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— ¡Mi Rey! ¡N-No puedes estar aquí, mi Rey! — lo llama una vocecita. De entre las flores un pequeño ser de no más de diez centímetros se asoma, luciendo alarmado de verlo tan cerca.
— ¡Si te ven aquí, nos ordenaran irnos! — explica el hombrecito, no, el hada; quien extendie los brazos como en un gesto para intentar ahuyentarlo. Parece querer escabullirse lejos, pero al final se queda donde está.
— Te vas a ir de cualquier forma —responde con tono dolido; desesperación escrita en su rostro. El hombrecito parece confundido ante tal acusación. '¿De qué habla su Rey?'su expresión dice.
—¿D-de qué hablas, mi Rey? — pregunta la pequeña hada con la voz temblorosa. Su rostro se ve pálido, como si estuviera asustado ante el prospecto de realmente irse lejos.
Confundido por tal reacción mira al hada frente a él. '¿De verdad no lo sabe?', piensa, — Quédate – ordena con decisión en su voz. 'Si de verdad no lo sabe... ¡Debe quedarse!'
— No te vayas — ordena de nuevo, acercándose aún más al arbusto floral en el que su hombrecito se esconde; tomando por sorpresa al contrario quien a pesar del claro pánico en sus ojos, no huye, y no es hasta que sus caras quedan al mismo nivel que este suelta un suave "Ah" de sorpresa. El hada, aparentemente tímida por la cercanía, agarra un pétalo rosa para cubrir su cuerpo desnudo. 'Se ve bien de rosa', observa.
Extendiendo la mano frente a la pequeña hada respite — Quédate aquí, conmigo. Shang Qinghua —
El hada, Shang Qinghua, parece sin palabras y un poco desorientado; desconcertado por la invitación tan directa de su Rey.
— ¡Y-yo!, ¡mi Rey!, ¡Realmente no nos vamos!... y aunque sea verdad y quisieran irse ¿Cómo?... ¿Cómo podría quedarme aquí? ¡Mi Rey!, ¡es demasiado peligroso para alguien como yo! — Indignación se apodera de su rostro ante las palabras hirientes de su hada.
Percatandose de su mal humor su pequeño hombre se apresura a añadir — N-No es que esté diciendo que mi Rey no sea capaz, ¡es muy capaz! Es-es solo que... me moriría de hambre, mi Rey, solo puedo comer las flores que cultivan nuestros ancianos, no sé cómo podría... —
El dolor se hace cada vez más presente en su pecho ante las palabras que no dejan de salir de la boca de Shang Qinghua; la determinación con la que extendió su mano para su hada flaquea con cada segundo que incertidumbre plaga el rostro de su hada. Si tanto desea irse, no es necesario que siga fingiendo que le duele irse. Un nudo familiar se forma en su estómago, pesado como una roca y turbulento como el mar. Traición. Pero su mano no logra bajar mucho antes de que unas manitas la agarran con fuerza desesperada.
—¡Mi Rey! — suplica el hombrecito con fuerza. El pétalo rosa que cubría su pequeño cuerpo olvidado en algún lugar entre las hojas del arbusto. Sus claros ojos suplicando, como si entendiera los pensamientos que plagan su cabeza.
— Quédate — insiste — Te alimentaré... ¡cuidaré de ti, Qinghua! — Un rubor azota las mejillas de la pequeña hada; sorprendido, Shang Qinghua casi se atraganta con las palabras. '¡Qué romántico, mi rey!', probablemente sea uno de sus pensamientos pues solo las hadas con pareja son alimentadas por su otra mitad. Un poco apresurado de su parte, pero se niega a dejar ir a este pequeño ser que incluso con un pequeño cuerpo como el suyo ha logrado robarse su corazón.
— ¿Cómo podrías?... — pregunta su hada confundido.
— Sangre — dice sin rodeos, Shang Qinghua palidece al escucharlo.
— ¡M-Mi Rey! ¡Eso es... yo no...! —
— ¿No la tomarías? —
— ¡No!, sí... ¡No lo sé!, sería un honor pero... — se excusa.
— ¿Cuál es el problema entonces?, si lo quieres, solo tómalo, es tuyo — su Shang Qinghua se queda boquiabierto ante sus palabras, con el cuerpo sonrojado por la descarada declaración.
Su pecho se hincha de orgullo, mientras su mente solo puede pensar en lo bien que se ve su hada de rojo.
— M-Mi Rey, yo... gracias — dice Qinghua sin más palabras, 'Parece una escena romántica', es lo que dicen sus ojos — ¿Es una escena romántica, verdad? — pregunta el pequeño ser con aire esperanzado.
— Mm —
Satisfecho su hada parece por fin relajarse y apoya casi todo su peso sobre la mano de su Rey. — Es cálido — murmura encantado.
— En — responde.
Sin moverse observa contento al hada, le gusta como se siente su peso y la calidez de su cuerpo sobre su mano. Su alma arde de deseo, no quiere soltar nunca a este hombrecito, quiere que se quede, quiere a su Qinghua a su lado por siempre.
Después de unos minutos de estar juntos así, su Qinghua se acurruca más en su palma hasta que todo su cuerpecito está en el centro.
— Tómame mi Rey, y te seguiré por el resto de mi vida —
Y así lo hizo.
