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Edén de Hadas

Summary:

Una pequeña singularidad fue detectada. No queriendo perder el tiempo, Da Vinci envió a Ritsuka, Morgan y Baobhan a resolverla tan rápido como fuera posible; pero lo primero que sufrieron nada más llegar, fue la total pérdida de toda su ropa. “¡K-KYAAAAH! ¡¿QUÉ MIERDA ES ESTO?!” Baobhan gritó, notando como su vestido se desvanecía, junto a las vestimentas de sus padres. Morgan, no obstante, decidió tomar la oportunidad para convertir su pequeña misión en una experiencia que toda su familia pudiera disfrutar, especialmente Ritsuka.

Notes:

Work Text:

Agradecimientos especiales a “YinTheGodOfEvil” por darme esta idea.

 

Fecha de Inicio: 1 de Junio, 2026

Fecha de Término: 14 de Junio, 2026

Tiempo estimado de producción: 13 días.

 

Fate/Grand Order.

 

Las aventuras Cuckquean de Morgan.

 

Omake III.

 

One-shot.

 

“Edén de hadas”

 

.

.

.

 

-[Prólogo: ¿Y ahora qué pasó?]-

 

“Papi~ Mi papi~ Mío mío mi papi~”

 

Canturreó la princesa de las hadas, aún con el brillo del pilar del Rayshift desapareciendo de su vista, Ritsuka abrió los ojos lentamente; acostumbrándose a la falta de luz. En segundos, en lugar del Cuarto de comando de Novum Chaldea, lo que le recibió fue el inconfundible olor y sonido del mar, golpeando contra la arena, y el sol pegándole en la cara. Ritsuka miró a su alrededor, lo que le dio la bienvenida a él, Morgan y Baobhan Sith no fue un campo de batalla ni una civilización o algo parecido…

 

“¿Hmmm?”

 

La Reina alta murmuró, alzando una ceja. Cuando Leonarda les había informado de que había una pequeña singularidad que resolver, esperó encontrarse con alguna bestia o monstruo utilizando el santo grial para causar destrozos, como había ocurrido en Londres hacía unos días, pero en lugar de eso… lo que le dio la bienvenida a madre, padre e hija, fue una isla tropical que al Chaldeano, le trajo muchos recuerdos.

 

Era igual a lo que ocurrió en 2018, salvo la parte de que no estaban incomunicados, ni varados. Ritsuka estuvo por soltar los culos de su esposa y prometida, hasta que los hilos de Baobhan y la magia de Morgan jalaron sus brazos de regreso a las nalgas de ambas. La Reina de las hadas miró a su esposo con su inexpresividad característica, antes de negar con la cabeza.

 

“Esposo.”

 

Recriminó, y Baobhan solo sonrió coqueta, subiendo y bajando su dedo índice, cual titiritera, jaló la mano de su padre para que acariciara su culo enorme y gordo en un gesto circular, que aumentó todavía más la vergüenza que Ritsuka sentía de por si. Era bastante… bochornoso el tener que mostrar afecto y posesividad en público, aún no podía quitarse las miradas socarronas y pícaras que le habían dado antes de verles partir.

 

“Lo siento…”

 

“Palos y piedras papi~ Ven, vamos a buscar el grial e irnos a la mierda de aquí, ¿sabes? He estado aprendiendo a—“

 

Baobhan Sith se interrumpió a si misma de manera abrupta, antes de fijarse en su familia. Morgan, a su vez, también alzó una ceja al notar como poco a poco la vestimenta de su hija y su esposo empezaban a ser consumidas por una capa de partículas de luz. Poco a poco, el sonrojo en Ritsuka empezó a aumentar mientras la piel gris y sudorosa de la vampiresa era expuesta lentamente, provocando que su vestido carmesí desapareciera, incluidos sus enormes tacones.

 

Con solo una mirada a su costado, vio que no era la única. Los ropajes reales de Morgan desaparecieron también; liberando sus enormes tetas. Su carne, al ya no estar contenida por la tela de sus vestimentas, salió liberada, desde sus muslos, llegando a sus nalgas, y por supuesto, sus pechos.

 

Boing~ Boing~

 

El aliento se le fue de la boca a su esposo al escuchar sus senos rebotar, seguida de sus nalgas. Si bien su princesa también había sufrido un efecto similar por lo grande y gordo de su culo y sus pechos, Morgan cargaba con muchísima más carne y peso que la joven de tes gris.

 

Aunque contrario a su hija, cuyo rostro se tiñó de un rojo fuerte al igual que su padre, no se ofuscó. La desaparición de su corona y su velo si se le hizo algo indignante, pero no el estar desnuda frente a su niña y su marido. No. Morgan, como monarca que era, ya estaba acostumbrada a adaptarse y actualizarse.

 

Por eso…

 

“¡K-KYAAAAH! ¡¿QUÉ MIERDA ES ESTO?!”

 

Ya estaba planeando una forma de como aprovechar la situación. Baobhan Sith, lejos de actuar como Ritsuka esperaba, no se cubrió. No es como si sus manos pudieran hacer algo por tapar sus gigantes y carnosos pezones grises, sino que se molestó. Después de todo, ese era uno de sus vestidos favoritos. Morgan por fin se separó un poco de su marido, dando dos pasos para luego golpear la arena con su Rhongomyniad, cerrando los ojos. Su magia se extendió por toda el área, hasta llegar al océano, e ir más allá.

 

No había más tierra, ni ningún otro ser vivo más allá de animales. La singularidad era, en efecto, un mundo aislado, como un Reality Marble sin dueño. Le Fae estrechó la mirada unos segundos, mientras que su hija y su marido se enfocaban en ella. No le molestó en absoluto que su esposo se fijara en su culo, es más.

 

Lo disfrutó.

 

“Hmmm…”

 

“¿Morgan? ¿descubriste algo?”

 

“Este mundo parece estar configurado para imitar la leyenda del jardín del Edén de la mitología cristiana.”

 

Era una conclusión lógica. Aunque Baobhan inclinó la cabeza confundida, después de todo, no tenía idea alguna sobre la biblia ni nada relacionado con la teología. Morgan no permitió tales insolencias en su tierra, después de todo. Le Fae cerró los ojos nuevamente, perdida en sus pensamientos. Puede que su marido fuera su “comandante” y el más experimentado pero, en situaciones como estas…

 

Ella tenía permitido tomar control de la misión, y ya se había hecho una idea.

 

“Amado esposo mío.”

 

“¿Sí?”

 

Ritsuka preguntó, subiendo la mirada por las largas y perfectas piernas de su esposa, mientras Baobhan se acercaba a él con una sonrisa pícara, volviendo a soltar una risilla de ilusión. Esta vez, agarró la muñeca de su padre para forzarlo a devolver su mano a sus nalgas; las cuales ahora estaban desnudas, sin ropa interior. La textura suave y sudorosa que le dio la bienvenida hizo que su corazón diera un brinco dentro de su pecho; para que luego, la rosada extendiera ambos brazos hacia adelante, acunándole contra sus tetas.

 

“Tehe~ Mi Papi~”

 

Ronroneó, colocando el brazo derecho en la cabeza del ojiazul e impedirle el escape. Ritsuka fue privado del aire mientras era abrazado por su hija. Morgan curvó los labios en una sonrisa casi imperceptible, recargando la cabeza contra los nudillos de su mano derecha. Luego de haber analizado la isla por completo… ya había llegado a la conclusión de cuál sería la mejor posición en la que construir una cabaña.

 

No le gustaba la idea de dormir y comer en la mierda como los mugrosos plebeyos, pero hasta ella reconocía que, en una situación así, lo mejor era disfrutar del “ambiente”.

 

“Aprovechemos esta oportunidad para tener un tiempo a solas.”

 

 

.


.

 

-[Fragmento 1: Madre, Padre e hija]-

 

Crack~ crack~ crack~

 

El sonido del fuego quebrándose de la fogata que habían hecho se entremezclaba con los besos y gemidos ahogados de la pareja. Si bien Morgan había optado por crear una cabaña que reflejaba la estética de la isla, de un “náufrago” o refugio, antes que la arena o un tronco para sentarse, prefirió usar su magia para destruir y reformar la madera en una silla de playa lo suficientemente grande para ella, su hija, y su esposo.

 

“Papi… Chu~ Papi~… Chuuuuu~

 

La osadía de Baobhan Sith no sorprendía a Morgan. Cada vez que ella decía y clamaba por su marido, la monarca de grandes tetas y gigante culo continuaba con un “Esposo…”; el rostro del Master número cuarenta y ocho ahora estaba totalmente cubierto por lápiz labial. Sus manos agarraban con fuerza las enormes nalgas de ambas tetonas, mientras que los pechos y muslos gruesos de sus parejas se frotaban y apretaban contra él, encasillándole en un sándwich de sudor y carne femenina del cual no podía escapar.

 

Por orden de la reina de las hadas, había actuado de una manera más osada. Si bien estaba jugando y masajeando los enormes culos de Berserker y Archer, sus dedos estaban ocupados; metidos casi hasta el fondo en los anos carnosos y peludos de ambas servants, como si fueran marionetas. Era un masaje placentero para los tres, pues Ritsuka, quien jadeaba y suspiraba al sentir los clítoris endurecidos de las dos frotarse contra sus piernas mientras le besaban la cara y el cuello, también gozaba de como los rectos de madre e hija acariciaban sus dedos al entrar y salir.

 

“H-haaaah~”

 

“Esposo… esposo… mi amado esposo… ”

 

Murmuró su mujer. Morgan, pese a haber perdido cada prenda que tenía sobre su cuerpo, había conservado lo único que le importaba. Su sortija de matrimonio. Los labios azules de Le Fae se estrellaban constantemente contra la mejilla, mentón y cuello de su pequeño marido, mientras que la derecha acariciaba su cabello y la izquierda efectuaba un masaje simple junto a su hija. El ambiente generado por el cielo nocturno, las estrellas y el propio fuego tenían lo suyo, Morgan lo admitía.

 

Ritsuka volvió a gemir cuando sintió como las manos de Baobhan y Morgan se cerraron alrededor de su gigantesco pene, presionándolo con sus índices en distintos puntos; ella en su uretra, la gris en su falo, antes de empezar a descender nuevamente. Le habían practicado una mamada lo suficientemente buena para despertarlo, pero no para hacerle llegar al orgasmo. Baobhan sonrió cuando su padre le devolvió la mirada, antes de inhalar con fuerza para llenarse los pulmones.

 

El olor de la colonia que se había puesto esa mañana todavía estaba presente en su piel, pero también se entremezcló con el hedor mugroso, apestoso y repulsivo proveniente tanto de su falo, como del esperma en sus bolas, provocando que su estómago gruñera en protesta. El hada, en cambio, simplemente se relamió lentamente los labios, degustando de como sus fosas nasales ardían, al igual que su vagina.

 

“Cielos papi~ El olor a mierda de tu pene llega hasta aquí~… me pones cachonda~”

 

“Haces mal en subestimar a tu padre, Baobhan Sith. No hay mujer que pueda resistirse a su ternura y a este monstruo”

 

Morgan, luego de haberle dado un cumplido que verdaderamente le hizo sentir escalofríos, se acercó aún más a la cara de su marido. Ritsuka abrió la boca por instinto, recibiendo la lengua fría y helada de su pareja así como sus labios de un solo golpe. Morgan gimió y forzó su magia y saliva dentro de la garganta de su marido, degustando de la conexión oral entre los dos, así como de la mirada de Baobhan Sith. El sabor a duraznos frío que caracterizaba a la Reina Alta trajo paz a Ritsuka, mientras la lengua de Morgan ahora le dominaba sin esfuerzo, empujándole contra su paladar.

 

El sonido húmedo que hacían las lenguas y mandíbulas de marido y mujer al enfrentarse maravilló y llenó de celos el corazón de Baobhan Sith por igual. El pene de su padre palpitó violentamente entre sus dedos, transmitiéndole su calor y causando que su propio coño, junto al de su madre claro está, palpitaran al sentirse llamados y atraídos por aquella gigante polla. El beso, aunque delicioso, no duró más de unos instantes.

 

Morgan tomó la iniciativa tanto al empezar como también al separarse de su cónyuge, no sin antes frotar su nariz cariñosamente contra la de su esposo en un besito esquimal que derritió el corazón de la Reina alta, pues Ritsuka se recargó contra su rostro, moviendo con mayor ahínco sus dedos dentro del ano de su mujer. Esa dona carnosa rodeada de pelo blanco espeso y grueso se cerró de manera posesiva, en un abrazo, alrededor de sus dos dedos.

 

“Baobhan Sith. Ven aquí. Es momento de que trabajemos juntas.”

 

Ordenó la Reina alta a su hija, cuyas orejas se erizaron en emoción antes de asentir. Fuera lo que fuera que tuviera planeado su madre, jamás le diría que no. Lo que le sorprendió un poco tanto a padre e hija, fue ver como la Madre abría la boca nuevamente, con un leve círculo mágico apareciendo por unos segundos en su lengua. Posteriormente, Morgan aceleró su masturbación en el pene de su marido, cohibiendo a Ritsuka en la silla, causando que se retorciera de gusto mientras veía como lentamente Morgan se acercaba al rostro de su hija.

 

Baobhan no dudó.

 

Para ella era un honor besarse con su madre, después de todo. Más aún considerando que a su padre le gustaba este tipo de interacciones.

 

Chuuuuuu~

 

Baobhan recibió con los brazos abiertos la lengua de Morgan, y su magia. Ritsuka observó la interacción con los ojos brillosos; como el lápiz labial de ambas se entremezclaba junto con la saliva, ambas mujeres habían cerrado los ojos para sumirse de lleno en su batalla oral. Las orejas de Baobhan, al igual que sus mejillas, tenían un leve tono rojizo mientras sentía no solo como su madre dominaba su lengua sin esfuerzo alguno, sino como su beso lésbico causó que el líquido pre-seminal empezara a descender por el pene de su padre, manchando sus dedos, y los de la propia Morgan.

 

“Hmmm…. hmmm~”

 

Los gemidos de Baobhan estaban cargados de gozo, mientras que los de Morgan eran más tranquilos. Gracias a su aptitud como maga, Sith sentía como la magia de su madre era forzada dentro de su cuerpo; algo estaba sucediéndole a su lengua. Esto le traía recuerdos de su infancia que atesoraba con cariño, pero ahora todo era mucho más especial. Ritsuka gimió nuevamente al sentir como la mano de Morgan bajaba, chocando contra la de Baobhan para obligarla a llegar hasta la base de su pene, y luego las dos comenzar a subir más rápido y fuerte.

 

El sonido que hacían las manos de ambas mujeres al masturbar al humano comenzó a hacerse más fuerte. Ritsuka suspiró, logrando observar como la lengua de Baobhan giraba alrededor de la de su madre, antes de que sus labios volvieran a juntarse, bloqueándole la vista. Leves brillos celestes comenzaron a salir de la comisura de las bocas de madre e hija, hasta que al cabo de unos minutos, Morgan estuvo satisfecha.

 

Al separarse, le dedicó una expresión alegre a su hija.

 

Buah~… Veo que no has perdido práctica, Baobhan Sith. Estoy orgullosa de ti.”

 

“G-g-gracias… Madre”

 

Aunque había sido un momento madre e hija bastante satisfactorio para los tres, no era nada que pudiese acercarse ni un poco a lo que de verdad ambas querían. Ritsuka se sintió acorralado cuando los ojos celestes y grises de las dos mujeres se postraron en él, como si fuera un gatito asustado, o una presa a punto de ser devorada. Un leve chasquido de dedos por parte de la maga invernal arregló los maquillajes de ambas, justo a tiempo para que comenzaran a besar lentamente los músculos y el torso de su invocador.

 

Ritsuka arqueó la cabeza hacia atrás, sintiendo las bocas suaves de su mujer y su hija empezar a plantar besos delicados sobre sus abdominales. Por cada beso que Morgan daba, Baobhan seguía con otro no mucho después, frotando su nariz contra la piel endurecida y trabajada del Master de ojos azules. Tenía especial cuidado con mimar y consentir sus cicatrices, al igual que su madre. Morgan recorría suavemente la barriga de su esposo, marcando su territorio al igual que la vampira de cabello rosa, hasta que inevitablemente…

 

Las dos llegaron hasta su pene.

 

“Haaaaah… haaah… Madre… ”

 

Baobhan miró a su progenitora con duda, teniendo aquel gigantesco mástil de carne en frente suyo. Una gota de sudor escapó de la nuca de Ritsuka cuando observó los corazones en el fondo de los ojos de su prometida; gracias al fuego, pudo ver claramente como una gota de saliva descendía por el labio inferior de Archer.

