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Summary:

Saturday morning in Kilmartin House

Notes:

I found this draft from my old account, hope you like this one shot.

The original text is in Spanish so you are welcome to use translation tools.

As always, kudos and comments are welcome

Work Text:

La mañana ya estaba cayendo sobre las tierras altas escocesas y las ventanas del castillo de los Stirling dejaban pasar aquellos rayos cálidos que hacían ver más brillante el verde de las montañas. Por fin, había llegado el sábado por lo que todos los sirvientes no debían presentarse en la propiedad a menos que hubiera una emergencia.

Todos los trabajadores sabían que las condesas solían usar los fines de semana para relajarse, aprender alguna cosa o simplemente salían a pasear sin tener ojos encima sobre ellas.

Muchos habían dejado de preguntar sobre lo que realmente pasaba o porque debían lavar mucha ropa de cama el lunes. Casi todos sabían acerca de la relación entre las señoritas así que preferían guardar silencio y disfrutar de su tiempo libre.

No obstante, ese sábado Michaela fue despertada por uno de los sirvientes que solía patrullar los terrenos por la mañana antes de que la pareja se levantara y todo fue debido a la presencia de un hombre que para casi todos en Londres era muy incómodo: el señor Dundas.

El sirviente entró a la casa con sus botas que olían a musgo y se dirigió rápidamente a la habitación principal, tocó levemente la puerta y la abrió observando que las condiciones de ambas mujeres no eran inapropiadas, solo el abrazo de alguien que se quedaba dormido y una sonrisa satisfecha.

Michaela estaba despierta y acariciaba la mejilla de Fran. No obstante, cuando escuchó la respiración agitada del hombre y lo vio, se detuvo

"¿Thomas?"

"Lamento arruinar la mañana, condesa. El señor Dundas está esperándola en el salón principal"

Michaela asintió y suspiró, sabía que debía arreglarse un poco porque era una visita formal. Eso por alguna razón la puso de malas y perturbó su paz.

Cuando dejó de escuchar los pasos de su sirviente volvió su rostro encontrándose con una Fran dormida que arrugaba la nariz

Dios, es tan tierna.

Tuvo que arrimar a su prometida un poco y escuchó aquellos sonidos tiernos que hacía cuando alguien intentaba perturbar su sueño.

Fran rodó hacia el otro lado de la cama. El movimiento dejó ver la espalda de la menor, Michaela observó algunas marcas de sus uñas, labios y dientes sobre aquella piel lechosa. Sonrió porque ella era su lienzo favorito, el único sobre el que cualquier desastre se veía como una obra de arte.

Negó y recordó que debía atender al señor Dundas, se levantó de la cama y eligió algo de su armario. Había tenido que arreglarse para recibir visitas oficiales, terminó de calzarse las botas y salió en silencio.

Bajó las escaleras siendo recibida por el eco de una casa vacía y el aroma a té. Llegó al salón siendo recibida por un hombre de pie que cargaba algunos documentos en sus manos

"Buen día, señorita Stirling."

Al parecer algunas personas todavía no terminaban de asimilar que el título de condesa era suyo y que una mujer podía tener una posición en el parlamento. Así que para mostrar su descontento Michaela apretó de más su agarre cuando el señor Dundas le ofreció la mano.

"Buen día señor"

Sin invitarlo a sentarse el hombre lo hizo y por educación ella se sentó frente a él. Le dedicó una sonrisa y escuchó con fingida atención lo que el mayor debía decirle

"Vengo a hablar de un asunto pendiente."

 

· · ─ ·🎹· ─ · ·

 

Francesca sintió la luz sobre sus ojos, no le interesaba saber que hora era sino quería entender porque sentía la cama fría. Se volteó ahora abriendo los ojos y notando que Michaela no estaba.

En su pecho se instaló una curiosidad inminente así que decidió estirarse y tocar la pequeña campana que estaba a su lado. Sabía que era sábado, pero no todos los sirvientes se iban

"Señorita Francesca, buen día"

De nuevo Thomas había aparecido, sabía que sería de mala educación no comentarle a la condesa acerca de la ausencia de la señorita Stirling así que ignorando su desnudez habló mirando el piso

"Buen día Thomas"

"La condesa Stirling está en el salón principal"

"Oh..."

