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La Esperanza Faltante

Summary:

Solamente dejó de luchar y murió a manos de la persona que siempre ocupó sus más dulces sueños y también sus más oscuras pesadillas. Una muerte irónica, a manos del que debió ser su refugio.

Y aún estando en las tinieblas de la muerte recordó aquella historia.

Una desdichada princesa que murió a manos de su sangre.

Un alma que pudo tomar el destino que le correspondía desde un inició.

No podía negarlo, su corazón se llenó de envidia por aquella chica, pero a la vez la admiración apareció, si tan solo pudiera ser amada como ella.

«Si tan solo pudiera tener otra oportunidad, haría lo que fuera.»

Cuando sus ojos fueron abiertos nuevamente la sorpresa la invadió.

¡Ahora es la hermana menor de Diana, la madre de la protagonista que muere al dar a luz!

¡Renació en un personaje que nunca fue mencionado!

¡Además, mucho antes de los acontecimientos del manhwa!

¡¿Quién la convirtió en la tía de la Princesa?!

 

Esta historia esta publicada primero en Wattpad, pero mientras esta siendo publicada aqui, los capitulos en Wattpad seran corregidos y republicados al mismo tiempo.
Actualizaciones lentas.

Notes:

Este fanfic esta escrito con el falso spoiler de que Diana era una Princesa de Siodonna, asi que va haber cambios en la historia original.

En resto, disfruten.

Chapter 1: Cascada de oro

Chapter Text

Un grito de terror escapó de su garganta cuando en su intento de cerrar la puerta fue empujada con fuerza, sintió el escozor en su costado izquierdo, al parecer había golpeado algo al caer, pero no se identificó con que ya que su primer instinto fue levantarse del suelo y correr.

El pequeño apartamento en el que había vivido durante un año y medio, casi dos años, por primera vez le había parecido demasiado pequeño. Los únicos cuartos en los que podía esconderse en aquel lugar eran el baño y su habitación, lastimosamente el baño estaba muy cerca del aterrador hombre, por lo que sin tener más opciones corría hacia su habitación.

Por primera vez agradeció que Hyo la obligará a trotar con él los fines de semana por la mañana para mantenerse en buena condición física, aunque este lo hacia más para ayudarla a desestresarse por el trabajo, sus intentos de aplicar a la universidad y olvidar por un rato los malos momentos desde que había demandado a su padre. 

Cerró la puerta y puso el seguro justo cuando ya escuchaba los pesados y furiosos pasos que se dirigían hacia ella.

Pero no alcanzó a alejarse cuando sintió como algo empezaba a golpear con ira y fuerza, gritó mientras daba unos pasos atrás. No sabía que retumbaba más, si la puerta o el corazón en su pecho.

El terror no la dejaba pensar con claridad, en sus oídos retumbaban los gritos desvariados del hombre que estaba a las puertas de su habitación, casi podía oler el alcohol que destilaba en cada poro aun a pesar de estar divididos por una puerta, su cuerpo temblaba. ante cada amenaza que él soltaba.

Él realmente la iba a matar.

Algo vibró en su bolsillo trasero, finalmente dándole unos segundos de claridad.

Cuando miro el nombre de Hyo en la pantalla casi se lanzó a llorar.

—Hola pequeña, ya estoy saliendo de la oficina, quizás me demore un poco ya que el tráfico está —Lo interrumpió.

—¡Él está aquí! —gritó desconsolada, en ese punto las lágrimas ya salían de sus ojos.

—¡¿Cómo mierda está ahí?! —Ni siquiera tuvo que preguntar quién era, ambos conocían perfectamente a la persona que la había atormentado por años.

La puerta seguía retumbando, la azabache se acurruco contra una esquina mirando fijamente la puerta.

—No se como me encontré… —Por unos segundos se quedó sin palabras cuando esta vez escuchó como la madera crujía ante otro golpe— ¡Va tumbar la puerta! ¡Hyo!

—Mierda, mierda —Lo escucho al otro lado de la línea, sus manos temblaban mientras sostenía con fuerza el celular— Cariño, ya estoy llegando, pero debo de llamar a la policía y para eso debo colgar.

—¡No me dejes! —suplico con la voz entrecortada.

—Paulina, solo será un segundo, te volveré a llamar apenas termine —La voz de Hyo era suave, quizás en un intento de calmarla—. Por favor, será un segundo cariño.

La chica sollozó con fuerza, no quería colgar, no quería quedarse sola acurrucada en esa esquina con la amenaza de que ese hombre entrara en cualquier momento.

Pero era solo un segundo.

—Un segundo —susurró y colgó ella misma la llamada.

