—Sí, al parecer ha venido a Japón para realizar un espectáculo. Creo que podría ser interesante. ¿Os apuntáis?
—Bueno, supongo que lo haré solo para que te calles—bromeó el mago con clara intención de molestarla.
—¡¿Qué dijiste, Bakaito?!
—Nada, nada, que claro que voy—rió el joven, levantando sus manos en señal de rendición.
—Supongo que yo también iré—interrumpió la gata, mirando a sus compañeros de clase.
El comentario sorprendió al lobo. No se imaginaba que a Akako le interesase un espectáculo de magia falsa.
—Genial, pues después de clase iremos para allá—celebró la morena juntando sus manos.
Kaito siguió observando a Akako con sospecha hasta que la gata hizo contacto visual con él.
—Kuroba-kun, ¿podemos hablar un rato a solas, por favor?
—Claro…—respondió poco convencido, siguiendo a la chica fuera de la clase.
Aoko no dijo nada y simplemente fue a colocar sus libros para la siguiente clase. No era raro que Kaito y Akako hablasen en privado a estas alturas.
La gata le llevó a la azotea como ya era costumbre. El chico estaba francamente confundido en estos momentos, así que quiso resolver sus dudas.
—¿Ocurre algo, Akako?—le preguntó cuando la mujer se detuvo.
—¿Sabes lo que es un ilusionista, Kuroba-kun?
—¿Una persona que crea ilusiones para entretener a su público?—respondió dudoso, al no comprender exactamente la pregunta.
—Es una persona que se adentra en la cabeza de las personas y manipula sus mentes.
Kaito trago saliva al escuchar eso. Dicho de forma tan oscura, no parecía algo bueno.
—¿Tratas de decirme algo con eso?
—Ten cuidado con esa gente, es peligrosa.
—¿No es un simple espectáculo de magia?—se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.
—La magia y las ilusiones van ligadas de la mano, Kuroba-kun. Pero la magia que usas tú, suele utilizarse para entretener a la gente, mientras que las ilusiones no siempre buscan entretener al público. Muchas veces se usan para manipular la mente y provocar pesadillas tan reales, que desearías dejar de existir.
—Eso no suena bien…—respondió el lobo, bajando las orejas.
—No me gustan los ilusionistas, pero iré con vosotros de todas formas. Odio que ese tipo de escoria se meta en mi territorio.
Después se dio media vuelta para regresar a clase, dejando al mago solo con sus pensamientos.
—Es incapaz de admitir que se preocupa por nosotros…—suspiró sonriendo, antes de regresar también a clase.
Cuando llegaron al lugar donde se iba a realizar el espectáculo, Kaito, no se esperaba para nada encontrarse con Edogawa Conan. Y al parecer el niño tampoco esperaba verlo por allí.
—Kuroba-kun, ¿eres tú?—preguntó dudosa, Ran.
—Oh, hola, Ran-san—saludó el lobo con una sonrisa, haciendo aparecer una rosa amarilla. Ran se sonrojó un poco ante el gesto. Lo que provocó que Conan lo amenazase con la mirada—. ¿Qué os trae por aquí?
—Pues hemos venido a ver la actuación del ilusionista venido de Londres—respondió la chica con una sonrisa.
—¿En serio? Nosotros también—admitió el lobo, rascándose la nuca.
—Hola, ¿conocéis a Kaito?—cuestionó Aoko, acercándose con Akako a los demás.
—Sí, nos conocimos un día en una cafetería—contestó la ella, amablemente.
—Ya veo. Mi nombre es Nakamori Aoko, y ella es Koizumi Akako. Somos compañeras de clase de Kaito.
—Encantada de conoceros. Yo soy Mouri Ran, y este pequeñín de aquí se llama Edogawa Conan.
—¿Eres por casualidad la hija del inspector Nakamori?—le preguntó Conan con curiosidad.
—Pues sí, ese es mi papá, ¿lo conoces?—le preguntó la perrita, agachándose parcialmente para hablar con él.
—Sí, suelo verlo en los atracos de Kid—respondió el niño con una sonrisa.
—A Conan suelen llamarlo el asesino de Kid—explicó Ran a la tosa.
—¿Es eso cierto?—preguntó la chica, incrédula. El niño asintió con entusiasmo—. Eso es genial, espero que puedas poner a Kid en su sitio en su próximo atraco. Ese ladrón necesita que alguien le dé su merecido.
—Oye, oye…—se quejó el mago con molestia, mirando a su amiga con los ojos entrecerrados.
La bruja por su parte se rió con diversión ante la situación.
Conan miró a la chica sorprendido. Si era amiga de Kuroba… ¿Por qué le tenía tanto odio al ladrón fantasma? Y lo que es más importante… ¿Por qué diantres, Kid, era amigo de la hija del inspector?
