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No te imaginas

Summary:

[Ser Duncan el Alto/Daeron Targaryen]

Después de su paso por Antigua, Duncan se encuentra de nuevo con el príncipe Daeron, quien termina haciendo parte de su pequeña compañía junto a Egg. Enseñar a un príncipe no es fácil, cuidar de otro, mucho menos.

[Songfic basado en la canción No te imaginas de No te va a gustar]

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

No voy a renunciar
A mi objetivo que es verte volar
Cuidarte hasta el final
Tener que ver con tus mañanas
Oírte y que no importe nada más
No importa nada más

―¡Podríamos conseguir una posada! 

―Puede usted conseguir una posada, su majestad ―replica Duncan. 

El largo camino de las rosas está empantanado por las últimas lluvias del verano. Hay, a lado y lado, un buen número de sembradíos y atados de ovejas dóciles con sus pastores. Aunque Dunk aceptara, no encontrarían una posada tan en el sur, donde las incursiones dornienses aún son relatadas con espanto por los abuelos que los vivieron a los nietos que a penas conocen la paz del Rey Daeron.  Además, está evitando pasar cerca de Refugio Estival, por lo que cualquier ayuda de parte de la corte es ilusoria. Egg no quiere ver a su padre y él no quiere estar en la incómoda posición de tener que explicar eso. 

―No debimos dejarlo venir con nosotros, ser ―replica Egg, sentado recto sobre su yegua mansa, envuelto en una capa dos veces más grande que él. Aunque el chico ha crecido, sigue siendo más huesos que persona, con su cabeza calva sobresaliendo en todo ello. 

―Iba a hacer un alboroto si no lo dejábamos ―refunfuña, Trueno tiene una marcha lenta, sin disfrutar del todo de la lluvia―. Igual que todos los príncipes, es un caprichoso. 

Egg no parece sentirse insultado por esa declaración. Le ha dicho a Duncan más de una vez que se considera un simple escudero “Y Aemon es un maestre, los maestres renuncian a su apellido y a sus títulos. Igual que cuando yo sea un caballero de la Guardia Real para mis primos”. El niño tiene sueños grandes, Duncan solo ahora empieza a darse cuenta de que, haga lo que haga, estará atado a él durante el resto de sus días, es el caballero y el cuidador principal de un príncipe de la corona. 

Se divierten juntos, comen al lado de los caminos, cazan en los bosques, ayudan a las personas y se unen a pequeñas disputas, pero al final, siempre tendrán que volver a Desembarco del Rey. 

―¿De verdad no podemos conseguir un lugar caliente? ―el príncipe Daeron, en su propio caballo pinto, se ve realmente triste en esta lluvia lánguida―. ¿Hacen esto todo el tiempo?

―Sí ―contestan Egg y Dunk a la vez. Sonriendo, ambos hacen que sus monturas galopen con más fuerza, haciendo saltar el barro. 

Daeron los encontró poco después de haber llegado a la Ciudadela, pidiendo verse con su hermano Aemon. Duncan está impresionado de lo poco que se parecen los tres hermanos: Daeron es más tosco, menos refinado, con su cabello marrón y sus ojos azules, con sus ropas más corrientes, no parece ser un príncipe. Aemon tiene el cabello platino, unos ojos más claros que los de Egg y una nariz que le recordó a la del difunto príncipe Baelor, muy parecido al pequeño escudero, ambos sería reconocidos muy fácil en una multitud.  Con ellos tres, Duncan se dio cuenta que eran como otros chicos que había conocido en el lecho de pulgas, que tenían sus chistes, sus juegos y sus ideas lejos de sus palacios, sus privilegios y sus títulos. ¿O es quizá su forma de ser? Ninguno mencionó a Aerion, ni siquiera para maldecirlo. Los tres hablaron de cosas triviales como la comida en el puerto, los espectáculos itinerantes, las mujeres libres de Dorne de las que descienden y a las que tienen en alta estima. 

Se quedaron allí quince días, aprendiendo sobre Antigua y las costumbres de los maestres y sus aprendices, de los chismes que vienen allende el Mar Angosto y los rumores sobre algunas compañías de titiriteros que se habían embarcado lejos. Egg había dicho que podía conseguir el dinero para ir hasta Pentos o Tyrosh si así lo querían, pero Dunk no iba a hacer eso. No podía llevar a un príncipe a una tierra ajena sin permiso, no quería además sentir que perseguía a Tanselle cuando ella no quería ser alcanzada. 

Dieron la vuelta y continuaron hacia el norte una vez más. Pensaban ir hasta cerca de los dominios de los Beesbury, subir hasta Altojardín y después quizá al Occidente. Solo que Daeron no siguió un camino a parte, consiguió su propio caballo y se hizo un tercero en su compañía. 

