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El incendio que lo cambió todo

Summary:

¿Que habría pasado si Ambar hubiera regresado a la Mansión aquel día para buscar a Sharon... y todo hubiera cambiado para siempre?

 

Si se encontraron con este título en Wattpad, es la misma historia. Decidí publicarla también por aquí para que pueda llegar a más personas. ❤️

Chapter Text

Luna y Ámbar regresaban de Jam&Roller cuando, a lo lejos, vieron algún humo. Se detuvieron un instante y se miraron un segundo para después echarse a correr hacia la Mansión. Al llegar, descubrieron que, por desgracia, sus sospechas eran ciertas... su hogar estaba en llamas.

Frente a la entrada encontraron a Maggie, quien les dijo que dentro seguía señor Alfredo. Cuando Luna lo escuchó, corrió hacia adentro sin parar. Ámbar fue tras ella, intentando detenerla, pero en vano.

En el vestíbulo el humo ya lo cubría todo y apenas se podía ver. Avanzaron a tientas por la planta baja, llamando al abuelo, pero no obtuvieron ninguna respuesta. Luna quiso subir al piso superior, pero ya no pudo. De repente se apoyó contra la pared y cerró los ojos.

Cuando Ámbar la vio así, llegó a su lado en seguida y ambas se dejaron caer al suelo, tosiendo y ahogándose con el humo. Estaban aterradas, sobre todo Luna, a quien regresaron los recuerdos de aquel incendio de años atrás... Viendo su temor, Ámbar le tomó las manos y la abrazó. Ninguna de las dos tenía fuerzas para seguir buscando al abuelo ni para salir de la Mansión.

Al poco tiempo, Luna empezó a perder el conocimiento. Por suerte, en ese momento los bomberos las encontraron y las sacaron del edificio.

Maggie, Alfredo y los Valente, que acababan de llegar, se habían llenado de pánico al saber que las chicas estaban ahí dentro. Por eso, al verlas ya fuera del peligro, respiraron aliviados y las abrazaron de inmediato.

Sin embargo, el estado de Luna se empeoró: estaba débil sentía los mareos fuertes y apenas podía sostenerse en pie. La situación se volvió grave, así que llamaron a una ambulancia. Hasta que llegaran los médicos, dos bomberos se quedaron junto a ella.

Finalmente, uno de los rescatistas salió de la residencia con Rey en sus brazos. Maggie corrió hacia él de inmediato. El hombre se encontraba en un estado crítico, pero con las pocas fuerzas que le quedaban gritó: —¡Sharon...! —y todos lo miraron en ese instante.

—¿Quieres decir que mi hija sigue dentro de la residencia? —preguntó señor Alfredo. Rey asintió con la cabeza. El anciano de repente se sintió desfallecer, por lo que uno de los bomberos que custodiaban la entrada se apresuró a sostenerlo. Pero no fue el único al que aquella noticia golpeó...

Ámbar, dando un grito, empezó a llorar, se soltó de los brazos de Mónica y volvió a correr hacia la Mansión. No sabía dónde podía estar su madrina, pero sí sabía que tenía que encontrarla.

Corrió escaleras arriba, hacia su habitación. En la planta superior ya no había solo humo: el fuego se había adueñado del lugar. Con dificultad llegó hasta la puerta, donde se encontró con una escena espantosa. La puerta estaba abierta de par en par; el cuarto entero ardía, y allí al fondo la vio a ELLA.

Sharon estaba de espaldas, recostada contra los muebles. Ámbar, tosiendo, empezó a gritar desesperada:

—¡Madrina, no! ¡No puedes dejarme sola!.

De pronto, la mujer comenzó a deslizarse hacia abajo, hasta que su cuerpo quedó tendido e inerte en el suelo.

—¡¡¡NOOOOO!!! —chilló Ámbar, muerta de miedo, y rompió en llanto, aunque unos segundos después se calló. Ya no le quedaba aire... Sentía que se asfixiaba.

Se apoyó contra la pared, intentando recuperar la respiración, pero fue inútil. Cayó al suelo, golpeándose la cabeza contra la puerta.

Y el mundo se volvió negro.