 

Baobhan, al igual que su madre, se arrodilló en la arena para aplastar sus tetas contra la pierna que tenía más cerca, inmovilizándole por completo.

 

“Lo sé, Baobhan Sith. Pero debes controlarte.”

 

Berserker dijo abiertamente, antes de darle una leve mirada a su marido. Fujimaru jadeaba lentamente mientras sus ojos iban de lado a lado, sin poder creer la seriedad con la que trataban la idea de practicarle sexo oral. Los fluidos vaginales de Morgan y Baobhan caían lenta pero constantemente cual si fueran cascadas por sus muslos y piernas, dejando gotas oscuras en la arena. Morgan se acercó primero al pene de su esposo, con la rosada siguiéndole de cerca.

 

La mezcla entre el aire caliente que salía de la boca de Sith, y el aire frío de Morgan le hizo sentir escalofríos. Solo al ver el tornado de emociones mezclándose en el alma de su esposo, desde la ansiedad, excitación, felicidad, nerviosismo y alegría, fue que Le Fae asintió con una sonrisa.

 

“Ahora.”

 

Ordenó, y madre e hija finalmente se unieron en una felación doble. Ritsuka extendió ambas manos, volviendo a agarrar los culos de su mujer y su hija al mismo tiempo que Morgan y Baobhan finalmente hacían contacto con su pene, cada una por un lado. Baobhan empezó a lamer desde la base, y Morgan desde la punta. Fuijmaru soltó un chillido de gusto al sentir las lenguas húmedas de ambas hadas empezar a atacar su miembro por ambos lados, apretando fuertemente los culos gordos de las dos muchachas.

 

Sith desvió la mirada por un momento para mirar a su padre, casi al mismo tiempo que su madre.

 

“¡A-ahhhhhh!~”

 

Sluuuurp~ sluuuurp~

 

No se trataba solo del placer que recibía al estar siendo víctima de una mamada doble. Los irises de Morgan brillaron al ver la expresión llena de placer de su marido, y sentir como el mana fluía de él a ella conforme le bañaba con su saliva. La pelirrosa hacía uso de su lengua superior para moverse con mayor libertad y rapidez que su madre, quien poseía las limitaciones de una lengua humana, entre comillas. A ninguna le molestó el contacto oral con la otra, porque sabían que le excitaba.

 

La felicidad recorriendo el alma de su hija también era su felicidad.

 

Así, Baobhan Sith… muéstrame cuanto has crecido…

 

Pensó la Reina Alta, viendo como Baobhan enrollaba su lengua en el glande de su esposo para capturarle con sus labios, antes de empezar a subir y bajar delicadamente, sin tocar el resto de su falo para que Morgan pudiera devorarlo, cosa que hizo con cariño. Redujo todavía más la distancia entre ella y el enorme mástil de carne, cuya sombra y grosor crecían imponentes por sobre sus cabezas. La albina apegó su boca al pene de su esposo, aspirando y torturando sus pulmones con el insufriblemente hediondo hedor de su miembro, pero no frunció el ceño ni se inmutó. Simplemente disfrutó del desagrado, de su hombría…

 

Y del ardor en sus labios vaginales. El hechizo maduraba al paso de los días; mientras la saliva sabor a fresa de Baobhan Sith fungía como un lubricante que le daba un sabor extra. Ritsuka también empezó a sudar, subiendo su mano por el enorme y gordo culo de su mujer, hasta llegar a su espalda. Tenía calor. La forma en la que la boca de Baobhan Sith estaba empezando a bajar por su pene, tratando de consumir más y más de su miembro mientras Morgan bajaba y besaba, cubriendo cuanto pudiera con sus labios para marcarlo con sus besos azules…

 

Era demencialmente bueno. Pero también estaba el hecho de que sentía su pene arder, al igual que la sangre dentro de sus venas. Como si supiera lo que pensaba, Morgan extendió una de sus manos para alcanzar el brazo de su marido, acariciándoselo con cariño y devolviéndolo a su trasero, no a su espalda. Su carne fría pero suave, tersa e invitadora le relajó aún más, aún así: abrió uno de sus ojos lentamente, suspirando.

 

“¡M… Morgan… !”

 

Sluuuuurp~ sluuuurp~ Ghack ghack ghack~

 

La lengua de Baobhan Sith empezó a estrangular y maltratar con mayor entusiasmo el glande de su padre, mientras su mandíbula era obligada a abrirse más allá de los límites junto a su garganta. Las lágrimas y el dolor empezaron a salir de los ojos de la princesa de las hadas, mientras sentía como parte del pene de su padre penetraba dentro de su garganta, empezando a ir más allá. Morgan escuchó la súplica de su esposo, pero no tuvo piedad. Negó con la cabeza delicadamente, mostrándole como aplastaba su pene usando ambos labios, antes de abrir la boca para dejar su lengua al descubierto, que subía y bajaba por su grosor, cual si un helado fuera.

 

Sus dedos acariciaron delicadamente su antebrazo, antes de volver a negar por segunda vez.

 

“Silencio, Esposo mío. Deja que mi magia te corrompa. Tu resistencia y tus deseos, son molestos e irrelevantes”

 

Más que un castigo, debía de considerar esto un regalo. Morgan frunció el ceño por unos momentos, pero se calmó rápidamente al recordar que ese hombre al que se la chupaba, era el dueño de su corazón. En lugar de enfocarse en su molestia, retomó su masaje oral. No debía de faltar mucho para que la magia surtiera efecto en el pene de su marido, y no se equivocaba.

 

La impaciencia de Baobhan Sith probó su utilidad mientras las venas en el cuello de la gris empezaban a remarcarse, y el flujo de aire era interrumpido por la carne masculina que forzosamente intentaba entrar en ella. Con los ojos llenos de lágrimas y sintiendo como si su garganta estuviera siendo desgarrada, la vampiresa se obligó a tragar más.

 

“¡GHOCK!~”

 

No se había tragado ni siquiera un tercio de su pene, al dejarle el resto a su madre para que chupara. Sith empezó a subir la cabeza un poco más, extendiendo la lengua para atacar e intentar imponerse ante el falo de su padre, mientras sus ojos se desviaban hacia arriba. Su clítoris palpitó, erguido mientras su lengua descendía, enrollándose por toda la extensión de su miembro para luego apretarle y estrujarle. El brillo celeste proveniente de las lenguas de madre e hija se intensificó, así como el calor.

 

El humano, incapaz de resistirse, simplemente chilló. Apretó los dientes, con el sudor cayéndole por la cara, mientras sus dedos se doblaban, hundiéndose en los kilos y kilos de culo prácticamente inagotable que cargaban las dos. El calor abrasador del que era víctima su miembro era insoportable, y lo peor es que ninguna se detenía. Los labios fríos de Morgan hacían a juego con la saliva caliente de Baobhan, quitándole cada pizca de aire que lograba llevar a sus pulmones.

 

Casi sentía que iba a correrse, pero no era eso…

 

“¡A-AHHHHHH!”

 

En su lugar… fue como si se partiera en dos. Baobhan, que tenía la boca llena, sintió como si su mandíbula se estuviera rompiendo al igual que su garganta, mientras Morgan intensificaba aún más sus lamidas para asegurarse de estabilizar su magia, que ahora recorría las venas de su marido. Lentamente, la carne comenzó a dividirse, Archer, aunque no pretendía dejarlo ir, se alejó rápidamente para evitar cualquier tipo de daño, y en lugar de eso, admiró con sorpresa como el pene de su padre empezaba a dividirse a la mitad, con un brillo celeste oscuro con toques negros, idéntico a la magia de su madre.

 

Con los labios temblorosos, Ritsuka observó estupefacto como su pene ahora se había dividido en dos. Uno arriba del otro, idénticos, del mismo tamaño y grosor, con un círculo mágico impreso en los mismos antes de desvanecerse en partículas azules.

 

“¿H-huh?”

 

Sasuga wa ga Otto… tu virilidad no ha disminuido en absoluto.”

 

Comentó el hada del paraíso, antes de apoyar su frío rostro contra el pene superior de su esposo, mientras que Baobhan Sith hacía lo propio contra el pene inferior. Su cuerpo y su misma alma ya habían memorizado por completo cada milímetro de carne de su falo, por lo que solo bastó una leve mirada para ver que no solo su hechizo fue un éxito, sino que Ritsuka mismo superó todas sus expectativas. El rostro del ojiazul perdió todo el color, hasta quedar blanco como un fantasma al ver un segundo pene encima del suyo.

 

Hasta el punto en el que tragó saliva. Baobhan, con un brillo de posesividad enfermizo en su mirada gris, sujetó con ambas manos el pene inferior que estaba conectado a los testículos de su padre, el original, apretándolo con fuerza hasta que las venas brotaron del mismo con furia por su osadía.

 

“Madre… e-esto es… ”

 

“Un hechizo que he estado guardando para una ocasión especial, Baobhan Sith. ¿Qué opinas, amado esposo mío?... Sluuuuurp~Sluuuuurp~… hmmmm~”

 

Ahora que tenía dos penes, no tenían que compartir ni pelearse por la comida. Morgan no perdió tiempo, comenzando a lamer el pene superior mientras se ponía de pie, al igual que Baobhan Sith, quien había tenido la misma idea. Ritsuka abrió los ojos como si fueran platos, al igual que su boca. Bien que había recibido todo tipo de felaciones por parte del plantel femenino de Chaldea, pero ninguna de las casters que pertenecían a su muy extenso harem había tenido la idea de darle difalia.

 

Era algo que únicamente podía ocurrírsele a la propia Morgan, dado su genio, y su deseo por hacer feliz a su esposo.

 

“Hmmph~… Sluuurp~ sluuuurp~ GHOCK~

 

Baobhan Sith, como si estuviera poseída, abrió los ojos mientras los corazones volvían a aparecer en los mismos; sujetando el gigantesco miembro de su futuro esposo con ambas manos, aprovechando la saliva con la que ella y su madre le habían cubierto anteriormente, comenzó a metérselo en la boca una vez más mientras sus piernas se doblaban, devolviéndola al piso. Morgan observó a su heredera por unos segundos, antes de negar con desaprobación.

 

Ella, contrario a su hija, prefería tomarse su tiempo. “¡AHHHHHHH!~”, el gemido desesperado que soltó Ritsuka mientras arqueaba la espalda e intentaba subir las caderas resonó por la isla; el olor a pescado a medio cocinar en el fuego empezaba a aumentar.

 

La fría y exquisita lengua de la hija de Gaia empezó a girar en el caliente glande de su marido, sintiendo como el líquido pre-seminal salía a montones, pegándose en la misma y saliendo disparado hasta intentar meterse dentro de su garganta. Por suerte, aunque ambos penes fueran independientes, el placer que Ritsuka sentía si estaba vinculado a ambos falos. Por ende… los esfuerzos e impaciencia de Baobhan Sith también jugaban a su favor.

 

Hmmmm~… siento como me arde la nariz…

 

Morgan pensó, con evidente ilusión mientras su fría saliva caía y su boca descendía, metiéndose más y más del pene de su esposo dentro de su boca. La alegría que sentía, y que estaba segura, Baobhan también experimentaba, no tenía nombre. No tenía límite. Su corazón, usualmente frío, negro e inmisericorde se aceleraba conforme era forzada y obligada a abrir más la mandíbula, sintiendo aquel enorme trozo de carne descender por su garganta, impidiéndole respirar, pero era relajante a su manera.

 

“¡Ahhh… a—ahhhhh!”

 

Los gemidos de Ritsuka, su calor, y su cercanía la llenaban por dentro. La hacían sentirse viva. La hacían sentirse mujer. Baobhan desvió su mirada por completo cuando finalmente, con un sonoro gemido ahogado, que luego se convirtió en un grito. Ritsuka gozó de sentir como su segundo pene entraba en la garganta de su esposa, y como el primero finalmente llegaba a donde tenía que estar. Al estómago de Baobhan Sith. Las piernas de Archer temblaron mientras el sentía como su mana empezaba a serle arrebatado, pero a su vez, su miembro palpitó, estremeciendo el sistema y cuerpo de la rosada.

 

Aún faltaba un poco que meterse adentro.

 

La mejor parte, después de todo, era el calor que le hacían experimentar sus jugos gástricos. Ritsuka, quien jadeaba como si hubiera corrido una maratón, miró a la madre mover las manos con delicadeza y elegancia, con tranquilidad, respirando por la nariz mientras la forma de su pene se marcaba en su garganta, y el aro azul del lápiz labial que se extendía al descender, se enmarcaba más. Morgan abrió los ojos al sentir la mirada desesperada de su marido, cuyo rostro estaba totalmente rojo, cual si fuera una manzana.

 

“¡M… Morgan!... ¡E-esto es… !”

 

¿Demasiado? Tonterías…

 

Nunca era suficiente. La lengua de su esposa girando alrededor de su pene calló por completo al último Master de la humanidad. Baobhan Sith empezó a succionar y lamer el pene de su padre, buscando cubrirlo con saliva para meterse lo poco que aún no se había tragado y llenarse la barriga por completo.

 

Su lengua se extendió a todo lo que daba su fisiología única, enrollándose con dificultad alrededor de la virilidad del Chaldeano, y luego le ahorcó. Sintió cada vena remarcarse en su lengua larga y bestial, una técnica que había aprendido de esa perra asquerosa culo gordo de Tam Lin Lancelot…

 

Y hecho suya.

 

SLUUUUUUUUUUUUUUURP~ SLUUUUUURP~ CHUUUUP~ GHOCK~

 

“¡A—AHHHH! ¡MORGAN! ¡BAOBHAN SITH! ¡CARAJO!”

 

Ritsuka se estremeció de lado a lado, intentando escapar del estómago de Baobhan y de la garganta de Morgan. Una vena se apareció en la frente de la albina mientras poco a poco más de la mitad del pene de su esposo llenaba su cuerpo. El chorro de líquido pre-seminal que dispararon ambos penes al mismo tiempo se pegó en lo más profundo de la garganta de la Reina Alta, pero también se perdió por completo en los jugos gástricos de la vampiresa de cabello rosado.

 

Baobhan Sith, quien tenía sus manos libres, las llevó detrás de su cabeza para luego extender las piernas a los lados, dándole a Fujimaru una vista perfecta de sus axilas grises, y de los gruesos parches de pelo rosados que tenían. El olor a frutilla característico de ella salió disparado con potencia de sus feromonas y su lujuria hasta la nariz de su padre, acción que Morgan no tardó en imitar. No iba a dejar que nadie estuviera a su par, mucho menos su hija… pero reconocía su ingenio…

 

Otro motivo más por el que estar orgullosa.

 

Hora de acabar contigo, esposo… ya no soporto tu osadía. Me hartaste.

 

Puede que le amara con todo su corazón, y que antes que reina, ahora Morgan mayoritariamente fuera una esposa, y su único motivo para existir, fuera velar por la felicidad y bienestar de Ritsuka y Baobhan Sith, pero todo tenía un límite. Morgan cerró los ojos por completo, antes de bajar la cabeza de golpe, obligándose a si misma a tragarse en su totalidad el segundo pene de su marido, hasta que golpeó su estómago, enmarcándose en su cuerpo.

 

Ritsuka tembló otra vez, chillando mientras intentaba decir su nombre, con sus hechizos de comando brillando cual si estuvieran en llamas. El mana que empezó a fluir por ella gracias al pre-semen, la excitó todavía más.

 

Los labios de madre e hija se cerraron, moviéndose cada una a su ritmo. Sith con mayor desesperación, inhalando y exhalando por la nariz mientras las lágrimas caían a mares por sus mejillas, ensuciando el maquillaje que se había puesto esa mañana, provocando ríos negros que mancillaron su piel. Su estómago, al igual que su nariz, gruñían en protesta por el sabor insoportablemente repulsivo y el olor a podrido que salía del semen de su padre, y de la carne de su miembro, pero no podía detenerse.

 

No cuando sentía como si su coño estuviera a punto de estallar en llamas.

 

SLUUUUURP~ CHUUUUP~ GHACK GHACK GHACK GHOCK GHOCK GHOCK~

 

Ahhhh~ Papi~ mi papi~ mío… ¡Mi papi!~

 

Tam Lin Tristán, ignorante de la expresión de prostituta que hacía, sonrió aún con la boca llena mientras su cabeza subía casi en sincronía con la de su madre, arrastrando sus labios por cada milímetro de la carne masculina de su “padre”. Su ano, oculto por sus enormes y gruesas nalgas, palpitaba violentamente en busca de atención o, preferentemente, un buen anal. Su lengua volvía a moverse, permaneciendo enrollada en la longitud del pelinegro, hasta que empezó a estrujarle todavía más, pero no se rendía.

