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Aster | Wolfstar One-shot

Summary:

❝A los ojos de la locura,
eres el más bello arte❞

 

_________________________________

 

Todos parecían darse cuenta de que Remus y Sirius estaban profundamente enamorados el uno del otro y, la verdad, a ellos no les podría importar menos. Sirius estaba demasiado ocupado admirando la sonrisa de Remus y sus ojos color miel. Y Remus simplemente no podía apartar la mirada de los ojos de Sirius, que eran de un grisáceo tan profundo que podía perderse en ellos, esperando la inevitable tormenta.

 

O

 

La progresión de la relación entre Sirius y Remus, contada desde la perspectiva de diferentes personas en Hogwarts.

 

Aster:
Estas flores están muy asociadas a la magia y se considera que son flores encantadas. También simbolizan la paciencia, la elegancia y la delicadeza.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

𝗝𝗮𝗺𝗲𝘀 𝗣𝗼𝘁𝘁𝗲𝗿 se considera una persona observadora. Al menos, para lo que le interesaba; no por nada era el mejor de su año en la clase de transformaciones.

Por eso no pudo evitar darse cuenta de que sus dos mejores amigos estaban profundamente enamorados el uno del otro.

Claro, siendo mejores amigos durante los siete años que llevaban juntos en Hogwarts, parecía obvio darse cuenta de ello. Pero incluso Lily le había comentado que se notaba que se querían de forma especial y que harían una pareja preciosa.

Y es que desde que se encontraron en el tren hacia Hogwarts en el primer año, se le hizo obvio por la manera en que se comportaban. Y no sólo eso, sino que siempre había momentos en los que ambos se quedaban mirándose fijamente, atrapados en la mirada del otro.

   

 

 

 

La noche después de la Luna llena, aprendió Remus, era imposible conciliar el sueño. Se sentía extremadamente cansado, pero debido al insoportable dolor en sus extremidades, no podía dormir adecuadamente.

Por lo que Sirius, al darse cuenta, decidió colarse en la enfermería esas noches, con una bolsa llena de chocolates, para dormir a su lado dándole mimos.

𝗠𝗮𝗱𝗮𝗺𝗲 𝗣𝗼𝗺𝗳𝗿𝗲𝘆 varias veces los había encontrado acurrucados y con la boca manchada de chocolate, pero nunca dijo ni una palabra.

 

 

 

 

 

En este momento, 𝗟𝗶𝗹𝘆 𝗘𝘃𝗮𝗻𝘀 se encontraba en la biblioteca haciendo tarea junto a Remus, intentando hacerla lo antes posible para tener algo de tiempo libre.

Sirius y James estaban en un entrenamiento de Quidditch, por lo que afortunadamente no tenían ninguna distracción.

Mientras hacían la tarea, Lily se dio cuenta de que había olvidado su libro de Astronomía en la Sala Común. Por lo que para no tener que ir hasta su habitación otra vez, Remus le prestó su libro.

Al principio, Lily siguió haciendo la tarea normalmente. Pero entonces, se dió cuenta de un trozo de pergamino que sobresalía de entre las hojas.

Disimuladamente y sin que Remus se diese cuenta, lo sacó y comenzó a leerlo.

Llegaste y me enseñaste
que estar roto
no era una debilidad
y que tener cicatrices
no significaba que fuéramos irreparables ❞

No era el único trozo de pergamino que había, había otros con distintas frases escritas.

Aquí estaba yo...
pensando que la magia no existía,
y ahora eso es todo lo que veo cuando te miro❞

Te faltan tantas partes,
pero aún así
eres el rompecabezas
más impresionante
que alguna vez haya armado❞

Y en medio de aquel caos
que me rodeaba,
apareciste tú.
Y bueno, no te diré
que el mundo se arregló.
Pero, en cierto modo,
todo aquello ya me dió
un poco más igual❞

Dichas palabras la sorprendieron. No por la verdad tras ellas, sino por la belleza que fue escrita por su amigo de cicatrices.
Si había alguna duda de para quien estaban dirigidas aquellas palabras, pronto no quedó ninguna, debido al siguiente trozo que encontró.