―¿Qué se supone que diremos sobre ti? ―pregunta Egg, esa noche, al estar sentados juntos alrededor de una hoguera. Daeron masca un poco de carne y Duncan asa a un conejo regordete que encontró en el campo. Ya se han limpiado el barro de la tarde.  

―¿Qué dicen sobre ti? 

―Nada. Soy un niño huérfano que es un escudero de un caballero errante. 

En esa luz anaranjada, entre sombras llenas y montañas frondosas, lejos están de ser dos señoritos bien cuidados. Allí, sentados a ambos lados de Dunk, hablando sin que les importe realmente quien los escuche, son sólo otros dos de los muchos jóvenes que están en los caminos, que viajan de aquí allá para ofrecerse como aprendices de cualquier oficio que esté a su alcance, desde el arar la tierra hasta asaltar caminos. 

―¿Qué piensa Duncan? ―pregunta el príncipe mayor―. ¿Puedo ser tu juglar? Los caballeros siempre necesitan a alguien que cante sus victorias. 

―No los caballeros errantes ―menciona Dunk―. Es mejor que vuelva a su castillo con su señor padre, no estaba contento cuando Egg vino conmigo, no estará mejor si usted vuelve a desaparecer. 

Todo esto había empezado porque el príncipe había ido a donde no debía. 

―Lo sé, Ser ―Daeron continua con esa mirada triste que Duncan percibió la noche en que le habló de sus sueños―. Mi padre estará montando en cólera al final de la siguiente luna cuando no vea que he regresado de visitar a la tía Daenerys en Lanza del Sol y nadie tenga noticias de ello. Pero, para eso falta tiempo. Aún puedo fingir que no tengo porque volver a esa prisión. 

Duncan lo mira por un largo momento. Aunque lleva un odre de vino colgado en el cinto ―y otro en la silla de su caballo―, Daeron no ha probado más que media pinta en todo el día, no ha dicho nada desagradable en realidad y Egg parece encantado de que su hermano esté ahí. Duncan nunca ha tenido hermanos. Ha vivido en muchas compañías a lo largo de los años sirviendo al viejo Arlan, con caballeros, prostitutas, escuderos, señores, campesinos y ladrones a su alrededor. ¿Por qué otro príncipe querría estar cerca de él? ¿Por qué forzarse a más? 

―Es su decisión, su majestad.

―Daeron.

―¿Qué?

―Llamas a Egg, Egg. ¿Por qué no me puedes llamar Daeron?

―Es un príncipe. 

―Aegon también ―llamar a Egg por su nombre completo es una extrañeza, hasta el niño tuerce el gesto.

―Él es mi escudero. 

―Yo seré su juglar. 

No puede discutir con príncipes. No debería estar haciendo eso. Los príncipes y los reyes hacen lo que quieren, viven y mueren como les da la gana. Eso aprendió de Baelor y de Aerion. No importa lo que la gente común espere, ellos simplemente harán su voluntad.

No discuten más. Comparte el conejo, Daeron comparte el vino. Canta una canción cuando terminan de cenar, una cosa que suena amarga y llena de rabia en una lengua que no entiende, pero que sale de la boca del príncipe con ternura. No sabe lo que dice, pero ve dos lágrimas brotar del par de ojos violetas, mientras el pequeño Egg acicala a los caballos medio palmo más allá, tarareando para seguir el ritmo sin mirar hacia ellos. Daeron sería un gran juglar, canta bien, mejor que muchos músicos callejeros que ha escuchado y más que algunos de los bardos contratados por grandes señores para amenizar las cenas antes de las batallas. Pero es un príncipe y no un bardo, aunque quizá, igual que Egg, pueda ser bueno siendo mejor una cosa que la otra. 

Y no te imaginás
Lo que me hace sentir
El verte caminar de espaldas
Llegás y el día cambia para mí
Con solo sonreír
No me quiero alejar
Y estar a un metro ya es distancia
Y no te imaginás

Compartir destino con Daeron y Egg es divertido. El mayor de los dos es bastante aceptable como compañía cuando no bebé demasiado, aunque incluso borracho tiene sus buenos momentos; es alegre, servicial, tiende a escuchar a los demás sin juzgarlos y cae fácilmente en las fanfarronerías de niños y mendigos. 

Solo quince días después de iniciar su travesía por el Camino de las Rosas, ya agotó su bolsa tratando de dar paz al hambre de algunos y a la avaricia de muchos. Duncan no se dejaría timar de esa manera, claro que intenta ayudar todo lo que puede y sabe que a veces se ha negado más por no tener que por no querer, pero no ha sobrevivido a todo siendo solo grande. Aún así, Daeron es bueno con los dados y en la siguiente posada donde los dejan dormir en un granero, el príncipe logra ganar una partida contra un montón de escuderos y campesinos borrachos. 

