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Estamos bien

Summary:

Hyoga y Kohaku son un matrimonio normal, que viven en una casa normal que se encuentra en un vecindario normal. Sus ojos, sus vecinos y su dulce perrito no tienen nada de extraño.

Ellos están bien.

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Basado en el weebtoon «Todo está bien».
Alerta: Paloma muerta: no comer

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Estamos bien

Chapter Text

 

El vecindario dónde vivían era precioso y tranquilo, justo como se podía esperar de aquel pacífico y bello lugar

El vecindario dónde vivían era precioso y tranquilo, justo como se podía esperar de aquel pacífico y bello lugar.

La alarma sonó a la misma hora que todos los días, justo a las 2:60, a su lado, aquel hombre de cabellos blancos la apagó de forma inmediata.

—Parece ser que este día será productivo— habló para si mismo con tranquilidad levantándose de la cama, como era usual él se encargó de acomodarla antes de bajar a la cocina, lucía concentrado hasta que un aroma llegó a sus fosas nasales. —¿Eso será tocino?

Una vez que terminó de acomodar la cama camino hacia la ventana abriendo las cortinas para dejar pasar la luz del sol.

—El sol está radiante y los pájaros cantan— murmuró con voz monótona y aburrida el hombre. — Y como siempre, estamos bien.

Tras decir aquellas palabras en aquel cuarto en donde solo él se encontraba decidió que era el momento de prepararse para ir al trabajo.

Se metió a duchar como todos los días, una vez salió lavó sus dientes y miro hacia el espejo observando su reflejo, debajo de sus ojos rasgados había algunas líneas, no había barba o bigote el cuál rastrillar, simplemente era como si al pasar de los años no hubiera cambiado mucho su rostro, mientras enjuagada su cepillo y lo colocaba en el vaso fijo su atención por algunos instantes en aquel lugar, negó de inmediato y salió del baño.

La rutina comenzaba y debía de prepararse para el trabajo, abrió su armario y sacó de él un traje gris azulado como el que usaba todos los días para el trabajo y se lo puso, colocó su corbata azul marina como todos los días y se puso sus zapatos negros como los que usaba todos los días.

Nada fuera de lo usual.

Así como todo debía de ser.

Una vez listo salió de su habitación y se dispuso a bajar de las escaleras, en el camino oliendo el aroma a tocino con mayor intensidad cuando recién se despertó.

—Buenos días Kohaku-kun— saludó a su esposa llegando a la cocina. —¿Estás cocinando tocino?

En la cocina se encontraba su esposa, Kohaku, ella no respondió de inmediato, si no que su atención seguía fija en el tocino que estaba cocinando, o eso creía él hasta que olió un aroma quemado.

—¿Kohaku-kun? La comida se está quemando— señaló llegando a su dirección.

Entonces su esposa se sobresaltó de inmediato dándose cuenta de la comida.

—¡Ay no!— Kohaku de inmediato apagó la estufa y apartó el sartén de ahí. —Perdón Hyoga, otra vez me distraje— se disculpó de inmediato la rubia.

—Descuida Kohaku-kun, dáselo a Chalk, seguro que le gustará la comida crocante— contestó Hyoga restándole importancia al incidente.

—¡Creo que se quemó demasiado! ¡Ni Chalk se lo comería!— negó ella de inmediato mientras tiraba la comida carbonizada en la basura.

—Kohaku-kun— llamó Hyoga suavemente ganándose un «¿Humm?» mientras ella seguía enfocada en desechar el aceite sobrante. —Te quiero— dijo sin más.

—Ja ¿Por qué? ¿Por qué quemé el desayuno?— preguntó finalmente dándose la vuelta para mirarlo.

Ella usaba su vestido sencillo de color azul marino, su favorito, tenía su pelo rubio recogido en su usual coleta que alzaba la parte de su pelo con la rebeldía usual que le recordaba a la personalidad de su esposa cuando la conoció, rebelde y de un fuerte espíritu como ella lo era en su juventud, sus grandes ojos azules lo miraban con atención mientras sus labios se curveaban en una ligera mueca que rozaba a una sonrisa pequeña.

