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Cap 5. Y ser eterno junto a tí
Leonarda se la estaba pasando pésimo desde que despertó.
Su gorra roja favorita no aparecía por ningún lado, la blusa que se quería poner estaba sucia en la cima de la montaña del canasto, su solicitud para hacer el servicio social en el museo de antropología aún no era aprobada, no tuvo tiempo suficiente de sueño entre las redacciones pendientes que tenía para la tesina previa. Quien dijo que la universidad sería la mejor etapa de su vida era un vago, estudiaba algo hippie como artes visuales o ambas cosas.
Al menos hoy tendría clase por la tarde con su investigador titular, quien resultó ser su maestro favorito en lo que llevaba estudiando la carrera, y llegaría con tantos resultados para teorizar que no les daría abasto la hora de clase. Quizás podrían ir otra vez todos a la cafetería de los papás de Chayanne, esa ocasión había sido muy divertida, hasta pudieron ver una faceta más relajada del profesor Lange que andaba con fachas más casuales, camisa arremangada y unos lentes que le hacían ver muy apuesto. Se sonrojó de pensar en aquello.
No tenía nada de malo pensar que era un hombre atractivo, no era ciega. El problema era que su papá Vegetta había visto los mensajes del chat de ella con sus amigos hablando del tema y ahora no dejaban de molestarla con que tenía un crush con su asesor de tesis. Porque claro que llevó el chisme al chat grupal de la familia. Ahora sus papás y el imbécil de su hermano mayor no paran de molestarla con stickers cursis, indirectas y sacándola de quicio.
Roier le mandó una imagen de lobos donde uno tomaba a otro del cuello rodeado de flores mal editadas: “Una loba siempre cuida a su lobo.”
Hermanoier (9:02 hrs):
La Leonarda con su viejón
(imagen adjunta)
Dad Tiburoncin (9:02 hrs):
HAHAHAHAHA, pls don’t
Papá Vege (9:03 hrs):
Deja en paz a tu hermana. Ella puede tener crushes con quien quiera.
Los humos de la pena le asestaron el cerebro como olla exprés en su cúspide de calor. Apretó el símbolo del micrófono para dejar que se grabara el audio automáticamente, iba demasiado cargada de cosas como para teclear y no iba a quedarse con los reclamos en la cabeza.
—Anda síguele… Ya estoy abriendo tu casa para ahogarte con una almohada, pendejoier.
Leo tomó como pudo la copia de llaves que le dió su hermano cuando se mudó, y aunque había dicho que era para emergencias a ella le valía y aparecía cuanto se le diera la gana. Si bien solía verlo casi todos los días cuando pasaba a comer a la casa, en esta semana por tanto trabajo de la investigación no habían coincidido sus horarios, así que sería una gran sorpresa que le viera allí con cosas para hacer un desayuno como cuando eran más chicos.
—¡Ya llegué! —Abrió la puerta, cerrando tras de ella con la cadera. No obtuvo respuesta, así que cruzó el umbral para dirigirse al cuarto del mayor. ¿Estaría tirado aún? Probablemente, porque no tenía trabajo ese día. Pasó sin tocar la puerta como de costumbre— ¿Roier?
Y entonces pasó. Frente a ella un hombre que no era su hermano.
Corrección. Un hombre que conocía perfectamente y en definitiva no era su hermano.
Su querido profesor, con una toalla amarrada a la parte más baja de su cadera. Usando nada más que eso, su largo pelo mojado y unos músculos de impacto que eran mucho mejores de lo que había imaginado acorde a su ceñida ropa formal que usa durante las clases.
Las pertenencias de ella se cayeron estrepitosamente mientras los ojos de ambos se abrían a más no poder, el aire se le atoró en el cogote y el hombre frente a ella se ruborizó automáticamente sin saber qué hacer.
—¿¡P-Profesor Lange!?
—¿¡Leonarda!? —Cellbit tomó de imprevisto la sábana de Spiderman desordenada de la alcoba para cubrir más de su cuerpo— Meu Deus! O qué voce hace aquí?!
Al ver esa acción, la chica buscó otro lugar donde apuntar su mirada, ignorando la arritmia que le estaba provocando el docente universitario. Como pudo buscó saliva para poder sacar palabras de su pecho.