La gente en el Dominio es diferente de otros lugares. Viven en tal abundancia durante los veranos, que no desconfían de los forasteros y se bañan de vino y cuentos como cualquier señor. Son gente versada en la caballería, la trova y la música. Duncan no entiende todo lo que pasa, solo se deja llevar por el sabor de la cerveza espesa junto con una porción de cerdo asado que consiguen del hijo de la posadera. El chico es solo un palmo más alto que Egg, habla tanto como su escudero y se mete en problemas con igual facilidad; aunque el chico lo hace más por inocencia que por soberbia. Les da a los tres su porción de comida a mitad de precio solo porque le gustó ver a Daeron derrotar a tres mesas y eso hizo que quisieran beber más. 

―¿De dónde vienen? ―pregunta el chico, su cabello negro muy espeso cae sobre sus ojos casi cubriéndolos. 

―De Antigua ―no tienen porqué mentir, es un camino común de hacer si se es caballero. 

―Acompañamos a un novicio que iba a tomar los votos ―completa Daeron, sonriendo―. Era muy parlanchín y tenía muy mal gusto para vestir.

―Ey, Aemon es muy limpio ―se queja Egg, mordiendo el cerdo―. Solo que las túnicas son aburridas. 

―¿Aemon? ¿No es un nombre de la familia del rey? ―El chico mueve la cabeza como recordando. Siendo alguien que atiende a la gente de los caminos, aunque no conozca mucho mundo, todos le han de llevar historias. 

―Muchos le ponen nombres de la familia real a sus hijos ―dice Daeron, empinando su segunda jarra―. Sobre todo las familias ricas, la que nos pagó lo era bastante. 

El chico sonríe ante eso, como si tuviera una idea nueva en mente: ―Entonces debe ser el hijo menos favorito de un señor, si lo envío a la Ciudadela. Pobre. Algunos mercaderes me han contado que allí les cortan sus pelotas y les obligan a colgarlas de su cadena hasta que se secan. 

Egg estalla en risas. Daeron mira al chico con confusión. A Duncan le parece absurda toda la idea. Vio los eslabones que tenía el príncipe Aemon ―aunque ya no es un príncipe―, pesados y brillantes ―al menos dos―, atados alrededor de una cadena de bronce porque no tiene los suficientes para sostenerse entre ellos. El chico se veía muy feliz explicando todo lo que había aprendido, incluida la medicina, en la que estaba muy interesado, los midió a los tres. Le dijo a Daeron que no crecería más, pero Duncan aún tiene oportunidad en los próximos tres años de aumentar su altura, lo que sorprendió a los demás príncipes. No lo imagina como el hijo menos favorito, estaba mejor que Aerion en cuando terminó el torneo de Vado Ceniza, o Egg y Daeron en la posada de la encrucijada. Es el único de los hijos de Maekar al que ha visto riendo sin voltear la vista atrás para buscar que no le miren. 

―Los maestres solo son gente con mucho tiempo para leer libros ―dice Dunk, despachando al chico―. No hay ninguna otra diferencia con ninguno de los hombres. 

El chico mueve otra vez su cabeza, sonríe con simpatía y asiente. Luego se va, atendiendo a las mesas de perdedores de apuestas. Egg comienza a reírse otra vez en cuanto se va, animado por las conversaciones y el ambiente. 

―Eso fue muy valiente, ser ―dice el niño, con sus ojos inhumanamente grandes en medio de esa cabeza pelada.

―¿Por qué?

―Porque a nadie le gustan los maestres. La mayoría de los señores piensan que son los espían y la gente del pueblo llano que son brujos ―comenta Daeron, llenando su copa con cerveza del jarro de Dunk―. Pero bien que les sirven cuando hay epidemias, cuando deben cobrar deudas o leer documentos. 

Dunk sabe leer signos básicos, escribir su nombre y ahora qué Egg lo obliga, puede entender y leer algunas cosas más complicadas. La mayoría de la gente no llega a eso, la mayoría no puede saber si tienen ante ellos la receta de un té que les puede evitar la muerte o saldar un adeudo. 

―No creo que su hermano sea ninguna de esas cosas, es un buen hombre. Los buenos hombres merecen respeto.

―Ahora veo porque Egg estaba tan feliz de venir a servirte.

Egg se estira en su banco, ensanchando el pecho plano. 

―Mi señor es el más honorable que he visto, aunque a veces no entienda las indirectas. 

―No ayudes, Egg. 

―Lo siento, Ser. 

Terminaron la comida animados. Daeron se tomó al menos unas cinco jarras más de cerveza, las pagó con un broche de plata gastada, junto con comida extra para ellos y los caballos al día siguiente. La posadera les agradece con una sonrisa y les entrega mantas extra para pasar la noche. 

