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Mami de Melones Gigantes y el BBC

Summary:

Amy Anderssen es una esposa rica y aburrida con unas tetas gigantes de silicona que apenas caben en su ropa. Cuando contrata a un joven y fuerte jardinero negro dotado con una enorme BBC, la tensión sexual explota.

Capítulo a capítulo, Amy seduce, provoca y se entrega completamente al placer prohibido, explorando todos sus deseos más sucios: desde titfucks salvajes y garganta profunda hasta sexo duro en todas las posiciones, anal y creampies intensos.

Una historia de lujuria interracial sin límites donde la rubia de melones enormes descubre que solo una polla negra grande puede satisfacerla.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Capítulo 1: El Encuentro Casual**  

El sol de la tarde caía implacable sobre el extenso jardín de la mansión en Beverly Hills. El aire olía a césped recién cortado, cloro de la piscina y un leve toque de perfume caro que flotaba desde la casa principal. Tú, un joven alto y musculoso de piel oscura, habías llegado hacía apenas una hora para el trabajo de jardinería que te ofrecieron a través de una app. Pagaban bien, muy bien, y el barrio era de los más exclusivos. No esperabas nada fuera de lo común.

 

Empujabas la cortadora de césped por el borde de la piscina cuando la oíste por primera vez.

 

—Disculpa, ¿eres el nuevo jardinero?

 

La voz era ronca, sensual, con ese tono de mujer que está acostumbrada a conseguir lo que quiere. Levantaste la mirada y allí estaba ella: Amy Anderssen.

 

Era imposible no quedarse mirando. Amy medía alrededor de 1,65 m pero sus proporciones parecían sacadas de una fantasía. Llevaba un diminuto bikini blanco que luchaba por contener sus enormes melones artificiales. Cada uno de sus pechos era fácilmente una K o L cup, redondos, altos y tan exageradamente grandes que creaban un escote profundo y perfecto que brillaba bajo el sol con aceite bronceador. Su cintura era sorprendentemente estrecha en comparación, y sus caderas anchas daban paso a un culo grande, redondo y firme que se movía con cada paso. El pelo rubio platino le caía en ondas sobre los hombros, y sus labios gruesos estaban pintados de un rojo intenso.

 

Amy te miró de arriba abajo sin disimulo. Sus ojos azules se detuvieron especialmente en tus brazos fuertes, tu pecho ancho y, por último, en el bulto notable que se marcaba bajo tus pantalones de trabajo incluso en reposo.

 

—Soy Amy —dijo con una sonrisa lenta, extendiendo una mano perfectamente manicureada—. La dueña de todo esto.

 

Tú estrechaste su mano. Era suave y cálida. Notaste cómo ella prolongó el contacto un segundo más de lo necesario.

 

—Encantado, señora. Me llamo [tu nombre]. Empecé hoy con el jardín.

 

—Señora… —repitió ella con una risita baja—. Llámame Amy. Aquí no somos tan formales.

 

Se giró ligeramente para señalar el jardín, y sus tetas gigantes se movieron con ella, rebotando pesadamente. El bikini apenas cubría sus pezones. Uno de ellos casi se escapó cuando ella levantó el brazo. Tú intentaste mantener la mirada en su rostro, pero era difícil. Muy difícil.

 

—Hace mucho calor hoy, ¿verdad? —continuó Amy, abanicándose el escote con la mano. El movimiento hizo que sus melones se apretaran y se separaran de forma hipnótica—. Debes estar agotado. ¿Quieres algo de beber? Tengo agua fría, cerveza, o lo que prefieras.

 

Aceptaste el ofrecimiento. Amy sonrió satisfecha y te guio hacia la terraza sombreada junto a la piscina. Caminaba delante de ti, balanceando las caderas. Su culo se movía de lado a lado dentro de la diminuta braguita del bikini, dejando a la vista la mayor parte de sus nalgas redondas y suaves. Cada paso hacía que sus tetas rebotaran visiblemente.

 

Se inclinó sobre la nevera portátil para sacar una botella de agua fría. El movimiento fue deliberado. Sus enormes melones se presionaron contra el borde de la nevera, casi derramándose fuera del top. Pudiste ver cómo la carne blanda y bronceada se desbordaba. Cuando se incorporó y te entregó la botella, sus pezones estaban claramente duros bajo la fina tela blanca.