𝘛𝘰𝘥𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳í𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘨𝘰,
𝘯𝘰 𝘮𝘦 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢 𝘦𝘯 𝘲𝘶é 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢,
𝘯𝘪 𝘥ó𝘯𝘥𝘦 𝘯𝘪 𝘤ó𝘮𝘰, 𝘱𝘦𝘳𝘰
𝘫𝘶𝘯𝘵𝘰 𝘢 𝘵𝘪.
𝘛𝘰𝘥𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳í𝘢 𝘮𝘪𝘮𝘢𝘯𝘥𝘰,
𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳í𝘢 𝘤𝘶𝘪𝘥𝘢𝘯𝘥𝘰
𝘤o𝘮𝘰 𝘤𝘶𝘪𝘥𝘰 𝘮𝘪 𝘷𝘪𝘥𝘢,
𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘷𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘵𝘪❞

Esta frase, se dió cuenta, estaba escrita en una letra diferente. Una cursiva elegante y característica que ella conocía bien.

Conmocionada y orgullosa , volvió a guardar los trozos de pergamino entre las páginas y se hizo una nota mental de hablar con James sobre esto.

 

 

 

 

 

 

𝗠𝗶𝗻𝗲𝗿𝘃𝗮 𝗠𝗰𝗚𝗼𝗻𝗮𝗴𝗮𝗹𝗹 nunca admitiría haberse encariñado con el grupo de bromistas que se hacían llamar Merodeadores.

Por que aunque siempre la sacaban de quicio con sus bromas y tonterías, tenía que admitir que eran unos alumnos excelentes.

Ella era una persona estricta y seria, pero eso no significaba que no tuviese sentimientos ni que fuese incapaz de encariñarse de alguien.

Los había visto crecer desde que entraron a Hogwarts y podía decir que los conocía tanto como si fuesen sus propios hijos.

Y es por eso que no pudo evitar darse cuenta del inmenso cariño que se tenían sus alumnos.

Ahora mismo, se encontró con ellos en el aula de transformaciones. Al grupo de adolescentes no se les había ocurrido mejor idea que colarse en la Sala Común de Slytherin, cambiar el champú por tinte rojo y después camuflarlo con un hechizo.

Al día siguiente, cuando la mayor parte de los Slytherin bajaron al Gran Comedor con los cabellos del color característico de su propia casa, se levantó y fue directamente a la mesa Gryffindor, donde los Merodeadores se encontraron riéndose a carcajadas.

Incluso Lupin, que usualmente mantenía la compostura, se encontraba intentando aguantar la risa, al parecer por un comentario que Black había hecho.

Al final, los hicieron confesar que fueron ellos los causantes de la broma y les dio a cada uno su respectivo castigo.

La última vez que los castigó, puso a Potter y Black a pulir calderos, pero de alguna u otra forma casi hacían explotar el aula de pociones entera.

Por lo que esta vez no los volvería a poner juntos, sabiendo el desastre que podrían volver a causar.

A Potter y Pettigrew los había puesto a limpiar los trofeos de forma muggle y luego, tendrían una detención con el profesor Slughorn.

Mientras que a Lupin y a Black los había puesto a limpiar el aula de transformaciones para que cuando terminasen, hiciesen una redacción sobre la asignatura de 30cm mientras ella revisaba algunos trabajos.

Normalmente, cuando los castigaba haciendo cosas como esas, Black se la pasaba hablando con ella de tonterías o excusas para que le levantase el castigo; Mientras que Lupin, siempre hacía su castigo en silencio para terminar rápidamente.

Pero esta vez, Black ni siquiera le había dirigido la palabra, ya que se encontraba hablando a susurros con Lupin y riéndose por lo bajo mientras cumplían el castigo.

Cuando terminaron de limpiar, se pusieron a escribir la redacción. Y para cuando Lupin terminó, Black no llevaba ni la mitad.

McGonagall se fijó disimuladamente en como Lupin fingía escribir como si no hubiera terminado, mientras le susurraba a Black ideas para la redacción, ayudándolo a terminarla más rápido.

Minerva no pudo evitar que una pequeña sonrisa se escapara de sus labios mientras veía a sus alumnos salir del aula riéndose y cuchicheando en susurros.

 

 

 

 

 

 

𝗠𝗮𝗱𝗮𝗺𝗲 𝗛𝗼𝗼𝗰𝗵 se encontraba revisando las escobas, ya que al día siguiente se jugaba el último partido de la temporada, Gryffindor contra Hufflepuff.