El niño miró al mago buscando respuestas. El lobo le devolvió la mirada con desinterés.
—Creo que ya que estamos aquí, podríamos sentarnos todos juntos para ver el espectáculo, ¿qué os parece?—ofreció Ran como una invitación.
—Eso sería genial Ran-san—aceptó la tosa con entusiasmo.
Entraron juntos al edificio y buscaron suficientes asientos libres para poder estar todos juntos. Kaito terminó sentado entre Conan y Akako. El lobo iba a sentarse con Aoko, pero el pequeño detective había hecho un berrinche porque quería sentarse junto a Kaito. A la tosa le resultó adorable y dejó que el niño se sentará con él. Conan lo miró con una sonrisa arrogante. Maldito crío…
Durante la actuación todos se quedaron ensimismados mirando; el tipo era realmente bueno. Creaba ilusiones extrañas en la sala. Algunas parecían tan reales, que bien podrías perder el concepto entre sueño y realidad.
En algún momento, Conan empezó a tirar de la manga de Kaito para atraer su atención. Al principio, el mago trató de ignorarlo aún molesto por lo de antes, pero como era de esperar, al ver que no le hacía caso, se dirigió a la tosa.
—Aoko-neechan, necesito ir al baño, pero Kaito-niichan no me hace caso—se chivó, poniendo ojitos de cachorro pateado.
—Bakaito, no seas cabezota y lleva a Conan-kun al baño.
Al final, no le quedó otra que obedecer, ya que no le apetecía discutir con ella. Sujeto a Conan de la mano y los sacó de allí.
Cuando llegaron al pasillo soltó al niño y se giró para pedirle explicaciones.
—¿Se puede saber qué mosca te ha picado, pequeño detective?
—¿En serio eres amigo de la hija del inspector? ¿Me tomas el pelo?—cuestionó en su lugar, arqueando una ceja con diversión.
—Es una larga historia… No tengo ganas de explicar los detalles ahora mismo—desvió la mirada molesto.
—Me resulta gracioso, porque en realidad te la pasas rodeado de policías la mayor parte del tiempo—rió, pensando en lo absurdo que era el panorama.
—Son gajes del oficio, ¿Me has hecho salir solo para eso?—le preguntó, molesto.
—No, en realidad quería decirte que he visto a Gin & Vodka entre el público—le susurró en voz baja.
—¿Eh? ¿Y quién carajo son esos tipos?
—Mejor vamos al baño y te lo explico allí…—suspiró el pequeño.
Al llegar al baño, Conan le explicó que esos sujetos fueron quienes lo noquearon y obligaron a tomar el veneno que lo encogió. Esto alarmó al lobo, ya que si esos tipos estaban aquí, seguramente estaban tramando algo.
—¿Te estás quedando conmigo? ¿Qué hacen aquí?
—No lo sé, pero deberíamos descubrirlo, puede ser importante—le respondió en voz baja.
—Bien, supongo que no queda de otra…
Ahora, ambos se encontraban siguiendo la pista de los dos asesinos. Kaito estaba seguro de algo… Si salían de aquí ilesos, cuando Hakuba se enterase de esto, iba a matarlo.
Finalmente, dieron con ellos. Salieron afuera hacia el callejón contiguo. Kaito como el ladrón precavido que era, agarró al gato y se lo puso sobre sus hombros. Después, con la agilidad digna de un felino, dio varios saltos hasta llegar al tejado del edificio. Se arrodilló para evitar ser visto y bajó a Conan, dejándolo a su lado.
Ambos observaron a los dos hombres, parecían estar esperando algo. Un tercero apareció, era Snake.
—Es él…—murmuró Kaito sorprendido.
Al parecer estaban hablando sobre algo, pero no lograban escuchar bien la conversación estando tan lejos. Si se arriesgaban a acercarse podrían descubrirles y eso no terminaría bien para ellos.
Al menos les quedaba claro que esas organizaciones trabajaban juntas. Una duda menos que resolver…
Después de un rato, decidieron alejarse del lugar por seguridad. De todas formas, no estaban escuchando nada y esa gente era peligrosa.
Regresaron al baño para hablar sobre ello.
—Me pregunto qué estarán tramando…—reflexionó el mago en voz alta.
—Seguramente, nada bueno.
—Siento que se nos escapa algo…
—No eres el único que lo piensa.
—¿Alguna idea de qué hacer a continuación?
—Por ahora, deberíamos reagruparnos—decidió el pequeño—. Además, ya que estoy aquí, aprovecho para decirte que hemos encontrado una candidata perfecta para ser Pandora.
