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Otro 1-2 de parte de los toros rojos del equipo RedBull, una vez más, los protagonistas de los titulares de la prensa deportiva serían ellos. Sin embargo, cuando Mark Webber lo tomó por la cintura y lo subió al escaño del primer lugar para celebrar o cuando Michael lo abrazó con fuerza entre sus brazos y le dio unas palmadas amistosas en la espalda, Seb supo que los titulares serían muy diferentes.
Ahora no serían sobre la gran estrategia que Mark y Sebatian ejecutaron para obtener este gran resultado, sobre esa excelente batalla dentro de pista o como RedBull había logrado crear una estrategia ganadora, sino de cómo el alfa australiano tomó posesivamente al omega de la cintura, dejándole su aroma impregnado en su piel, para que todos los presentes sepan quién pertenece y como el alfa alemán siete veces campeón del mundo lo había tomado entre sus brazos para borrar el rastro de otro alfa en el cuerpo de su “amante”.
Sí, así de dramática podía ser la prensa, pero a Sebastian había dejado de importarle hace mucho tiempo atrás. Ser el omega más exitoso de estos tiempos venía con un peso del que no se podía librar y era algo que debía aceptar, sin embargo, no era algo que amase.
Cuando se bajó del podio, aun sentía que flotaba en una nube de felicidad, así que una celebración con su equipo era lo ideal. Horner no dudó en darle un gran abrazo, al igual que Adrian. Definitivamente aquel dúo de omega y alfa, respectivamente, estaban felices de ver como su campeón seguía gobernando ante los demás.
—¿Una victoria más, no? —bromeó Mark con una sonrisa, tomando a Seb por los hombros— No acomodes tu culo en el trono, no dudes que te lo quitaré.
Sebastian miró al mayor con una sonrisa burlona, pues sabía que esa amenaza venía sin fundamentos. Él pulverizaría a Mark, como lo hizo el año pasado, nadie le quitaría la oportunidad de ser campeón de nuevo, tenía que quitarle el récord a Hakkinen y Fernando como los omegas más exitosos en el deporte.
—¿Pasas mucho tiempo viéndome el culo, no? No lo veas demasiado que lo desgastas.
El alemán siguió sonriendo burlonamente, definitivamente le encantaba bromear con Mark, aunque todos sabían que quien amanecía enredado en las sábanas de Webber cada noche era Fernando, no Sebastian.
—¿Y eso importa? No veo que le des uso, Vettel —Mark le dio una sonrisa burlona—. Y a este paso, creo que morirá sin uso.
Seb rio y le dio unas palmadas al alfa australiano en la mejilla, quien lo miró con una sonrisa socarrona en sus labios. Ay, un día de estos Sebastian Vettel de verdad le patearía el culo.
—Le doy uso, pero no contigo. Si hay un alfa en mi vida es algo que solo a mí me importa, además creo que a Fernando no le haría una pizca de gracia —el rubio no dudó en lanzarle un beso al australiano, ganándose una mala mirada por parte del asturiano— ¿Ves? El próximo GP me ganaré un DNF.
Mark rio, definitivamente su pequeño asturiano se enojaría demasiado. Fernando era posesivo con él, no dudaba en dejar marcas en su cuerpo y de aroma, todo para que ningún omega se acercara con otras intenciones. Dándole una palmada al alemán la espalda, lo llevó a seguir celebrando y acabar bañados en la bebida que le daba nombre al equipo.
***
—¡Seb, bien hecho! —exclamó con una sonrisa el alfa alemán mientras lo abrazaba.
Otra victoria más en el bolsillo. Con cada podio y primer lugar que conseguía, aseguraba su próximo título de campeón en la Fórmula 1. Podía saborearlo, era algo glorioso.
Y allí estaba Michael Schumacher, quien después de su retiro, se había quedado cerca de la Fórmula 1, en el garaje de Mercedes, McLaren o en el de Ferrari.