 

Morgan disfrutó de sentir como el pene de su marido martillaba su estómago con pesadez, debido a sus movimientos, sus nalgas comenzaron a aplaudir. El olor intensificaba su podredumbre conforme los espermatozoides de Ritsuka se agitaban dentro de sus testículos, al el orgasmo estar acercándose al doble de velocidad gracias al esfuerzo en conjunto de madre e hija. Trató intentó articular palabra alguna, pero no pudo. No cuando observó la mirada fría que su esposa le devolvía, mientras su mamada persistía.

 

Subiendo y bajando su cabeza sin mayor dificultad, contrario a Baobhan que había estallado en un llanto silencioso, bañándose y gozando tanto del dolor y la agonía que sentían su mandíbula y su garganta, como del fuego lujurioso que consumía su cuerpo desde dentro.

 

“¡AHHHHH! ¡A-AGHHHHHH! ¡M-MOR… GAN! ¡BA-AHHHHHHHH!”

 

¿Cómo se atrevía a decir que su regalo era demasiado?, que insolente hombre era el cual había cautivado su corazón. Morgan estrechó la mirada, lamiendo las venas del pene de su esposo mientras cerraba un poco la mandíbula, empujando la punta de su pene contra su paladar, antes de volver a deslizar la cabeza por completo, llegando hasta la base y estrellando su fría y helada nariz contra su piel. Inhaló, llenándose los pulmones con aquel hedor insoportable; su cuerpo reaccionó secretando aún más fluidos vaginales, que descendían sin control por sus gruesos y perfectos muslos perlados, hasta la arena.

 

Luego vino el primer latido. Después el segundo. Baobhan chilló, incrementando la velocidad tanto de su cabeza, como de su culo, con la esperanza de que ver sus nalgas enormes y gordas moviéndose así como escucharlas aplaudir, pudiesen acelerar todavía más el orgasmo de su padre. Morgan imitó a su heredera, con mayor tranquilidad y compostura, imponiéndose ante los deseos de su cuerpo; lo que enojó a su vientre, pues este se apretó con ira, deseando ya los placeres del sexo y la penetración.

 

La velocidad de las cabezas de ambas se incrementó, pero ninguna necesitaba estar en sincronía. Los gemidos ahogados de Morgan al chupársela, junto a los gritos desesperados y la respiración errática de Baobhan Sith se entremezclaron con la sensación de ser sacado por completo de los estómagos de ambas, vuelto a meter casi al instante, y repitiendo en un bucle constante. El deslizarse por dos gargantas tan parecidas, pero completamente diferentes en temperatura, estrechades, y experiencia… ser torturado y atacado por dos lenguas que no se parecían en nada en su forma de lamer…

 

Lo último en lo que pudo pensar antes de correrse, con algo de temor, fue en lo malditamente caliente que se sentía estar teniendo sexo con su esposa, y su maldita hija.

 

“¡AHHHHHHHHHHHHHH!”

 

SPLUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUURT~

 

Morgan cerró los ojos con tranquilidad, sintiendo como los colores se le subían al rostro en un sonrojo tenue mientras el pene de su marido palpitaba repetidamente, corriéndose por fin dentro de su estómago. Baobhan gritó, ahogada por aquel enorme monstruo grueso y apestoso mientras la crema caliente, espesa y repulsiva se pegaba a las paredes de su garganta, pero también a su estómago.

 

A diferencia de su madre, pese a que tenía el entusiasmo, no fue capaz de contener toda la descarga dentro de su barriga, por lo que inevitablemente, dos chorros blancos salieron disparados por sus fosas nasales, ahogándola tanto a ella, como a su conciencia.

 

Glup, glup, glup, glup. La hermana mayor de Arturia tragaba sin mucha dificultad, absorbiendo la crema espesa y repulsiva de su amado cónyuge, tratándole con el respeto y devoción que se merecía al permitirle mancillar su cuerpo sagrado y su estómago real, convirtiéndole en su onahole personal. Su mano derecha abandonó su nuca, yendo a la base de su segundo pene para acariciárselo, subiendo y bajando hasta llegar a su boca como tope, para luego bajar otra vez, y repetir el movimiento unas cuantas veces. Ritsuka, aunque cansado por haber experimentado el equivalente a dos orgasmos con una sola corrida, permanecía erecto.

 

Baobhan Sith lentamente comenzó a subir su cabeza, poniéndose de pie junto a su madre, asegurándose de mantener un agarre firme con sus labios para seguir ejerciendo presión en el rompe-putas de Ritsuka. Solo entonces cuando dejaron ir su glande, es que Morgan se encontró con su mirada, expectante, con la tos de su hija de fondo, quien respiraba desesperada mientras se limpiaba los rastros de semen que salieron por su nariz.

 

“¿Sorprendido, Esposo?, puedes considerar esto un regalo de mi parte. Pero veo que tienes… miedo.”

 

SPLURT~

 

Como si fuera una respuesta a la preocupación de Morgan, el pene cubierto de lápiz labial azul que ella misma había estado chupando hacía meros momentos tuvo un último espasmo, descargando un pequeño chorro de semen directo en el rostro de la reina del Sexto Lostbelt. Le Fae cerró su ojo derecho, permitiendo al resto de semen que su marido le otorgó caer y manchar la mitad de su rostro, y su cabello, pero eso no la detuvo. En lugar de ello, limpió parte de su rostro con su índice, llevándoselo a la boca para degustar un poco de su semilla…

 

Y luego le acarició la mejilla, buscando tranquilizarle.

 

Baobhan Sith rio con ternura ante el gesto; apegándose más al pene original de su amado invocador, acariciándolo con ambas manos mientras que la boca del pelinegro temblaba, desviando su mirada tanto por vergüenza de haber ensuciado el rostro de su mujer, como del hecho de que había rechazado, un poco, su gesto de amabilidad.

 

Le Fae sujetó la cara del humano con el índice y el pulgar, deteniéndole a medio camino para obligarle a verla una vez más. El semen en su rostro empezaba a caer con mayor lentitud, pegándose a su piel cual si fuera pegamento; el que le restara total importancia para enfocarse en él, le avergonzó todavía más.

 

“No me ignores, Esposo. Respóndeme, ¿te disgusta?”

 

Cuestionó, con sus dedos extendiéndose por la cara de él, ahora agarrándole con ambas manos, empleando. El hombre de ojos azules tragó saliva, totalmente atrapado entre las manos de su mujer mientras sentía como su rostro ardía más y más a cada segundo. Bien que estaba acostumbrado a tener sexo pero esto de tener dos penes… y de que Morgan estuviera mirándole luego de haberle manchado la cara con su semen, le parecía demasiado para sus nervios.

 

“Yo… yo no… no estoy seguro del todo… ”

 

Respondió de manera entrecortada, mientras los dedos frescos de Berserker se imprimían contra sus orejas, acariciándole los cachetes con los pulgares. Morgan no lo entendía, porque a sus ojos, merecía todo eso, y más. Ya se lo había dejado muy en claro aquella noche en navidad.

 

Baobhan, quien estaba presente, empezó a frotar su cuerpo y su lengua contra el pene original de su padre, subiendo las manos y haciéndolo chocar contra sus tetas mientras su lengua degustaba su glande como si fuera una cereza.

 

Sluuurp~ sluuuurp~ Hmmm… Madre, no seas tan dura con Papi… ¿No es normal que las parejas discutan?~ Y si quieres castigarlo… SLUUUUUUUUURP~ GHACK GHACK GHACK~ Al menohs… que heah con hexoh~”

 

Aunque tuviera la boca llena de la carne de su Master, sus palabras eran lo suficientemente coherentes para que pudiera entenderlas. La reina miró a la princesa por unos breves segundos, antes de suspirar. El semen impregnado en su rostro y su cabello flotó, recubierto de un aura azulada, hasta ser comprimido en una pequeña esfera que se tragó casi al instante. Lo siguiente que Ritsuka sintió, fue el peso extra de su esposa encima suyo; aplastándole con todo su cuerpo.

 

“HMMMMNGH~”

 

“No seas ingenua, Baobhan Sith. Jamás podría lastimar a mi lindo y amado esposo… pero no por eso perdonaré tu ofensa.”

 

La hermana mayor de Arturia ahogó por completo el rostro y la voz de su marido de la forma en la que a él más le gustaba. Baobhan sonrió al observar las piernas de su padre moverse de manera desesperada, incapaz de respirar al tener los gigantescos y pesados pechos de Morgan tapándole la vista, dejando muy poco espacio para respirar. Sus manos nuevamente fueron a parar a los costados de la cabeza del humano, obligándole a sumergirse todavía más en el océano de carne casi inagotable que eran sus tetas.

 

La hija pronto empezó a subir la cabeza una vez más, empezando su masturbación veloz. Ver el enorme y gordo culo monstruoso de su madre a plenitud mientras se acomodaba para la inminente penetración le había dado una idea de lo más espectacular. ¿No era natural que un caballero quisiera apoyar a su reina, después de todo?.

 

“Madre~ Tuve una idea digna de mi, ¿a que soy una genio?~”

 

La ceja derecha de Morgan fue alzada mientras continuaba con su pequeño castigo, moviendo su torso de lado a lado al igual que sus caderas. Había usado su posición ventajosa para colocar el pene de su esposo entre sus nalgas, como si fuera un sándwich, para que sus pechos se hicieran cargo de aplastarle la cabeza por ambos lados con el más mínimo movimiento y que, al mismo tiempo, su culo temblara y torturara su pene.

 

Baobhan Sith le guiñó un ojo a su madre, dándole la espalda para luego colocarse justo encima del pene original de Ritsuka, sus peludos labios vaginales ya estaban más que listos para recibirle por completo.

 

Su coño moría de hambre, al fin y al cabo.

 

SCHHHHHLICK~

 

“¡A-Ahhhhhhhh!~ ¡Que enorme y gigante polla, Papi!~”

 

Morgan disfrutó de sentir a su esposo gemir y gritar contra su pecho al sentir el coño apretado y las entrañas de Baobhan Sith recubriendo su miembro durante la penetración. Su carne fue partida, y su coño fue invadido, pese a su determinación, solo pudo lograr meterse hasta la mitad. Las piernas de Baobhan, y su culo gordo temblaron a medio camino, hundiendo sus dedos en la arena antes de sentir como sus intestinos se revolvían mientras pasaba más tiempo con la verga de Ritsuka dentro de ella.

 

Las piernas del ojiazul se revolvían, subiendo y bajando al igual que su torso, pero nada de lo que hacía le permitía escapar de las enormes tetas de su mujer. El olor a durazno y la exquisitamente suave carne fría y templada de Berserker estaban por todas partes, empapándole con el constante sudor y metiéndose hasta en sus tuétanos. Ritsuka, con la boca abierta, intentaba hablar y pedir piedad por parte de su mujer, pero no la encontraría.

 

Simplemente jadeaba, sintiendo como la carne tibia y tierna de la vagina de Baobhan le apretaba con mucha, mucha fuerza, sacándole leves chorros de líquido pre-seminal que se quedaban pegados en las paredes vaginales de Archer.

 

“¡H-HMMMMMMMNGH!~”

 

“¡AHAHAHAHAHAHAHAHA! ¡Se… se retuerce como un maldito puerquito!~ ¡Ay, papi!~”

 

Baobhan soltó una estridente carcajada con la que fue capaz de camuflar sus ganas de gemir, pero no su sonrojo ni sus latidos, ni mucho menos la forma en la que palpitaban los corazones en el fondo de sus ojos. Morgan miró a su hija con orgullo, antes de empezar a acomodarse para ella misma descender y empalarse en el pene superior de su marido. ¿Una penetración vaginal doble?, había tenido una idea parecida, pero ella había ideado que las dos estuvieran de cara una contra la otra, pero esto… literalmente estaban culo contra culo.

 

Quizás podía tener su mérito, aunque la posibilidad de besarse y excitar más a su esposo con un incestuoso intercambio lésbico no estuviera disponible. Además… tenerlo entre sus pechos, debajo de ella, retorciéndose por su vida no era nada desagradable. Morgan sonrió un poco, aligerando su ira mientras aumentaba el espacio que Ritsuka tenía disponible para respirar, permitiéndole al menos dar una enorme bocanada de aire.

 

“Espero que estés preparado, esposo. No hemos tenido sexo desde la mañana, y esa felación que te regalé al desayuno me dejó muy insatisfecha. Baobhan Sith; te encargo que no se queme el pescado.”

 

La albina advirtió a su vástago, con una leve mirada. Sith guiñó el ojo antes de volver a mirar hacia abajo, todavía faltaba mucha polla que meter dentro suyo, y su madre ni siquiera había empezado. Los dedos de Morgan se enfocaron en el rostro de Ritsuka, tomándolo entre sus manos sin mediar palabra, observando su expresión a medio derretir. Su rostro, completamente empapado en su propio sudor y en el de los pechos de su mujer, estaba rojo de la vergüenza pero rebosaba de felicidad.

 

Era una expresión tan… pero tan apetecible.

 

“Mor… Morgan… ”

 

El pelinegro llamó, moviendo sus manos para aferrarse aún más al frío y suave cuerpo de su mujer. Los húmedos y peludos labios vaginales de la hija de la madre tierra hicieron contacto con el glande del amor de su vida.

 

Aunque Morgan pretendía seguir enojada con Ritsuka y montarle de una manera despiadada por su atrevimiento, los buenos sentimientos en su corazón afloraban violentamente con el simple hecho de tenerlo cerca, y de tenerlo entre sus manos. Esa cara y ese rostro suplicante que parecía llamarla con cada suspiro; junto al líquido pre-seminal que estaba brotando de su glande, mancillando y pegándose contra sus labios vaginales, la excitaba todavía más.

 

“Amado Esposo… “

 

Murmuró ella en respuesta, perdiendo por fin la tormenta de ira y odio que tenía en su corazón. Ritsuka fue el que inició el beso oral esta vez, estampando su boca contra la de su amada mujer mientras ella bajaba sus caderas, iniciando con la penetración.

 

Gracias a que su culo era muchísimo más grande, gordo y pesado que el de la Propia Baobhan Sith, logró empujar a Tam Lin Tristan contra la cadera de su esposo, acomodándose; trasero a trasero, espalda contra espalda, con las dos enfundando por completo los dos penes del pelinegro dentro de ellas.

 

Claro está que Baobhan, al sentir como el glande de su padre abrió su vientre primero, y después de el de su madre, gritó con todas sus fuerzas mientras arqueaba la espalda, perdiendo su mirada en el cielo estrellado sobre ellos. Morgan gimió elegantemente en la garganta de su marido, chocando su lengua con extrema hambre contra la del propio Ritsuka, mientras este se aferraba a ella como si su vida dependiera de ello.

 

La saliva fría y sabrosa de su mujer, cargada de mana, empezó a devolverle las fuerzas que había perdido tras su enorme eyaculación. Sentir, además, como los pechos de su esposa se aplastaban contra su torso y dos vientres completamente diferentes se cerraban, encasillando y atrapando para siempre las puntas de sus penes le hizo sentir un delicioso escalofrío y un calor y alegría incomparables.

 

Chu… chu… chu~

 

Mi Bretaña…

 

¡Mi Papito!~

 

Pensaron las dos al mismo tiempo, antes de empezar a moverse. Baobhan Sith, quien estaba libre para gritar y chillar, lo hizo con una fuerza brutal mientras sus manos iban a parar a su barriga, sintiendo como si su interior estuviera siendo desgarrado por el aparato reproductor de Ritsuka, quien gozó inmensamente del abrazo estrecho que le daban las paredes vaginales húmedas y avariciosas de la Servant de piel gris.

 

“¡OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡M-MIERDA! ¡PA-PAPIIIIIII!~”

 

Todavía no podía acostumbrarse a que se refiriese a él de esa manera. Baobhan sacó la lengua hacia afuera casi en su totalidad, la cual se extendió casi cinco centímetros fuera de su boca mientras dos chorros de leche salían disparados de forma violenta de sus pezones, producto de su lujuria. Morgan movió la boca con visible apetito, buscando dominar y apoderarse por completo de la boca de su marido aunque su hija estuviera presente. Parte de ella hubiera preferido que estuvieran los dos solos, pues así, él podría referirse a ella por su nombre de nacimiento, y ella podría llamarle de la forma en la que más le gustaba.

 

Pero esto también servía. Era importante para las familias estar unidas, y más considerando de que Baobhan Sith pronto iba a casarse y, algún día, tener la semilla de su padre floreciendo dentro de su vientre.