—¿En serio?—consultó incrédulo.
—Sí, será la joya que robes en tu siguiente atraco. Esa gema está rodeada de misterio y leyendas. Al parecer, las personas que han portado esa joya han terminado desapareciendo o muriendo.
—Y… ¿dónde está esa joya exactamente?—tragó saliva, sintiéndose algo atemorizado por sus palabras.
—Pues la joya se encontraba en un museo de Estados Unidos, pero gracias a mí, muy pronto la tendrás en Japón—dijo echándose flores.
—¿Qué has hecho, pequeño detective?
—He jugado la carta de Suzuki Jirokichi—señaló el gato con orgullo.
—Espera… ¿¡El viejo Suzuki!?
—Sip. El otro día le dije que Kaito Kid estaba buscando joyas rodeadas de misterio, así que… qué mejor para atraerlo que una joya de semejante calibre. Por supuesto, el viejo Suzuki no se iba a negar ante una oportunidad como esa. Ambos sabemos que a ese hombre le encanta ser el protagonista.
—Tu lo que quieres es dejarme a la altura del barro…—le susurró el lobo, sonriendo con fastidio.
—Eso también—bromeó sonriente—. Bueno, la cuestión, es que he convencido a Suzuki de que traiga esa joya aquí. Así que espera un desafío muy pronto de su parte.
—Francamente, detective, vais a acabar conmigo…—suspiró el ladrón, exhausto.
Los desafíos que le imponía Suzuki siempre le dejaban agotado; hacía mucho que no sabía nada del hombre. Si venía con energías renovadas; estaba realmente jodido.
—No te preocupes, Kid. Estamos de tu lado. Y está vez, también tendremos un francotirador en nuestro bando. Si las cosas se ponen feas, te sacaremos de allí.
—Es mejor estar preparados, si esa joya es realmente Pandora, temo que ese atraco se convierta en un infierno.
—Todo saldrá bien, ya lo verás—desestimó el pequeño, dirigiéndose a la salida del baño.
Kaito no estaba muy convencido, pero no tenía muchas opciones en el asunto. Solo esperaba que Snake no trajera la artillería pesada. Después de ver a esos dos asesinos aquí hoy tenía un muy mal presentimiento.
Cuando quisieron regresar al salón de actos el espectáculo ya había terminado, así que decidieron esperar a las chicas en la salida. Caminaron todos juntos hasta llegar a una intersección. Después se despidieron, y cada uno siguió su propio camino hasta casa. Kaito acompañó a Aoko ya que no le gustaba que su amiga anduviera sola por ahí. Tras dejarla en casa se dio media vuelta para dirigirse a la mansión de los Hakuba. Esperaba que cuando llegase el rubio ya estuviera en casa. Llevaba todo el día sin verlo.
Al llegar, Baaya le abrió la puerta. Le saludó amablemente y le invitó a pasar. Al parecer, Hakuba aún no había llegado. Este chico… no sabía cuándo descansar.
Baaya le preparó unas pastas con un chocolate caliente. Ahora entendía de dónde había aprendido Hakuba a cocinar. Estaba riquísimo.
El detective no tardó mucho más en llegar. Cuando entró en la habitación, Kaito estaba saboreando su chocolate.
—Vaya, veo que Baaya te tiene bien alimentado—sugirió a modo de saludo.
—Hakuba, ¿dónde estabas?—preguntó, sentado en la cama.
—Bueno, era un caso complicado y me llevó demasiado tiempo resolverlo. Lo siento—se disculpó, cansado.
—No pasa nada, aunque deberías tomártelo con más calma. Eres un adolescente, no su esclavo personal.
—Lo dice aquel que es esclavo de su propio sino—dramatizó el rubio en broma.
—¿Qué insinúas?—se cruzó de brazos el moreno, arqueando una ceja.
Hakuba se rió, acercándose a su novio para darle un beso.
—Solo bromeaba, tonto.
—Lo sé, idiota—aceptó el mago, dándole otro beso.
Kaito lo sabía, hacía tiempo que Hakuba había empezado a ser un idiota bromista a su alrededor. En fin, todo se pega menos la hermosura.
—Bueno, ¿cómo fue tu día?—le preguntó el perro, sentándose a su lado en la cama.
—Pues… Pasaron bastantes cosas en realidad.
—¿Qué cosas?
—Pues… Para resumir, Aoko quería ir a ver a un ilusionista que vino desde Londres hoy. Así que fuimos hasta allí, con Akako incluida, y resultó que Conan también había ido con Ran a verlo. Después, el pequeño mocoso vio a los tipos que lo envenenaron y los seguimos hasta el exterior del edificio. Al parecer iban a reunirse con Snake. Así que resolvimos nuestras dudas sobre si las organizaciones trabajaban juntas o no.