El alfa alemán seguía siendo su héroe, lo consideraba su gran inspiración para llegar hasta donde está. Además, Michael siempre lo ha apoyado abiertamente en todas las decisiones que ha tomado. Sebastian debía de admitir que el alfa Schumacher era muy protector con él, demasiado en ocasiones. Si alguien dejaba su aroma en él, Michael lo borraba, si habían muchos alfas a su alrededor, los alejaba con rapidez, si alguien intentaba acercarse él demasiado con otras intenciones, Michael mandaba a volar a la persona.
Seb al inicio no sabía cómo interpretar todo esto, maldición, no quería que Mika lo jalase de sus melena rubia por todo el paddock, pero cuando un día el omega finlandés apareció y le dio un beso en los labios a Michael mientras Mick, el hijo de ambos, hacía muecas de asco, supo que realmente al omega finlandés no parecía importarle mucho que Michael hiciera todas esas cosas con Seb.
—¡Felicidades, Seb! —felicitó un pequeño Mick de catorce años, el pequeño estaba haciendo karting, siguiendo los pasos de sus padres— Si sigues así, vas a ganar la temporada y tendrás tu cuarto título mundial.
Sebastián no pudo evitar darle un gran abrazo al cachorro y dejar un poco de su aroma a miel sobre este, Mick casi ronronea al sentir ese dulce aroma sobre él.
—Así es, cachorro, si gano, celebraré con ustedes —explicó con una sonrisa.
El alemán de ojos azules le sonrió al piloto de RedBull y Michael se les unió también, dándole un abrazo a su hijo y al campeón de hoy. Mierda, Seb sabía que ahora dirían que Michael le iba a pedir el divorcio a Mika y que él sería la nueva madrastra de Mick. En especial porque el alfa Schumacher no había dudado en rodear su cintura con sus grandes manos.
Bueno, fácilmente podría robar ese cachorro y criarlo como suyo, Mick era la cosita más adorable que ha conocido, sus ojitos azules soñadores y cabellos rubios bien peinados eran perfectos y su carita tierna cuando tiene sueño y lo mañoso que se pone cuando tiene hambre… Bien, debía calmarse, aun no quería cachorros propios.
—Felicidades, Seb, sigue así y serás el omega más exitoso de la Fórmula 1 —el omega finlandés apareció frente suyo.
Mika era terriblemente imponente, tenía esa presencia que podía doblegar a todos, desde omegas hasta alfas. Todos conocían a Mika y Michael como la pareja de oro de la Formula 1, a veces se preguntaba como dos pilotos tan imponentes podían tener un cachorro tan adorable. Seb había aprendido a no intimidarse con el finlandés y había convivido con él gracias a su cercanía con Michael.
—No me cansaré hasta lograrlo, no lo dudes —se abrazaron y sonrieron.
Más fotógrafos aparecieron y siguieron cantando fotos de los Schumacher-Hakkinen y el “tercero en discordia” apellidado Vettel.
***
Sebastian estaba retrasado al desfile de pilotos, mierda, sabía que no podía confiar en el imbécil de Webber para que lo despertase después de una siesta reparadora. Ahora tenía dos horas más de sueño e iba tarde. Una de las trabajadoras de la Formula 1 no dejaba de llamarlo y cuando lo vio, lo arrastró al bus en dónde todos estaban subidos.
El piloto de RedBull juraba que tenía el patrón de la cobija que abrazó mientras dormía plasmado en su cara. Al inicio no habló con nadie y solo se colocó cerca de una barandilla, Dios, era mejor cuando Michael estaba con él, podían hablar en alemán y fingir que nadie más de la parrilla existía. Sin embargo, Michael decidió retirarse y dedicarse de lleno a su hogar.
«¿En serio tenía que ser tan perfecto para dedicarse a su familia?» pensó Sebastian con molestia y un poco de gracia.
Sintió una mano en su cintura y se extrañó ante el toque, pero cuando vio aquella mano morena se relajó de inmediato. Sin embargo, se volvió a tensar cuando no supo recordar si Lewis y Nico estaban juntos en este momento o no.
—¿Tengo que preocuparme de que Rosberg venga a patearme el culo? —preguntó el alemán con un suspiro.