"Atendiendo al señor Dundas"

"Muchas gracias por la información señor Thomas, ya puede retirarse. Disfrute el fin de semana con su familia"

"Gracias señorita Francesca, la veré el lunes a primera hora"

Francesca seguía sin acostumbrarse a recibir reverencias así que solamente sonrió y escuchó sus pasos alejarse por el corredor.

Fran suspiró y se levantó de la cama, sabía que a Michaela no le gustaban las visitas matutinas y que el señor Dundas casi nunca traía buenas noticias. Acomodó su cabello, tomó el vestido de noche que su prometida le había regalado y decidió bajar para acompañar a Michaela, no quiso cambiarse, tal vez el ambiente podía aligerarse si la condesa la veía así

Cerró su vestido de noche y salió descalza, no quería revelar su presencia, no hasta que Michaela pusiera sus ojos sobre ella y le diera los buenos días como era requerido.

Llegó hasta el salón principal y empujó suavemente la puerta haciéndose la desentendida e interrumpiendo el discurso del señor Dundas quien se levantó rápidamente del asiento al ver a la condesa

"¡Oh! Señor Dundas, una disculpa. No me habían comentado de su presencia". Una pequeña mentira, Fran estiró su mano recibiendo un apretón. "Nos alegra ver qué haya viajado hasta aquí ¿Su viaje fue ameno?"

"Condesa Stirling, lamento no haber informado sobre este viaje y el trayecto ha sido agradable."

"Espero que esta tierra lo haya recibido bien, las mañanas tienen mucha neblina y es temporada de viento."

"Si"

"¿Desea otra taza de té?"

"Oh no, aún tengo..."

Francesca sonrió y decidió alejarse, Michaela no había dicho nada, parecía perdida en su mente así que la rubia decidió tomar su taza de té y sentarse frente al piano, la música parecía ser una buena idea en ese momento.

Los ojos de Michaela enfocaban directamente hacia Francesca sentada frente a su instrumento. Fue entonces cuando decidió prestar atención nuevamente a lo que sucedía en la habitación.

Fran con ese vestido morado, mostrando la piel de su pierna y levantando la cuchara que se le había caído al piso de una forma demasiado provocativa. La señorita Bridgerton había mejorado bastante en sus técnicas de seducción y ahora Michaela solo podía concentrarse en esa risa un poco fingida y el sonido de la cuchara golpeando la taza de porcelana.

Joder, se ve tan linda

El señor Dundas continuó hablando, pero definitivamente ninguna de las dos Stirlings le hacía caso. Después de un par de sorbos Fran ya había comenzado a tocar una melodía suave, sus dedos se deslizaban ágilmente de una nota a otra, la partitura que se había quedado puesta el día anterior definitivamente hizo despertar a Francesca quien se concentró en leer las notas.

"Oh..."

El señor Dundas sacó de su bolsillo su reloj y notó que debía irse porque si no no encontraría transporte hacia Glasgow y volver a Londres sería más tardado.

"Debo marcharme"

"Sí, puede dejar ahí su taza"

"Bien, me retiro condesa y señorita Stirling"

En ese momento ambas mujeres miraron al mayor, el asunto de sus titulos era algo que seguían sin comprender y aún no querían preocuparse por eso, sin embargo, al parecer el señor Dundas había ido a hablar sobre el título y la herencia de Michaela.

La mujer solo se levantó y observó la reverencia que el invitado inesperado les había dado a ambas. Observaron como se marchó y volvieron a sus posiciones anteriores, Michaela se sumió un poco más en el asiento viendo los documentos que el señor Dundas había dejado. Francesca interrumpió sus pensamientos y siguió tocando el piano en una posición muy gratificante.

El vestido de Fran no estaba bien cerrado y revelaba un poco de su piel, también sus pies descalzos recibían los primeros rayos del sol y sus dedos se doblaban de una forma muy linda...

Entonces Michaela recordó que no le había dado los buenos días y no le había avisado sobre la visita.

"Fran, no sabía nada de esto"

Francesca la detuvo: "Lo sé"

De nuevo sus dedos volvieron a las teclas y comenzaron a danzar sobre el piano, Michaela siempre había admirado la concentración de Fran al tocar el piano, pero esa mañana solo podía pensar en las marcas de su espalda y la piel descubierta que tenía a su alcance.