—¡Yo vine a ver a mi hermano!
—Irmão?!
El latido de la jovencita se le engancha tensando su quijada. No puede evitar sabrosear de reojo las gotas de agua que aún están por los hombros descubiertos del Maestro Lange. Malditas hormonas.
Un silbido coqueto le distrae el pensamiento, su mirada migra del profesor a la puerta del baño de donde sale el dueño del apartamento tapando muy apenas su entrepierna con una toalla que intencionalmente deja caer mientras se recarga en la pared de la recámara.
—¡Gatinho gostosinho, te me escapaste de la regadera pero no te vas a librar de…! —Los ojos azules de Cellbit le alertan sobre que mire en dirección a la chica, al ver a su hermana allí plantada se cubre de nuevo. Aunque el daño ya estaba hecho en el cerebro de ella— ¿¡Leonarda!? ¡Cierra la puerta, culera!
Tres parpadeos de tres personas diferentes. Una puerta que cerró de golpe y unos minutos que tuvieron los mayores para arreglarse y explicar lo acontecido a una jovencita de diecinueve añitos.
Parece ser que la mañana libre iba a tomar otro rumbo.
Roier fue el primero en salir de la alcoba encontrándose con su hermana sentada en la barra de la cocina, con ojos pelones, brazos cruzados y un rubor que podría confundirse con fiebre. Se acercó al refrigerador sacando una jarra de agua fresca y sirvió unos vasos.
—Emmm… ¿Quieres agua?
—¿En serio, Roier?
—Pues que, ¡Tú fuiste la que se metió a mi cuarto sin tocar!
—¿¡Cómo iba a saber que iba a ver allí a un hombre encuerado!? Peor… ¡A mi profe encuerado!
Los focos mentales del maestro de primaria se encendieron. Era cierto que Cellbit le había contado que trabajaba en la Universidad de la isla, en el departamento de las carreras donde su papá era rector. Pero, ¿Cuáles eran las posibilidades de que fuera un maestro de Leonarda?
Luego recordó un dato extra. El sonrojo no bajaba de la cara de su hermanita.
—No me digas que… —Ambos cruzaron miradas y Roier ya no pudo evitar reírse escandaloso— ¿¡Él es el asesor que es tu crush!?
—¡Cállate el hocico!
—Bueno, no te culpo. La verdad si está bien sabroso mi gatinho.
—Ya les dije que no es mi… ¡Olvídalo! ¿De dónde conoces tú al profe Lange?
—Es papá de uno de mis alumnos, el niño que te he contado que es amigo del Bolby. —A Leo le hace sentido la historia, pues el mismo Bobby le había hablado de su nuevo amiguito brasileño. Debió haber visto las señales tan claras, aunque ella no sabía que el maestro tenía familia— Verga, cómo iba a saber que Cellbit es subordinado del Foolish.
El mencionado salió del cuarto, avanzó a pasos silenciosos sin dejar de mirar al suelo con sus pies ya enfundados en el calzado que traía el día de ayer. Tosió y aceptó el vaso que le extendió su guapito, quien en modo de disculpa le susurró al oído su sentir.
—Oi Leonarda. Uma desculpa por haberte asustado así.
—¡Discúlpeme a mí! No debí entrar así. —El rojo seguía asaltando con el calor a sus orejas y la imagen del hombre de cabello largo tardaría en salir de su cabeza— Mejor debería irme a la casa, ya debería estar funcionando la línea del metro. Había pasado a hacer tiempo.
Antes de que pudiera retirarse, Cellbit señaló los sacos de harina para hotcakes y la fruta puesta sobre la barra desayunadora que había traído la chica. Se atravesó buscando un bowl, utensilios de cocina y abriendo el refrigerador para dirigir la vista a otro lado que no los incomodara.
—¿Por qué mejor no les preparo el desayuno? Probablemente tienes preguntas sobre tu irmão y yo. —Leonarda miró a ambos ya con las mejillas un poco más apagadas y suspiró apoyándose en los mosaicos de la cocina— También podrías contarme qué hallazgos encontraste en tu investigación de arquitectura prehispánica si lo deseas…
La chica levantó el pulgar sin aún salir de su escondite. Roier le acarició el cabello y dejó besitos molestos en su mollera para ponerse a un lado de su profesor quien completamente vestido ya se encontraba en proceso de cocinar. Al mirarlos, Leo sintió algo de alivio y curiosidad en cómo se sentía tan cotidiano el ambiente entre ambos, eran dulces y su hermano se veía más feliz que en los últimos años que había estado soltero.