Era de noche, cerca del toque de queda y la Luna ya se podía observar a lo lejos, mientras que las estrellas empezaban a brillar en el horizonte.

En eso, se dio cuenta de la falta de una de las escobas de Gryffindor, por lo que se dispuso a revisar el armario otra vez cuando el sonido de un pequeño grito la detuvo.

Sigilosamente, se acercó al lugar donde provenía el sonido, preocupada por encontrar a un alumno herido. Sin embargo, se llevó una gran sorpresa al oír risas provenientes de dos muchachos.

El primero se encontraba encima de una escoba aproximadamente a un metro del suelo, mientras que el otro se encontraba sosteniendo la escoba y la mano del que la montaba.

Agudizando un poco la vista, se sorprenderá todavía más al ver que el alumno que montaba la escoba no era otro sino que el mismísimo Sirius Black. De hecho no era precisamente él, el que la sorprendió de verdad, ya que varias veces lo había encontrado a deshora en el campo de Quidditch; no era otro el que la sorprendió más sino su acompañante, Remus Lupin.

Era muy raro encontrar al chico de cicatrices metido en problemas, a menos que fuese por culpa de haber colaborado en alguna broma. Se le conoció por ser un alumno predilecto y digno de admirar.

Dicho alumno, ahora mismo se encontraba intentando subir a la escoba, detrás de Black. Cuando por fin lo consiguió, rodeó con sus brazos la cintura de su acompañante. Escuchó como Black calmaba con palabras dulces a Lupin, quien se encontraba aferrado a su cintura como si su vida dependiera de ello.

 

Una vez vio que se había calmado, Sirius empezó a elevar poco a poco la altura de su escoba. Habiendo llegado a bastante altura, se fijó en Remus, quien estaba con la cabeza enterrada en la espalda de su acompañante negándose a ver la altura en la que se encontraban.

Sirius lo invitó a ver el cielo, que en ese momento se encontró más brillante que nunca.

Y lentamente y con algo de temor, Remus alejó su cabeza de la espalda de Sirius. Se sorprendió gratamente al ver la hermosa vista que podía observar a través de la tenue neblina.

El pelinegro sonrió al ver su expresión, por lo que aceleró en su escoba y se dispuso a dar un viaje a través de las nubes.

Remus se vio disfrutando de la sensación del viento contra su cara e inmediatamente se dispuso a gritar y reír con alegría, como si ellos dos fueron los únicos en ese momento y nadie más existe.

Después de un rato sobrevolando el cielo, Sirius bajo lentamente hacia el césped y ambos se tiraron, riéndose a carcajadas.

Rodaron y rodaron, jugando como niños. Niños que aún conociendo el dolor que te puede causar la propia vida, dejaban espacio para el cariño y aprecio que podían sanar heridas.

Cuando las risas se detuvieron y relajaron la respiración, ambos se vieron sentados en el césped, mirándose fijamente.

El viento revoloteaba a su alrededor y la Luna, tan brillante como nunca, se alzaba en el cielo imponente. Cada una de las estrellas y animales en el bosque se asomaban para presenciar este momento.

Cuidadosamente, Sirius acarició la mejilla del contrario y Remus se apoyó en ella con cariño, ambos sonriendo como si el otro fuera el centro del universo.

Uniendo sus manos, castaño y grisáceo se cruzaron y fue imposible apartar la mirada. Ambos se acercaron, apoyando su frente contra la del otro y cerraron los ojos.
Lentamente, mientras sus respiraciones se entremezclaban, unieron sus labios.

Con un toque suave y cariñoso se sintió que podría pararse el tiempo y estar ahí por siempre, bajo el manto de la noche.

Nadie fue testigo de aquel primer beso inocente que ocurrió bajo la Luna menguante y un sinfín de estrellas en el firmamento.

Nadie excepto Madame Hooch, que se encontraba caminando hacia el castillo, con una pequeña sonrisa en su rostro.

Notes:

Gracias por leer y espero que os haya gustado mucho ^^'. Díganme si ven algún error que pueda rectificar o algún consejo que crean oportuno. Es mi primera historia y de verdad espero que la apoyéis mucho amores❦.