 

“Hmmmmm~… Sluuurp~ sluuuurp~ chuuuuuu~

 

Morgan no temía a mostrar afecto y ser posesiva con su contraparte. Todo lo contrario. Sentir como el grueso y monstruoso pene putrefacto de su esposo llegó hasta el fondo de su frío, helado y estrecho coño real, machacando su útero en preparación para llenarlo de su semen asqueroso y mugriento la hizo sentirse llena y completa.

 

Su corazón lleno de desdén y odio por la historia pan-humana palpitó, desbordante de amor por Ritsuka Fujimaru una vez aplastó su cadera con su gigantesco y gordo culo, soltando un aplauso de sus nalgas al chocar entre si, y de su cadera al sentarse sobre la pelvis del moreno.

 

La lengua del Master se movió con fuerza al sentirse ser apretado y atacado por dos coños al mismo tiempo, mientras que los cuellos uterinos apretaban con tanta fuerza el poco de carne que unía sus falos a sus glandes, que parecían intentar decapitarlos. Morgan movía su mandíbula, estrechando y aflojando el beso a ratos antes de que su cadera empezara a subir, junto a Baobhan Sith.

 

“¡OHHHHHHHHHH!~ ¡M-MADRE! ¡M-MI COÑO!”

 

La vampiresa alertó, siendo ignorada olímpicamente por su progenitora. Morgan sentía exactamente lo mismo; sus labios menores se arrastraban por la longitud del pene de Ritsuka, dejando tras de si rastros de fluidos vaginales mientras poco a poco llegaban a sacárselo. Cuando el glande abandonó sus úteros, la entrada no se cerró, se quedó abierta por su propia cuenta, dispuesta a recibirlo nuevamente y volver a estrujarle como tuviera el atrevimiento de intentar llegar a donde no debía.

 

WHAM~

 

“¡AHHHHHHHHHH!~”

 

Otros dos chorros de leche salieron de los pezones grises oscuros de Tam Lin Tristan, mientras arqueaba la espalda y sus piernas temblaban tras darle un sentón a su padre al mismo tiempo que su madre, provocando que la silla de madera en la que estaban acostados los tres crujiera bajo el peso de kilos y kilos de obscena carne femenina. Morgan se relajó en demasía al sentir nuevamente como su vientre era violado y profanado por el pene de su esposo, abrazándole y apretándole con fuerza una segunda vez.

 

Ritsuka se acostumbraba poco a poco a tener dos penes, y estar en dos vaginas al mismo tiempo, había recuperado cordura suficiente para aferrarse a Morgan, hundiendo sus dedos en la larga melena blanca de la Reina del Sexto Lostbelt, besándola y succionando su lengua con fuerza buscando arrebatarle más magia de la que debía, para seguir en la lucha. Morgan no encontró esto insultante, más bien, le brindó toda la magia que quiso.

 

Como se esperaba de su marido… era obstinado, y su apetito por amor, afecto y sexo no conocían límites.

 

No por nada había usado esa enorme, asquerosa y repulsiva polla de monstruo para conquistar los corazones y coños de las servants una a una, pese a no ser ese su deseo ni su sueño, era natural que pasara.

 

Baobhan suspiró, colocando ambas manos en sus rodillas, observando como sus pezones disparaban leche producto de su propia excitación, antes de volver a moverse, subiendo sus caderas. “¡Ah!~ ¡Ah!~ ¡OH!~” Sus gemidos salían entrecortados mientras las lágrimas negras de su maquillaje recorrían su rostro mientras respiraba y chillaba, desesperada por no rendirse.

 

La carne helada del culo de su madre tocándole el suyo, subiendo al mismo tiempo, esperándola, la ilusionaba y la hacía feliz, porque sentía que ella era la protagonista, y de que su madre la esperaba a ella pese a que había tomado la boca de su padre. Daba igual. Le besaría toda la noche o toda la mañana siguiente, si tenían suerte, estarían solos varios días lejos de ese mierdoso lugar.

 

En cuanto al hijo del matrimonio Emiya/Tohsaka refería, ya había absorbido el mana suficiente de la saliva y boca de su primer esposa para tener algo de fuerza y contraatacar. Si bien no podía levantar a Morgan y Baobhan Sith estando juntas por lo pesado de sus cuerpos modificados, ahora que las dos tenían las caderas alzadas, tenía una leve oportunidad para contraatacar a su manera y darles una sorpresa.

 

No la desperdiciaría.

 

PLAF~ PLAF~ PLAF PLAF PLAF~

 

“¡A-AHHHHHHHHHHHHGHHHH!”

 

“Hmmmmm~ Chuuuuuuuu~

 

Morgan sintió y felicitó la osadía de su marido al follarse su vientre. Dos estocadas bien dadas para “Probar terreno”, y luego tres rápidas de manera consecutiva que hicieron que sus piernas flaquearan por unos instantes, pero no se dejó caer.

 

Baobhan por el contrario, no pudo resistir los penetración constante de su padre, aplastándole contra la madera de la silla una vez más, pero al no estar el culo de Berserker para aprisionarle ahora Ritsuka logró levantar a Baobhan Sith con su penetración.

 

Obligándola a sentir cada milímetro de su gruesa carne dentro de ella. Los fluidos vaginales y la electricidad constante viajaron por el cuerpo de la tetona de cabello rosa, sacándole el aire de sus pulmones mientras la albina le besaba con mayor intensidad, al punto en el que hilos de saliva empezaron a escurrirse por el mentón de él. Aire caliente escapó de las fosas nasales de Ritsuka, gozando de sentir como las vaginas de su esposa e hija le apretaban con cariño, una fría y la otra cálida, pero igual de amorosas.

 

Solo entonces Morgan rompió el beso, para hablar con su media naranja, pero también para admirar el desastre que había hecho en su rostro al embarrarle de lápiz labial.

 

“Me impresionas, Esposo. Este es tu castigo, y sin embargo tienes el atrevimiento de follarte mi coño real como si fuera tu puta, y no tu Reina”

 

PLAF~ PLAF PLAF PLAF~

 

“¡A-Ahhhhh! ¡M-Morgan… !”

 

“¡M-MADRE! ¡C-CONTROLATEH!”

 

Ritsuka y Baobhan gimieron al mismo tiempo, pues ahora Morgan había tomado la delantera y el control de la situación, empezando a hacer sentadillas. Gracias a su culo superior, también empujaba a Baobhan Sith abajo, empalándola sin piedad contra el pene primario de Ritsuka. El bulto gigante y grueso que había en los estómagos de ambas empezó a palpitar, entrando y saliendo mientras el hada del paraíso original subía sus caderas, habiendo repetido la misma pose de antes; colocado sus dos manos en su nuca.

 

Ahora, Reina y Princesa estaban espalda contra espalda, montando al mismo hombre.

 

Morgan se veía hermosa con el color naranja del fuego detrás de ella y las estrellas de fondo, Ritsuka debía de admitirlo. Pero nada se comparaba a ver esa expresión tan tranquila, sus mechones largos y hermosos, y por supuesto, esas gigantescas tetas lactar mientras rebotaban en todas direcciones, teniendo de postre los gemidos desesperados de Baobhan Sith, quien no tenía el mismo temple de su madre para soportar tanto placer de manera tan continua.

 

“¡O-OGHHHHH! ¡M-MIS INTESTINOS!”

 

Chilló la vampira, moviendo la cabeza de lado a lado, tratando de igualar la velocidad de su madre y de soportar las constantes folladas de vientre a la que estaba siendo sujeta. Morgan desvió la mirada unos momentos hacia atrás, antes de retomar su cabalgata, concentrándose únicamente en el pene superior que tenía metido hasta el fondo de sus entrañas.

 

El bulto gigante y grueso que aparecía y desaparecía de su barriga llegaba un poco más debajo de sus pechos, golpeando su vientre. Ritsuka ahora libre había puesto sus manos en los muslos de Tonelico, apretándolos con fuerza mientras observaba, hipnotizado, sus hermosos ojos celestes brillar y sus senos rebotar.

 

Riachuelos blancos conformados por leche materna caían sin parar de sus tetas a cada momento, dándole un toque muchísimo más sensual y hasta cierto punto, amazónico y depravado. El interior de Morgan le apretaba con fuerza, el de Baobhan también pero era distinto. El de ella era un apretón amoroso y cálido, el de Morgan era frío, amoroso pero implacable y abrumadoramente bueno.

 

Los gemidos y pensamientos de Baobhan se habían deformado, al punto de que ahora eran ininteligibles. Le Fae no se perdía en el placer como su hija, pero sus mejillas usualmente blancas, ahora estaban teñidas de un leve tono rosado pálido por la vergüenza y el placer constante. El más mínimo movimiento de sus caderas era replicado por Baobhan Sith, pues estaban tan pegadas que prácticamente era un péndulo.

 

Aunque la matriarca se detuvo por un mísero segundo, al sentir el pene de su esposo palpitar dentro de su coño tras la última estocada que le dio a su vientre. El aire del momento cambió de uno más pasional, a uno más serio.

 

Ya era hora.

 

“Baobhan Sith.”

 

“¿F-fueeeeehhhh?~”

 

Claramente atontada y con la mitad de la mente hecha añicos, Baobhan miró a su madre con saliva cayéndole por el mentón, y una sonrisa de absoluta estupidez. Sus orejas puntiagudas, antes decaídas, se movieron un poco como muestra de que estaba prestándole atención. Aunque la expresión de su hija se le hizo algo patética, en su mayoría creyó que se veía tierna. Tanto tiempo teniendo sexo con el rompe-putas de su padre, y aún no podía acostumbrarse a ser follada como una cerda adicta al sexo…

 

Todavía tenía mucho que aprender antes de ser una reina competente.

 

“Acabaremos con tu padre, juntas. Así que prepara tu coño para recibirlo todo.”

 

La princesa, aún en su estado actual donde parte de su mente estaba totalmente destruida por el placer, asintió. Haría cualquier cosa por su madre y su papi, después de todo, mayor aún si esto trataba de complacer a Fujimaru. Morgan le dedicó una leve sonrisa a su pequeña, antes de acomodarse para volver a estar culo-a-culo con su hija, enfocándose nuevamente en su marido. Ritsuka miró a Morgan desde la silla con nerviosismo, que no hizo más que incrementar al esta colocar sus dos palmas sobre el torso de su marido, antes de respirar hondamente.

 

Eso de… “acabar con él” le había puesto los pelos de punta, porque sabía que no mentía por la manera en la que los úteros de ambas se aferraban a sus glandes. Morgan afiló la mirada, moviendo sus pulgares para acariciar los músculos de su amado, no por ello perdiendo la seriedad de su expresión.

 

Más bien; la estrechades de su coño y su útero aumentaron.

 

“Prepárate, amado esposo mío. Quiero hasta la última gota de ese semen podrido y asqueroso dentro de mi.”

 

Más que una declaración, en parte, Ritsuka sintió que era una sentencia, o una ejecución. Bueno, desde cierto punto de vista, sí, lo era. Una ejecución sexual. Pero lejos de sentirse intimidado, Fujimaru llevó sus manos a las tetas de su mujer, tomándola por sorpresa pero no disgustándole en absoluto. Su ceño se frunció, con determinación, mientras se acomodaba lo suficiente contra la silla antes de devolverle una mirada ardiente que contrastaba muchísimo con su sumisión previa.

 

No debía olvidar que él, antes que plebeyo, era su marido.

 

“No te… no te tengo miedo Morgan”

 

Replicó, antes de empezar a masajear sus pechos con delicadeza. Desde atrás, Baobhan sonrió mientras llevaba sus manos al monstruoso bulto en su barriga, acariciándolo por encima de su piel al sentir como golpeaba la entrada a su útero, mientras su madre esbozaba una pequeña sonrisa ante la insolencia de su esposo.

 

Pero qué atrevido…

 

Entonces las dos comenzaron a cabalgarlo al mismo tiempo. Le Fae subió las caderas levemente, junto a su hija, dejándose caer con una fuerza que Ritsuka no esperó. Pese a la inexperiencia de Baobhan y su incapacidad de lidiar con tanto placer, estaba logrando empatar con su madre. Morgan mantenía su mirada fija en su esposo mientras subía y bajaba a toda velocidad, recibiendo y sacándose su pene de su cuerpo una y otra vez, sin parar.

 

PLAFPLAFPLAFPLAFPLAF~

 

Las dos parecían haber entrado en un frenesí, o al menos, Tristán si lo hizo. Soltó un enorme alarido, víctima de un orgasmo inesperado luego de que el pene de su padre golpeara su cérvix y llegara más allá, acomodándolo a la forma de su carne. Su madre, también, suspiró mientras veía como las manos extendidas de su esposo jugaban con sus tetas como una forma de relajarse y concentrarse. Ritsuka apretaba los dientes, teniendo los ojos cerrados, absorto en su totalidad en masajear y amasar las gigantescas tetas de la Reina Alta.

 

“Haaaaah~… Esposo mío… ”

 

“¡AHHHHHHHHHHH!~”

 

Morgan ladeó la cabeza hacia su hombro derecho. Baobhan Sith gritó mientras arqueaba la espalda, cerrando sus manos en el pene de su padre mientras volvía a alzarse, sintiendo el frío y gordo culo gigante de su madre contra el suyo, antes de que la silla crujiera al no poder soportar bien el peso de madre e hija. El ojo derecho del Master se abrió, para mirar la expresión cálida y dulce de su esposa mientras los chorros de leche salían de sus gordos y enormes pezones, empapando por completo las manos del Mago, sus antebrazos, y parte de su torso.

 

Jaló hacia afuera, estirando los dos pechos antes de sentir nuevamente como sus piernas y pelvis eran aplastados por las nalgas y muslos de las dos Hadas, antes de volver a subir. El “clap” que hacían sus enormes culos al aplaudir, y la forma tan obsesiva y desesperada con la que movían sus caderas y sus vientres le abrazaban al sus dos glande entrar en ellas, le volvía loco. Podía sentir como las paredes vaginales cálidas de Sith, y frías de Morgan se aferraban a sus penes, por muy húmedas que estuvieran.

 

“¡H-hmngh!”

 

Sus pulgares se presionaron sobre los pezones del hada del paraíso. Morgan empezó a mover sus caderas de adelante hacia atrás luego de dejarse caer, guiando a Baobhan para que imitara sus movimientos entre gemidos estúpidos e imbéciles. Sus ojos ahora estaban perdidos en el firmamento nocturno mientras su vientre y sus entrañas eran destrozados sin piedad alguna, llevándola cada vez más cerca del orgasmo, antes de que tuviera que volver a subir y a bajar a toda velocidad.

 

El pelinegro arqueó la cabeza contra la madera, cerrando nuevamente los ojos. Sus dedos se aferraron ya no a las tetas de Morgan, sino a sus pezones, cosa que ella le permitió con gusto. Los jadeos de la Reina invernal no se hicieron esperar: el orgasmo se acercaba cada vez más. Sentía como la polla de su esposo palpitaba dentro de su vagina, deseosa mientras sus bolas empezaban a gruñir debajo de ella, canalizando ese semen nauseabundo cargado de mana por el que tanto se moría.

 

Baobhan se alertó, sonriendo.

 

PLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAF~

 

“¡MADRE! ¡M-MADRE!”

 

“¡A-AGH!~”

 

Los dedos de Ritsuka se apretaron con fuerza en las tetas de Morgan, quien asintió a su hija, sin desviar la mirada de su esposo. Sus muslos, enrojecidos por la cabalgata continua, seguían resonando y la carne de los mismos temblaba todavía más. Las dos alzaron sus cuerpos una vez más, sintiendo como el orgasmo llegaba tras dejarse caer con todas sus fuerzas luego de haber estado cabalgándole por lo que se había sentido como una eternidad.

 

Ritsuka, aunque no podía levantarlas a las dos juntas, hizo su mejor esfuerzo por alzar sus caderas hacia arriba, aprovechando el poco espacio que las dos le habían dejado para darles el golpe de gracia.

 

SPLUUUUUUUUUUUUUUURT~

 

Al igual que ocurrió con la mamada, Morgan notó, tener dos penes no limitó en absoluto la capacidad de Ritsuka de producir semen. La leche, pegajosa y mugrosa, salió con la misma violencia y fuerza que la primera vez, casi al mismo tiempo. Su hija se recargó contra ella mientras gemía, corriéndose al sentir como aquella sustancia tan pegajosa y cálida la llenaba por completo, desbordándose.