Mandaría al demonio la petición del señor Dundas, no le daría el gusto al parlamento y renunciaría. Los puños de la chica se cerraron y su ceño se frunció, por un momento dejó que esas emociones fluyeran dentro de su cuerpo y se fueran con la melodía de Fran.

Abrió lentamente sus ojos encontrándose con la condesa Stirling siendo bañada por la luz de la mañana, su cabello suelto y esa sonrisa que aparecía cuando la melodía era de su agrado. Michaela quería admirarla más de cerca así que sin medir sus palabras simplemente expresó eso.

"Fran, ven aquí. Quiero verte"

Ambas sabían que ese juego se tornaba siempre peligroso, sin embargo, nadie estaba en casa y no tenían hambre. Tal vez de nuevo podrían atrasar el desayuno. Francesca se levantó con una tranquilidad que descolocó a Michaela por un momento, la forma en cómo caminaba lentamente acostumbrándose al sonido y textura del suelo y ese color en sus mejillas que la hacía ver un poco inocente.

Un poco, porque no lo es. Michaela conocía cada uno de sus gestos y sabía que esa sonrisa tierna era todo menos eso. Francesca terminó frente a ella así que levantó la mirada inspeccionando el nudo de su vestido de noche y dándose cuenta de la falta de prendas.

"Oh, así que bajaste desnuda..."

"No, estoy cubierta"

Fran podía ser muy juguetona cuando se lo proponía y eso le gustaba a Michaela. La chica se acomodó sobre el sofá de forma que pudiera estar más cerca de su prometida.

"Mmmm, me gusta la tela de este vestido"

"El color también es lindo"

"¿Quién te lo compró?"

"No te lo diré, hice una promesa."

Michaela seguía jugando con el nudo de la prenda y Fran simplemente no le quitaba la mirada de encima. Podía imaginarse claramente la textura de los dedos de Michaela, la textura de su lengua al pasarla sobre sus labios como lo hacía en ese momento y la intensidad de sus ojos, era demasiado para ella, pero no se lo haría saber.

Desde que descubrió el placer, Fran ha decidido tomar todo lo que Michaela le da, han experimentado y terminar en sus brazos es lo mejor que le ha pasado.

"Querida, el té se enfría"

"Lo sé, pero ya terminé con él"

"Mmmm"

Francesca no sabía que más decir en ese momento y entonces se atrevió a ser más valiente y hacer algo que Michaela no esperaba. Dio un paso más y subió su pierna en el espacio que había entre el reposabrazos y el cuerpo de su prometida.

"Fran..."

"Solo quería que vieras más de cerca la tela, es muy linda"

"Es perfecta"

Michaela subió su mano acariciando la tela primero y luego colando la punta de sus dedos en los muslos de la menor. Francesca tembló un momento por el contacto, incluso su cuerpo reaccionó suspirando y coloreando sus mejillas.

"Me gusta mucho..."

Aunque en ese momento no sabía a lo que se refería Francesca estaba disfrutando del masaje que Michaela había comenzado, el trazo de sus dedos sobre sus muslos llegando a una zona que por alguna razón ya estaba un poco caliente.

"Creo que esto también puede enfriarse, Cuando Michaela usaba ese tono algo en Francesca solía encenderse y su mente se nublaba. "Sabes que esto hay que comerlo caliente...

El rostro de Michaela se acercó a la zona que acariciaba, Fran ayudó quitando el nudo de la prenda y sintió el aliento de su mayor sobre sus piernas, por inercia Fran movió su cadera hacia adelante sintiendo ahora el calor de la boca de Michaela.

Michaela la estaba provocando, sacó su lengua y le mostró esos ojos hambrientos que siempre llevaban a otra cosa. Las manos de la mayor eran muy hábiles y, de alguna forma, una de ellas llegó hasta el trasero de Fran y se enterró ahí para sostenerse mejor.

Fue entonces cuando lengua y labios se encontraron de nuevo, Michaela ya conocía la intimidad de Francesca y sabía cómo pedir permiso para entrar. Sabía dónde succionar y dónde dejar lamidas más largas. Fran solamente dejaba de pensar y su cuerpo comenzaba a temblar, de su boca comenzaban a salir incoherencias y su mente daba vueltas en una espiral que subía hasta el pináculo.

"Micky...más"

Era lo que siempre solía pedir, nunca tenía suficiente y no sabía si eso era normal o más bien, no le interesaba. El sudor en la frente de Michaela comenzaba a formarse en su frente y en su cuello, dejar satisfecha a Francesca Bridgerton era una tarea que demandaba constancia y repetición.