Si, estaba saliendo al parecer con su asesor de tesis, y era un desperdicio que este al final fueraa homosexual. Pero al menos así ya no le molestarían en el grupo familiar con su enamoramiento platónico.
Que hablando de…
Sacó su celular para tomarles una foto, enfocando como Cellbit le daba un beso en la comisura de la boca a su hermano mayor. La envió al chat de los cuatro De Luque Brown.
Yo (9:26 hrs):
Un tilino siempre cuida a su tilina.
(imagen adjunta)
Dad Tiburoncin (9:27 hrs):
WHAT!? Is that Mr. Lange!?
¿¡Qué hace con Roier!?
Papá Vege (9:28 hrs):
¡Ese hombre es muy mayor para mi Boboier!
¡Hasta se le ven las canas en el frente!
Yo (9:28 hrs):
Ah, pero para mi si estaba bien, vdd? >:(
Papá Vege (9:30 hrs):
¡ES PORQUE SOLO ERA UN CRUSH!
ALGO NORMAL, MI NIÑA. PORQUE ERES UNA CHIQUILLA.
YA VAMOS PARA ALLÁ.
Dad Tiburoncin (9:33 hrs):
LEO! PROTECT MR.LANGE, PLS!!!
Las notificaciones seguidas en su teléfono alertaron a Roier, pensando que se trataba de alguna indicación de la escuela o algún chisme jugoso entre sus amigos desbloquea la pantalla.
Palidece al ver la conversación en el chat familiar y la furia hace que deje su espacio junto al brasileño para arremeter contra su hermana quien huye a la sala para esquivar los ataques mortíferos de una chancla guanga.
—¡LEO! ¿¡QUÉ VERGAS HICISTE!?
—¡Por tirarme carrilla, mi buen!
Mientras los hermanos De Luque corren en círculos, lanzando almohadones, controles y sus propios cuerpos, Cellbit sonríe sintiendo calidez dentro del caos. Al verlos juntos entiende su relación y es maravilloso conocer al Roier que no es solo un coqueto hombre divertido o al que es un maestro dedicado, sino ver a ese chico que es competitivo, voluble y sin más muy tierno.
Al voltear los hotcakes de la sartén ve de reojo la conversación del mexicano y traga saliva abrupto.
Saca su propio celular y decide que la mejor forma de evitar un conflicto sería con la presencia de refuerzos que estén a su favor.
Llama a su hermana quien responde entre el parloteo de los inquilinos aceptando la misión.
Que Deus le ayude y le preste paciencia para sobrevivir.
En el comedor de cuatro sillas y dos tinas de impermeabilizante vacías con un cojín encima (al fin y al cabo, Quackity y Roier seguían siendo recientes adultos independientes, la vida adulta era costosa), se encontraban los padres de la familia De Luque, su melliza, su hijo y los tres involucrados en la situación. El sonido de los cubiertos era el único ruido fuera de uno que otro susurro que se colaba para felicitar la buena mano de Cellbit al preparar los panqueques.
Al menos así fue por la primera media hora.
Su jefe Foolish se encontraba como si nada, hablando con él de repente de trabajo, sobre las próximas fechas relevantes de entregas y sobre el desempeño que había tenido su grupo en el mes. Leonarda ya había pasado del shock y se unía en ratos a ambos para hablar de su investigación.
Sus ojos de repente viajaban al otro lado para ver a Roier interactuar con su hermana mayor y su hijo, no podía evitar sentir el corazón calentito cada que Richas reía con las ocurrencias de su maestro de primaria y como Bagi también parece encantada con el brillo que resplandece de él.
Este momento doméstico es dulce, y le encantaría vivirlo más seguido.
Muy por el contrario, el señor Vegetta, padre autoridad, lo miraba como si con un parpadeo pudiera desaparecerlo de la faz de la Tierra. Al llegar casi se lanzaba contra él y por esa misma razón Roier se sentó a su lado para defenderlo a capa y espada. No entendía la razón exacta de que tuviera coraje. Se puso de pie azotando la mesa para hacerse notar irrumpiendo la tranquilidad.