—Espera, para, para el carro—lo detuvo Hakuba para aclarar varias cosas—. Me estás diciendo que Conan y tú, ¿os pusisteis en peligro?
—Algo así, ¿lo siento?—se disculpó vagamente con una sonrisa forzada.
Hakuba lo miró con reproche, haciendo que Kaito bajase las orejas.
El sabueso suspiró. No podía enfadarse con Kaito cuando él mismo se la pasaba poniendo su vida en peligro. Sería pura hipocresía.
—No estoy enfadado, solo preocupado. Pero confío en vuestro criterio. ¿Descubristeis algo más?
—No pudimos escuchar nada, así que nos fuimos por seguridad. Conan también me ha dicho que el viejo Suzuki me va a lanzar un desafío pronto.
—¿Un desafío?—preguntó extrañado, el detective.
—Claro… tú no le conoces. A ese hombre le encanta atraer la atención de los medios, y ha descubierto que desafiandome a robarle cosas, la consigue. Por lo que suele tenderme trampas y emboscadas en sus atracos. Cree que si logra capturarme se convertirá en el centro de atención absoluto. Entonces, lo que ha hecho Conan es manipularlo con sus encantos de mocoso para que traiga aquí una joya que es perfecta candidata para ser Pandora.
—Ya veo… Ese hombre parece un hueso duro de roer.
—Lo es, más de una vez lo he tenido difícil para salir ileso de sus desafíos…—suspiró agotado.
Hakuba sonrió con cariño a su novio, pasándole el brazo por detrás de la espalda para acercarlo a él.
—Bueno, y cambiando de tema. ¿Quién era ese ilusionista? Si es de Londres, lo conoceré.
—La verdad es que no pude verlo del todo bien, pero se hacía llamar Gunter von Goldberg II. De todas formas, no creo que sea su verdadero nombre, parece más su nombre artístico.
—Me suena de algo, pero creo que nunca he visto ninguna de sus actuaciones. Los ilusionistas no son algo que me llame la atención—dijo el perro, reflexionando.
—Akako dijo algo parecido, solo que ella parecía odiarlos más bien. Decía que manipulan las mentes o algo así.
—En realidad no le falta razón, algunos utilizan la hipnosis para manipular la mente de los espectadores—explicó con tranquilidad.
—No puedo dejar de pensar que suena bastante maquiavélico—exhaló el mago, agachando las orejas parcialmente.
—¿Y nada en él te llamó la atención?—siguió indagando el detective, sintiendo que algo se le escapaba. Ese nombre… le resultaba muy familiar, pero no conseguía recordar de que...
—No… Parecía un tipo bastante formal—se encogió de hombros.
Hakuba decidió dejarlo estar por ahora, de todas formas estaba cansado. Se tumbó en la cama boca arriba sin inmutarse siquiera en ponerse el pijama. El trabajo excesivo le hacía eso a una persona.
Kaito recogió la bandeja de la cama y la llevó a la cocina. Baaya lo interceptó por el camino y le preguntó por Hakuba, a lo que este respondió que estaba cansado y ya se había ido a dormir.
La anciana le entregó un analgésico, asegurándole que seguramente le vendría bien al sabueso, ya que después de días como estos, solía padecer dolores de cabeza. Por la mañana se sentiría mejor y con fuerzas renovadas.
El mago volvió a la habitación y le entregó el analgésico a Hakuba, que lo aceptó agradecido. Después de tomárselo dejó el vaso sobre la mesita de noche y arrastró a Kaito con él a la cama. Para estar exhausto seguía teniendo muchísima fuerza…
Hakuba no tardó en dormirse, pero el lobo, por otro lado, sufría de insomnio. No podía dejar de darle vueltas en la cabeza al mal presentimiento que sentía desde esta tarde. Puede que solo estuviera paranoico por haber visto a Snake y esos hombres, pero… Si a eso le sumaba que tendría que volver a enfrentarse al viejo Suzuki… Solo de pensarlo se le erizaban los pelos de la espalda.
Al día siguiente, fueron despertados por el teléfono de Hakuba. Este abrió los ojos y lo cogió adormilado para ver quién era.
—¿Dígame?—preguntó el sabueso medio dormido.
—Soy Haibara, ¿está lobo-san contigo?
—Oh, hola Haibara-san, sí, está conmigo. ¿Ocurre algo?
Al escuchar a Hakuba hablar, el mago también empezó a despertarse, se incorporó y se quedó mirando a su novio con curiosidad.