 

La madre de la vampiresa sufrió exactamente el mismo destino; sentir el pene grueso y cálido de su esposo metido en lo más profundo de su cuerpo mientras la llenaba de ese líquido tóxico tan insoportablemente asqueroso e intolerablemente cálido la llenó de gozo. Sus fluidos salieron juntos, rociando la arena y el cuerpo de Ritsuka respectivamente, quien ahora no solo estaba cubierto de su sudor, el de la albina, y la rosada…

 

También estaba empapado de los fluidos vaginales, y la leche de su esposa.

 

“¡O-OHHHHHHHHH!~”

 

“Haaah… haaaah… ~”

 

La faceta fría de Morgan se quebró un poco, sacándole una sonrisa muy evidente que Ritsuka alcanzó a vislumbrar tras abrir los ojos. Las manos del Hada mayor dejaron el torso musculoso de su marido, para ir hasta su rostro, acariciándoselo con cariño mientras su barriga empezaba a crecer de manera exponencial y obscena, dándole el aspecto con el que ambos soñaban.

 

El sonido del semen siendo expulsado por su uretra, llenando los vientres de su mujer e hija con su amor, su cariño y su magia resonó por la isla. El olor a pescado perfectamente cocinado, sazonado con algo de ingredientes, se entremezcló perfectamente con el olor a sexo, durazno, y frutilla.

 

Baobhan, tras gemir de manera ridícula, se puso a jadear junto a su padre y a su madre. Un leve movimiento del dedo de Morgan cubierto por magia agrandó la silla de playa para que fuera lo suficientemente grande para tres personas, permitiéndole a cada mujer acostarse a un lado del ojiazul; Morgan en la derecha, Baobhan en la izquierda, mientras las dos aprisionaban al moreno entre sus pechos, prácticamente con estos encima de su torso, volviendo a impedirle chance alguna de levantarse.

 

La sombra de sus dos penes, aún erectos, proyectada por el fuego, le sacó una sonrisa de orgullo a la albina, acompañada por un brillo en los ojos de Baobhan Sith.

 

“Sugoi… ”

 

“Menos charla, y más acción, Baobhan Sith.”

 

Alertó Berserker, quien extendía su mano para envolver los tres pescados que habían recolectado en magia, causando que empezaran a flotar lentamente hacia ellos. Ritsuka acortó distancia, estampando sus labios de manera posesiva contra los de Baobhan Sith sin preguntar ni mediar palabra. La lengua húmeda, larga y juguetona de su hija le recibió con evidente gusto, mientras su mano iba a por el pene superior, cubierto de lápiz labial azul que anteriormente cabalgó su madre, empezando a subir y bajarla con fuerza.

 

Los tres pedazos de madera se clavaron fuertemente en la arena a un costado de la silla. Puede que la isla estuviera configurada para impedir cualquier tipo de prenda, pero cosas tan sencillas como un cojín y una manta no tenían por qué ser consideradas como ropa. La Silla se alzó, causando que ahora Ritsuka no estuviera acostado de espalda del todo, sino en una posición lo suficientemente cómoda como para comer…

 

Mientras recibía una mamada doble.

 

“Haaah… me arde la nariz y quiero vomitar… ~”

 

Archer ronroneó, observando el rostro de su padre con aquellos ojos llenos de un amor aparentemente infinito mientras sujetaba su pene original con ambas manos, volviendo a abrir la boca para comenzar a succionárselo. El sabor de sus propios jugos vaginales entremezclados con el semen no hizo nada por aclimatar y solucionar la situación en lo que al sabor, y el hedor se refería. Morgan entregó un pescado a Ritsuka, quien ahora totalmente acostumbrado a su nueva condición, solo suspiró con tranquilidad, sintiendo su miembro empezar a descender por la garganta de Baobhan Sith.

 

GHACK GHACK GHACK GHACK GHACK~

 

“Por favor, disfruta de la comida, Esposo mío.”

 

La voz ahogada de Baobhan comenzó a resonar mientras subía y bajaba la cabeza en intervalos cortos, acompañada de sus manos. Bien sabía que a su padre no le gustaban las mamadas entremezcladas con la masturbación, pero lo hacía nada más para empezar. Bajaba ambas palmas, juntas, para llegar a la base y luego subía hasta su boca como tope. Morgan acarició de manera cariñosa el rostro de su media naranja, observándole clavar sus dientes en la presa perfectamente cocinada y sazonada con algo de sal y orégano.

 

Estaba deliciosa, y algo picante. El sabor le dio un leve ardor en la lengua que lejos de disgustarle, se le hizo exquisito.

 

“Está… increíble, Morgan.”

 

Señaló, recargándose contra la palma de su esposa cual minino. El pulgar de su mujer masajeó cariñosamente la mejilla del último Master de la humanidad, al mismo tiempo que sus dedos jugueteaban con los mechones negros y alborotados de su nuca, obviamente iba a estar delicioso. Lo había hecho con él en mente. Pescar y buscar su propia comida no era algo que le gustara hacer, pero Tonelico había sido un hada del paraíso.

 

Una salvadora.

 

Sabía como cazar y encontrar comida. Las cejas de Ritsuka se arquearon un poco al mirar directo a los ojos de Baobhan nuevamente, cuyas orejas puntiagudas empezaron a moverse de pura alegría al ver como su padre la observaba practicarle sexo oral con tanta devoción. Luego, volvió su mirada a Morgan, con preocupación.

 

“¿Ustedes… no quieren comer conmigo?”

 

La pregunta le sacó una leve risilla a Berserker, y le ganó una serie de lamidas desesperadas por parte de su hija que le hizo apretar los dientes, pues enrolló su lengua por toda la longitud de su pene hasta donde sus manos estaban, antes de empezar a descender, metiéndoselo más adentro de la garganta todavía; apareciendo como un bulto enormemente grande y obsceno.

 

Morgan continuó sus caricias en el rostro de Cuarenta y ocho, antes de que le dejara ir, empezando a masturbar su pene secundario, en preparación para ella misma unirse a Baobhan en una mamada doble.

 

“Eres bastante dulce, Esposo. Pero mi hija y yo preferiríamos cenar… salchicha apestosa y podrida”

 

Lo último que le dio, fue un beso rápido en la mejilla, y luego empezó con su cena. Ritsuka sintió nuevamente la boca fría pero amorosa de Morgan cubrir el glande de su miembro secundario, y luego su garganta al bajar rápidamente, metiéndose un poco más de la mitad dentro de su garganta. Solo necesitó unos cuantos segundos para acostumbrarse, bajando hasta que sus labios hicieron contacto con la piel de su pelvis, habiéndoselo tragado en su totalidad.

 

GHACK GHACK GHACK GHACK GHACK~

 

Ser Espíritus Heroicos, además de una pareja casada y una familia tenía muchos beneficios. ¿Uno de ellos?, era que comían por gusto, por convivencia, y habituación. De resto, podían subsistir únicamente con mana, lo que daba a situaciones como esta. Ritsuka observaba, con la boca a medio separar de la presa de pescado, como Baobhan y Morgan subían y bajaban sus cabezas, chupando, recibiendo por completo y sacando hasta su glande sus dos penes, emitiendo sonidos y gemidos ahogados.

 

Cada vez que una daba una arcada, su garganta se cerraba un poco, trayéndole más placer. Ahí, mientras las veía esforzarse por hacerle feliz, y por comer, perdido en esos bellos ojos celestes y grises, en lo único en lo que pudo pensar…

 

Es en cuanto las quería, y en lo feliz que le hacían.

 

.

.

.

 

“Hmmm…. Hmmm~… Chu~ chu~ Papi tonto… me rompiste el culo… “

 

Tres horas después, la situación no había cambiado mucho. Morgan y Baobhan se aferraban al cuerpo desnudo de Ritsuka por ambos lados; las tetas de Baobhan se presionaban contra la espalda del Chaldeano mientras la tetona de orejas puntiagudas se besaba cariñosamente con su padre; los pechos de Morgan, al mismo tiempo, se presionaban contra el torso de su esposo mientras frotaba su nariz y rostro contra el cuello de él.

 

Luego de la cena, prefirieron mover las cosas al interior de la casa, tanto por sugerencia de Morgan, como por petición del propio Fujimaru. Tener dos penes no había disminuido su lujuria, sino que más bien, multiplicó su apetito. El Ano de Baobhan y el de su madre no se cerraba, al igual que sus vaginas; por debajo de las frazadas que ella había invocado, los cuatro agujeros permanecían abiertos, completamente llenos de aquella crema apestosa y pegajosa, luego de que por fin tras un total de doce orgasmos, hubiera estado listo para dormir.

 

El que dijera tan abiertamente que le había “roto” el culo hizo que sus mejillas enrojecieran, mientras se besaba cariñosamente con Archer.

 

Chu~… lo siento… Chu~… Baobhan Sith… ”

 

Al escucharle, Morgan se separó del cuello de su marido luego de haberle depositado un beso azul acompañado de un chupetón, observándole con severidad, le agarró del mentón para obligarle a verla, negando con la cabeza mientras veía como Sith gruñía, optando por hundir su nariz y su cabeza en el cabello azabache.

 

“No lo lamentes, Esposo. Repetiremos mañana, y todos los días. Todavía hay mucha isla que explorar, y tienes mucho que aprender.”

 

Explicó, antes de acercarse a él buscando alimentar su corazón con su afecto y amor incondicional. Ritsuka aceptó dichoso la fría pero amorosa lengua de su mujer, sus brazos, divididos ente los cuerpos de ambas, las apegaron a su cuerpo como si intentara fundirse con las pieles de ambas. El sudor hacía que el frotarse contra sus cuerpos suaves, voluptuosos, perfectos e impolutos se sintiera todavía mejor. El calor que sentía por la vergüenza sumado a lo fuerte que le latía el corazón hizo la experiencia todavía más encantadora, pues Morgan succionó su lengua con algo de molestia.

 

Su exceso de piedad y consideración por los demás le parecía repugnante, pero encantadoramente hermoso al mismo tiempo. Vaya contradicción más enorme era la que sufría, porque le amaba por ser así, pero a veces se encontraba deseando que fuera más… cruel y egoísta.

 

Chu~ chuuuuu~

 

“Hmmmm~… Buah~ Baobhan Sith. Mañana enviaremos dos clones a buscar comida. Nosotras nos quedaremos aquí, a chupar las pollas de tu padre. Aprovecharemos nuestra soledad para practicar tus deberes de Esposa.”

 

“Ehe~ ¡Sí!~”

 

Morgan habló con seriedad, mientras continuaba mimando y acariciando el cuerpo del humano, al igual que Baobhan. Escuchar sus planes ilusionó y causó nuevamente que los ojos de Tam Lin Tristan se iluminaran, antes de que las miradas de las dos se enfocara en el rostro del objeto de su lealtad, amor y devoción. Ritsuka cerró los ojos, intentando ocultar la vergüenza de escuchar abiertamente como a primera hora de la mañana iban a empezar a tener sexo, más aún: que todo era en pos de enseñarle a Baobhan Sith a ser una mejor esposa.

 

Aunque en el fondo… a él también le ilusionaba.

 

.


.

 

-[Fragmento 2: Dos Evas y un Adán]-

 

Singularidad Isleña.

 

3 Días de Naufragio.

 

GHACK GHACK GHACK GHACK GHACK~

 

El sonido de la cascada fluyendo libremente se entremezclaba con el constante sorbido indecente que emergía de los labios de Morgan Le Fae al arrastrar sus labios por uno de los dos penes de su marido, con su voz ahogada saliendo además de cada garganta profunda que otorgaba al sacar su pene prácticamente hasta su punta, volviendo a meterlo hasta llegar a su estómago.

 

No estaba sola en su tarea, pero tampoco estaba acompañada por Baobhan Sith. Su heredera, cuyos brazos estaban enrollados en la nuca de su padre, mantenía a Ritsuka apegado a su voluptuoso y depravado cuerpo sudoroso y empapado tanto del agua como de una fina capa de sudor, mientras su lengua se movía lentamente en la boca de Fujimaru, empujándole contra su paladar, entrando aún más en su garganta, y luego permitiendo que este contraatacara y la empujara de regreso.

 

“Hmmmm~… Chu~ chu~ chuuuuuuuuu~… Pah… pih~”

 

Tam Lin Tristan gimió ahogadamente, con sus orejas moviéndose de arriba hacia abajo. Le había costado aceptar la posición en la que estaban los cuatro actualmente; por el respeto y admiración que tenía por su madre, la sola idea de ponerle su culo en su cara le había parecido una insolencia y pecado imperdonables, pero tratándose de su papi, y de que su madre le había dado permiso, terminó por aceptar.

 

Ritsuka masajeaba el culo de su hija, subiendo y bajando ambas manos casi al mismo tiempo por los monstruosos glúteos grises de Archer, quien le tenía contra el agua tibia de la cascada mientras les bañaba a ambos.

 

Fujimaru tenía los ojos cerrados, respirando por la nariz y por los breves segundos que la rosada le daba para obtener preciadas bocanadas de aire, antes de que estampara sus labios contra los suyos otra vez. Sus dos penes se frotaban incansablemente contra las nalgas y la vagina de Baobhan Sith, mientras que, arrodillada…

 

Berserker en compañía de un clon de si misma se encargaban de chupar y degustar sus dos penes en una sincronía perfecta, que las llevaba a hundir sus rostros de lleno en la abundante y brillante carne gris de la zapatera. Ambas monarcas tenían sus ojos cerrados, no dudando en ningún momento en succionar y llenarse el estómago tanto como pudieran con la carne de su marido, aún a sabiendas de que eso implicaba aplastarse contra el gigantesco culo gordo de la princesa.

 

“Haaah… haaah… ~ Chu~ slurp~ Baobhan… Sith… ”

 

SLAP~

 

“¡HMMMPH!~”

 

Esa nalgada que le pegó le hizo sentir un escalofrío que la hizo mojarse aún más. La leche proveniente de sus pezones de un tono gris muy oscuro manchaba el torso musculoso del Master de Chaldea, perdiéndose por el mismo hasta caer al agua.

 

Habían encontrado esa pequeña cascada y ese río el día de ayer, ¿hasta ahora? No había señales del santo grial, pero Morgan teorizaba de que podía estar en el centro de la isla.

 

Quizás en alguna caverna subterránea, o sino, incrustado en la misma isla como núcleo. Pero eso no venía al caso. Investigaría más en otra ocasión. Las lenguas de ambas Morgan giraban alrededor del glande y el falo de su marido, atacándolo constantemente antes de cubrirle por completo al intentar llegar cada vez más lejos.

 

Las piernas de Baobhan temblaban cada vez que sentía la nariz y rostro de su madre contra las dos nalgas de su gigante culo, pues jamás pensó que experimentaría algo similar.

 

Humillar y faltarle el respeto a su madre… técnicamente hablando, ya lo había hecho al haberse acostado con papá frente a ella varias veces, pero esto era distinto; estaba colocando su culo en su cara, y tenían que hundirse más en el mismo de querer aumentar la intensidad de la mamada. Las manos del moreno subieron por la hermosa y suave espalda de la arquera, tocándola como si fuera de porcelana.

 

Sentía que alcanzaría el orgasmo de pura felicidad.

 

Ahhhhh~… Madre… y mi Papi~

 

Pensó, extasiada, mientras sentía como su mana le era arrebatado por la forma tan brusca en la que su padre succionaba su lengua, bebiendo su saliva. Morgan y su clon rodearon los gruesos muslos de Baobhan Sith, aferrándose a los mismos casi al mismo tiempo para luego hundir por completo sus cabezas en su culo, buscando meterse aún más la carne de los dos miembros de Ritsuka dentro de sus gargantas, las cuales no solo dolían, sino que ardían como el maldito carajo por la felación constante a aquel monstruo.

 

“Morgan… ”

 

Cuarenta y Ocho murmuró entre besos, causando que su hija le dejara ir. Ritsuka cerró el ojo izquierdo cuando la lengua de Baobhan abandonó su boca, para en lugar de eso lamerle el rostro desde el mentón, hasta la frente, dejando una enorme marca de saliva en el mismo.

 

Luego, sin preguntar ni esperar, empezó a besarle el cuello, apretando pedazos de piel del ojiazul entre sus labios y frotando sus dientes, especialmente sus colmillos contra los mismos, para que sintiera un poco de nervios y estuviera al límite en lo que a sensaciones se refería.

 

Las dos Morgan detuvieron su felación, escuchándole con atención.