—Nos estamos dando un tiempo —respondió Lewis, Sebastian apartó la mano del mayor y soltó una risa burlona— ¿Qué? Es verdad, te lo juro por Bono.
—El único tiempo que ustedes se dan es el que usan antes de decidir cuándo volver a follar —Button soltó una risa fuerte—Así que conmigo no cuentes, Lewis, aun quiero volver a ser campeón del mundo este año.
Lewis no pudo evitar suspirar antes de reír, realmente disfrutaba bromear con Sebastian, en especial porque el alemán no se medía a la hora de decir las cosas, realmente no muchos de los omegas en este deporte eran tan brutalmente honestos como Seb.
—Bien dicho, Seb, y eso que no lo has escuchado cuando estos dos se encuentran en los pasillos entre los motorhomes —Jenson colocó uno de sus brazos, rodeando al menor y pegándole a su pecho—. Quizás deberíamos darles una cuchara de su propia medicina, ¿qué te parece?
Sebastian de verdad no sabía si estos alfas estaban pensando con la cabeza que estaba sujeta al cuello o con la cabeza de su pene, probablemente con la segunda. Soltando un suspiró, se soltó del agarre de Jenson y los miró a ambos, dándoles una mirada amenazante que decía «me ofrecen sexo otra vez y se los corto».
—¿Ustedes saben que tengo alfa, no?
Lewis y Jenson rieron al mismo tiempo, los británicos ya habían escuchado del dichoso alfa de Sebastian Vettel. Todos hacían la broma de que el dichoso alfa que tanto mencionaba el campeón del mundo actual era un maldito consolador, a lo que Seb respondía que efectivamente prefería un consolador antes de acostarse con cualquiera de ellos.
—Sabes, el día que tu dichoso alfa esté aquí entre nosotros y no guardado en algún estuche en tu mochila, te creeré —comentó el alfa rubio, ganándose un golpe por parte de Seb y un corte de manga.
—Hablando con seriedad, ¿tu alfa está aquí? —preguntó Lewis mientras saludaba a algunos fanáticos en el desfile.
Seb se acomodó mejor y dando su mejor sonrisa con un asentimiento de cabeza, los otros dos alfas comenzaron a buscar con la mirada, tratando de encontrar algo, sin embargo, nada.
—¿Al menos nos dirás su nombre? —preguntó Jenson— O la marca…
—Solo diré que a mi alfa le gusta el frío, ahora vamos, tenemos que seguir caminando.
Mientras los británicos molestaban al omega alemán, habían unos ojos azules que lo seguían desde lejos, disgustado por lo que veía.
***
—Seb, en serio, ¿podrías dejar de ser tan afectuoso con los alfas de la parrilla? —preguntó la encargada de relaciones públicas de Red Bull.
Britta frunció automáticamente el ceño, ¿Qué clase de petición era esa y por qué era Red Bull quien se la hacía?
—Perdona, ¿Qué carajos estás diciendo?
La encargada era una alfa que estaba en sus cincuenta y a Sebastian no le agradaba mucho, era una mujer remilgada y amargada, quien siempre solía verlo mal por una razón: “su actitud de omega libertino” Primero, ¿quién carajos ocupaba esa palabra? Y en segundo lugar, ¿Qué les importaba con quién se relacionaba?
Lewis, Mark, Jenson, Michael, Hulkenberg e incluso Daniel eran alfas, quizás algunos eran algo despistados y de boca floja, pero inofensivos.
—Déjame adivinar, ¿Otro titular? —preguntó el piloto.
La mujer asintió y Britta soltó un suspiro extremadamente pesado, harta de esta constante conversación estúpida. La mujer le compartió algunos de los titulares que habían recopilado de algunos medios importantes. Todo era más de la misma mierda, lejos de adular o hablar sobre la excelente conducción en las carreras, se concentraban en rumores estúpidos en donde colocaban a Seb como el tercero en discordia en relaciones o el amante de algún piloto.
—¿Algún patrocinador se ha quejado? ¿Existe algún reclamo de parte de Horner o del doctor Marko? —preguntó Britta a la alfa.