En el establo, tirados sobre la paja seca y mirando las estrellas, Duncan vuelve a preguntarse realmente a donde está yendo. Nunca lo tuvo muy claro, no más allá de que heredaría, de alguna manera, la forma de vida de Ser Arlan y que tendría que ganarse el pan de cada día con lo que su fuerza y altura pudieran lograrle, ¿luego qué? Quiere a Egg, pero no puede aspirar a ser el guardia de un principito para siempre, hay caballeros que lo consiguen, siguen a un señor para siempre y este le da tierras y un sitio en su mesa, pero ¿le haría feliz? La corte no es un sitio bueno si ni siquiera los príncipes quieren estar allí.

―No te preocupes, Ser Duncan ―escucha balbucear a Daeron a su lado―. Soñé que encontrábamos un baúl lleno de oro, no habrán problemas de dinero en el futuro. 

Los sueños, Daeron había hablado de ellos desde su primer encuentro, luego le dijo que se hacían realidad y lo había visto, un gran dragón (Baelor) cayó ese día en el Juicio de Siete y sus alas cubrieron todo el campo de luto. Se pregunta si su sueño es metafórico o literal esta vez, sí el baúl de oro será en verdad precioso o un símbolo para otra cosa, quizá para una casa que lleva por escudo unas cuantas monedas o un cuerno de la abundancia. 

―Duerma, majestad ―pide. Escucha a Egg del otro lado, respirando plácidamente a pierna suelta. 

―Daeron, soy Daeron. Nada de Su Majestad ―dice el príncipe, está vez más cerca. En la noche, sus ojos lilas parecen los de un gato―. Su majestad murió en la primavera, el siguiente lo hará en su cama; después vendrá el cuarto y… 

Duncan se prepara para el sórdido final de la profecía, el triste desenlace de una idea que ya cuenta con sombrías esperanzas. Solo que no hay nada, Daeron solo lo mira, largo y tendido. 

―¿No hay más? ―se atreve a preguntar. 

―No, no sé ―dice, su voz hueca y gastada por el licor―. Espero no saberlo nunca. 

―Vaya a dormir, Daeron ―pide de nuevo, girando su cuerpo lejos del príncipe―. Mañana nos espera un día largo. 

―Como usted diga, Ser. 

¿Por qué no me escuchás?
Te quiero bien de cerca y no escuchás
No quiero ni pensar
Que llegue el día en que no te acuerdes
Que tuve tanta suerte de cortar
Con tanta oscuridad
Y no te imaginás

―Creo que le gustas a mi hermano, Ser ―están caminando por una pequeña plaza cercana a Granmesa, uno de esos asentamientos estacionales en los que los campesinos adquieren e intercambian objetos. 

―Me imagino, sino no seguiría aquí. Aunque creo que más bien está huyendo de vuestro padre. 

El mercadillo está puesto en una villa, las gentes de otras villas han llegado también. Algunos vienen con animales grandes como cerdos o vacas, cambiándolas por telas, mano de obra o acero para sus herramientas de labranza. Algunos herreros también andan por allí, sorprendiendo a Duncan con sus precios mucho menores que en otros sitios. 

―No, creo que de verdad le agradas ―Egg lleva a su burro sujeto por las bridas, el animal, igual que su amo, olisquea todo lo que parece bonito y fragante―. A parte de las prostitutas y el trago, nunca lo he escuchado tener conversaciones decentes con nadie. 

―Tu hermano Aemon.

―Nosotros no contamos, somos su familia, tiene que conversar con nosotros. ―A su corta edad, Egg tiene unas ideas muy fijas sobre algunas cosas que Dunk no ha logrado desentrañar. Él no tiene hermanos, ni familia, pero conoce a muchas personas que dijeron adiós a los suyos y nunca más los volvieron a topar. 

―Bueno, ¿pero eso qué importa? 

Egg se detiene, el burro también. Su gran sombrero de paja que oculta su cabeza calva se gira con demasiada rapidez para ser sano, tiene el ceño fruncido y un poco de ese arrogante puchero que a Dunk le provoca risa. 

―Que Daeron nunca ha tenido amigos, en casa no tenemos muchos amigos, pero Daeron menos que cualquiera… sobre todo desde que el primo mayor se casó y absorbieron las obligaciones ―Dunk sabe qué Egg no está hablando solo de su hermano, sino de él mismo. Un niño que no puede juntarse con otros, ni hablar de lo que  no debe, siempre a la sombra del rey y temiendo las acciones de la corte―. Me gusta que Daeron pueda hablar con alguien de las cosas que no nos cuenta a nosotros. 

Antes de seguir hablando, mira hacia todos lados. La gente está inmersa en su propia cotidianidad, en el pan fresco, los huevos frescos, las frutas de temporada. Nadie parece interesado en el enorme hombre forastero y el niño calvo que lo acompaña. Aún así… si los descubrieran. 