 

“Más lengua… y más rápido… ”

 

Por muy reina que fuera, su esposo le estaba pidiendo más atención y cariño. No podía decirle que no. Baobhan mordió con delicadeza el cuello de su padre al sentir como las manos de sus madres se aferraron a sus piernas con fuerza, y tal como él había exigido, comenzaron a mover sus cuellos con fuerza. La voz ahogada salía, una y otra vez, junto al sonido que hacían sus labios al arrastrarse y succionar su pene con la fuerza de una aspiradora.

 

SLUUUURP SLUUURP SLUUURP~ GHOCK GHOCK GHOCK~

 

El contraste de temperaturas entre el pene caliente y grueso de Ritsuka en las bocas frías y frescas de ambas Morgans volvía loco al humano. El mana fluía constantemente de él a ella, fortaleciéndola y prendiéndola más. Cada vez que su falo, grueso y oloroso tocaba su lengua, su estómago protestaba con otro gruñido, amenazando con vomitar, pero jamás sucedería.

 

Ella misma había alterado su fisionomía y su semen para ser así, porque así tenía que ser. Y ¿a decir verdad?

 

Había sido una de sus mejores ideas.

 

“¡H-haaaah!”

 

Baobhan sonrió al escuchar a su padre gemir y sentir como los rostros de sus madres golpeaban su culo, haciendo que aplaudiera de vez en cuando. Ritsuka arqueo la cabeza hacia atrás; el agua de la catarata que les bañaba a los tres le cayó por la frente, empapándole todavía más.

 

Sus enormes testículos, cubiertos de venas, palpitaban con fuerza mientras que Sith se excitaba aún más por sentir los penes de su padre palpitar entre sus muslos, y debajo de su vagina. Su ano, aunque no expuesto, latía de manera violenta.

 

Luego de probar como se sentía tener sexo con dos penes al mismo tiempo mientras se besaba con Ritsuka… la idea del sexo normal no sonaba tan atrayente. Ritsuka, quien entreabrió los ojos un poco mientras respiraba y gemía de puro gusto por la velocidad con la que Morgan y su clon movían sus cabezas, tomó una decisión algo osada.

 

Empujó sus caderas hacia adelante cuando sintió los labios de ambas albinas arrastrarse, llegando hasta su glande.

 

“¡Ohhhh!~”

 

GHACK GHACK~

 

Sus testículos chocaron contra los muslos de Baobhan Sith, y ella sintió como su grueso falo se frotaba contra sus labios vaginales, a la vez que la ojiceleste y su copia sentían como el flujo de aire era cortado por completo, impidiéndoles respirar. Después, sus caderas fueron hacia atrás, y volvió a repetir, y otra vez, y otra vez.

 

Estaba, en resumidas cuentas… follándose los muslos de su hija, y las gargantas de su esposa.

 

Baobhan se aferró más al cuerpo de su padre, sonriendo mientras su corazón se aceleraba al sentir una y otra vez como los dos troncos de carne se movían, pegándole en sus muslos, haciendo que la carne de los mismos temblara, y que golpeara el rostro de su madre con su culo al retroceder.

 

Pero la mejor parte, era sentir como se frotaba constantemente contra sus peludos labios vaginales, sacándole uno que otro chillido. Sus ojos, llenos de amor y cariño, miraron hacia Ritsuka luego de tomarle del rostro con una enorme sonrisa, maravillándose con sus facciones, la diferencia de estatura, y la forma en la que la miraba. El sonrojo presente en la cara de ambos aumentó, por diferentes motivos.

 

“¡Papi!~ ¡Qué atrevido eres!~”

 

“Baobhan Sith… tú sigues”

 

¿Qué más podía pedir?

 

Baobhan asintió, antes de volver a unir su boca con la de su master en esos besos profundos que tanto le gustaban, llenándole la boca con su larga lengua. La vampiresa, quien estaba dejándose llevar por su lujuria, empezó a aplaudir y mover su culo tanto como le fuera posible dada la posición en la que estaba.

 

Morgan aumentó la velocidad junto a su clon todavía más, buscando no solo la sensación que le provocaba el recibir el pene de Ritsuka en su garganta, descender y tocar su estómago, sino también la asfixia; el dolor, el placer, el calor… y la mejor parte de todo, experimentar los latidos de su carne.

 

Sentir como aquel enorme y grueso pilar de carne viril que había conquistado todo tipo de coños cedía y suplicaba más ante ella, la Reina de las Hadas… llenaba el oscuro y frío corazón de Tonelico Le Fae con un orgullo y felicidad que no podía describir ni aunque lo intentara.

 

Así, Esposo… así… alimenta a tu mujer…

 

“¡U-ugh!”

 

SPLUUUUUUUURT~

 

El semen salió disparado con fuerza por los glandes del pelinegro. Ritsuka arqueó la cabeza hacia atrás, disfrutando enormemente de sentir como ambas Morgan hacían hasta lo imposible por recibir y tragar su pene; las narices de las dos, que hurgaban y se hundían con todas sus fuerzas en la carne de las nalgas de Baobhan Sith, aspiraban el olor a fresas y las gotas de sudor que empapaban los glúteos de la princesa rosada.

 

Archer succionaba la lengua de su padre como si su vida se le fuera en ello, degustando de sentir su lengua contra la suya, y de tener la cara de su madre en su culo.

 

Más aún; el sentir como el semen de su padre fluía por sus penes, como palpitaban entre sus muslos carnosos, gruesos y suaves, cubiertos por el sudor y los fluidos vaginales. Su clítoris le dolía, desesperado por atención, mientras escuchaba como Madre bebía y tragaba con desesperación la mugre que había estado obstruyendo las bolas de su padre por horas.

 

Solo al terminar Morgan despegó su boca del pene que estaba chupando, desmaterializando a su clon sin perder ni un segundo.

 

Le había cubierto por completo con su lápiz labial; la capa azul prácticamente borró en su totalidad los restos del labial rojo que Baobhan dejó impreso aquella mañana, pero no era motivo de orgullo. Su hija, después de todo, había tenido el lujo de frotarse contra el cuerpo de su Esposo, y besarle a placer… todo frente a ella.

 

Todavía lo hacía, pues Baobhan agitaba sus orejas insistentemente, gozando de sentir la lengua de Ritsuka empujarle contra su paladar, y ella empujándole hacia abajo para explorar sus dientes y continuar bebiendo su saliva.

 

Morgan lentamente se puso de pie, acercándose al par para terminar aferrándose de igual manera a su esposo; Fujimaru plantó una de sus manos en el culo de la Reina Alta, y solo ahí Tam Lin Tristán le dejó ir, para darle un momento a su madre.

 

“Buen trabajo, Esposo… incluso tener dos penes no ha menguado tu virilidad, tus energías, ni tu capacidad para eyacular. Mi garganta y mi estómago me duelen horrores, como siempre.”

 

Berserker juntó su frente con la de su marido, mientras Sith empezaba a recorrer sus manos, junto a su madre, por el cuerpo de su padre. Ritsuka apegó todavía más a los cuerpos de su hija y su mujer, quienes alzaron sus piernas para aplastar sus dos penes entre los muslos de ambas, como si se tratara de un sándwich de piernas; mientras que sus pechos hacían lo propio con el cuerpo del Master.

 

El lago, sumado a la catarata que bañaba a los tres, traía recuerdos sobre su tiempo en las aguas termales del Enma-tei. Tener tan cerca los ojos de Morgan, quien le miraba con una devoción y amor absoluto, derretía el corazón del Magus. Sus manos apretaron su nalga con fuerza, inútilmente tratando de extenderse más por la carne fría y deliciosa con olor a durazno de la monarca, que se metía en los espacios entre cada dedo al igual que la de Baobhan.

 

“Morgan… ”

 

Estaba completamente rojo. Le Fae soltó un leve gemido; desviando la mirada a su muslo; apegado con el de su hija. Los dos penes de su esposo palpitaban de manera violenta, transmitiendo su ardiente calor y enmarcando sus venas en las pieles de ambas. Baobhan una vez más dejó salir su lengua, pasándola por el hombro del ojiazul hasta llegar a su cuello, queriendo imprimir el sabor de la piel y el sudor de él en sus papilas gustativas.

 

Ya no podía aguantar más. Le había prometido a Baobhan que sería la siguiente, pero estar entre los cuerpos de ambas… maldita sea.

 

La albina se acomodó, frotando su nariz contra la de su marido en un beso esquimal que él no tardó en contestar; yendo tan lejos como para volver a meter sus dedos en los anos de ambas, con mucha dificultad en cuanto a ella por lo gigante de su culo.

 

Sus “donas” se cerraron con fiereza alrededor de ambos dedos, estrujándolos e intentando chuparles más adentro de sus culos, pero gracias al agua y al sudor que les rodeaba, facilitó todavía más su masturbación.

 

“¿Sí, esposo?”

 

“Quiero un paizuri… quiero un paizuri ahora.”

 

Nunca tendría suficiente en lo que a las tetas se refería. Baobhan miró a su madre con ilusión, y Morgan asintió sin mediar palabra, mientras ambas tomaban de las manos al joven para guiarle lejos de la catarata a una de las orillas cercanas.

 

El lago era lo suficientemente profundo para funcionar como una piscina natural; Ritsuka se sentó sin mediar palabra, apoyándose contra el borde para luego ver, ilusionado, como Reina y Princesa se inclinaban ante él, teniendo sus dos penes frente a sus rostros.

 

Quien no pudo resistir sus impulsos y su apetito sexual, fue Baobhan. Su nariz se acercó a uno de los penes de su padre, y aspiró con fuerza mientras mantenía contacto visual con él, solo para que luego un rugido de furia saliera de su estómago, acompañado de una nausea que logró contener con pura voluntad. Verla arrugar la nariz y el ceño provocó que el líquido pre-seminal volviera a salir de su uretra.

 

“Ugh… Siento como si mis fosas nasales y mis pulmones se quemaran… mi cabeza… está—“

 

“¿Nublándose? Sí, Baobhan Sith. Así es; así tiene que ser.”

 

Insistió la Reina Alta, antes de agarrar sus pechos y colocarse a un costado de la cadera de Ritsuka. Debido a que tenía dos penes, ninguna tendría que competir ni compartir uno solo como siempre sucedía, y de todos modos, jamás había sido un problema.

 

Su longitud y grosor era tal, que era capaz de recibir un paizuri triple sin problemas. Sith se posicionó en el costado derecho, su madre en el izquierdo: gracias a que cuarenta y ocho estaba acostado, tuvo acceso completo a los rostros de su familia.

 

La vampiresa acostó su cabeza contra su mano abierta, dejándola caer mientras soltaba un “Papi~” cargado de amor. Morgan en cambio, besó y frotó su nariz contra las manos y palma abierta de su media naranja, “Esposo…”, le respondió, estrujando sus pechos alrededor de uno de sus penes con fuerza, engullendo parte del mismo pero dejando al descubierto también una gran porción.

 

“¡A-ahhhhhh!~… ¡Tan… cálido y frío!”

 

Baobhan aprisionó su mano entre su mejilla y su hombro, hundiendo sus dedos en sus pezones para tener un agarre más firme de sus pechos. Era complicado considerando que tenía la mano y tetas de su madre al lado suyo, pero como siempre, las dos se arreglarían.

 

Morgan optó por sujetar sus pechos desde abajo, no por ambos lados, pues notó el problema casi de inmediato, su esposo fue aprisionado entre el busto de las gobernantes del Lostbelt 6 y el lago, antes de que la boca fría de su mujer volviera a plantarse en sus nudillos, y su palma.

 

Había tenido una idea maravillosa.

 

“Luego de esto, esposo… me colocaré encima de Baobhan Sith. Tendremos sexo los tres juntos otra vez. Seremos uno.”

 

“¡Sí!~ ¡Te amo, madre!~”

 

Morgan no respondió al afecto verbal de su hija. En lugar de ello, le regaló una sonrisa acompañada de un asentimiento, antes de que las dos se enfocaran por completo en satisfacer a su marido. Sith se acomodó un poco más, antes de empezar a mover sus pechos con visible ilusión.

 

Conforme la carne gris, aplastada contra sus brazos y sus manos se alzaba, intentando exprimir el pene de Ritsuka al subir, este apretaba más fuerte su mandíbula. Era rodeado por ambos lados por el enorme y obsceno busto de Archer, quien mantenía la vista fija en el tronco de carne del humano hasta cubrir por completo su punta.

 

Y luego se dejó caer. Un sonido similar a una cachetada salió cuando las tetas de Baobhan aplastaron con todo su peso la cadera del moreno, haciéndole chillar. Sus dedos se aferraron al cuero cabelludo de Baobhan, quien, encantada, soltó una leve carcajada mientras los dedos de su padre recorrían su hermoso cabello, antes de empezar a moverse con un ritmo lento pero constante. Su piel se arrastraba sin problemas por el miembro de Ritsuka, ordeñándole como si fuera una vaca.

 

Morgan le siguió no mucho después, optando por empezar de un modo diferente. Gracias al sudor y a que agarraba sus pechos por debajo, pudo usar sus manos para ordeñarse a si misma, usando los chorros de su fría leche para salpicar el torso de su esposo y los senos de su hija, añadiendo más del olor a durazno y su esencia a su masaje.

 

Le marcaba como si fuera un animal señalando cuál era su territorio. Las gotas blancas cayeron en los músculos del joven, también mancharon el rostro de Sith, antes de que la albina finalmente se dignara a empezar con su masaje.

 

“¡E-eeek!~… Madre~ Que indecente de tu parte~”

 

Baobhan canturreó, con un tono irónico considerando su figura y actual comportamiento. Morgan no se lo tomó como una falta de respeto, sino que sonrió un poco, deteniéndose a medio camino para estrujar el pene superior de su esposo con sus pechos una vez más. La carne de Ritsuka palpitó entre el frío valle de las tetas de Morgan, volviendo a bajar su mano por la espalda de esta para terminar por darle una nalgada.

 

SLAP~

 

Eso le había dado una idea. No le había comido el coño lo suficiente a decir verdad y, dado a que Morgan estaba trabajando su pene superior y no el original… la posición era más que perfecta para un 69. Morgan, quien estaba a punto de sacar su lengua para comenzar a tratar el miembro de su marido, se detuvo a medio camino cuando sintió como los dedos de él acariciaban su trasero de manera insistente, no en busca de placer, sino de atención.

 

“¿Esposo mío?”

 

“Siéntate en mi cara.”

 

Dijo sin más, y ella entendió al instante lo que quería. Sentir los kilos extra de carne y peso encima de su rostro. Los dos estarían conectados al mismo tiempo, tal vez no por penetración, pero si de una manera igual de especial. La pierna derecha de su mujer cayó a un lado de su cabeza, y luego la izquierda.

 

Le Fae se acomodó de tal modo que sus rodillas rodearon la cabeza del pelinegro, y este observó, gustoso, como su vista era bloqueada por el culo de su mujer… junto a una vista más que perfecta de su coño empapado por sus fluidos vaginales.

 

El olor a durazno le pegó más fuerte que nunca: los pechos de su mujer, ahora no solo aplastaban su cadera, sino que también, al igual que el torso de ella, le cubrían por completo. Baobhan miró la interacción con algo de celos, antes de retomar su trabajo oral, arrastrando los labios y la lengua hasta llegar a la punta del pene de su padre, y metérselo dentro de la misma.

 

Ritsuka tomó la iniciativa una vez más, llevando sus manos a la cadera de su mujer para luego agarrarla can todas sus fuerzas, forzándola a sentarse sobre su cara para sentir todo su peso sobre la misma.

 

Su lengua ya estaba preparada para hacer contacto con sus pliegues vaginales. Tocó la carne femenina con evidente gusto: su rostro, enrojecido, ardió mientras Morgan cerraba sus manos alrededor de sus pechos, estrujando su hombría al mismo tiempo que Baobhan Sith, quien le dio la bienvenida en el fondo de su garganta, permitiendo a su glande llegar más adentro de la misma con un quejido de dolor y placer.

 

“Hmmm… Qué astucia, Esposo mío”

 

La lengua del mago acarició tanto los labios mayores como menores de Avalon Le Fae. Morgan cerró los ojos con gusto al sentir la saliva y lengua calientes de su marido acariciar su coño, antes de que ella misma le respondiera de la misma manera que Baobhan.

 

Su mandíbula se separó, sus labios azules cubrieron la carne masculina, y luego empezó a descender hasta abajo, sintiendo como la virilidad de su esposo, su sabor inmundo y su olor que quemaba sus fosas nasales la llenaba por completo.

 

El corazón de Ritsuka se aceleró mientras su cuello subía, apegando su boca todavía más a los genitales de su esposa. Morgan, excitada, movió sus caderas hacia abajo, aplastando por completo su cabeza y devolviéndole al pasto que rodeaba el lago.

