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¿where aré you?

Summary:

El Santuario se sumerge en un ambiente de preocupación y alerta tras la repentina desaparición del Caballero de Escorpio. Todo comenzó con una fuerte discusión entre Milo de Escorpio y su pareja, Camus de Acuario. Desolado, el Caballero de Escorpio se aleja del santuario sin avisar y sin saberlo llevándose consigo un secreto que podría cambiar el destino de todos los caballeros.
Una vez lo descubre , decide no regresar al Santuario por el bien de su amado. Mientras tanto, el Caballero de Acuario, sin tener noticias de su pareja, se sumerge en un mar de angustia y la preocupación pero la situación se agrava cuando la Armadura de Escorpio abandona el Santuario en dirección desconocida.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Ida sin vuelta

Notes:

Debo dejar claro que buena escritora no soy ,e iré editando esta historia si lo requiero para continuar la historia.

Chapter Text

Era una noche sin luna en el recinto sagrado de Atenea. Los tiempos de paz le permitieron a los sobrevivientes de la guerra santa tomar un descanso necesario entre una calma acogedora, aunque siempre habría alguien vigilando que todo siguiera en orden.

¡ EY TÚ, DETENTE ! —el grito de un soldado raso a una figura que intentaba colarse entre las sombras fuera del santuario.

Al verso descubierto, el desconocido se echó a correr. Sus movimientos se escuchaban pesados ​​y su respiración era inusualmente agitada, pero su velocidad seguía superando con creces la de los soldados comunes del santuario. Los guardias seguían su ritmo pero la falta de luz le permitió escapar y en pocos minutos, cruzar los límites del Santuario.

Los guardias se detuvieron en la frontera jadeando. — Maldito cobarde... —gruñó uno de ellos, solo ellos sabían que alguien había salido ,nadie más tenía porque enterarse ,y si se atrevía a regresar quien fuera que haya escapado, estaban en la obligación de matarlo.

Con eso en mente el grupo se alejó de la frontera.

Fuera de peligro camino perezosamente hasta unas ruinas que comenzaban a volverse polvo debido al paso de los siglos ,donde permitió que sus piernas cedieran por el agotamiento dejándolo caer en la tierra al mismo tiempo que sus lágrimas, era un caballero de Atenea, fue entrenado para luchar y resistir hasta el final de su existencia por su diosa y la tierra que protegía, cosas como el dolor, el cansancio, hambre, necesidades mundanas, no le podrían afectar, pero no podía explicarse de donde venía este dolor que lo hacia llorar tan patéticamente. Al darse cuenta que sus mejillas estaban mojadas se sintió aún más traicionado por su propio cuerpo.

Su decadencia comenzó hace unas semanas cuando dejó de sentir su propio cosmos y el de sus compañeros, nunca le había pasado algo así pero no le prestó atención ya que aún podía sentir el de su diosa. Se agotaba con entrenamientos de rutina y lo más extraño de todo era el no poder utilizar su cosmos correctamente. Sus compañeros le dijeron que sentían su cosmos debilitado y sentían algo extraño en su cosmos, como si algo lo frenará, cosa que lo dejo muy desconcertado. Con el pasar de los días, su situación no mejoró, por consejo, casi presionado de su cubito, a regañadientes a ver al patriarca e incluso a Athena, pero ninguno de ellos tenía idea de la causa de su estado. 

No es que no le importaría lo que pasaba con su cosmos, no quería que esto influyera en su nueva vida, una vida junto a Camus.

Después de destruir el muro de los lamentos y despertar en Asgard, se encontró con el caballero de Acuario. Habían sido buenos amigos en la niñez y su amistad no se desvaneció, incluso cuando se convirtió en caballeros, es más algunos sentimientos románticos entre ellos comenzaron a surgir pero preferían ignorarlos, sabiendo lo que su diosa pensaba de las relaciones amorosas, pero aún así estos sentimientos seguían presentes. Cuando Camus murió, se arrepintió con toda su alma de no haber matado a su discípulo, y verlo convertido en espectro le rompió el corazón, pero debía cumplir con su deber como caballero de la orden de Atenea.

Una vez se reencontraron en Asgard, todo cambió. Aunque comenzaron con el pie izquierdo cuando Camus lo atacó debido a la promesa que le había hecho un Shurt años atrás y tubo que pelear contra el, pero una vez destruyeron ese estupido árbol y vencieron a ese maldito Dios les fue concedida su vida nuevamente por Odín y se les permitió quedarse un tiempo en Azgart mientras su diosa iba por ellos. En ese tiempo pudo perdonar a Camus y volvieron a reconectar y los sentimientos guardados hace tiempo volvieron a florecer, hasta que estallaron primero en él, robándole un beso al caballero de Acuario. Al principio, solo había dudas y miedos, seguidos del terrible sentimiento de rechazo, pero todo cambió cuando Camus le dio un beso de vuelta. Sabían que estaba mal, eran conscientes de que no solo sería mal visto por su diosa y el resto de los dorados, por lo que lo mantuvieron en secreto. Cada día después de regresar al santuario seguido con su relación. Afortunadamente nadie sospechaba de ellos, ni creían que se lo pudieran imaginar. O eso pensaban.