―¿Sus sueños?

―Bebe porque no puede olvidarlos y tampoco sabe qué hacer con ellos, no son claros. 

Dejan la conservación ahí, un hombre se acerca con una cabra ofreciendo su leche y algo de queso. Egg sonríe, oliendo el queso y preguntando si pueden conseguir un poco para el camino, Dunk realmente no tiene objeción, pues pueden costearlo con el dinero que Daeron ganó en las apuestas, además están cerca de un asentamiento donde pueden ofrecer sus servicios, no tendrán problemas económicos pronto. 

Caminan más entre la multitud, algunas mujeres ofrecen también a sus hijos para labores en el campo o como ayudantes o apéndices, chicos con apenas unos cuantos años y otros cercanos a la mayoría de edad. Mientras más rápido aprendan un oficio, mayores serán las posibilidades de que no mueran en el próximo invierno, o frente a la próxima epidemia estacionaria. Es el mundo brutal que Dunk siempre ha conocido, que no le sorprende ya, pero si le conmueve. Deja dos monedas de cobre en la mano de una madre con tres hijos, el más pequeño de brazos, que se ofrece ella misma a trabajar si hace falta. 

Más adelante, entre los tenderos, encuentran a Daeron, husmeando en los toneles de algunos fabricantes locales de licor. Los hombres, enormes y con barrigas desproporcionadas, se ríen mientras ven al joven probar cada uno de sus destilados y apreciar su sabor, su color y su nivel de alcohol. 

―Ser Duncan, debe probar esto ―el príncipe corre hasta él, alzando la copa como una bandera―, sabe a miel. 

Aunque no quiere, prueba un poco solo porque tiene sed, y porque considera de mala educación rechazar a un noble. En verdad sabe dulce, más como un caramelo líquido que como una bebida para emborracharse, aunque al final deja la misma sensación pesada en la garganta que cualquier cerveza, la espuma es densa también, haciendo cosquillas en su lengua. 

―Es mejor que el dorado del Rejo, ¿No?

―No sé ―nunca ha probado Dorado del Rejo, ni siquiera recuerda el sabor del vino que le ofreció Baelor Targaryen antes de acompañarlos al campo de batalla. Tenía tanto miedo entonces. 

―Está bien. Llevaré un odre y lo compartiremos. 

Hoy no ha bebido en exceso, su cabello se mantiene bien peinado y, aunque ha ocultado sus ropas más llamativas, la túnica que lleva está limpia. Se ve mejor que otros días, se ve más normal. A estas alturas, la corte y el príncipe Maekar deben estar enterándose de que nunca volvió a Dorne, alguien será enviado a Antigua y luego los buscarán a ellos. Les da un par de meses, aunque planea continuar hacia el norte, quizá el Camino del León o hacia el otro lado, el Camino Real y entregar al príncipe en cuanto se los exijan. Será lo mejor para todos, así, Egg no tendrá que revelarse y ni ellos dar demasiadas explicaciones. Pero, ¿estará Daeron tan feliz con eso?  

―Le hace falta dormir―una mujer bajita, de cabello rojizo y ojos casi ciegos, se tropieza con los tres cuando van a salir del mercado. Su tenderete es pequeño, lleno de hierbas e infusiones. Su mirada se clava en Daeron―. Llevas meses sin poder conciliar el sueño.

―¡Es cierto! ―confirma Egg, saltando en su sitio―. No duerme bien y bebe mucho.

―¡Egg! ―lo regaña Daeron, sin molestia real en la voz―. Muchas gracias, no lo necesito. 

Sigue caminando sin detenerse, enfilando sus pasos por el camino que lleva hacia el campo en el que están acampando. Dunk quiere detenerlo para decir algo, pero no sabe qué hacer. Egg sí, corre tras él, llevando a su mula, y gritando que no quería molestarlo. 

La mujer se agacha, toma una bolsa de tela y comienza a llenarla con algunas cosas que tiene en su mesa, hierbas secas y flores aplanadas. Pone al menos seis. Cierra la bolsa. Luego llena una segunda, más pequeña aún, esta vez con cosas frescas. 

―Con la primera haces té, la segunda es para que la ponga junto a su cabeza al dormir ―dice ella, ofreciendo ambas. 

―¿Cuánto cuestan? 

―Tienes en tu bolsa un pañuelo traído del otro lado del mar. Ese es mi pago ―el pañuelo era un regalo de Egg, algo que consiguió en uno de los embarcaderos de Dorne. Sabe que el niño entenderá cuando le explique por qué ya no lo tiene. Lo extrae de su bolsa y lo entrega a la mujer, quien lo mira un largo momento―. Los huevos de dragón son muy inteligentes. 