 

Las nalgas gigantes de la albina bloquearon por completo la vista de Fujimaru, obligándole a sentir kilos y kilos de carne helada y fresca en su cabeza, frente, y rostro. Los fluidos vaginales provenientes del interior de la Reina comenzaron a inundarle la boca, cayéndole por el mentón, dándole su sabor azucarado característico.

 

“H-hmmmmmh~ SLUUUUUUUUURP~

 

GHACK GHACK GHACK GHACK~

 

Aunque trataba de mantener su voz baja, no era muy útil considerando que subía y bajaba a toda velocidad, atragantándose sin descanso con el mástil de carne que cargaba su esposo. Morgan desviaba la mirada de sus senos, observando como desde el escote surgía aquella bestia que ahora invadía y golpeaba su garganta, amenazando con dislocarle la mandíbula, para luego mirar hacia adelante.

 

Baobhan Sith tenía su propio ritmo, extendiendo la lengua cada vez que subía la cabeza y arrastraba sus labios por la longitud del pene de Ritsuka, dando inhaladas fuertes que llenaban sus pulmones con ese hedor insoportable que mantenía su coño excitado y caliente.

 

SLUUUUURP SLUUUUURP~

 

“¡Hmmmmmm!~”

 

Y de verdad lo disfrutaba.

 

Era su comida favorita, ¿le gustaría más el pene y semen de Ritsuka que la sangre?. Morgan sonrió internamente antes de cerrar los ojos, volviendo a zambullir su rostro en su escote y devorar por completo el falo de su esposo.

 

Su nariz fue apretada por su propia carne, mientras la lengua de Ritsuka, ni corta ni perezosa, partía los labios menores de Berserker, entrando a su coño para comenzar a degustar y moverse como si fuera un manjar. Sus labios besaron, se apegaron, y succionaron con cariño el coño de la mujer de mechones celestes, frotándose contra su carne y el vello púbico que la cubría.

 

Todo mientras sentía no solo como sus jugos le caían por la garganta, como si fuera una bebida azucarada… sino además sus dos penes, derritiéndose entre los pechos de Madre e Hija, mientras sus lenguas le trabajaban con cariño. Baobhan cerró su mandíbula, intentando imponerse ante el grosor del pene de su padre, chillando y respirando por la nariz tras obstruir por completo su boca.

 

La vara de carne llegó más adentro de la garganta de Morgan, quien siguió bajando, aplastándose contra sus pechos, y luego subió ambas manos, asegurándose de que sus labios y lengua estuvieran tan juntos a su pene como le fuera posible.

 

Gracias a la saliva y el sudor, la sensación no era muy diferente a estar devorando un helado, o una paleta. El de ojos azules tembló debajo del cuerpo de su esposa, retirando la lengua de su interior para luego empezar a degustar abiertamente sus peludos labios mayores; jadeando pesadamente. El olor de su piel fría, que le aplastaba la cara mientras oía y sentía como ambas hadas se peleaban, degustando su carne, causó que sus testículos palpitaran.

 

“¡A-aghhhhh! ¡M-Morgan… ! ¡Baobhan… Sith!”

 

Fujimaru en cambio, empezó a aplastar el clítoris de su mujer, lo que cual efecto dominó, provocó que Morgan empezara a mover la cabeza más rápido, y más fuerte. GHACK GHACK GHACK GHACK~ Salió de su garganta, maltratada, viscosa, fría y estrecha cada vez que caía una vez más hacia su escote.

 

Baobhan clavaba sus uñas en sus pezones, subiendo el derecho mientras bajaba el izquierdo en movimientos desiguales, con la misma velocidad. Su madre en cambio subía y bajaba ambos pechos juntos, acompañados de su cabeza.

 

El miembro inferior que mamaba la rosada empezó a palpitar, luego de chocar contra la parte más baja de su estómago, y golpearla con fuerza, remarcando su figura en su torso. Luego fue su madre quien se detuvo tres segundos, para recuperar la compostura y sentir la ardiente, venosa verga de su marido metida hasta lo más profundo de su boca empezar a latir. Sus testículos gruñían, recuperando sus venas: sintiendo el orgasmo cada vez más cerca.

 

En cuanto al Master de Chaldea, al sentirse cerca de correrse, intentó no solo subir sus caderas hacia arriba inútilmente para meter más de si en las bocas y tetas de Reina y Princesa, sino que su lengua volvió a aumentar sus movimientos. Antes, enfocada en sus labios mayores y en torturar su clítoris real, recorría subiendo y bajando los labios menores de Morgan como si fuera el carmelo más delicioso que hubiera probado. Su boca se abría y cerraba constantemente, soltando suspiros y jadeos a la vez que recibía y bebía el néctar real de la Reina Alta de las Hadas, que ahora caía por su mandíbula, entremezclándose con su saliva.

 

“Haaaah~ Haaaah… ”

 

A cada lengüetazo que le daba al coño de Morgan, ella sentía otro escalofrío recorrerle la columna; proveniente justo desde la unión entre esta y su cráneo, acabando justo en su pelvis. Su esposo la abrió nuevamente, invadiéndola y llenándose las papilas gustativas con su sabor, mientras hacía su mayor esfuerzo por degustar sus paredes internas y recorrerlas con la punta de la lengua como le fuera posible. Madre e hija, con sus mentes casi en blanco por el éxtasis, empezaron a acelerar aún más su masaje.

 

CHUUUUUP CHUUUP CHUUUP~ SLUUUUURP SLUUUURP~

 

Los sonidos obscenos provenientes de carne contra carne que hacían al arrastrar sus labios ensalivados por los dos penes del Chaldeano, se mezclaban con las lamidas desenfrenadas que el propio Ritsuka efectuaba al coño de su amada esposa. Los chorros de leche que salían de los pezones grises de Baobhan Sith manchaban las tetas de su madre, así como el pene que ella devoraba y mimaba con su busto, facilitando todavía más la velocidad y masaje de esta, aparte de añadirle un sabor extra que, a opinión de Morgan… no sabía nada mal.

 

Sith gemía de manera brusca y fuerte. Desesperada; agitando su culo dentro del agua de lado a lado mientras sus nalgas, al moverse, hacían chapoteos todavía más fuertes. El agua fría no hacía nada por calmar su apetito sexual, todo lo contrario.

 

Lo que necesitaba era esa crema espesa, repulsiva, vomitiva e insalubre cargada de mana, en lo más profundo de su estómago.

 

Sus ojos grises observaban desesperada la polla que entraba y salía de su escote, directo a su estómago, mientras la sentía palpitar una, y otra, y otra vez.

 

¡Vamos… Vamos! ¡Papi! ¡Dame de comer!

 

Pensó, usando todo el poder de sus tetas para ordeñarle en compañía de su estrecha garganta. Morgan afiló la mirada, lamiendo el glande de su esposo constantemente para orillarle a correrse una vez más. Su falo palpitó entre sus dos tetas, y luego bajó a toda potencia, sumiéndose en la oscuridad nuevamente, antes de subir hasta la punta y volver a repetir.

 

Podía sentirlos; podía escucharlos, a los espermas de Ritsuka agitándose dentro de sus testículos, estando a punto de salir. Las caricias orales que le daba se hicieron más desesperadas, habiendo ya sacado su lengua del interior del coño de Tonelico, para poder respirar y gemir con mayor libertad, pero persistía.

 

Hasta que los tres alcanzaron la meta, juntos.

 

“¡U-UAGHHHHHHH!”

 

“¡HMMMMMMMMPH!~”

 

SPLUUUUUUUUUUUUUUUUUUUURT~

 

Los chorros de semen salieron disparados a plena potencia por los dos miembros del pelinegro, sin ni un segundo de retraso. Ocurrió al mismo tiempo; con un estruendo similar a un gruñido proveniente de sus testículos mientras estos se descargaban, sofocando y ahogando con la crema blanca, espesa y pegajosa las voces de Morgan y Baobhan.

 

Sith chilló, agitando más fuerte sus pechos mientras su leche salía por la excitación, víctima de un orgasmo en conjunto con su madre y su padre. No fue la única que lactó, pues Morgan también, corriéndose gracias al trabajo oral que su esposo le había hecho, movió su cadera de lado a lado, arrastrando la cabeza de él con cada movimiento mientras sentía la lengua de su marido agitarse dentro de ella.

 

El último master de la humanidad se alimentaba cual si fuera un bebé, no de la leche de su esposa en esa ocasión, sino de sus fluidos vaginales: usando sus dedos para aplastarse a si mismo con todo el peso de su culo. Sentir la carne fría de Morgan en aquel día soleado le refrescaba la cara.

 

El olor a durazno de su piel, fluidos y sudor tenía a sus fosas nasales en el paraíso, mientras que las bocas de ambas, madre e hija, se hacían cargo de hacerle sentir nuevamente que estaba en el paraíso.

 

El semen entró de manera violenta en las gargantas de las dos. Una vez más, Morgan sintió como su mente se nublaba por una blancura espesa cuando el semen putrefacto y maloliente de Ritsuka entró por su cavidad oral. Baobhan, frente a ella, cubría sus pechos con su leche al correrse, mientras gemía y gritaba al sentirse ahogada, tosiento de manera inevitable.

 

COUGH COUGH COUGH~

 

Pero no dejó de mover la lengua ni de agitar sus pechos en ningún momento. Sorbía, y su garganta hacía todo lo posible por tragar cuanto pudiera. El semen se pegaba a las paredes de la garganta de Morgan, obstruyendo el aire, asfixiándola, mientras esta arrugaba los párpados y fruncía el ceño. Su coño, que ya había dejado de correrse, seguía siendo devorado, mimado, acariciado y succionado por la boca de su esposo, pegado a ella cual si estuviera cocido o fusionado con su entrepierna.

 

Al no ser ninguna lo suficientemente rápida al tragar, y por tener las gargantas tan tapadas, como uno esperaría, el semen terminó saliendo disparado por las fosas nasales de ambas. Sith desvió la mirada del rostro de su madre, rogando mentalmente porque no viese la expresión de perra que hacía en esos momentos: pero no sufría.

 

No al 100%. La asfixia. El dolor de garganta y de mandíbula. El asco que le provocaba ese olor y ese sabor tan insoportables, que parecía quemarle los pulmones, empujarla al borde de las lágrimas, y tener sumido a su estómago en un eterno deseo por vomitar mientras que hacía que su vientre entrara en celo…

 

Lo amaba todo. Absolutamente todo.

 

SLUUUUUUUUUUUUUUUURP~

 

Por eso solo siguió chupando y succionando, aunque ya no estuviera moviendo su cabeza, al menos su mantenía el abrazo de sus pechos igual de firme y estrecho. Una vez satisfechos los tres, al notar que el flujo de semen constante se había cortado, solo ahí fue que las dos le dejaron ir.

 

El paizuri se aflojó, y los labios de las dos mujeres se deslizaron lentamente por cada milímetro de carne del falo del hombre, hasta detenerse en sus glandes. Cada una se enfocó en su punta a su manera: Baobhan con lamidas circulares, Morgan torturando la uretra de su esposo, hasta que le dejaron ir con un sonoro “plop”.

 

Todavía no era suficiente.

 

Los alientos frío y cálido de Madre e hija chocaban constantemente contra los miembros rígidos de Fujimaru; el sol volvió a golpearle en la cara luego de que su esposa finalmente se quitase de encima suyo, pues Morgan se aferró a Baobhan Sith, y esta, tras rodear a su madre con los brazos, la arrastró un poco al interior del lago, estando una encima de la otra. Ritsuka observó aquello mientras se ponía de pie, yendo tras de ellas con la mirada fija en los voluptuosos y bellos cuerpos de su familia.

 

Sus agujeros, expuestos, le llamaban y le hacían desesperarse aún más por conectarse con las dos. Los pechos de Baobhan se aplastaban contra los de su madre, causando que los pezones de ambas se presionaran mutuamente; entremezclando el sudor y la leche materna expulsadas con anterioridad.

 

“¡Hmmmmph! ¡Qué dicha!~”

 

Archer musitó, con la vista fija en el bello rostro de la monarca invernal, antes de desviarse para, tal cual ella, enfocarse en su Master. Cuarenta y ocho sujetó del culo a su esposa, arrastrándose hacia Morgan para que sus dos penes terminaran haciendo contacto con los necesitados agujeros de las dos servants.

 

No iba a pedir permiso, ni avisar. Simplemente se frotaba contra las mismas, ilusionado ante la idea de estar metido hasta el fondo y unirse a ambas al mismo tiempo. Las manos de Sith se aferraron todavía más a su madre, provocando que la albina le acariciara cariñosamente su cabello, en un intento por calmarla.

 

Entonces, Ritsuka empujó hacia adelante sin titubear.

 

“¡H-HYAAAAAH!~ ¡S-SÍ! ¡PAPI!~”

 

“Hmmmmm~”

 

Ritsuka cerró los ojos por un momento luego de que sentir como los coños de ambas le dieron la bienvenida como siempre, con amor y cariño. De estar en una posición diferente, tanto Baobhan como Morgan habrían rodeado sus caderas con sus piernas para impedirle escape, pero no tendrían chance en esta ocasión.

 

Tenía vía libre para moverse con la fuerza, rapidez y brusquedad que quisiera.

 

Ambas sintieron, y vieron como los dos penes se remarcaban en sus cuerpos conforme sus caderas se acercaban más y más, metiéndose hasta el fondo de sus entrañas. Luego de todos esos días, había aprendido y se había acostumbrado lo suficiente a tener dos penes como para no estar abrumado por el placer.

 

Eso, por obvias razones, llenaba de orgullo a Morgan. Su esposo seguía siendo el número uno en su corazón, a final de cuentas. El agua llegaba un poco más arriba de sus rodillas; el sonido de la cascada funcionaba como una ambientación más que perfecta para la ocasión. Los dedos del joven se hundieron fuertemente en las nalgas de Le Fae, usándolas como agarre antes de encontrarse satisfecho tras insertarse por completo dentro de ella, y su hija.

 

Como no podía ser de otra forma, los coños de ambas, tan distintos entre si, le apretaron con violencia. Morgan dejó de mirar a su esposo, para enfocarse a su hija, quien sacó su lengua teniendo una enorme y brillante sonrisa en el rostro al sentir el glande de su prometido golpear la entrada de su vientre. Las expresiones llenas de dicha y emoción en Baobhan Sith eran un deleite para Morgan, así como la felicidad que sus ojos de hada veían en ella.

 

Solo eran combustibles para su propia felicidad como madre, esposa y mujer.

 

“Hmmmmm~… tan enorme y grueso, esposo… me haces tan feliz~”

 

La hicieron sonreír a ella también. Al tener el culo de Morgan tan cerca de su rostro, causó apetito en Ritsuka que él no tardó en saciar, dándole un mordiscón a su nalga izquierda antes de que sus caderas retrocedieran. Bien que se había acostumbrado a tener dos penes y penetrar dos coños de momento, pero la penetración requería tiempo.

 

Sith agitó su cuerpo por debajo del de su madre, hundiendo más su cabeza en el agua fría del lago mientras sentía como su padre abandonaba sus entrañas, antes de que volviera a meterse de lleno dentro de ella, buscando aflojar su vagina y la de Morgan.

 

PLAF~

 

“¡AHHHH!~”

 

No había nada mejor que esto, no para ella. Torturar y matar no se comparaba en absoluto a la dicha que ahora le llenaba. Ritsuka sentía como su mano, donde estaban sus hechizos de comando, ardía con fuerza por el mana que recibía de parte de la albina y la rosada con cada embestida que les daba.

 

Su boca se separó de la nalga de Morgan tras haber dejado una marca con los dientes y algo de saliva, gimiendo pobremente el nombre de la hija de la madre tierra, y luego volvió a empujar hacia adelante, raspando con su carne el interior de ambas.

 

Morgan arqueó un poco la espalda, sintiendo como le ardía el coño y también el rostro. El color rosado de sus mejillas se intensificó, obteniendo un tono más rojizo cuando el pene de su esposo una vez más llegó hasta donde nunca nadie había llegado ni llegaría. Su coño se estrechó, húmedo y vicioso, apretándole para marcar su forma nuevamente, y luego le sintió llegar hasta la entrada a su vientre.

 

“Haah~… Esposo~”

 

Le gustaba. Le gustaba sentirlo dentro de ella, y a él le gustaba estar dentro de ella. La carne de las nalgas de Morgan tembló frente a sus ojos, dándole un leve vistazo de su ano carnoso y rodeado de pelo blanco y celeste, cuya vista solo engrosó todavía más su miembro.