Podía asegurar que estaba en el mejor momento de su vida de vuelta en la tierra, junto a sus compañeros y su Cubito, pero eso fue hasta que su misteriosa enfermedad lo azotó. Camus a estado cuidando el a su manera, quedándose a su lado por las noches, dándole remedios caseros cuando se sentía muy mal, incluso consolándolo cuando se ponía sentimental y decía cosas sin sentido. Pero Camus también comenzaba a frustrarse al ver que no mejoraba. Vio cómo le molestó el hecho de que ni Atenea ni el patriarca pudieran ayudar, así que tratado de fingir que estaba bien o al menos lo intentó, hasta que su actuación terminó cuando se desmayó en el templo de Virgo después de regresar de un arduo entrenamiento.

Cuando despertó, estaba en el templo de Acuario. En ese momento, tal vez fue su sensibilidad emocional o la evidente preocupación mezclada con el enojo de su Cubito, que de alguna manera terminaron discutiendo, pero no podía recordar la razón. No supo en qué momento se encontró saliendo del templo de Acuario con lágrimas en los ojos.

Bajó cada casa con el respectivo permiso del guardián hasta llegar a la de Virgo, donde se posicionó frente al guardián de dicha casa, aguantando sus ganas de estrangularlo.

-Te recomiendo calmarte, no quisiera tener que enfrentarme a ti en tu estado- dijo calmadamente sin dejar su posición de meditación. Tenía tantas ganas de abrir sus ojitos y arrancarcelos, lástima que su cosmos no se lo permitiera. No sabía que era pero estaba seguro de que el caballero de virgo sabía algo de lo que había entre el y su cubito por las palabras que este utilizo cuando pelearon.

-Ni se te ocurrirá decirle a nadie- fue lo único que pudo decir antes de dirigirse a la entrada del templo, pero antes de salir alguien tocó su hombro, lo que lo hizo detenerse.

- Un momento, Milo. No te he dicho que pudieras pasar. - se dio la vuelta para encontrarse cara a cara con el hindú, quien tenía los ojos abiertos, lo que lo hizo estremecerse, recordando un momento de su niñez cuando Saga les contó la historia de Medusa, el monstruo que si mirabas a los ojos te convertías en piedra para que dejarán de salir por las noches a hacer travesuras. Pues sentía que en cualquier momento se volvería una estatua más que decoraba la entrada a la casa de Virgo.

- Sabes perfectamente que lo que tú y Camus tienen está mal y está estrictamente prohibido por nuestra diosa.

- Lo que Camus y yo tengamos no es asunto tuyo ni de nadie. Puede que sea una regla de la mismísima Athena, pero incluso ella la rompió. Todos sabemos lo que tiene con Seiya. - se quita la mano de su hombro, pero no retrocede. - Así que, con tu permiso, guardián de la casa de Virgo, ¿quisiera darme el permiso de salir de su templo? - preguntó en un tono de burla combinado con molestia. Shaka lo observó unos segundos, bajando su mirada a su abdomen, para después cerrar sus ojos y volver a su flor de loto.

- Lo que tienes no es una enfermedad -

- ¿De qué estás hablando? - preguntó el caballero de Escorpio aún sin moverse de la entrada.

- Athena, antes de entregar las armaduras doradas, puso una maldición sobre ellas para aquellos que las portaran y se atrevieran a romper la regla que tú y Camus han roto tan descaradamente.

No entendía de qué hablaba Shaka, pero le preocupaba que supiera más de lo que debería sobre su relación con su Cubito.

-aunque ni siquiera a empezado ,pero una vez este listo las cosas se pondrán difíciles para ti ,cuidado Milo de Escorpio lo que llevas dentro tuyo podria poner en riesgo la paz que tanto nos a costado conseguir- finalizó uniendo sus manos en forma de oración.

Después de esa extraña conversación a su parecer siguió su descenso por las 12 casas del zodiaco y posteriormente salir del santuario y llegar a las ruinas donde ahora se encontraba.

Una vez se calmó, se levantó y secó sus lágrimas. Se levantó del sitio donde estaba sentado.

Se dio la vuelta y siguió su camino, sin saber que esa sería la última vez que vería el Santuario en un largo tiempo.

. . .

Habían pasado varios días desde la última vez que el Caballero de Acuario había visto a su pareja, y aún no se atrevía a enfrentarlo. Se sentía impotente al ver a Milo en ese estado y no poder hacer nada para aliviar su malestar ,aún así hacia todo lo que podía para que esté se sintiera bien aunque solo fuera mentalmente. Había examinado cada libro de la biblioteca de Acuario y Escorpio en busca de alguna solución para los síntomas de Milo, pero no encontró nada que se relacionara. Incluso habían consultado con el Patriarca y la mismísima Athena, pero ninguno sabía de la extraña enfermedad que afligía a Milo. Su frustración crecía cada día al ver qué la situación de su escorpión empeoraba.