—Bueno, ¿¡Qué no vamos a hablar del elefante en la habitación!?
—¡Yo quiero ver el elefante! —Unas risas salieron de todos. El pequeño se había ganado a la familia solo con ser él mismo.
—Não, menino. É sentido figurado. —Dijo Bagi.
—Figu- o qué?
Vegetta carraspeó para volver a llamar la atención mientras se acercaba a la silla donde estoy. Pasó su mano por los hombros señalando el cabello de Cellbit, quien no intervino, pues de una forma tenía que ganarse también a su futuro suegro.
—Para empezar, Roier. Este hombre aquí es mucho mayor que tú. —El hombre estiró su mechón blanco. “Caótico, ahora entiendo porque Roier es así.” Pensó— ¡Míralo tiene hasta una mata de canas en el copete!
—Papá, Cellbit no es tan mayor como crees.
—En realidad… Es un lunar. —Explicó para después apuntar a Bagi— A minha irmã también tiene uno.
—Sim, pero lo oculté tiñendo el cabello.
El padre se puso entre Richas y él, acomodándose. Richarlyson lo miró con nerviosismo, pero este le sonrió acariciando su cabello crespo. A Cellbit le agradó que no fuera brusco como lo fue con él, sino amable.
—Tiene un hijo de seis años, mi niño. —Richas le devolvió la sonrisa y volvió a engullir las fresas que quedaron de sus hotcakes, ignorando el caos en el comedor— ¿Te das cuenta que estás en una etapa diferente de vida? Él ya es papá de esta criatura, quizás está divorciado. No sé su vida.
—My love, debes recordar que aunque no es su padre. Roier tiene a Bobby.
—Y es responsable con el Bolby. Creo que sería un buen padrastro —Afirmó Leo a las palabras del señor Brown.
De reojo pudo notar el rubor de Roier. Si bien no parecía incomodarse con los halagos, si que era verdad que le ponían ansioso, de una manera que era adorable de contemplar. Anotó en su lista mental de cosas por hacer el siempre adularlo en cualquier oportunidad.
—Señor De Luque. Quiero que sepa que mis intenciones con Roier son las mejores. —Esta vez no había vuelta atrás, si quería tener la oportunidad de salir con él, Cellbit debía ser honesto— Cuando llegué a esta isla vine con la idea de darle una mejor vida a mi hijo, tener a mi familia cerca. Nada de esto estaba en mis planes… —Una realidad, que agradece hubiera sucedido— Sin embargo, él fue la primera persona que vi con ese interés. Desde que nos miramos por primera vez supe que jamás estaría solo, es un hombre muy divertido, amable con mi hijo y lleno de muchos misterios que quiero conocer si me lo permite.
—Además papá, él no es un hombre divorciado. —Roier se volvió un abogado de su hombre, aún imponiendo con sus esponjosas pantuflas de Spiderman puestas— Él adoptó a Richarlyson siendo soltero, la familia de él falleció hace tiempo y Cellbit como un amigo muy cercano a sus padres, se hizo cargo de Richas.
Vegetta Suspiró. Richarlyson seguía comiendo ajeno a la conversación contándole a su tía cosas al oído. Bagi pudo entenderlo. Y con una presión en el hombro de su hermano lo dijo todo.
Había sido difícil el proceso para adoptar a quien antes fue su ahijado, y que ahora era la luz de su vida. Siempre lo fue, solo en diferente presentación. Ahora era la mejor de todas. Un compañero de aventuras eterno.
—¿Foolish?
—Vegetta, te prometo que Cellbit es una buena persona. —Escuchar las palabras del rector le hizo sonrojar, se sentía comprendido. Que podía pertenecer a un nuevo lugar— Además tengo que aclararte que no es tan viejo como crees. Just four years! Besides, Roier ya es un adulto.
—Bueno, en eso estás en lo cierto. Tu siempre tienes radar para la buena gente. —Los rostros de enamorados de los padres no se hicieron esperar. El brasileño mantuvó el aire en sus pulmones.— Entonces con eso estoy más tranquilo, aunque tienes que saber que si le haces daño a mi hijo tonto van a rodar cabezas. ¿Quedó claro?