La mujer se removió incómoda en su silla, pero no dio su brazo a torcer.
—No, pero podría haber alguno pronto…
—Entonces este reclamo es meramente tuyo —concluyó Sebastian con molestia—. Sabes, todo esto es irritante. Ellos son mis amigos, algo tontos y a veces mal hablados, pero son mis compañeros. ¿Por qué nadie juzga a Mark y su relación con Fernando o a Lewis por sus rupturas constantes con Rosberg?
—Sebastian tiene razón. Jamás he visto que tengas estas reuniones con Mark para hablar de su relación con Fernando —Britta miró a la mujer— ¿En serio te importa la imagen del equipo o solo tienes algo contra Seb?
La alfa sentía las mejillas rojas del enojo, no le gustaba ser increpada por nadie.
— ¡Eso es porque Mark es más discreto con Fernando!
Sebastian soltó una carcajada que solo hizo sentir más molesta a la alfa de relaciones públicas. La mujer no dudó en apretar sutilmente sus labios, tratando de contener su ira burbujeante.
—Claro, discretos, ¿Vamos a olvidar cuando todos sabíamos perfectamente que Mark se estaba follando a Fer antes de la carrera de Australia? —el alemán soltó una risita— Claro, como es el héroe de casa, había que darle tratamiento premium, para el de GP de Alemania voy a contratar a un alfa que me deje cojeando y…
—Lo que él quiere decir es obvio, tus quejas van relacionadas al género secundario de Sebastian y podemos presentar nuestras quejas directamente con Dietrich Mateschitz o Helmut —respondió Britta con determinación.
La mujer se sintió enojada y molesta con ese piloto alemán que se creía superior a todos, cuando en la boca de los medios y, en su mente retrograda, no era más que otro omega que había abierto las piernas a las personas correctas para ponerlo en lo alto de la cima.
—¿Y si así fuera? —la mujer retó a Britta— ¡Tu actitud de omega fácil afectará la imagen del equipo y cuando el doctor Marko o Christian se den cuenta, será demasiado tarde para remediarlo!
Sebastian se levantó de su silla y miró una vez más a la mujer, bastante divertido por la actitud retrógrada que presentaba. Si él se detuviera a oír cada uno de los pensamientos trogloditas de los alfas en este deporte, probablemente moriría de cólera. Ya había aprendido a dejar que ladren hasta el cansancio.
—El día que Marko o Horner me digan que estoy afectando al equipo, lo creeré. De todos modos, ¿qué te importa a quién me follo? No te preocupes, no me follaré a tu esposa omega, no es mi tipo.
Y con eso, Sebastian dejó la habitación.
***
El podio era algo maravilloso, después de una carrera extraordinaria, Sebastian había logrado coronarse como el indiscutible campeón de la carrera. También estaba feliz porque, por suerte y la mala estrategia de Ferrari, Alonso había terminado en quinta posición. Su ingeniero no dudó en decirle por radio que el podio sería: Sebastian, Lewis y Kimi.
El alemán estaba emocionado. Un podio y una victoria que seguían abonando a su lucha por el título, mierda, su cuarto título estaba cada vez más cerca. Ya abajo del auto, Lewis le dio un abrazo y lo felicitó por su victoria, mientras los ojos del campeón de hoy estaban en el Lotus negro con dorado que estaba estacionado en el lugar reservado para la tercera posición.
De ese Lotus se bajó el alfa de ojos azules, cabello rubio claro y corto con esa cara seria que todos conocían a la perfección. El omega alemán no dudó en darle un abrazo corto y calmado, como lo haría con cualquier colega, sin embargo, no dudó en oler un poco el aroma del mayor. A Sebastian le encantó el aroma a salvia que desprendía el finlandés, tenía un toque picante que era irresistible y hacía que su omega se estremeciera.