Recoge la bolsa, ignora por completo las palabras de la mujer y busca en el camino al príncipe y a su escudero, que se tiran pullas sin sentido con camaradería, los alcanza con algunas zancadas largas. Realmente no se siente mal de que ambos parecen enfrascados en su diatriba, no en su presencia, sabe que Egg solo busca apaciguar el mal carácter del príncipe como lo haría él mismo. Es bueno, un buen niño, un gran escudero, un encantador muchacho, ojalá nunca sea solo un caprichoso príncipe. 

Cuando llegan al lugar donde será su campamento ―ahora que tienen una pequeña tienda y Trueno ha comido como debe―, pone el atado de hierbas frescas entre las pertenencias de Daeron,  justo al lado de donde descansa su cabeza en las noches. Le entrega la bolsa con la preparación para el té a Egg, el chico entiende de inmediato que deberá ser él quien las ofrezca a su hermano. 

Esa noche, intercambian sus impresiones sobre el mercadillo, comparándolo con lo que vieron en el Sangreverde al pasar por Dorne. Todos están de acuerdo en que en el sur hay mucha más vida, gente más alegre y precios mejores. El príncipe se toma su té sin preguntar, no saca el odre vino, ni deambula en los alrededores como hace a veces, Dunk toma el primer turno, deja a Egg tomar el segundo y le pide que no despierte a su hermano a la madrugada: ―Quédate hasta la hora del lobo, después me llamas de nuevo, te dejaré dormir hasta que tengamos listo el desayuno. 

Voy a pedirte por favor
Que no te vayas más
Yo no me quiero ir más
Y no te imaginás

Realmente disfruta el mes siguiente, las cabalgatas, los encuentros con campesinos, el ayudar a sacar carretas de lodazales y hoyos de carbón. Van primero hasta Nuev Barril, donde Raymund Fossoway está administrando una de las fincas de su abuelo, su amigo estaba feliz de verlo, luego lo contrató por diez días para ayudarle con la adecuación de su guardia y el cuidado de sus fronteras. El abuelo de Raydmund, Lord Elrick, se enojó bastante por la aceptación de Steffon de tierras a cambio de su honor, enviándole a servir a Lord Tyrell durante un año. Raymund había pedido conservar su insignia, además de sus espuelas, lo que su abuelo aceptó, también lo envió a las tierras de su familia más al norte, lejos de su primo y su tío mayor, enojado por la situación de su hijo. Al año siguiente, le pediría al rey Aerys que le reconociera su asentamiento y su título de Lord. 

Aunque el nuevo señor reconoce a los dos acompañantes, no menciona nada sobre su presencia allí y sus historias inventadas. Es más, deja que Daeron canté varias de las noches en los salones del lugar, amenizando las comidas que comparte con sus sirvientes y familiares. Para el príncipe, es ocasión de demostrar sus habilidades con la lira y la voz, deleitando a más de una dama con sus ocurrencias; también se sabe todas las canciones de taberna de Dorne hasta el cuello, lo que es un respiro para algunas personas que solo conocen de oídas los relatos de otros lugares. 

También allí, gracias a una vieja cocinera, Dunk y Egg descubren que la mezcla de hierbas lleva canela, manzanilla, cilantro, jengibre y curcuma (1), que no solo ayuda a dormir, sino que evita los malos sueños. Les prepara otra bolsa, además anota la receta para que Egg pueda llevarla a todas partes. Dunk se sigue ocupando de que en las pertenencias del príncipe haya una igual para dormir. No hablan de ello, pero Daeron siempre le guarda las mejores raciones en la cena y comparte del vino que consigue o que le invitan. 

No vuelve a verlo borracho, ni a encontrarlo en horas inoportunas intentando espantar el sueño.

Después viajan de vuelta a través del Mander, entre puertos de río y barcazas pequeñas, donde escuchan uno y mil cuentos de leyendas locales, hasta llegar a Sotodeoro. Allí, planeando su siguiente atracadero, los encuentra una comitiva real. 

―Lamento interrumpir su travesía, Ser Duncan ―dijo Ser Donell del Valle Oscuro, con su capa blanca ondeando tras él. No muy lejos, Maekar Targaryen miraba hacia ellos con disgusto―. Pero creo que lo acompaña alguien que debería estar en otro lado. 

Bajaron de la barcaza, Daeron pago una moneda extra a los dos remeros y les pidió guardar silencio sobre los hombres que los detuvieron. Egg se concentró en bajar a los caballos y a la mula, animales más que felices de regresar a tierra firme y probar el pasto verde del Dominio, al que se habían hecho bastante afectos. 