Los dedos de su mano acariciaban la piel de Fran y su mano libre se aferraba a los propios pliegues de su ropa. Le gustaba explorar cualquier posición con la menor, porque sabía que siempre tendría curiosidad por algo.

Suspiró sobre su intimidad y se separó un momento solo para admirar como el cuerpo de la chica a la que amaba había cambiado un poco de posición, como su cabeza apuntaba hacia el techo de la habitación y como su pecho se movía con irregularidad. Estaba orgullosa de hacerla sentir amada y deseada

"Eres perfecta, Fran"

Siempre usaba palabras de afirmación, con el paso de los días a su lado había aprendido que Francesca necesitaba escuchar lo que estaba bien y lo que no, había entendido que eso calmaba a su corazón y la hacía sonreír.

Francesca bajó un momento la vista encontrándose con una imagen que la hizo temblar de nuevo: Michaela con los labios mojados, su frente sudada y el cabello desarreglado.

"Y tú eres un desastre" bromeó obteniendo un golpe suave en su trasero. "Auch, solo digo la verdad Michaela Stirling"

Eso las hizo sonreír a ambas y decidieron cambiar de posición. Michaela se movió hacia adelante para poder tomar la cintura de Francesca y sentarla sobre sus piernas. La ropa definitivamente no era la adecuada para la ocasión, pero Fran no era impaciente, o al menos, no esa mañana

Las risas pronto fueron silenciadas por besos, Michaela comenzó a besar con desesperación a Francesca, recorrió sus labios dejando un sabor salado sobre la boca de la condesa y provocando que pequeños suspiros escaparan de una Fran que intentaba seguir el ritmo y controlar el ritmo de su respiración.

Una de las manos de Michaela ahora estaba en la nuca de Fran. Francesca sabía cuando Michaela tenía hambre y en esos momentos solía entregarsey dejar que la señorita Stirling hiciera con ella lo que quisiera. Por eso no le molestó cuando la lengua de Michaela invadió su boca y recorrió cada rincón o cuando su agarre en su cintura se hizo más fuerte.

Sin embargo, el aire en sus pulmones se terminó así que tuvo que poner una mano sobre el pecho de la mayor y separarse del beso. Michaela abrió los ojos encontrándose con una Fran sofocada y con los labios hinchados

"Ahora ambas somos un desastre"

Comentó y observó como Francesca puso su frente sobre la suya, estaba respirando con dificultad y los ojos cerrados. Al recuperar el aire Fran abrió los ojos y bajó sus manos por la tela de la ropa de la condesa Stirling

"Creo que tenemos un problema señorita Stirling" La mayor abrió los ojos al notar las intenciones de Francesa. "El codigo de vestimenta no es correcto en esta ocasión"

Michaela se derretía al escuchar hablar a Francesca como toda una dama de la sociedad, a veces había olvidado que la había sacado de la ciudad para darle una vida en el campo. No obstante, antes de comerse la cabeza con tonterías observó como Fran comenzaba a quitar la cinta que realzaba su busto

"Creo que te arreglaste mucho para el señor Dundas"

"Fue lo primero que encontré a la mano, no quería despertarte"

"A pesar de usar botas para montar no escuché tus pasos" Michaela sonrió. "Pero creo que ahora yo quiero verte, Michaela"

Francesca suspiró su nombre y movió su cadera hacía adelante. El roce de la tela con su intimidad mandó una señal de nuevo a su espalda que la hizo temblar.

"Oh señorita Bridgerton ¿Se encuentra bien?"

"Shhh, solo déjame hacerlo"

Michaela asintió y se recargó en el sofá, observó como Fran comenzaba a quitarle los accesorios que estaban sobre el vestido y admiraba su piel. Fran deslizó las mangas cortas del vestido de Michaela dejando al aire su busto y mordiendo su labio en el proceso

"¡Por dios! Eres tan hermosa, Michaela"

Las mejillas de ambas estaban sonrojadas, Fran comenzó a masajear los senos de Michaela y se acercó a su cuello para comenzar a besarla con delicadeza. Le gustaba el cuerpo de su prometida, cada curva y cada textura hacía que su corazón latiera más rápido, pero lo que más le gustaba era hacerla suspirar y pedir por más.