Fue así que, los tres primeros lugares de esta carrera no dudaron en subir al podio. El himno de Alemania sonó con fuerza, haciendo que Vettel se sintiera orgulloso de lo que había logrado, después sonó el de Austria y cuando todo acabó, la champaña entró en acción. Kimi Raikkonen, quien tenía la botella entre sus manos, comenzó a rociarla sobre el cuerpo de Sebastian. El líquido resbalaba por el traje azul oscuro del omega, mojándolo poco a poco, fue allí que Kimi se deleitó de un guiño y una sonrisa coqueta provenientes del alemán campeón.
El alfa quiso tomar entre sus brazos a Sebastián, pero antes de que este pudiera reaccionar, Lewis Hamilton apareció en escena.
Tomó a Sebastian entre sus brazos y no dudó en abrazarlo, sosteniendo con fuerza su cintura definida y le vertió toda la botella de champaña en la cara, haciendo reír al alemán. Sebastian, sintiendo un par de ojos clavados en su nuca sonrió y abrazó al británico entre risas.
—¿Tu alfa estará viéndonos? —susurró el británico con una risa socarrona entre sus labios.
—Oh, claro que sí está viendo todo.
Sebastian sonrió con malicia y dejó que todo fluyera, sabía que más tarde las cosas podrían ponerse interesantes.
***
La noche se cernía en el cielo, las estrellas apenas brillaban, quedando sucumbidas ante la neblina de la ciudad y la brisa soplaba con suavidad, dándole un aspecto más fresco y menos caluroso a la ciudad.
Sin embargo, todo eso no importaba, no cuando la piel de Sebastian estaba sudorosa y pegajosa, las gotas de sudor resbalaban por su cuello, el cual, estaba lleno de marcas que su amado alfa no dudó en hacerle, por el momento estaban rojas, pero más tarde serían violetas y tendría que pedirle a Britta ayuda para cubrirlas.
El aroma a cigarrillo inundaba la habitación, también el olor a las feromonas dulces de Seb y las feromonas terrosas del alfa, las cuales se combinaban y apestaban a sexo puro. Al alemán le disgustaba un poco el olor del cigarro, pero lo aceptaba solo por él, su alfa.
Aunque esos aromas eran lo de menos, no cuando su cerebro se sentía como papilla y las piernas le temblaban. Estaba cansado y fatigado, su cuerpo había sido torturado por su alfa, sin embargo, aquella tortura había sido exquisita.
Era la tercera ronda y su alfa no estaba cansado, no, lejos de estar cansado, estaba disfrutando ver al omega sufrir intentando buscar su propio placer. Sebastian tenía sus piernas a cada lado del cuerpo de su alfa, quien tenía perezosamente una mano en la cintura de su pareja, mientras tenía el falo del alfa dentro suyo y aunque se movía en círculos, disfrutando la sensación de sentirse lleno, quería más, necesitaba más.
—A-alfa —la voz de Sebastian en estaba un poco rota y su garganta ardía—. Quiero más, dame más.
El mayor, con una sonrisa burlona, no dudó en calar un poco más su cigarrillo y liberar aquel humo de su boca. Sabía que su omega era caprichoso y mandón, pero en estás cuatro paredes, él era quien decidía qué hacer y qué no.
—¿Y quién eres para exigirme que hacer, omega berrinchudo? —respondió dándole una última calada al cigarro y dejándolo en el cenicero— Tú eres quién está a mi merced, sabes que yo decido qué hacer contigo.
Seb se quejó, pero soltó una pequeña risa, aquella papilla que llamaba cerebro, surgió de sus cenizas y comenzó a darle pensamientos peligrosos al omega.
—Entonces, quizás podría ir a buscar otro alfa que me llene más que tú —el menor se acercó al mayor, peligrosamente pasando sus manos por el pecho del mayor—. Ya sabes, tengo muchos alfas, Kimi.
Claro, Kimi Raikkonen había leído algunos de sus titulares de mierda, aquellos en dónde ponían a Sebastian como pareja de Michael, Mark e incluso el imbécil de Hamilton. Odió cada uno de sus titulares, pues ninguno reflejaba la realidad, que aquel omega de sonrisa coqueta e habilidades increíbles en este deporte era suyo.
Suyo y de nadie más.