―Tengo entendido que el príncipe es mayor de edad ―se atrevió a decir, antes de plantar la rodilla en el suelo, pues el príncipe Maekar estaba descendiendo a tierra de su caballo―. No ha hecho mal, solo cabalgar y no ha revelado su identidad a nadie. 

―Levántese, Ser Duncan, no creo que usted sea el responsable de que mis hijos sean una molestia ―le solicitó el príncipe mayor―. Está claro que lo buscan porque saben que no les dirá que no. 

―Ser Duncan le dijo a Daeron que se fuera ―intenta defender Egg, abrazando el estribo de los caballos―, él no hizo caso. 

Los límites de sotodeoro son bonitos. La hierba crece alta, de un verde particular, alrededor del Mander y de los riachuelos que se desprenden de él. Desde el pequeño embarcadero se puede ver el puente de piedra que lleva al asentamiento del señor, así como los caminos estrechos hacia las villas cercanas. Hay un bosque al fondo, de un verde más profundo que la hierba, del que emana un hálito fresco, más de primavera que de profundo verano. Es un lugar muy pacifico para contener una discusión. 

―No importa, Egg ―Daeron toma su caballo y sus pertenencias―. Ser Duncan y tú no pueden ser culpados, gracias por dejarme acompañarlos.

El príncipe Maekar mira a su hijo mayor, luego a Duncan, no emite sus características disertaciones, no se muestra enojado o cansado como otra veces, solo está sorprendido. Sos ojos púrpura intentan buscar algo, escanean una y otra vez a los presentes, aunque es un hombre duro, el caballero sabe que debajo hay alguien que ama a los suyos  ―aun recuerda las dolorosas lágrimas y la culpa tras la muerte del príncipe Baelor ―, su silencio pone en alerta al guardia. 

 ―No has bebido  ―no pregunta, afirma. Mira a su hijo como si no lo reconociera―. Se supone que crea que has dejado de beber por…  por… ¿Por qué has dejado de beber? 

Aunque desea reírse, Duncan se muerde el interior de la mejilla y evita hacerlo delante de su benefactor. 

―No, no lo he hecho ―corrobora Daeron, mirando a su padre con el mismo asombro que siente él―. Es mucho más fácil cuando no están todos ustedes. 

Merrick Payne (2) suspira, el guardia real parece no sentir ningún afecto por este vástago de la familia a la que juró cuidar. Duncan se enoja, ¿por qué son tan injustos? Él mismo ha visto como el príncipe padece angustioso cada sueño, cada premonición, cada idea que se corrobora en una muerte o una mala noticia. Si ellos lo saben, ¿por qué nunca han intentado hacer nada? Solo necesitaban té y paciencia, nada más.  

―Eres un caprichoso ―Maekar parece recuperar su temperamento habitual. Dunk hubiese estado de acuerdo con eso hace unos meses, ahora no. 

―Lo lamento, su majestad, pero el príncipe… ―intenta decir.

―El príncipe se ha desviado de su ruta, lo ha puesto a usted y a su hermano en riesgo de ser descubiertos ―completa Maekar, sin voltear a mirarlo―. Volverá con nosotros, los dejaremos de camino. Espero que encuentre una manera de mantener la buena conducta. 

Daeron no se defiende, ni replica, ni siquiera intenta argumentar. Baja la cabeza y dice algo al oído de Egg que lo hace reír. 

Todos van hacia el castillo, Lord Rowan y su esposa los acogen con sorpresa, a la vez que alegría. Maekar miente, dice que están en una inspección. Dunk y Egg son asignados a una pequeña habitación cerca de los sirvientes, se le solicita ayudar con un lío de tierras para los señores más al sur, algo que ver con unos forajidos. Dunk acepta, sabe que los lores ven con buenos ojos acoger y dar servicio a aquellos caballeros que han prestado ayuda a la corona, intentan simpatizar así sea con un pequeño gesto. Lo aprovechará, será suficiente dinero como para ir hacia las tierras de Occidente, al dominio de los Lannister; ya ha probado que estar tan cerca de las Tierras de la Corona no es conveniente. 

―Ser Duncan ―Daeron aparece en los establos, Dunk ha ido a alimentar a sus monturas mientras Egg habla con su padre. Es bueno que el chico lo vea de vez en cuando, así no olvida que es un príncipe. 

―Príncipe Daeron ―saluda, sin dejar de cepillar a Trueno―. ¿No se enojará su padre si lo encuentra aquí?

Aunque no es habitual, Daeron tiene una sonrisa fácil, un poco tímida, que parece ser completamente diferente de su yo borracho. Dunk ha aprendido en los últimos días que significa que el príncipe no fanfarronea, sino que realmente encuentra placer o diversión en lo que hace. 

―Daeron, puedes seguirme llamando Daeron. 