—No, porque lo preparaste tú— negó de inmediato a las preguntas de ella. —No te merezco Kohaku-kun— confesó Hyoga mirándola.

Ella sonrió y camino hacia la alacena, la abrió y sacó una caja de cereal.

—No es propio de tí ser tan dulce— comentó Kohaku. —Hoy podemos desayunar cereal— propuso dándole la caja, el la sostuvo y asintió.

De la repisa Hyoga sacó dos cuencos y sirvió cereal para ambos mientras Kohaku sacaba del refrigerador la leche.

—¿Hoy es un día importante?— preguntó la rubia interesada.

—Algo así, Ren-kun quiere que vuelva a revisar las cuentas del año pasado— contestó el albino sentándose en la mesa.

—¿Enserio? Creí que le dirías que ya no lo volverías a hacer— mencionó ella arqueando las cejas.

—Lo sé, pero debo jugar sus reglas si quiero el ascenso— admitió con una mueca, tomó una cuchara y comenzó a comer el cereal.

—Mmm— un sonido salió de los labios de Kohaku llamando su atención.

—¿Qué pasa?— preguntó Hyoga abriendo ligeramente sus ojos en dirección a su esposa.

—¿Es buena idea jugar con sus reglas?— preguntó Kohaku comenzando a comer de la misma forma.

—Kohaku-kun.

—Puedes jugar a la ruleta rusa todo lo que quieras, pero en realidad, ¿quién es el dueño del casino?

Ambos se vieron fijamente en unos instantes, ninguno daba su brazo a torcer ante lo dicho por la rubia, el silencio pareció eterno hasta que Hyoga habló.

—Kohaku-kun, sabes que nunca apuesto, ni siquiera juego a la lotería— le recordó el albino a su esposa.

—Ja, ya lo sé— contestó Kohaku sonriendo.

Ella se levantó de su asiento en dirección a la ventana y abrió la cortina.

—Que hermoso día— dijo Kohaku mirando como había comenzado a llover observando el vecindario con calma.

Hyoga quien terminó de comer se levantó.

—Me voy— avisó el albino.

—Espera— lo frenó de inmediato, agarró una bolsa de papel que estaba en la mesa y se la dió. —¡No olvides tu almuerzo Hyoga!

Ella sonrió y el hizo lo mismo.

Hyoga comenzó a caminar hacia la puerta principal y ella lo hacía en dirección a la cocina.

—Gracias Kohaku-kun, ten un buen día— agradeció el albino sereno.

Ella volteó de inmediato en dirección a su esposo, está vez no sonreía, lo miraba fijamente, como si algo no estuviera bien.

—¿Hyoga?

—¿Pasa algo Kohaku-kun?

Hyoga sentía la mirada penetrante de su esposa en su espalda, no había necesidad de que ella hablara para saber lo que pensaba y eso lo hizo voltear una última vez en dirección a su esposa, debía de recordarle lo que importaba.

—Debemos olvidar lo que los dos sabemos— recordó él con seriedad.

—Pero— ella titubeó unos instantes.

—Basta Kohaku-kun— paró el de inmediato la conversación.

Ambos se vieron fijamente, ya no sonreían, no como antes.

Finalmente, Hyoga se volvió a dar la vuelta y se despidió de ella musitando un «Nos vemos» y salió de su hogar.

Kohaku se quedó parada unos instantes viendo como su esposo salía, como si de un trance se encontrará, después ella hablo para si misma.

—Alimentare a Chalk— dijo finalmente a nadie en específico.

Ella se agachó y tomo el plato de su mascota que tenía comida pasada y lo tiró a la basura, abrió una nueva lata de alimento y colocó la comida en el plato.

—¡Chalk!— llamó a su perro.

Su aguda vista se enfocó en la cama para mascotas que se encontraba atrás del mueble donde Chalk seguía acostado.

—¡Chalk! ¡Ven a comer tu desayuno!_ volvió a llamar.