Kimi tomó la cintura de Vettel y lo ayudó a levantarse, quedó unos cuantos centímetros arriba y volvió a meter la longitud del mayor dentro suya. El gemido en los labios del rubio fue majestuoso, supo que había dado con aquella próstata maltratada (pues claro, dos sesiones y media de sexo sin celo de por medio podían ser brutales).
—Nadie es mejor que yo —los dedos de Kimi quedarían marcados en su piel por días—. ¿Crees que esos imbéciles te darán lo que yo te doy? ¿Ese pito corto de Jenson, el imbécil de Mark o el berrinchudo de Hamilton? Ellos no saben cómo tratar a un omega.
Sebastian solo podía gemir e intentar formular palabras, pero la forma en la que podía sentir su interior siendo estirado por Kimi, era demasiado para su cuerpo y su mente. El finlandés no dudó en darles vuelta, recostando a su omega en la cama y levantando su pierna y aprovechando la postura para entrar más profundo en él.
—K-Kimi, ¡Mierda, n-necesito más! —exigió el menor con voz rota— ¡Dame más, alfa!
El alfa sonrió, amaba cuando su omega pedía más y más con sus ojos desbordados de placer. Y claro, como a cualquier alfa, a Kimi le gustaba complacer a su omega cuando le pedía algo. Comenzó un vaivén más rápido y profundo, llegando profundo dentro de Seb.
—Ellos jamás te llenarán como yo lo hago, estás hecho a mi medida —Kimi no dudó en seguir embistiendo a Seb—¿Verdad, rakkaani? (Mi amor).
Seb a duras penas podía articular palabras, pero le sonrió a su alfa.
—S-solo tú puedes llenarme, alfa —pronunció con dificultad—. Solo tú, ¡Mierda!
El sentía que se correría dentro de poco y comenzó a mover sus caderas para hacer más profundas las embestidas. Kimi entendió esa señal e incluso decidió aumentar las embestidas. El omega no dudó en pasar sus manos por la espalda de su alfa, arañando y dejando la piel rojiza, aquello le sacó un gruñido al mayor. Y aunque su cerebro solo se enfoca en el placer, no pudo evitar apreciar a su omega.
Era su desastre favorito. Labios hinchados y rojizos de tantos besos, mejillas ruborizadas, piel aperlada y cubierta de una capa de sudor, cabellos dorados desordenados y una glándula omega que se veía perfecta para morder y dejar sus marca en él.
—H-hazlo, amor, hazlo —pidió el omega— Muérdeme, márcame. Q-quiero que todos sepan que eres mi alfa.
Ellos tenían un pacto. Kimi mordería a Sebastian cuando la temporada acabase, para que las noticias del apareamiento no fueran una molestia y que el omega lograse ganar el campeonato. Pero a Sebastian no le importaba ya, de todos, a la prensa le encantaba especular con quién se acostaba.
—¿Estás seguro?
El alemán sonrió y le dió un beso a su alfa en los labios.
—Le haré más fácil el trabajo a todos, sabrán de quién es el pene que monto todas las noches.
La frase le sacó una risa al mayor y, cumpliendo la petición de su amado, ambos se corrieron al mismo tiempo. Fue en ese momento que Seb dejó al descubierto su cuello y dejó que Kimi lo mordiera. El dolor fue mínimo, un poco de sangre salió, pero el mayor lo limpió con delicadeza. Seb se sentía en una nube, su mente estaba flotando en un ambiente lleno de calma y seguridad.
Kimi lo maniobró con cuidado, quitando las sábanas de encima, para dejar a Seb en la parte limpia, buscó una toalla y lo limpió con rapidez. Seb no decía nada, solo sonreía con felicidad, al fin había logrado concretar su unión con el finlandés que robó su corazón hace unos cuatro años atrás.
Cuando Kimi se acostó al lado de un Sebastian somnoliento, no dudó en darle unos cuantos besos y esa cabellera desordenada.
—Te amo, rakkaani.
***
Cuando Sebastian regresó a la Formula, tomado de la mano de Kimi Raikkonen y exponiendo aquella mordida en su cuello, todos quedaron atónitos.