Apretó su celular entre sus manos, esperando impacientemente la llamada prometida.

Sollozos escaparon de sus labios, encogidas en su rincón, deseando desaparecer en ese instante. Millones de pensamientos y escenarios pasaron por su cabeza, recuerdos de las tantas veces que se había tenido que esconder en su vieja habitación o en la casa de su vecina para escapar de las palizas de su padre. Ahora tan solo le quedaba contar cada segundo hasta volver a escuchar a Hyo.

Finalmente el tono de llamada, por unos momentos su corazón se llenó de alivio.

Hyo la llamaba.

Hyo siempre estaba ahí para ella.

Hyo.

Hyo no estaba allí.

La puerta cayo, su corazón dio un vuelco.

El celular cayó de sus manos cuando fue agarrada del cuello de la camisa, por unos segundos sintió que flotaba hasta que finalmente algo duro golpeó su coronilla, o mejor dicho, cuando chocó.

Por unos momentos todo estuvo negro, cuando abrió sus ojos todo estaba borroso.

Estaba confundida, ¿Qué había pasado? Se supone que ella se estaba alistando para salir a cenar con Hyo. 

¿Por qué sintió su cuerpo tan entumecido? ¿Por qué se sintió somnolienta?

Quería enderezarse pero su cuerpo no respondía como ella quería, algo caliente y mojado recorría el costado de su cabeza. Un celular no paraba de sonar, haciendo que el dolor de cabeza que estaba comenzando a sentir empeorara.

Cuando fue girada boca arriba de forma brusca y algo empezaba a apretar su cuello con fuerza, lo recordé.

Su padre había encontrado su apartamento, ella había abierto la puerta creyendo que era Hyo, ella no alcanzó a cerrar cuando él empujó la puerta haciéndola caer.

Debió haber escuchado a Hyo cuando le dijo que mirara siempre por la mirada de la puerta.

Ahora él la estaba ahorcando.

La melodía que anunciaba una llamada seguía sonando de fondo sin parar.

Un segundo.

Ella realmente quería ir con Hyo a cenar.

El tono de llamada era animado.

Jin, su amiga desde la secundaria, había escogido aquella melodía cuando había comprado aquel celular el año pasado, dijo que desde ese momento cosas buenas llegarian.

Un solo segundo.

Esa mañana finalmente había obtenido una respuesta de la universidad, ella estaba emocionada por decirle a Hyo en la cena.

Levanto la vista y apesar de la vista borrosa reconocio los muy familiares iris negros que la miraban, los irirs negros que ella no había heredado.

Ella tenía los ojos de su madre, iris marrones. Quizás por eso él se enojó más y apretó con más fuerza su cuello.

Ojos marrones.

Ojos de perra, como decía él.

Los ojos de la mujer que se había cansado de sus maltratos y había regresado a su país de origen, dejándolo con un bebé llorona.

El segundo acabó.

Ella estaba perdiendo la conciencia, su pecho ardía por la falta de aire, poco a poco perdía la sensación de su cuerpo.

Ella estaba muriendo.

Estaba muriendo entre las manos de su padre.

«Qué muerte más patética», pensó.

Morir por la mano de la persona que más amo y añoro en qué la amará devuelta.

Se sintió sin fuerzas, se sintió tan cansada, tan triste y enojada.

Ella quería arañar lo, morder lo, golpearlo, algo para que él sintiera una fracción de su dolor. Pero su cuerpo no respondía, estaba simplemente tirada en el suelo.

Ya no había porqué luchar.

Ella iba a morir.

Lentamente sus ojos se fueron cerrando, al mismo tiempo que el corazón en su pecho latía más lentamente. 

Ella estaba muriendo.

La melodía animada seguía sonando, aún a pesar de los gritos del hombre sobre ella la melodía se escuchaba perfectamente.

El olor a alcohol y tabaco que había llenando su infancia estaba presente.

Sus ojos se cerraron.

Su único arrepentimiento fue no haber podido despedirse de Hyo.

 


 

Era frío y por más que intentara lo único que lograba ver era la absoluta oscuridad de la nada. Aunque sentía frío no sentía nada más, era como flotar en el espacio, un espacio oscuro y sin fin.

Estaba muerta.

Aún en la oscuridad sentia que le arrebataban algo, algo con lo que estaba fuertemente unida.

Dolia.

La desgarraba.

Los dioses deben estar disfrutando viendo cómo se retorcía agonizante.

Morir a manos de su padre ¿Quién lo hubiera dicho?

Eso le recordó aquella historia.