El perro no se movió así que resignada volvió a tomar asiento en el comedor y continúo comiendo su cereal, por un instante su vista se vio reflejando en su plato y en la leche pudo ver su reflejo.

No le gusto para nada aquello.

—Ups.

Con un movimiento veloz tiro su desayuno al suelo quebrando el tazón y derramando la comida.

—Puaj— se quejó viendo el desastre en el suelo. —Chalk, ven a limpiar esto— llamó a su mascota.

El perro no vino ante el llamado de su dueña.

—¡Chalk! ¡Ven aquí perezoso!

Mientras tanto, en aquel rincón donde se encontraba la cama de Chalk las moscas revoloteaban a su alrededor mientras el olor a putrefacción se hacía más fuerte y a su vez los bichos se subían alrededor de aquel cadáver putrefacto del que alguna vez fue Chalk, quien se hallaba muerto con el hocico abierto.

Mientras tanto, en aquel rincón donde se encontraba la cama de Chalk las moscas revoloteaban a su alrededor mientras el olor a putrefacción se hacía más fuerte y a su vez los bichos se subían alrededor de aquel cadáver putrefacto del que alguna ve...


Kohaku había decidido salir a caminar a pesar de la lluvia, llegó a un parque y se sentó en el banco ignorando como las gotas de lluvia caían sobre ella.

Había decidido usar un abrigo azul marino pero no había llevado la sombrilla, como si necesitará sentir la lluvia sobre su piel como cuando era una niña y jugaba debajo de ella con su hermana mayor.

En silencio miró los juegos que se encontraban vacíos sin ningún niño en ellos, fijo su atención en los columpios vacíos que por el viento a su alrededor se movían constantemente, luego volteó al banco a un par de metros de ella, había alguien en aquel vacío parque.

La mujer llevaba un impermeable color crema y sostenía una sombrilla amarilla, sus cabellos eran castaños y rizados, era una mujer muy preciosa que destacaba a pesar de llevar ropa modesta.

Aquella mujer notó como Kohaku la observaba y volteó a su dirección, ambas se miraron fijamente a distancia, no era con incomodidad, a pesar de ser ambas desconocidas ellas sentían algo de complicidad mutua por el hecho de ir a aquel parque vacío y solitario.

Entonces su teléfono comenzó a vibrar rompiendo el contacto con aquella mujer, vio por la pantalla, era Hyoga, así que contestó.

—¡Hyoga!

Escuchó a su esposo saludarla y sonrió levemente ante ello.

—Bien, gracias, estoy en el parque— explicó a su marido por teléfono.

A pesar de estar bajo la lluvia, Kohaku se las arreglaba para contestarle.

—No, yo- me gusta estar aquí.

Su voz titubeó unos instantes recordando lo dicho por su marido en la mañana.

—Bueno, tienes razón— aceptó ella de mala gana.

Estaba tan absorta por teléfono que no notó cuando la otra mujer se había ido de aquel lugar.

—Yo también te quiero— finalizó y colgó la llamada.

Volteó hacía la dirección en que la mujer que se encontraba en el parque encontrándose con un banco vacío, ella se había ido.

Decide que es momento de volver a casa y eso hace, debe de cambiarse para ir a comprar la despensa de este mes, se para del banco y le da una última mirada a los columpios vacíos y se da la vuelta para ir a su hogar.

Kohaku se encontraba paseando en el supermercado, en cada pasillo hay cámaras monitoreando las acciones y comportamiento de los clientes, lo habitual, ella continuo en el área de conservas, cada estante estaba ordenado perfectamente, tofu, tomates...

Kohaku se encontraba paseando en el supermercado, en cada pasillo hay cámaras monitoreando las acciones y comportamiento de los clientes, lo habitual, ella continuo en el área de conservas, cada estante estaba ordenado perfectamente, tofu, tomates, atún y nabos, mientras pasaba de largo viendo las latas de reojo algo le llamó la atención y paro su caminata para observar con mayor atención.