Asintió hasta que la cabeza empezó a darle vueltas. En su mente estaba el plan de proteger el corazón de su hijo con el alma. Antes de aclararlo, Richas tomó desprevenidos a los adultos de la sala.
—Sehnor Vegetta…
—Oh, dime pequeño.
—Meu pai va a hacer muy feliz al maeto Roier. —Tras esas palabras sintió alivio, parecía que había tomado bastante bien la noticia de que su padre saliera con su maestro— Tanto que algún día se van a casar.
Quizás la había tomado demasiado bien.
—¡Filho! ¿¡De dónde sacaste esas ideas!?
—Bobby me dijo que cuando dos personas tienen una cita se casan después. —Cellbit se formó un recordatorio permanente: “Explicar mejor cada cosa que Bobby le diga a mi hijo.”— ¡Queremos que se casen para que seamos irmãos!
—¡Mendigo patitas de cheeto! Lo voy a acusar con la Jaiden. Richas, eso es algo que…
—Claro que pasará, peque. Pero hay que darles tiempo porque son bastante bobos.
Los colores rojos en la cara no fueron lo único que compartió la pareja en cuestión. Parecían un espejo, con el reflejo del otro en rigidez, ansía y tartamudeos. Vergonzoso el momento, sí.
Pero nada les hacía más feliz que entender que veían la posibilidad de un futuro juntos, mejor aún, que aceptarían sus familias esta relación que estaba por empezar.
—¡Ah, ahora que no lo ves mal hasta estás planeando la boda!
—Puedo cambiar de opinión cuando quiero, Boboier… Además, sabes que me encantan las bodas.
Tal vez demasiada aceptación.
Los días continuaron y las cosas no hacían otra cosa que mejorar.
El curso de Cellbit había conseguido impresionar con sus exposiciones a los sinodales, y algunos de sus alumnos pudieron acceder a una beca por sus investigaciones, entre esos seleccionados estaba Leonarda, quien había pasado página de la incomodidad a un trato amable con su nuevo cuñado.
Tanto así que se ofrecía todo el tiempo a ser niñera de Richarlyson, le encantaba pasar el tiempo con su sobrino, y este junto con Bagi también se habían vuelto casi en instantáneo una familia más grande.
Hoy era un día de esos y la pareja aprovechó para reunirse después de tiempo con los amigos del mexicano.
El punto de encuentro fue la taquería donde tuvieron su primera cita, esta vez llegaron más relajados y con las manos sostenidas, la mirada dulce, apodos lindos para enfrentar al grupo que los observaba como si a alguno de ellos le hubiera crecido una tercera cabeza.
—A ver, entonces. ¡¿Ahora son novios?! —Aldo golpeó la mesa cuando se hizo al frente viendo como el brasileño tomaba por la cintura a su amigo— ¡¿Cuándo pasó?! ¡Cuenta!
—¡Eh si, mamahuevo! Cuando te preguntamos qué rollo y no nos dijiste nada pensamos que habían salido mal las cosas…
—Talk for yourself, yo sí sabía. —Respondió Jaiden bebiendo de su agua de jamaica con una sonrisa socarrona.
—Ya ni porque soy tu roomie, culero. —Repuso Quackity, que se recargaba en el pecho de Luzu, el recién adquirido amigo al círculo.
—La verdad es que los estaba castigando por andarse metiendo donde no les importa.
—Es que ese es el problema, mien. Qué tristeza contigo.
Cellbit no pudo contener la risa cada vez que peleaban los mexicanos, los cuatro vociferaban como si estuvieran a metros de distancia uno del otro, y no compartiendo la misma mesa. Mientras ellos seguían con la vorágine de palabrotas, él, Jaiden y Luzu ordenaron los tacos y tortas para el grupo.
Una vez con los alimentos, Roier procedió a contarles cómo se desarrollaron las cosas, la resolución del malentendido que se hizo más grande de lo que debía ser. Como Cellbit apareció en su departamento, también se descubrió el papel de la estadounidense en ese plan. Omitieron los detalles de la presentación con sus padres, ya que tenían bastante con la carrilla que les aventaron con el drama sin chiste previo a su noviazgo.