—Necesito que vengáis a casa del profesor Agasa, ahora. No puedo compartir estos detalles por teléfono—aclaró la niña, para instantes después colgar la llamada sin darle tiempo a responder.
Hakuba se quedó confundido mirando su teléfono. Estaba demasiado dormido para esto…
—¿Ocurre algo, Hakuba?—le preguntó el lobo, al verlo fruncir el ceño.
—No lo sé… Pero vístete, Haibara-san quiere hablar con nosotros sobre algo.
Kaito frunció el ceño, pero no dijo nada y se levantó junto a su novio a prepararse. Tenía pinta de que iba a ser un día muy ajetreado. ¿Será posible que no pueda pasar ni un solo día en casa haciendo el vago?
Baaya les acercó hasta la propiedad del profesor Agasa y después se despidió de ellos para ir a atender otros recados.
—¿Has pensado en darle vacaciones a tu niñera?—soltó el mago de la nada.
—La verdad es que últimamente me lo estoy planteando seriamente, pero no está en mi mano dárselas—explicó el sabueso, caminando hacia el porche de la casa.
—Pobre mujer…—suspiró el moreno.
—No te preocupes por ella, ya está jubilada desde hace tiempo, simplemente se niega a dejarme de lado.
—No lo entiendo…
—Te lo explicaré de otra forma… Mi Baaya es muy parecida a tu asistente. Supongo que me tiene en alta estima y no quiere dejarme solo. En cierto modo me he acabado volviendo un poco dependiente de ella. No está obligada a hacer lo que hace, pero simplemente quiere permanecer a mi lado—concluyó el detective, llamando al timbre de la puerta.
—Supongo que tiene sentido…—murmuró el moreno, dejando el tema aparcado por ahora.
Realmente quería saber más sobre Hakuba, el otro no solía hablar de sí mismo si no le preguntaba directamente, y la relación que tenía con su criada le resultaba bastante curiosa, parecían uña y carne la mayor parte del tiempo. La mujer era incluso cómplice de los crímenes de su protegido, ahí tenía que haber algo más…
El profesor les abrió la puerta, parecía alegre de verlos.
—Me alegra ver qué estáis bien. Ai-kun ya me ha informado de vuestra llegada. Os espera abajo, en su laboratorio.
Los dos chicos se miraron, aún sin saber por qué la científica les había hecho venir. ¿Tendría algo que ver con las pruebas que le realizó a Kaito la última vez? Dijo que les llamaría cuando tuviese los resultados, aunque no esperaban que lo hiciera de verdad.
Agasa se fue a atender otros asuntos, así que bajaron ellos solos hasta el laboratorio.
Cuando entraron se encontraron no solo con Haibara, sino también con Conan.
—Habéis tardado bastante más de lo que esperaba—dijo la niña con una mirada impasible.
—Hola a ti también…—respondió Kaito, semi molesto.
Hakuba permaneció en silencio y dirigió su mirada a Edogawa, que estaba bastante callado, pensando en algo.
Ambos adolescentes se acercaron a los dos niños, esperando recibir alguna explicación de por qué estaban allí.
—Bueno… ¿Por qué estamos aquí?—terminó preguntando el mago, al ver que nadie decía nada.
Conan seguía con la mano en la barbilla pensativo, pero finalmente la loba empezó a hablar.
—Se trata de los resultados de las pruebas que te realicé, aunque en realidad creo que es mejor que lo veáis por vosotros mismos.
Ambos observaron como buscaba y abría diferentes archivos en el ordenador. Demasiadas pestañas abiertas…
—¿Qué tenemos que ver, Haibara-san?—preguntó el británico confundido, mirando los resultados de las pruebas.
Podía ver los datos generales sobre su especie, físico, altura, etc. Pero no entendía qué era lo que había alarmado a la científica. Kaito también estaba observando confundido.
—Como podéis ver todo parece normal a simple vista, pero en realidad hay algo que no cuadra—empezó a decir la niña—Esto, es la cadena de ADN de un lobo japonés normal, y este, es tu ADN, ¿No notas algo diferente?—les explicó la joven, mientras colocaba dos ventanas juntas para mostrarles las diferencias.
—Es… diferente—susurró el sabueso observándolo de cerca.
Hakuba nunca antes se había preocupado por estudiar realmente el ADN del mago, simplemente aceptó lo que era sin buscarle las vueltas, pero la chica tenía razón. El ADN no coincidía del todo con el de un lobo japonés normal.
—¿Qué significa eso?—consultó el lobo, perdido, sin entender un carajo de lo que estaba viendo.
—Lobo-san, ¿nunca te has preguntado porque eres tan ágil?
Kaito le frunció el ceño a la mujer, extrañado.
—Kid, ¿tus padres no te dijeron nada?—le cuestionó Conan, mirándolo directamente.