Era una lata de atún, pero no como las demás, todas tenían el nombre escrito en inglés, pero está estaba escrito con caracteres japoneses. 

—¿Eh?— soltó desconcertada tomando la lata del estante y la examinó de pies a cabeza, por supuesto que reconocía el idioma a la perfección y estaba segura de que Hyoga también podría hacerlo.

—Oye—una voz sonó detrás de ella. —¿Qué es eso?

—¡AHHH!

La pregunta la dislocó y se asustó volteando de inmediato y entonces lo reconoció, era su vecino.

Y su cuñado.

—Ah, eres tú Chrome ¡Me asustaste!— recalcó la rubia frunciendo el ceño escondiendo la lata instintivamente.

Aquella acción pareció alimentar la curiosidad del castaño.

Él no era como Kohaku lo conoció en su infancia ni mucho menos parecía tan feliz como lo fue cuando se casó con su hermana, con Ruri...

Usaba pantalones holgados y una sudadera que llevaba para todos lados, ya no era el mismo chico entusiasta que conoció, ahora era callado y se comportaba de forma extraña, le preocupaba sobre manera.

—Perdón— se disculpó el castaño. —¿Qué es eso?— volvió a preguntar señalando la lata.

—Ah, ¿Esto?— dijo Kohaku viendo la lata en su mano. —Es solo atún— respondió con simpleza.

No estaba completamente segura de mostrarle aquello a Chrome, por más que fuera una tontería no confiar en él actuaba con cautela ante todos recordando las palabras de su esposo.

—Dicen que es una comida muy nutritiva— añadió la rubia encogiéndose de hombros.

—¿Atún? Parece- 

—Si, el atún es delicioso, en fin, ¿cómo has estado Chrome?— cambió de tema Kohaku al instante. —No te he visto seguido en el vecindario ¿Estás bien?— preguntó preocupada.

«Bien»— parafraseó Chrome sin emoción alguna, con una seriedad que Kohaku nunca había presenciado de él. 

—Digo-

—Debo irme Kohaku, que tengas un buen día— cortó Chrome la conversación sin darle la oportunidad de responder. 

Mientras él se alejaba notaba que entre sus compras destacaban paquetes de papel aluminio y eso la hizo sentir aún más preocupada por Chrome.

Se dio la vuelta para seguir con las compras llevando entre ellas aquella extraña lata de atún.

Kohaku estacionó el coche en el garaje y abrió la cajuela y comenzó a sacar las compras como lo hacía siempre hasta que una voz la interrumpió

Kohaku estacionó el coche en el garaje y abrió la cajuela y comenzó a sacar las compras como lo hacía siempre hasta que una voz la interrumpió.

 —¡Hola vecina!

Ella volteó, eran sus vecinos quienes la saludaban.

—¡Hola Moz! ¡Hola Homura!— saludó a la pareja cerrando al mismo tiempo la cajuela. —¿Cómo están?— preguntó dándose la vuelta para mirarlos.

—Estamos bien como siempre— respondió Homura con la seriedad que la caracterizaba. —¿Y ustedes?— preguntó la pelirosa por cortesía.

—Igual que siempre— contestó Kohaku.

—Te entiendo Kohaku ¿Fuiste de compras?— preguntó Moz interesado a diferencia de su esposa.

Ambos vestían de forma casual, mientras que Homura llevaba un vestido de color rosa simple en conjunto a su pelo del mismo color recogido en una coleta que se asemejaba a un ramo de flores a su parecer, Moz llevaba una camisa blanca y un par de pantalones negros, nada fuera de lo común, su cabello castaño estaba recogido de igual forma en una coleta, pero baja y apretada sosteniendo sus gruesos rizos.

—Sí, acabo de ir— contestó con simpleza tratando de no sonar irrespetuosa.

A decir verdad, era difícil para Kohaku convivir con sus vecinos a diferencia de Hyoga, quien de cierta forma podría llegar a apreciarlos, pero algo en su instinto decía que desconfiará de ellos así que siempre trataba de solo mantener charlas cortas y casuales con ellos.