—Y, ¿Cómo le pediste que fuera tu novio?
La memoria de ambos se fue a la semana anterior, después de que la familia se retiró.
El brasileño se encontraba alistándose para irse a su jornada de trabajo en la tarde. Daba gracias a que se había alcanzado a duchar en casa del más joven y que llevaba un cambio de traje en la cajuela de su van.
—Perdón por todo esto.
—Por que você está se desculpando?
—Porque sé que mi papá puede ser muy protector. —Rió ansioso por la realidad, sabía que su familia era intensa. Él mismo lo era. Pero no pensó que escalaría tan alto.— Ya hasta te anda casando conmigo y ni siquiera es que seamos algo…
Cellbit sintió sus oídos enrojecerse ante las promesas de boda que, aunque eran en broma, a él no le sonaban nada mal. Sin embargo la voz triste de Roier al decir que no eran nada le movió el corazón.
Se puso su chaqueta verde, colgó el maletín a su hombro y antes de decir algo le estrechó en sus brazos.
El aroma a café de la mañana mezclado con el shampoo de frutos rojos invadió al mexicano, aceptó el abrazo acomodando su cuerpo tanto como pudo. Quería envolverse en él tanto.
—¿Crees que no somos algo?
Roier levantó la mirada. Se vieron por lo que sentían eran minutos, algo en sus ojos le dijo que todo estaba siendo más serio de lo que se decía en voz alta. Estaban tan cerca que podía fundirse con el ritmo cardíaco de él.
—¿Lo somos?
—¿Quisieras que lo seamos?
—Solo si me lo pides, podría considerarlo.
Cellbit tomó con la palma de su mano libre el mentón ajeno, su pulgar jugó con el labio inferior que brillaba con un deseo infinito de ser besado. Volvió a notar el color en sus mejillas, sonrió ante la provocación previa donde fue cuestionado. Si Roier quisiera cualquier cosa en el mundo él la haría sin rechistar. Podría lanzarse al mar abierto y jamás se cuestionaría el porqué.
—Roier… Guapito. —La voz ronca del brasileño le erizó la piel. “Dios, ¿Qué hice para tener a este hombre en mi vida?” Se preguntó mientras otra cuestión aparecía en la fórmula— Posso ser o seu namorado?
Los ojos de Mariana se aguaron cuando terminaron de contar la anécdota. Aldo silbó y cantó en voz muy alta las frases de Tito El Bambino. ”El amor era una magia, una simple fantasía…”
Quackity le ofreció un puño para chocar al brasileño y sonidos de ambulancia en grupo para conmemorar el inicio de una relación que parecía hacer feliz a su amigo.
Luzu les felicitó tras dejar un beso en el pelo largo de su pareja y Jaiden les ofreció un abrazo lleno de amor dándole la bienvenida así a Cellbit en su loca y extraña familia que habían formado entre amigos, padres e hijos.
Otro beso engalanó el comienzo de su camino como enamorados tras el choque de los envases de vidrio y los vasos plastificados de la taquería.
El tiempo pasa, y con ello los días que se vuelven semanas, se transforman en meses. Y unos años más tarde ahí siguieron. La pequeña casa que la familia brasileña rentó en un inicio cambió a una más grande. Una cochera con dos espacios, céntrica para los trabajos de ambos adultos y detrás con un jardín enorme para que el perro mestizo que adoptaron corriera libre mientras era seguido por los juegos de Bobby y Richas que a zancadas parecía que se despegarían del suelo.
—Quién diría que pronto serán tres. —Cellbit sintió el peso de Roier en la mecedora donde tomaban la taza de café de la mañana dominguera, la cabeza en su hombro le dio una paz de la que jamás terminaría de acostumbrarse— Esos dos van a ser hermanos mayores.
La mirada azul se postró sobre la de su pareja. Notó los dedos temblorosos alrededor de la taza del hombre araña y la mueca ansiosa en su boca.
—¿Te asusta eso?
—No, es solo que están creciendo rápido. Y técnicamente vamos a empezar de nuevo.