—¿Decirme qué exactamente?
Conan miró preocupado a Haibara, si el chico no lo sabía, entonces eso significaba que sus padres se lo habían ocultado.
—La razón por la que eres tan ágil, es porque tienes genes de felino, eres un híbrido, lobo-san—aclaró la chica, colocando más archivos junto a los de su ADN.
—Espera… ¡¿Qué?!
Hakuba se quedó totalmente anonadado también, pero ahora que lo pensaba, tenía sentido. Un lobo japonés común no podría realizar esas acrobacias que siempre hacía Kaito en sus atracos. Lo que le hizo preguntarse… ¿Por qué Kaito no sabía nada de esto? ¿Sus padres se lo ocultaron deliberadamente?
—Esta es la cadena de ADN de un felino normal, y esta es la tuya. Como puedes ver por los resultados, hay un porcentaje coincidente del 25%—expusó la niña, mostrando algunos resultados analíticos en su ordenador.
Kaito estaba francamente impactado, no podía comprender nada, ¿Era un híbrido? ¿Porque sus padres no se lo habían dicho?
Hakuba miró a su novio y finalmente cayó en la cuenta de algo, recordó la conversación que tuvo con Kaito hace tan solo un tiempo atrás en aquel acantilado…
“Mis padres alteraron los registros para protegerme”
Ahora todo tenía sentido, si solo fuese un lobo japonés, protegerlo no hubiese tenido tanto sentido. Quedaban pocos de su especie, sí, pero realmente no era una razón de peso tan grande como para borrar cualquier registro de nacimiento. Por otro lado, el hecho de que fuera un híbrido, si les daba una razón para hacerlo. El mercado negro francamente si querría el pellejo de un espécimen único. Como no se había dado cuenta antes… Esa agilidad ridícula, su buena visión nocturna… todo estaba ahí, simplemente habían permanecido ciegos porque lo que veían no era un felino, era un canino.
Hakuba entonces miró a Conan y después a Kaito… El lobo había admitido varias veces haberse disfrazado de Kudo Shinichi porque su parecido era casi idéntico, eso no podía ser una coincidencia a estas alturas, ¿verdad?
—Haibara-san, ¿por casualidad le realizaste pruebas a Conan-kun?
—Sí, también le hice algunas pruebas. ¿Por qué?
—Por favor, pon las pruebas de Conan junto con las de Kaito.
Haibara se sorprendió, pero no dijo nada y optó por hacer caso al sabueso.
Cuando colocó ambos ADNs juntos, quedó totalmente patidifusa, la cadena coincidía… pero eso solo podía significar una cosa…
—Supongo que por tu cara, ya te has dado cuenta Haibara-san.
—No puede ser, es imposible—dijo la niña incrédula.
—Al final, resulta que mis sospechas eran ciertas—tarareó el perro aún sin decir nada.
—¿Qué teoría? ¿De qué hablas Hakuba?—se giró a mirarlo Kaito, pidiendo explicaciones a su novio.
Conan también quedó extrañado, ¿su ADN coincidía con el del lobo?
—El ADN de ambos coincide en un 98%, no me lo puedo creer—dijo Haibara mientras tecleaba en el ordenador a toda velocidad.
—Kaito, Conan-kun, me temo que sois familia.
—¡¿Qué?! ¡Eso es imposible!—gritaron los dos al unísono, alarmados.
—Tal como decía Sherlock Holmes, “cuando eliminas lo imposible, por improbable que parezca, lo que queda, es la verdad”—citó, mirando a los otros dos—. Solo miraos, sois idénticos.
Kaito y Conan se miraron, eran muy parecidos, sí, de hecho la gente tendía a confundirlos por la calle a pesar de que eran de especies distintas. Ran dijo una vez algo sobre el pelaje…
—Pero entonces, ¿qué tipo de parentesco tenemos?—preguntó el gato—. La verdad, dudo mucho que seamos hermanos, ambos tenemos a nuestros respectivos padres.
—Primos—habló la loba roja.
—¿Primos?—preguntaron ambos, que seguían sin poder creerse esa bomba.
—Y no simples primos, sois primos gemelos, lo que significa que uno de vuestros padres, tiene un hermano gemelo—siguió explicando la científica mientras tecleaba códigos en su ordenador, tratando de hallar respuestas.
—Mis padres nunca me hablaron de algo así… aunque siendo como son no me sorprende nada—suspiró el gato, cansado.
—Kaito, ¿tus padres tenían hermanos?—preguntó Hakuba, tratando de hallar información.