Desde que eran niños, Milo había sido su fuente de amor y apoyo incondicional. Aunque Camus trató de rechazar esos sentimientos que con mucho cariño le entregaba Milo, en el fondo los anhelaba con todo su ser. Incluso después de convertirse en Caballero, esos sentimientos no desaparecieron. Recordaba con cariño los días de su infancia, cuando Milo lo llevaba a explorar lugares ocultos del recinto de Athenas y ambos compartían momentos de inocencia y paz en el santuario. Sin embargo, Camus sabía que lo que sentía por Milo no era permitido y no solo sería mal visto por su diosa, por eso había intentado alejarlo.

Pero ni siquiera cuando el se convirtió en un espectro al servicio de Hades, esos sentimientos desaparecieron, le destrozó el corazón cuando Milo lo vio convertido en un subordinados de Hades pero no podía hacer nada en ese momento Fue en Asgard, después de enfrentarse a los Guerreros Divinos manipulados por Loki, cuando finalmente pudo explicarle a Milo la verdad. Aunque Milo seguía dolido por su traición, logro perdonarlo y reconectar con el y ahí se dio cuenta nunca había dejado de amar al escorpión por eso cuando lo beso sintió algo tan fuerte y hermoso a la vez que no cree poder volver a sentir con una persona que no fuera Milo, por eso cuando regresaron al santuario siguió viéndose cada vez que podía lo cual era muy habitual gracias a los tiempos de paz que había llegado.

Todo estaba bien hasta que Milo comenzó a caer. Verlo sufrir así era insoportable. Cuando recibió el llamado urgente del Caballero de Virgo, Shaka, informándole que el caballero de escorpio había perdido el conocimiento en su templo, no dudó en correr hacia él sin siquiera pedir permiso a los guardianes del Santuario.

Le pareció extraño que solo le hubiera avisado al y no al patriarca no le dio importancia de hecho estaba agradecido con el Virgo por eso.

Cuando llegó, encontró a Milo recostado en un altar con una vela sobre su vientre, mientras Shaka estaba parado a un lado sosteniendo una campana de metal que deslizaba al rededor de la vela mientras hacia algún rezó. Al acercarse, Shaka abrió los ojos de golpe y apartó la vela, presionando un punto en el vientre de Milo.

-¡No puede ser!.- murmuró Shaka con voz apenas audible.

-¿Qué sucede? ¿Está bien Milo de Escorpio?.-preguntó Camus con preocupación.

-Oh, por favor, Acuario, no hace falta que finjas conmigo.- respondió Shaka con tono molesto, Camus ignoró ese comentario y aparto al virgo para acercarse más a Milo.

-¿Qué le pasó?.-insistió Camus.

-Lo que le ocurre no es una enfermedad, es una maldición.- respondió Shaka con seriedad. Cerró los ojos y retiró los objetos rituales, indicando que Milo ya estaba fuera de peligro. Luego se dirigió hacia la salida de la casa de Virgo.

-Lo que tiene Milo es algo que está profundamente ligado a su cosmos y al tuyo, es la razón por la que no a pudo utilizarlo correctamente y llegará un punto en que se apagará y no podrá entenderlo por tiempo indefinido.

-¿¡Que!?, pero ¿porque tendría una maldición?, ¿Que clase de castigo divino es este? - reprochó Camus, sintiendo una mezcla de ansiedad y confusión. Hace tiempo sospechaba que el malestar de su amado escorpión era derivado de su amor como una forma de castigo pero no entendió porque Milo era el único que sufría.

-Hay algo creciendo poco a poco dentro de él, si el Patriarca, Atenea o algún otro ser divino lo llegará a descubrir, ustedes enfrentarán un castigo peor que el de Prometeo. Lo que tú y Milo han hecho y se esta formando, podría poner en riesgo el equilibrio divino.- Finalizó el caballero de virgo, para dirigirse a su lugar y seguir con su meditación.

Después de esa breve conversación con Shaka, Camus regresó a su templo con Milo en sus brazos aún más preocupado que antes. No entendía a qué se refería shaka con que no era una maldición pero si sabía que el debía ya saber algo sobre su relación con Milo. Fue muy duro ver a Milo alejarse de su templo mientras lloraba, odiaba verlo así, pero creía era lo mejor, así tal vez su maldición desaparecería.

Ahora, descendía por las dos casas que separaban su templo del Escorpio, decidido a enfrentar la situación ya había pasado el tiempo suficiente y no dejaría a Milo solo en esto. Al llegar al templo, notó de inmediato la ausencia del cosmos de Milo. Se adentro más en el templo encontrando su armadura guardada en su caja, intentó convencerse de que Milo tal vez había salido a dar un paseo, pero sabía que él nunca abandonaría su templo amenos que fuera para ir a verlo.

A pesar de todo, Camus decidió quedarse en el templo de Escorpio, preparado para disculparse y reconciliarse con Milo cuando regresara. Desafortunadamente no sabía que pasaría un largo tiempo antes de volver a ver a su amado.