Lewis, Mark y Jenson no dejaban de ver a la pareja del momento. Sebastian sonreía y hablaba con calma, mientras Kimi lo veía y sonreía. Incluso hasta Romain, compañero del finlandés, se sorprendió al verlo tan animado sin alcohol de por medio. «Una hazaña sorprendente» concluyó el francés con una risa.
Los tres alfas se acercaron al omega y Sebastian no pudo evitar darles una bonita sonrisa, coqueta y risueña como siempre lo hacía.
—Sí, definitivamente tienes cara de recién follado —comentó Jenson, ganándose un golpe en el hombre por parte de Sebastian.
—Sí, ¿Y? —Sebastian levantó los hombros de forma despreocupada— Les dije que tenía alfa, jamás mentí al respecto.
—Y veo que es de marca finlandesa, yo hubiera jurado que tu consolador era chino —respondió Mark con una sonrisa—. Mierda, ni de chiste hubiera acertado que era Raikkonen. ¿Cuánto tiempo llevan?
—Dos años, pero creo que llevo babeando por él desde hace tres.
La confesión sorprendió a los alfas, pero bueno, Sebastian era alguien que se reservaba en temas muy personales, por eso amaban molestarlo con esas cosas.
—Si hoy hago DNF es porque tu alfa me sacará de pista después del podio pasado —bromeó Lewis.
—Oh sí, definitivamente te sacará de pista —respondió como si nada el alemán—. Será bueno para mi campeonato.
Kimi veía a su omega desde lejos mientras hablaba con unos ingenieros de Ferrari, quienes lo felicitaban por su nuevo enlace.
—Bien, ya se fue el penúltimo omega bonito de la parrilla —comentó Jenson mientras ponía una mano en su pecho—. Tengamos un minuto de silencio.
—No vayan a joder a Checo, él es un omega muy tranquilo —pidió Seb con calma—. Estoy seguro que encontrará un buen alfa, probablemente no sea uno de ustedes, bola de carroñeros.
—¿Carroñeros? —preguntó con indignación el británico— Somos alfas respetables.
—Sí, claro que sí, señor “Nico-y-yo-nos-estamos-dando-un-tiempo” —Lewis solo suspiró y miró mal al alemán.
Los demás se rieron de las bromas que estaban haciendo, hasta que Kimi llamó a Seb para que vaya con él.
—Bien, Kimi y yo tenemos que ir hablar con nuestros jefes de prensa y con la FIA —Seb soltó un suspiro—. Ahora recuerdo porque quería hacer esto hasta el fin del campeonato.
—Bueno, te dejaremos ir con tu alfa antes de que nos degolle a todos —Mark soltó una risa ante el comentario de Jenson.
Sebastian se acomodó su camisa, mientras las marcas violetas mal maquilladas saltaban a la vista y la mordida de enlace estaba fresca, perfectamente renovada esta mañana. Fue en ese momento que el australiano unió algunos puntos.
—Espera, ¿O sea que todas esas veces que llegabas tarde a las reuniones de equipo o tenías la voz ronca era por Kimi?
—¿Y aquella vez que te fuiste temprano porque tu alfa estaba ebrio y tenías que ayudarlo? ¿Fue porque Kimi se puso ebrio en aquel podio de Hungría? —Jenson miró con el ceño fruncido al menor— ¡Al día siguiente me cancelaste porque dijiste que te dolía la espalda baja!
—Espera, ¿Ustedes son la razón por la que los de Lotus ponen los hoteles en el mismo lugar que los Red Bull? ¡Romain me contó que el omega que Kimi veía pasaba toda la noche haciendo ruidos!
El omega sonrió.
—Sí, ¿y?
Se fue dejando a los alfas un poco atónitos. Era extraño saber que ese omega, quien siempre estaba en la boca de todos, solo estaba realmente en la boca de quien menos esperaban. Seb y Kimi disfrutarían reírse un rato de la prensa, pues ahora, ya no podrían seguir especulando de quién es el pene que Sebastian monta todas las noches.