 

PLAF~

 

Ritsuka fue quien arqueó su espalda a continuación luego de la embestida que acababa de dar, al sentir las paredes vaginales de Morgan y Baobhan apretándole con avaricia por ambos lados. Los jugos vaginales se entremezclaban con la saliva, sudor y leche del sexo oral previo, facilitando todavía más que entrara y saliera pese a lo estrechas que estaban.

 

Como vírgenes.

 

Mi esposa…

 

Sus ojos pasaron a enfocarse en el rostro de Morgan, y en esos bellos ojos azules que le devolvían la mirada con total atención. Como si estuviera leyendo sus pensamientos, Morgan apretó más fuerte sus paredes vaginales alrededor del pene de Ritsuka cuando sintió que volvía a entrar en ella, embelesada no solo con la cara llena de placer, felicidad y esfuerzo que hacía el salvador de la humanidad, sino también con sus emociones.

 

Ese amor tan puro y bello, ese deseo constante de afecto mientras luchaba contra sus deseos por meter su rostro en su culo cada vez que la penetraba…

 

Él veía esos ojos celestes preciosos y hermosos, tan perfectos que podían reflejar su rostro como un espejo. Jadeó, abriendo la boca y cerrándola al sentir como Baobhan y Morgan le chupaban hacia adentro, cerrándose con fuerza como para impedirle escapar.

 

Sith gritó, agitando la cabeza de lado a lado cuando las tetas de su madre volvieron a frotarse contra las suyas, su cabello rizado flotando en el agua, antes de que su glande nuevamente martillase contra la entrada a su útero.

 

Mi… hija…

 

Luego se enfocó en ella. Baobhan, quien no suspiraba ni gemía en voz baja como Morgan.

 

“Hmmmmmnh~… Haaah~… Ahhh~… Esposo mío~ más rápido…”

 

“¡PAPI! ¡MÁS FUERTE!”

 

Sino que clamaba por él, aullando como si estuviera muriéndose ante la idea de que se separaran. Ritsuka obedeció, no pudiendo resistir más la tentación al ver la carne del culo de Morgan agitarse cada vez que la embestía. Esas nalgas tan exquisitas hicieron que su boca se le hiciera agua. No necesitaba verlas, no del todo, para sentirse unido a ellas.

 

Morgan cerró los ojos, deteniendo sus gemidos cuando la carne cálida del rostro de su esposo se metió en el valle de su culo. La orden de Baobhan Sith pareció tener más efecto que la suya, pues sus embestidas se hicieron más fuertes, pero también más rápidas.

 

PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF~

 

Por más que intentaran rodearle y aprisionarle al unir sus vaginas con el mismo objetivo, no podían contra él. Sus dos penes eran demasiado grandes, demasiado gruesos. La vampiresa gritó, en un intento por formar la palabra “Madre”, pero el gozo se lo impidió.

 

Morgan sabía a lo que Baobhan Sith se refería; a la sensación de que sus intestinos estaban siendo machacados cada vez que esos monstruos enormes volvían a meterse y retorcerse dentro de ella, porque se sentía igual. Los mechones de pelo blancos de Morgan se apegaron a su sudorosa frente.

 

Podía sentirlo. Podía sentirlo todo; el calor, y el amor de su marido en forma de esa penetración tan insana y desesperada. En la forma de como sus brazos se aferraban con todas sus fuerzas a sus nalgas; como sus dedos y uñas se hundían en la carne de las mismas, imprimiendo sus manos en su piel perlada como si fueran marcas rojas.

 

Ritsuka, totalmente sumido en la oscuridad, en un mundo de carne fría y exquisita con un olor y sabor dulces que le volvían loco, gozaba al sentir como sus dos glandes llegaban más y más adentro, abriendo poco a poco las entradas a los úteros de ambas.

 

PLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAF~

 

SPLASH~ SPLASH~

 

“¡H-HYAAAAAH! ¡MI COÑO! ¡MIERDA! ¡M-MADREH! ¡M-ME VA A PARTIR EN DOS!”

 

Baobhan gritó, sintiendo como sus tripas estaban siendo removidas. Morgan había perdido la compostura, su estoicismo se había hecho pedazos, pues ahora tenía una cara llena de placer. La Reina Alta intentaba contener su voz, asintiendo, pero no le era posible. Su amado olía y degustaba del valle de su culo como si no hubiera un mañana, penetrándola con la velocidad del corazón de un conejo, con la energía de un toro en celo. Las gotas del agua salpicaban el cuerpo de ambas mujeres.

 

Que poco a poco… eran reducidas a animales. Los bultos que representaban los dos penes del master de Chaldea entraban y salían sin control de los coños de ambas, mientras que su mana se les era arrebatado, y convertido en semen. Sus testículos sonaban al chocar contra los cuerpos de ambas chocas, pero era Baobhan Sith, debido a estar debajo de Morgan, quien recibía todo el impacto de las enormes pelotas de su padre.

 

Eran como cachetadas, que la hacían estremecer. Poco a poco la barrera que separaba el canal vaginal del útero empezó a aflojarse más y más, algo que Morgan sentía. Sus ojos se abrieron un poco, para observar el rostro estúpido de su querida hija. De su princesa, su luz, su amada Baobhan Sith. Ver su alma brillar de alegría al estar unida a ella, gracias a su esposo, gracias a Chaldea, hizo que su abrazo se incrementara.

 

Todo se lo debía a Ritsuka.

 

“Baobhan Sith…”

 

“¡¿HMMMPH?!~”

 

La besó con pasión. Con fervor. La culona degustó encantada de los labios rojizos de su hija, así como de hacerse una con ella. Baobhan, presa del placer y de la alegría al estar siendo una con su madre y su padre, no pudo hacer otra cosa más que llorar. Su voz ahogada, moría al gemir dentro de la boca de su madre, mientras la lengua de ella giraba alrededor de la suya una y otra, y otra vez.

 

Los testículos de su padre al chocar, junto al sonido obsceno que hacían sus culos al ser embestidos una y otra vez, llenaba los oídos y derretía un poco más la cordura de la rosada, más y más.

 

“¡Haaaah! ¡Haaaah! ¡Baobhan… Sith! ¡Morgan!”

 

Llamó por ambas, y nuevamente obtuvo lo que quiso. Sus coños le apretaron al sentirle entrar, al mismo tiempo, torturando pero amando sus dos penes. Sus bolas, pesadas y enormes, volvieron a embestir el culo gordo de la gris, mientras que sus glandes llegaban hasta el fondo, golpeando las entradas a sus úteros, y abriéndolas por fin.

 

Morgan succionó la lengua de su hija dentro de su boca, buscando amor, afecto y consumir el mana de Archer, todo en uno, y ella se dejó querer. Se aferró al cuerpo de su madre, como si fuera una niña asustada, cuando en realidad era una mujer enamorada.

 

¡Soy una… con madre y papi!

 

Así es como quería vivir. Su alma, su saint graph y spirit core parecían haberse unido por completo al alma de Ritsuka y de su madre en ese momento, donde era violada y abusada cual prostituta. Sentía los labios fríos de Morgan moverse contra los suyos, como su lengua era empujada y dominada sin esfuerzo por la monarca, y como esa monstruosidad de carne apestosa, mugrosa y maloliente violaba y abusaba de su útero sin contemplación alguna, entrando y destrozando su cuarto para bebés.

 

Baobhan Sith, era feliz.

 

Mi esposo… mi amado esposo… le amo tanto…

 

PLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAFPLAF~

 

Morgan pensó, completamente absorta en su beso con su hija, sintiendo la lengua de Baobhan deslizándose dentro de su boca para intentar contratacar, pero ella no se dejó. Se agitó, intentando sacársela de encima mientras su esposo palpitaba dentro de ella, cada vez más cerca de correrse.

 

Baobhan se retorcía, agitándose sin control por las cachetadas que recibía su culo maltratado de las bolas de su padre, pero Morgan la mantenía bien quieta. Sus manos viajaban, acariciando la hermosa cabellera de Sith mientras la saliva con sabor a frutilla era bebida cual néctar, escuchándola gemir directo en su garganta.

 

La lengua de su esposo, y su aliento cálido, su cara: su cabeza completa se removía y agitaba entre sus dos nalgas, buscando satisfacer su hambre de ella. Había muchas cosas por las que tenía quedarle la gracia a Ritsuka Fujimaru Emiya Tohsaka. Por ser quien era. Por ser brillante como el sol. Por amarla y aceptarla de manera incondicional. Por darle una segunda oportunidad, no solo a ella…

 

Sino a Baobhan Sith, a Mélusine y a Barghest.

 

Pero por sobre todas las cosas, si había algo por lo que siempre le estaría agradecida… era por haberla hecho feliz.

 

“¡A-AHHHHHHHHH!”

 

Ritsuka sacó su cabeza del culo de Morgan, arqueando la espalda mientras gritaba hacia los cielos luego de dar una última embestida doble, que traspasó las ya flojas y debilitadas entradas uterinas de ambas mujeres. Sus dos miembros entraron en su totalidad en los úteros de la princesa y de la reina, golpeando sus cérvix cual flechas, apuñalándolos con la fuerza de un cuchillo.

 

Las venas remarcadas alrededor de sus pelotas, y sus miembros, palpitaron de manera violenta, mientras toda la lujuria que habían acumulado a lo largo de la faena era liberada con un grito ahogado, que contuvieron madre e hija con su beso incestuoso.

 

SPLUUUUUUUUUUUUUURT~

 

SQUIIIIIIIIIIIIISHHHHHHHH~

 

 

“HMMMMMMMPH~”

 

Los tres se corrieron con una diferencia mínima, prácticamente al mismo tiempo. Ritsuka, no obstante, eyaculó con tanta fuerza que su semen no pudo ser contenido ni por su esposa, ni su hija, quienes se fundieron en un beso todavía más apasionado cuando el calor característico del semen espeso, pegajoso y repulsivo del hombre que más amaban las invadía. Ardía, quemando pero sin herir, como si estuviera hirviendo.

 

Toda la fuerza que habían perdido durante las embestidas se les fue devuelta, rellenando sus reservas de mana con la asquerosa y podrida crema de bebés que almacenaban sus testículos, hinchando sus vientres más y más. Los hilos gruesos y espesos que se filtraban por sus vaginas hacia afuera caían, perdiéndose en el agua y flotando en la misma, mientras que las manos del ojiazul le mantenían aferrado tanto como fuera posible a los cuerpos de ambas.

 

Sentía que se moría… pero, al ver como ambas mujeres se besaban, dándole un espectáculo lésbico e incestuoso al mismo tiempo, sus energías regresaban cada vez más y más. Morgan, satisfecha, separó sus labios de los de su hija, quien tosió un poco, atontada pero aún víctima tanto del placer y alegría prácticamente infinitos que la azotaban. El tener aún metido dentro de su vientre el pene de su esposo la mantenía cachonda…

 

Eso, y sentir sus venas palpitar contra sus paredes vaginales. Como era de esperarse de su amado, aún tenía ganas de seguir. La albina miró a su hija de reojo, cuya mente ya había logrado recomponerse en su mayoría, antes de guiñarle un ojo. Ninguno de los tres tenía pensado seguir buscando, puede que tuvieran la misión de encontrar el santo grial en la Isla y regresar a casa lo antes posible, pero…

 

¿No podían hacer eso el día de mañana, al menos?

 

Ritsuka, cuya cabeza reposaba contra la nalga izquierda de Morgan, frotándose insistentemente contra la misma, dándole besos una y otra vez o aspirando su olor, sintió algo de hambre pero también quiso follar aún más. Como si sus plegarias fueran respondidas, la mano de Morgan fue hasta su cabeza, acariciándole la nuca y revolviéndole el cabello hasta conseguir mirarla. Encontrarse con los rostros sonrientes de ambos, causó que se derritiera de pura felicidad.

 

Ambas querían un beso.

 

“Buen trabajo, esposo mío. Pero veo que estás lejos de alcanzar tu límite. Siento tus venas palpitar contra las paredes de mi coño.”

 

“¡Como se esperaba de papi!~ ¡Es el mejor!”

 

Los hilos rojos de Baobhan se enrollaron en sus hombros, jalándole hacia atrás para sacar sus dos penes del interior de ambas. El semen salió disparado a raudales hacia el agua: y Ritsuka fue sentado una vez más en el borde del lago, como antes.

 

Morgan y Baobhan acortaron la distancia al instante, cada una empleando un brazo de él como su almohada, permitiéndole incluso agarrar sus pechos como si de almohadas se tratasen. Una sonrisa apareció en la cara del Chaldeano, antes de que, preso de su apetito y su inacabable deseo de dar y recibir amor a quienes más quería, empezara a mamar el pecho de Baobhan Sith, alternando entre ella y su esposa.

 

Chup~ chup~ sluuurp~ chuuup~

 

“Hmmm… Parece que todavía hay mucho de tu semen asqueroso y mugriento en tus bolas, mi amor.”

 

Morgan llevó una de sus manos al pene superior de Ritsuka, apretándoselo con fuerza para sentir otra vez aquellas venas prominentes contra la fría carne de su palma. Sus dientes se cerraron alrededor del pezón de su esposa, causando que su leche materna entrara en su boca y empezara a fluir por su garganta: su mano empezó a moverse de inmediato, en una masturbación pobre que logró mantener alejado el dolor de su erección, aunque no se comparaba en nada a una boca, un culo, o una vagina.

 

Baobhan rio, antes de besar la cabellera de Ritsuka con cariño, dejando caer su cabeza encima de la de él, imitando a su madre con el pene original de Fujimaru. Todo mientras este ahora estiraba su pecho, y mamaba el otro luego de tener más que suficiente del sabor de su madre.

 

“Tehe~ Cualquier cosa que quieras o desees te lo vamos a cumplir, papi~ papi, papi, papi~ ¡Mío, mío mío mío!~ Estaremos los tres juntos, y te amaremos por siempre~”

 

De manera incondicional. Las palabras de Baobhan Sith parecieron tener el efecto deseado en Ritsuka, porque abandonó su pezón en medio de su comida, para mirarla con absoluta sorpresa. Los enormes corazones brillantes en los ojos de Tam Lin Tristán le devolvieron la mirada, junto a una expresión que mezclaba perfectamente su amor, su fidelidad, cariño, y una locura obsesiva malsana que aunque intimidante, era hasta cierto punto…

 

Encantadora y reconfortante.

 

Amarlo por siempre… esa parte resonó en su cabeza por unos segundos y Morgan, demostrando su cariño una vez más, empujó la cabeza de su esposo contra su pecho, no para darle de comer, sino porque buscaba que escuchara sus latidos.

 

La piel fría de Morgan que aplacaba un poco el asfixiante calor que sentía estaba contra su cara, pero su mente y oídos se enfocaron totalmente en los latidos acelerados de la Reina Alta. La albina alternaba entre continuar con su masturbación al pene de su media naranja, mientras jugaba con sus mechones negros, observándole con intensidad.

 

Esto era lo que se merecía, luego de todo por lo que había pasado. Lo que los tres se merecían, luego de sufrir tanto. Ritsuka, arrullado por el palpitar constante de Morgan contra sus oídos, cerró los ojos, antes de mover la cabeza en un asentimiento, frotando su nariz contra el enorme pecho de su amada.

 

“… Te amo, Morgan. Te amo, Baobhan Sith. Yo… las amo con todo mi corazón. De verdad. De verdad, las amo muchísimo”

 

“Haaaaah~ ¡Papito!~ ¡Te amo tanto!~”

 

Los brazos de la joven de ojos grises rodearon el cuerpo de su madre, buscando aprisionar a su padre entre ella y la gobernante del sexto Lostbelt. Posteriormente, comenzó a estrellar incansable sus labios contra el rostro de Ritsuka, empezando a marcar su territorio, dejando marca tras marca con fuerza, junto a algunos hilos de saliva. Morgan observó la interacción con alegría, ella misma formando parte del abrazo y fomentando la cercanía entre su cónyuge y su cría, maravillada con el rumbo que poco a poco, tomaba su vida.

 

Una buena esposa, siempre estaba ahí para su marido. Ese hombre, y esa joven… Ritsuka, y Baobhan Sith, eran las únicas luces que tenía. Solo por ellos, y únicamente por ellos, es que iba a continuar hacia adelante, y sacrificaría todo lo que tenía para hacer realidad aquel futuro con el que hasta ahora, solo podía soñar.

 

Un futuro donde pudieran estar juntos… y en paz.

 

Donde días como aquellos, fueran el “pan de cada día”, donde Ritsuka nunca más tuviera que luchar, y su única preocupación, sería la gente que le amaba.

 

“También te amo… amado esposo mío.”

 

Fin.

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