Si bien Bobby solo se quedaba con ellos durante los días más ajetreados o los viajes de negocios de Jaiden, tanto él como Richas fueron creciendo. Cada vez más cercanos, volviéndose confidentes de secretos, compañeros de travesuras y sobre todas las cosas: un vínculo que no se rompería con nada, eran hermanos más que de sangre. De alma.
Hoy era un día de esos, ambos jugaban fútbol en el patio, Richarlyson ya tenía su cabello tan largo que lo recogía en una coleta y estaba tan alto que era confundido con un adolescente. Firusflais, el perro que adoptaron, perseguía el balón mientras el muchacho mayor con overol hacía acrobacias con la pelota entre sus pies.
El café de olla invadió con su sabor la boca del de barba, a tragos calientitos. La cabeza de su amado aún en el hombro y sus manos libres entrelazadas. Puso la taza en la mesita de jardín, aprovechó para tomar la mano de Roier y besar la alianza dorada que compartían en sus dedos anulares. El sonrojo no se hizo esperar, aún cuando pasaban años de casados, el mexicano seguía ruborizándose cada que se inclina a besarle.
Para Roier son adictivas las caricias a sus mejillas cálidas, al igual que la sensación rasposa que dejan los besos de su esposo. A él le provocaba tanto ver sus ojos pálidos, era un apapacho a su bienestar.
Azules como el cielo que celebra cada vez que amanece, como el agua clara de los océanos donde se siente atrapado cada que lo acorrala para besarlo. Dio un pequeño pico a la boca de su amado.
Después la pareja escuchó las arcadas fingidas de sus hijos ante las acciones que presenciaron.
Roier empujó de su lado a Cellbit, quien fuera de alejarse, abrazó su cintura para ahora recargarse en el hueco entre su cuello y hombro.
—Eres un empalagoso, gatinho.
—Pero a ti te gusta que lo sea.
—Si, me gusta. —Aceptó sintiendo el beso rápido en su cuello para no ser visto por los jovencitos. Roier enredó sus dedos en los mechones cenizos. Una notificación llegó a sus teléfonos, ambos ven la pantalla del menor.
El maestro de primaria abrió el correo electrónico. Tenía el asunto que habían utilizado meses antes de lograr el aprobado.
Departamento de Adopción <[email protected] > 9:05 am (hace 1 minuto)
“Estimados, Sr. y Sr. Lange:
Mediante la presente, es de nuestro agrado informarles el horario de la última cita del trámite de adopción del menor: José A. de tres años de edad .
Viernes 22 de Mayo, a las 16:00 hrs en el Distrito Familiar de Isla Quesadilla.”
Bloqueó el celular y se giró para acariciarle el pelo una vez más, dejando un beso en su frente. Cellbit lo recibió para devolverlo y una vez más atacar sus labios. Sintieron su felicidad en las comisuras fruncidas cuando mueven sus bocas, la sintieron en los dedos nerviosos que se aferran a la cintura contraria. También la sintieron cuando Cellbit vió unas lágrimas traicioneras adornando los ojos del castaño.
Cellbit observó su felicidad.
Una felicidad que vió por primera vez cuando le pidió que vivieran juntos como familia.
Que vió otra vez cuando se pidieron matrimonio sin querer bajo la puesta de Sol en esas raras vacaciones de verano.
Y que pudieron ver también después de besarse ante el juzgado cuando los declararon esposos por el resto de sus existencias.
Una chispa en los ojos chocolate que no ha dejado de observar desde que lo vió en la puerta adornada de Minecraft de ese salón de primer grado de primaria. Con su mandil lleno de manchas de pintura acrílica, su sudadera roja del hombre araña. La bandana azul que aún se mantiene dándole ese toque juvenil.
La misma chispa adorna la mirada azulada, que mantiene ese semblante tierno que notó Roier cuando abrió la puerta del aula, con su traje casual verde hoja, lo ondulado de su pelo desordenado y la camisa mal abrochada del cuello.
Solo con mirarse se trasladan a ese pasado que sienten tan cercano entre un latido que no paró nunca, porque sus corazones son totalmente suyos, se los entregaron en bandeja al otro cuando sus ojos se toparon.
—Vamos a ser papás otra vez, Cellbo.
—Vamos a ser papás otra vez, guapito.
La vida es y seguirá siendo perfecta mientras ambos se sigan observando.