—Oye Kohaku ¿Hyoga y tú harán algo mañana?— preguntó Homura interesada ignorando la conversación entre Kohaku y Moz. —Es que Moz y yo organizaremos una cena— continuó la pelirosa sin cambiar la expresión de su rostro.

—¿Enserio? Nos encantaría ir ¿Quieren que llevemos algo?— respondió Kohaku sonriendo forzadamente, claro que no quería ir, ni le importaba, pero las cámaras apuntaban directamente hacia ellos captando todo.

—No te preocupes, todo estará listo—asegura Homura con un gesto en sus manos.

—Bien, supongo que nos veremos después— dijo Kohaku despidiéndose con una mano. su andar fue interrumpido por el sonido de un auto a su lado, era Chrome.

El salió del auto, no volteó a saludar a nadie, simplemente parecía ansioso de llegar a su hogar ignorando a sus vecinos a su alrededor, claro, Moz no se lo iba a permitir.

—¡Hola Chrome!— saludo Moz con una sonrisa maliciosa.

El castaño pareció titubear unos instantes antes de contestar.

—Hola— contestó Chrome de forma seca.

—Recién lo vi en la tienda— recordó Kohaku ganándose un «Vaya» de Homura.

—¡Oye Chrome! ¡Kohaku dice que acaba de verte en la tienda!— dijo Moz.

—Si.

—Chrome ¿te gustaría venir a cenar mañana?— preguntó Homura.

—No gracias— contestó Chrome.

—¿Qué dijiste?— preguntó Homura desconcertada.

—¡No gracias!—volvió a contestar el castaño alzando su voz.

—¡Uy! ¿Enserio? ¿Qué harás?— pregunto curioso Moz.

—Ya sabes, tengo mis rocas— dijo Chrome vagamente.

—¿Enserio pasarás toda la noche con tus rocas en el sótano?— preguntó Homura incrédula.

—Perdón es que-

—De eso nada— interrumpió Moz. —No te escaparás fácilmente de convivir con tus vecinos— las comisuras de sus labios se ampliaron antes de continuar. —¿O no será que estas haciendo algo en ese sótano?

Chrome se quedó congelado ante la insinuación mientras era observado fijamente por Moz, Homura y Kohaku, sus vecinos no eran los únicos que lo vigilaban, estaban las cámaras de seguridad apuntándolo fijamente y como si de una programación se tratará, el ojo izquierdo de Chrome se tornó rojo, como si de un robot se tratará, no fue el único, sus vecinos presentaron el mismo cambio en sus ojos, la tensión en el aire se sentía y todo por una simple charla.

Como si de una configuración se tratará Chrome se obligó a contestar positivamente en contra de sus deseos.

—Bueno— contestó aún con su ojo izquierdo destellando, las cosas se habían calmado.

—Vaya, parece que estaremos todos mañana en la noche— dijo Moz casual, su esposa estaba a punto de responderle siendo interrumpido por el sonido de la puerta de Chrome cerrándose de golpe.

—Parece que Chrome esta algo apurado— murmuró Homura más para sí misma que para sus acompañantes.

—Así parece ser cariño— dijo Moz quien la había escuchado.

Ambos esposos se despidieron de Kohaku y se dedicaron a entrar a su hogar mientras que la rubia se quedó ahí, absorta en sus pensamientos, ella con lentitud giró en dirección hacia los postes de luz donde se encontraban las cámaras y se quedó viéndolas fijamente.

El tiempo pareció eterno, finalmente Kohaku desistió y entró a su hogar.

Hyoga tardaría un par de horas en llegar, ya le avisaría de la cena de mañana cuando el llegara del trabajo.

Kohaku tuvo un mal presentimiento, decidió ignorarlo.

No había nada de que preocuparse, solo debía de vivir su vida junto con su esposo sin preocupaciones y de disfrutar de pequeñas cosas, como una cena en la casa de sus vecinos.

Todo estaría bien, ellos están bien.

Todo estaría bien, ellos están bien