—No, no que yo sepa. Aunque no me sorprende que también me ocultasen eso, mi padre nunca me habló sobre sus escapadas nocturnas, así que no sé… quizá—negó el lobo con la cabeza, también empezando a agotarse emocionalmente.
—Bueno, tu madre era la dama fantasma, a lo mejor si le preguntas te lo dice—ofreció el perro con calma.
—¿Mi madre? ¡Pero si no se toma nada en serio, me dirá que estoy haciendo un drama!
—¿Y tú, Conan-kun? ¿Tus padres nos aclararían la duda?
—Llamaré a mí madre, pero no os hagáis ilusiones, son demasiado despreocupados la mayoría del tiempo.
Conan salió de la habitación para llamar a su madre, los demás se quedaron en el laboratorio de Haibara, cada uno con un nivel de incomodidad diferente.
Conan estaba esperando a que su madre le respondiera. Sus padres nunca estaban en casa, así que solo podía contactarlos de esta forma.
—¿Hola? Al habla Kudo Yukiko.
—Mamá, tengo una pregunta muy importante, ¿está papá contigo?
—Sí claro, pondré el altavoz, ¿Qué necesitas?—dijo la mujer despreocupadamente.
—Por casualidad, ¿alguno de vosotros tiene un hermano gemelo?
Sus padres se quedaron en silencio por unos instantes como pensando en que responder, hasta que finalmente su padre decidió hablar.
—Sí, Shinichi, tengo un hermano gemelo. ¿Pero cómo lo supiste?—contestó extrañado su padre, aún en calma.
—¡¿Por qué no me dijisteis nada?!
—No pensé que fuera necesario hablar de él, no nos criamos juntos, nos conocimos por casualidad cuando teníamos alrededor de 21 años.
—Cariño, no me dijiste que tenías un hermano gemelo, me siento traicionada—le reprochó dramáticamente su mujer.
—¿En serio? Pensé que lo sabías, era tu maestro de disfraz al fin y al cabo.
—¿Kuroba Toichi, el mago?
—Sí, él es mi hermano—dijo su marido, sonriente.
Sus padres siguieron hablando entre si, ya había oído suficiente, así que colgó sin decir adiós. ¿Será posible que siempre tengan que ocultarle información importante?
Volvió a bajar al laboratorio donde seguramente los demás seguían esperando, sus padres lo tenían cansado con tanto secretismo.
Conan reapareció por la puerta del laboratorio, andando con las manos en los bolsillos.
—No busquéis más, somos primos. Mi padre es hermano de Kuroba Toichi.
Kaito no se lo podía creer… El pequeño detective era familiar suyo. El mundo estaba completamente al revés.
—No sé como tomarme el hecho de que seamos familia…—murmuró el lobo, haciendo pucheros.
—El sentimiento es mutuo, Kid.
—¿No podéis llevaros bien ni un instante?—les preguntó el sabueso viendo cómo se intimidaban con la mirada entre ellos.
—¡Este imbécil me ha pateado con balones de fútbol en los atracos, es un monstruo!—exclamó el mago, señalando a su primo.
—¡Bueno, tú me has dejado en ridículo miles de veces en tus atracos, desgraciado! ¡Y además, has coqueteado con Ran!
—¡Yo no coqueteé con ella, tu novia me confundió contigo, no es mi culpa!
—¡Si no te hubieses disfrazado de mí, eso no hubiera pasado!
—Oye, oye…—murmuró Hakuba con una gota en la cabeza.
—Dejalos Sabueso-san, necesitan ponerse al día y arreglar sus diferencias de paso—le dijo dulcemente la niña al detective, tratando de llamar su atención para que se aproximase.
Hakuba se acercó a la científica para saber qué quería, esta le explicó que gracias a la nueva información que poseía, había podido crear una fórmula que ayudase a Kaito a recuperarse mejor de su lesión. Sin embargo, necesitaba algo de ayuda para crear la medicina cuanto antes, y había notado que él tenía conocimientos sobre el asunto.
El perro, por supuesto, no se negó, y mientras los otros dos arreglaban sus diferencias a base de discusiones estúpidas decidieron trabajar en crear la medicina para el lobo.
Finalmente, los otros dos parecieron calmarse o se quedaron exhaustos, no lo saben bien. Pero por fin pudieron trabajar en calma. Les tomó unas horas terminar la medicina, aunque teniendo en cuenta que era algo experimental, no habían tardado tanto tiempo.
Kaito y Conan se habían quedado al margen sentados en el suelo, esperando a que terminasen, se les veía cansados, seguramente de tanto discutir entre ellos. Pero por lo menos, ahora parecían estar mejor.
Hakuba se acercó a Kaito poco después con una dosis de la medicina que habían creado y se la entregó para que se la tomase.