Los labios de Francesca se deslizaron hacia el inicio de su busto, tuvo que sostenerse de las piernas de Michaela y un poco más arriba para poder poner su boca donde quería, como había aprendido comenzó a succionar uno de los pezones de Michaela mientras el otro lo apresaba con dos de sus dedos 

"Buena chica, Fran. Se siente bien"

Michaela no sabía de donde sostenerse, su cuerpo comenzó a moverse involuntariamente. Su cabeza fue hacia atrás del sofá y sus ojos se cerraron. Francesca Bridgerton sabía como complacerla. Los gemidos comenzaron a inundar la habitación y entonces Fran se detuvo sorprendiendo un momento a Michaela 

"Fran..."

"Me raspa, Micky"

El rostro que hizo Francesca desarmó por completo a la escocesa. Así que el problema era la tela de su vestido, Michaela sonrió y dejó un beso suave en los labios de su prometida

"Espera". Michaela encontró el final de su vestido y lo levantó mostrando sus muslos. "¿Mejor?"

Francesca hizo el amago de levantarse, volvió a acomodarse y sonrió al sentir la piel de Michaela contra la suya. El bonito contraste que hacían ambas al juntarse dejaba sin palabras a Francesca.

Michaela ahora se dirigió a los hombros de la menor para quitarle lentamente la tela que aún seguía sobre ella y cuando su silueta completa fue visible no pudo evitar soltar un suspiro

"Tú también eres preciosa, Fran"

Las mejillas de la inglesa estaban calientes de nuevo, así que sin perder tiempo comenzó a moverse sobre la pierna de Michaela intentando encontrar ese roce que la llevaría de nuevo al cielo.

Michaela se detuvo a observar el cuerpo de Francesca, como sus músculos se tensaban y como las cosquillas se formaban en su abdomen que comenzaba a temblar, los músculos que se marcaban en esa zona siempre la encendían y la hacían pensar cosas muy impuras.

Francesca detuvo sus movimientos y notó como Michaela se tocaba, decidió ayudarla un poco así que como pudo coló uno de sus dedos debajo de su falda, Michaela la miró con sorpresa

"¿Así que ese era tu plan?" Francesca sonrió. "Eres traviesa, Francesca Stirling."

"Pero eso te gusta Michaela Stirling..."

Michaela iba a decir algo, pero de su boca solamente salió un gemido, Fran había encontrado ese punto sensible. La pianista ya sabía que nota tocar para  lograr la pieza perfecta y escuchar su nombre en la boca ajena.

El vaivén de sus dedos era acompañado por movimientos de su pelvis sobre la piel oscura de su prometida, Michaela sostuvo la cintura de Fran enterrando suavemente sus dedos mientras la mano libre de Fran acomodaba su cabello y brincaba hasta su brazo.

"¡Dios! Solo un poco más cariño"

Los temblores pronto se convirtieron en espasmos, el cuerpo de Michaela cambiaba de forma, las palabras desaparecieron dando paso a los gemidos y las peticiones pecaminosas.

"Fran, no pares..."

La menor no tenía la intención de detenerse así que continuó hasta que sus dedos fueron apresados por los pliegues de Michaela y la condesa se corrió en su mano. Los ojos de la escocesa estaban cerrados y sus piernas temblaban

Fran sacó sus dedos húmedos y los puso frente a una Michaela que deseaba besar a Francesca y no dejarla salir de esa habitación hasta el lunes.

"Abre, el desayuno está servido"

Michaela la miró con sorpresa y vio como se llevó uno de sus dedos a su boca y lo disgustó sin pudor alguno.

"¡Que atrevida!"

"Shhh, solo prueba...sabes bien."

Hace unos años Michaela no hubiera imaginado que Francesca Bridgerton tenía esa personalidad, definitivamente quería ser sorprendida por esa mujer todos los días de su vida.

Michaela sacó su lengua y la enredó en el dedo que Fran le ofrecía, su boca fue llenada con su sabor y los dedos de su prometida.

"Buena chica"

Michaela ya estaba lista para seguir, pero ¿Y si Fran no quería? Su lenguaje corporal era muy ambiguo en ese momento, pero en sus ojos había hambre de algo más.

"Fran ¿Quieres más?"

La menor sonrió y asintió: "Sí"

Y Michaela sabía que debía consentir a su chica y cumplir todos sus deseos así que volvió a besarla.