―Su padre…

―Mi padre no está tan enojado, está feliz de que no esté borracho ―dice, ensanchando su sonrisa―. Quiero agradecerle por eso, sé que ha puesto esas hojas en mis ropas y que le dijo a Egg que me diera el té… no he soñado nada horrible desde entonces. 

Dunk asiente, porque no sabe qué más decir. Le alegra no ver que el príncipe sufre, ni que al emborracharse llora hasta dormirse; ha aprendido a disfrutar de sus canciones, sus historias y su compañía fácil, incluso cuando comparten una copa en la noche, antes de ir a dormir. 

―Me alegra que esté mejor.

―Ven conmigo a Refugio Estival ―le es ofrecido―. Mi padre ha dicho que puedo quedarme allí, no ir a Desembarco. Seré el Lord del lugar, puedo darte un sitio en la guardia, hacerte capitán, darte la tutoría de Aegon… puedes…

―No ―renuncia, sin siquiera pensarlo. Cuando acogió a Egg, lo principal era apartarlo de eso, de la vida palaciega, de los privilegios… y él no estaría cómodo, Dunk no sentiría que es algo que se ha ganado―. No estaría bien en un castillo por tanto tiempo.

Daeron no intenta reclamar, como si de antemano supiera que se negaría. Con el cabello largo recogido hacia atrás, de nuevo, realmente parece un príncipe, ya no hay ojeras profundas ni labios secos, tampoco miradas desesperadas intentando atrapar sombras detrás. El príncipe brilla tanto como el sol que baña la campiña.

―He soñado con usted, de nuevo. Llevaba capa blanca y sostenía una corona entre las manos ―menciona―. No era malo, era feliz. 

―Ojalá no se cumpla pronto, quiero ir a ver Occidente y el Norte. Quizá más allá del Mar. 

Daeron sonríe, se acerca. Dunk es golpeado por un olor a canela y manzanilla, el olor que aprendido a asociar con el sueño y el príncipe, con la paciencia, con la música tardía y los chistes de taberna. Los brazos del príncipe lo rodean, un abrazo estrecho y fuerte. Aparte de Ser Lyonel, nunca ha tenido a un hombre comportándose con tanta cercanía, pero esto es diferente, no es juguetón, sino cálido y apabullante. Un rubor que desconoce le llena las mejillas, no se puede mover. ¿Qué se supone que hace un caballero cuando su señor lo abraza a medio tarde en una caballeriza? 

―Eres el mejor caballero del mundo ―afirma Daeron, antes de poner un beso en su mejilla―. Ojalá fuera una damisela para poder darle un pañuelo. 

―No todas las damiselas llevan pañuelo ―menciona Dunk, porque es lo único en lo que puede pensar. Tanselle tenía títeres. 

Daeron se ríe, esta vez fuerte, y da un paso atrás. Su sonrisa no se va, el rubor en el rostro de Dunk tampoco. 

―Vuelva a Refugio Estival antes de que acabe el año ―de la manga de la camisa saca un broche de dragón, con cuatro cabezas (3) y engastado en oro―. Puedes venir como mi invitado, no tienes que quedarte. 

Lo acepta, porque no sabe decir que no a los príncipes y mucho menos a uno que sonríe tanto para él. 

―Nos veremos entonces, Daeron. 

El príncipe le deja otro beso antes de irse. Tal vez los príncipes pueden ser tan encantadores como las doncellas.

Notes:

1. La mezcla de hierbas que uso para dormir tiene esos ingredientes, además miel, yacón y otras hierbas que no creo que se consiguieron entonces allí (soy de sudamerica), pero igual sigue siendo una mezcla que relaja y ayuda al sueño. (Ojo, algunas de estas mezclas también pueden ser abortivas, por lo que debe tenerse cuidado a la hora consumirlas).
2. Se supone que hay un caballero de la casa Payne que fue Guardia Real, aunque nunca se ha dicho su nombre o especificado el tiempo en el que sirvió.
3. El dragón de cuatro cabezas (dos a la derecha, dos a la izquierda) es el emblema personal de Maekar y sus hijos lo ajustaron de distintas maneras para representarlo.

¡Holiwis! Yo sé que no he terminado otras cosas, pero me iba a sentir terriblemente si no publicaba el último trabajo de esta serie XD y más cuando tuve un flechazo con Daeron/Duncan mientras veía la serie. Ahora quiero que juntos cuiden de Egg y sean la familia tradicional como Dios la creó :v
No sé, tal vez después haga ese Aerion/Egg que me carcome la cabeza hace años (no puedo creer que hubiera sido la primera persona en escribir sobre esos dos), pero le daré tiempo de madurar mientras pasa el hype de la serie (que el capítulo de ayer me tuvo al borde algo aunque ya me sabía todos los detalles).

Tal vez luego expanda esta idea a algo más largo, pero tendrá que esperar a mis demás proyectos.

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