—Tómate esto, es una fórmula creada especialmente para ti, así que debería ayudarte a mejorar mucho más rápido que una pastilla normal.
—¿Cómo sé que no me voy a envenenar? Está cosa es experimental…—dudó el mago, mirando sospechosamente la pastilla.
—No te preocupes lobo-san, no te hará daño, te encontrarás mucho mejor después de unas horas—trató de calmarlo la niña, que se había vuelto mucho más amable desde la última vez que trató con ella.
—Está bien…—suspiró Kaito, metiéndose la pastilla en la boca, tragándosela con ayuda de un poco de agua que le entregó la pequeña.
—¿Te sientes diferente?—preguntó la loba roja.
—No, no siento nada raro—respondió el lobo, mirándose las manos.
—Puede que tengas algún efecto secundario a lo largo del día, pero no debería de ser más que un poco de dolor de estómago, diarrea, o cosas por el estilo… nada realmente peligroso—le explicó la niña de forma profesional.
—Ten cuidado, Kid. A veces las pastillas de Haibara tienden a convertirte en niño, aunque espera… que digo, si tú ya eres un niño—bromeó el gato, jugando con su identidad de ladrón fantasma para tratar de molestarlo.
—Muy gracioso, pequeño detective—dijo con fastidio el mago.
—Muchas gracias Haibara-san, te agradezco de corazón que hayas ayudado a Kaito—le dijo el sabueso, inclinándose con respeto.
—Claro, no hay problema, sabueso-san—respondió, sonrojándose.
—Bueno, creo que deberíamos irnos, Kaito necesita prepararse para su próximo atraco, y esperemos que sea el último esta vez.
—Claro, no me sorprendería que el viejo Suzuki ya esté preparando sus trampas mortales para Kid—rió el gato, pensando en los planes locos que hacía servir el hombre para capturar al ladrón, a veces se preguntaba si eran más locos los planes de Kid, o los del viejo—¿Aún no recibiste ninguna nota de desafío?
—No, todavía nada—negó con la cabeza, el lobo.
—Bueno, hablaremos cuando te lance el reto, hasta entonces cuidaos las espaldas.
Ambos canes se despidieron de los niños y volvieron a casa.
Tal como dijo Haibara, a lo largo del día Kaito empezó a sentirse mucho mejor. El dolor había desaparecido casi por completo, y aunque la herida seguía ahí, ya no era tan insoportable como antes.
Por la tarde se pusieron a ver la televisión los dos juntos en casa de Hakuba, y cuando empezaron a echar las noticias, vieron cómo el señor Suzuki, retaba en directo al ladrón fantasma. Esperando que aceptase el desafío.
—Bueno, supongo que ya no hay vuelta atrás…—dijo Kaito, mirando la tele con molestia.
—¿Vas a caer en su trampa deliberadamente?
—Es un juego entre nosotros. Él me reta… yo le contesto… Creo que en el fondo ese viejo se divierte con estos desafíos—explicó, subiendo el volumen de la tele con el mando.
—¡Kaito Kid, te desafió a robar la Joya de la Luna, en el museo de arte de Beika este lunes!—gritó emocionado el viejo desde el televisor.
Hakuba se rió al ver cómo el hombre se lo tomaba como algo tan personal, parecía todo un personaje. Nunca había visto a alguien que retase a un ladrón a robarle cosas solo por el mero hecho de ganar protagonismo.
—¿De que te ríes Hakubastardo?
—Nada, nada, simplemente me resulta gracioso que te hagas enemigos tan extraños.
—Oye, que tú tampoco es que seas muy normal, loco de Sherlock Holmes—le dijo, haciendo pucheros.
—¿Qué tiene de malo que sea fan de Sherlock Holmes?—preguntó, enarcando una ceja.
—¿En serio? Literalmente ibas a mis atracos vestido como el maldito detective.
Hakuba no pudo evitar reírse de nuevo, en el fondo Kaito tenía razón, no era muy normal que alguien llevase ese atuendo al trabajo.
—Kaito, no puedes reprocharme nada, eres un ladrón que viste de blanco en plena noche—contraatacó mientras se secaba una lágrima del ojo.
Kaito también terminó riéndose del panorama. Al final, eran todos unos personajes, cada uno más extravagante que el anterior.
Cuando se calmaron, Kaito optó por recostarse sobre el perro en el sofá. Este le abrazó con cariño atrayéndolo más hacia él mientras se tumbaba, colocando al mago encima de él. Se pusieron a ver una película en la televisión y decidieron hacer el vago por el resto del día. No tenía nada de malo desconectar un poco del trabajo, ¿verdad?
ILUSTRACIÓN BONUS (CONOCE A LOS PERSONAJES):