 

—Gracias —dijiste, bebiendo un largo trago. El agua helada contrastaba con el calor que empezabas a sentir en el cuerpo.

 

Amy se sentó en una tumbona frente a ti, cruzando las piernas lentamente. Abrió ligeramente los muslos y se reclinó, empujando el pecho hacia adelante.

 

—Dime… ¿haces esto a menudo? Trabajar en casas grandes, quiero decir.

 

—Algunas veces. Es buen dinero.

 

—Mmm… —Amy te miró con ojos entrecerrados—. Se nota que eres fuerte. Tienes manos grandes y… —bajó la mirada de forma descarada hacia tu entrepierna— todo lo demás también parece grande.

 

El comentario quedó flotando en el aire. Sentiste cómo tu BBC empezaba a engrosarse dentro de los pantalones. Amy lo notó. Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa.

 

—No tienes que ser tímido conmigo —susurró, inclinándose hacia adelante. Sus tetas gigantes descansaron sobre sus propios muslos, creando un valle profundo y tentador—. Mi marido viaja mucho. Casi nunca está. Esta casa es muy grande… y yo me siento muy sola.

 

Te acercaste un paso. El olor de su perfume mezclado con el aceite de coco era embriagador.

 

—¿Y qué hace una mujer como tú cuando se siente sola? —preguntaste, con voz más grave.

 

Amy se mordió el labio inferior. Una de sus manos subió lentamente hasta su pecho derecho y lo apretó con suavidad, como si estuviera ajustando el bikini, pero en realidad lo estaba manoseando delante de ti.

 

—Intento entretenerme… pero nada me llena del todo. —Sus ojos bajaron otra vez a tu bulto, que ahora era claramente visible—. Necesito algo grande. Algo que realmente me estire y me haga sentir… completa.

 

El ambiente cambió. El calor del sol ya no era el único responsable del sudor en tu piel. Amy se levantó de la tumbona y se acercó hasta quedar a solo unos centímetros de ti. Sus tetas enormes rozaron tu torso. Eran suaves, pesadas y calientes por el sol.

 

—Eres muy alto… y muy negro —murmuró, pasando un dedo por tu brazo—. Me gustan los contrastes. Mis tetas blancas contra piel oscura… se verían tan bonitas, ¿no crees?

 

Tu mano se movió casi por instinto y se posó en su cintura. Amy no se apartó. Al contrario, se pegó más, presionando sus melones contra tu pecho con más fuerza.

 

—Puedes tocarlas si quieres —susurró cerca de tu oído—. Sé que llevas mirándolas desde que llegué. No pasa nada… me encanta que me miren. Me pone cachonda.

 

Tus manos grandes subieron lentamente hasta ahuecar la parte inferior de sus enormes tetas. Eran pesadas, imposibles de abarcar con una sola mano. Amy soltó un gemido suave cuando las apretaste con cuidado, sintiendo la firmeza de la silicona cubierta por carne suave y caliente.

 

—Más fuerte —pidió ella—. No te cortes. Me gustan rudos.

 

Apretaste más. La carne desbordaba entre tus dedos. Amy echó la cabeza hacia atrás y suspiró, empujando el pecho contra tus manos.

 

—Joder… tienes unas tetas increíbles, Amy.

 

—Son todo tuyas hoy —respondió ella, mirándote con ojos vidriosos de deseo—. Mi marido no las toca así. Nadie me toca como creo que tú puedes hacerlo.

 

Te inclinaste y besaste su cuello. Amy gimió más alto y frotó su cuerpo contra el tuyo. Sentiste cómo sus pezones duros se clavaban contra tu pecho. Tu BBC ya estaba completamente dura, presionando contra su vientre plano.

 

—Quiero verla —susurró Amy, bajando una mano entre ambos hasta rozar el enorme bulto—. Quiero ver esa polla grande y negra que tienes. Apuesto a que es mucho más grande que la de mi marido…

 

Sus dedos trazaron el contorno de tu BBC a través de la tela. Sus ojos se abrieron con sorpresa y excitación.

 

—Dios mío… es enorme.

Notes:

El capítulo terminaba con Amy de rodillas frente a ti en la terraza, bajando lentamente la cremallera de tus pantalones, sus enormes melones temblando de anticipación, mientras el sol seguía brillando y el riesgo de ser descubiertos solo aumentaba la excitación.