Una niña como ella, que rogó hasta su último suspiro el amor de su padre, pero este jamás posó sus ojos en ella.

¿Cómo se llamaba aquella muchacha desafortunada?

Athanasia.

Si, ese era su nombre.

Todo en su vida, como ella, estuvo llena de ironía. Un nombre que presagiaba una larga y feliz vida era portada por una niña que vivió tan poco, siendo infeliz en cada respiro. Después fue injustamente señalada en un crimen del cuál era inocente, terminando así en la horca, orden dictada por su propio padre.

Pero al menos tuvo otra oportunidad donde sí fue amada.

Si esa niña tuvo otra oportunidad. 

¿Por qué ella no?

Pero no quería ser nuevamente hija de su padre, quería un nuevo lugar.

Quería sonreír mirando algún paisaje hermoso, quería reír junto a una amorosa familia, quería soñar un futuro, quería saber qué se siente ser amada.

Tan solo deseaba una esperanza.

«Un lugar para mí, si ¡Una oportunidad solamente para mí! ¡Donde pueda ser feliz! ¡Haría todo solo por eso!»

Pero eso era imposible, si pudiera ella ya estaría llorando y gritando por el dolor de su alma, pero solo estaba hundida en la oscuridad, sin ojos para llorar.

—Por favor, tan solo una oportunidad, daré todo de mí —rogaba a cualquiera que la pudiera escuchar.

—Entonces ¿es un trato? —Una voz desconocida invadió aquella negra.

Una débil luz empezó a brotar delante de ella, poco a poco creciendo hasta que era imposible verla de frente, dio un paso hacia ella, se sintió atraída por la fuerte luz.

Ella quería tocarla.

Ella quería tenerla.

Solo unos pasos más bastaron para estar rodeados de aquella cálida luz.

Y de nuevo el aire inundó sus pulmones.

De nuevo sintió su corazón latir.

De nuevo la calidez arropó su piel.

De nuevo se sintió con vida.

¿Acaso había sobrevivido a su padre? ¿Se había arrepentido en el último momento y dejó vivir?

Algo cálido la rodeó, sujetándola suavemente.

—Dios mío, es tan pequeña —Escucho el susurro de una delicada voz.

¿Acaso la salvaron? ¿Por qué le dijeron pequeña?

Poco a poco abrió sus ojos, todo estaba borroso, apenas y podía percibir la silueta de la persona que la estaba abrazando. Un aroma a rosas inundaba su nariz, era sutil y agradable.

—Miryam, mirala, es hermosa —Exclamó emocionada la misma voz.

Seguía mirando todo borroso, pero algo llamo su atención, algo amarillo, casi como oro estaba cerca de ella, era como ver una cascada dorada caer. 

Quería tocar aquella cosa dorada.

—Mi Dios, que hermosos ojos —Dijo una voz lejana.

Ignoro el pequeño murmullo que se formaba a su alrededor, estaba completamente sumergido en la belleza de la cascada dorada.

—Diana, dámela. —Murmuró una débil voz suplicante.

Diana ¿Por qué se le hace conocido ese nombre?

La cascada dorada se alejó, dejó de sentir el aroma de rosas y de la calidez de la persona que la estaba abrazando, ahora sentía como algo suave y tibio la tomaba, el olor a manzanilla la rodeo.

Ahora su borrosa vista captaba un agradable naranja, el color del atardecer.

—Oh mi bella niña, —Dijo la voz débil de antes, se notaba que estaba lamentándose algo— lo siento tanto mi hija —Escuchó un débil sollozo.

La voz débil sonaba tan triste, tan adolorida. Ella quería consolar de alguna forma a la persona que hablaba, pero apenas podía sentir su cuerpo, estaba entumecida y adormilada.

—Oh mi Nadia, mi pequeña —Susurro, algo suave y frío rozó su mejilla.

Estaba tan confundida ¿Dónde estaba? ¿Quienes son las personas que hablan? 

¿Por qué tenía el presentimiento de que no estaba en su apartamento?

Diana, por favor cuida a tu hermana. —Habló débilmente la mujer desconocida.

Unos segundos después, mientras sentía como los brazos que la abrazaban poca a poco perdían su fuerza, unos llantos se escuchaban. 

Cuando nuevamente la cascada de dorado la tomó, mientras escuchaba los murmullos de la delicada voz, comprendió una cosa.

Nadia, mi pequeña Nadia la voz susurraba a su oído, casi como si le estuviera diciendo un secreto te juro que te cuidare, juro que te amare. Por favor, tú solamente crece saludable y feliz.

Ella comprendió que daría todo por esa dulce hada que susurraba a su oído.